lunes, 14 de marzo de 2016

La obsesión por uno mismo



Vivimos tan pendientes de nosotros mismos que nos olvidamos de vivir. Estamos metidos de lleno en la era del autoconocimiento, de la dedicación a uno mismo, y hemos caído en la trampa.

Cuando los ciudadanos de la antigua Grecia acudían a consultar el oráculo al templo de Delfos, se encontraban con una frase en el frontispicio que decía: “Conócete a ti mismo”. ¿Qué es lo que quería decir? ¿Acaso se exigía a sus visitantes un examen pormenorizado sobre sus defectos y virtudes? Por supuesto que no.

Más bien se trataba de un imperativo de prudencia, una exhortación a ser mesurados a la hora de pedir al oráculo. Había que tener cuidado con las grandes expectativas y esperanzas, con los deseos de sanación, con esperar una excesiva generosidad. En definitiva, venía a decir que mejor no pedir la luna porque al fin y al cabo somos mortales y no dioses. Entonces, indagar en el interior de cada uno es llegar a conocer los límites propios, no presumir de nada en exceso ni confrontarse como lo hizo el titán Prometeo con los que habitaban en el Olimpo.

Cientos de años después, el consejo se puede seguir aplicando: llegar a entenderse es como alcanzar los secretos del universo y de los dioses, pero tal conocimiento se encuentra oculto, como un tesoro, dentro de cada uno de nosotros.

Llevamos unos años inmersos en una floreciente industria destinada al autoconocimiento. Hoy día vende mucho todo lo que está relacionado con dedicarse a uno mismo, ya sea en el ámbito de la estética, la dietética o para cuestiones más trascendentales, psicológicas o espirituales. David R. Hawkins (1927-2012), doctor en Medicina y Filosofía, describía este contexto social en el que prevalece el autoconocimiento: “Cuando tienes molestias, vas al médico o al psiquiatra, al psicólogo o al astrólogo. Te haces de una religión, estudias filosofía, te das un empujoncito con las técnicas de liberación emocional (EFT). Equilibras los chakras; pruebas con reflexología, acupuntura, con iridología o luces y cristales. Meditas, recitas mantras, bebes té verde, aprendes programación neurolingüística (PNL), trabajas visualizaciones, estudias psicología, haces yoga, pruebas lo psicodélico, cambias la nutrición, llevas joyas psíquicas. Expandes la conciencia, haces bio-feedback, terapia Gestalt. Visitas a tu homeópata, quiropráctico y naturópata. Pruebas la kinesiología, descubres tu eneatipo, equilibras tus meridianos. Te reúnes con chamanes, practicas el feng shui. Encuentras a un nuevo gurú. Escribes afirmaciones. Pruebas el re-nacer. Tiras el I Ching, el tarot. Estudias y practicas zen. Aprendes magia. Te preparas para la muerte. Vas a retiros. ­Ayunas…”.

¿Se reconoce en alguno de estos puntos? Quizá, sin darse cuenta, es un adicto más a esa sociedad entregada al materialismo espiritual. Esta clase de personas andan detrás de respuestas a cuestiones como estas: ¿por qué no acabo de ser feliz? o ¿por qué, a pesar de practicarlo todo, mi vida sigue siendo igual? Pueden existir diferentes explicaciones, pero hay una respuesta que es evidente: porque hoy día se vive demasiado centrado en uno mismo. De tanto buscar ese tesoro escondido en el alma, uno se olvida de vivir la vida que tiene ante sus narices.

Que quede claro entonces que autocentrarse es poner la atención en uno mismo pero en exceso, observarse continuamente, escuchar y enredarse en las dialécticas mentales, atender a los movimientos de su mente y de sus emociones. Para los practicantes de cualquier disciplina que requiera interiorización, el autocentramiento es un estorbo. Dicho de otro modo, pasarse el día pendientes de todo lo que sentimos o pensamos tiene un impacto en el cuerpo y conlleva algunas dificultades:

Obsesión. Dar vueltas y más vueltas a las cosas, pasarse el día analizando lo que le sucede a uno y a los demás. Este estado de alerta permanente a cualquier señal emocional y del cuerpo suele acarrear hipocondría.

Confusión. Llega un momento en que ya no se sabe si lo que se siente es de verdad o lo que pasa es que se está tan pendiente que es fácil caer en la sugestión.

Disociación de la realidad. Se vive tanto en la introspección propia y en los fenómenos interiores que se desatiende lo que sucede fuera, o se interpreta como si no fuera con nosotros. La consecuencia directa de esto es un alejamiento de lo que nos rodea.

Dificultades de convivencia. Estar tan centrados en nosotros mismos incrementa las necesidades propias y desatiende las de las personas próximas hasta el punto de distorsionar el sentido de la relación.

Posesión. Cuando uno solo se preocupa por lo suyo, acaba siendo poseído por sus propios fantasmas o por los llamados “demonios interiores”, es decir, que puede acabar arrastrado por sus propias pulsiones y fantasías.

Parálisis por análisis. Es el resultado de todos los puntos anteriores. Estar muy pendiente de uno mismo acaba por acarrear una parálisis de todo el sistema cognitivo, incapaz de tomar decisión alguna. En ese momento, la persona queda bloqueada.

Podría decirse que la paradoja de este estado es que cuanto más te centras en ti, más fácil es perderse. Y eso no solo les ocurre a los buscadores espirituales, sino a todo aquel que intenta rendir en todos los ámbitos de su vida. Tenemos tantas tareas que resolver, tantas cosas en las que pensar y estímulos a los que responder, que solo vivimos para nosotros mismos, creyendo equivocadamente que lo hacemos por culpa de un mundo que no nos deja en paz.

La sociedad del autoconocimiento es un ­indicativo de la tendencia que se da en todo el mundo que consiste en desarrollar una conciencia más extensa y plural que potencie la capacidad de cada uno de desarrollar nuevas dimensiones. Para ello hay multitud de técnicas y metodologías como las anteriormente descritas. La técnica, sin embargo, debe venir acompañada de una ética y una estética del vivir. No todo vale, no todo funciona; hay mucho engaño, falsos profetas, mucho negocio y discursos. Mucha gente confunde los fenómenos psíquicos con estados iluminativos, o se practica la incongruencia de vivir estresados durante la semana y conectar con uno mismo de viernes a domingo.

Para los apasionados del alma humana y del espíritu universal es bueno tener en cuenta que el mayor de los enemigos es un ego espiritualizado. Una vida plena y en paz requiere de un proceso de transformación personal. Uno va dejando de ser como es para convertirse en lo que quiere ser, integrando en su vida esa dimensión del “conócete a ti mismo”. Uno anda a su encuentro, allá en lo más profundo. La paradoja consiste en que para encontrarse se necesita del otro, se precisan espejos que muestren cuál es la realidad que estamos experimentando. Se requiere una manera de vivir, de relacionarse con el mundo y los demás.

Dicho de otro modo, hay que salir de uno mismo, descentrarse, para desvelar lo que pueda existir más allá de nuestras programaciones mentales y emocionales. Quienes lo logran son los que se asientan en el silencio o la contemplación, los que se entregan a un arte, los que se dan a los demás. En cada caso hay un olvido de sí mismo para que penetre el bien, lo bello y lo verdadero. Es eso lo que buscamos con tanto ahínco. En resumen: descentrarse para encontrarse.

viernes, 11 de marzo de 2016

El valor del juego: cómo afrontan las niñas y niños los retos vitales

El potentísimo impulso que sienten los niños por jugar no responde a una necesidad de “esparcimiento” ni de “diversión”. Responde a un propósito mucho más importante. Responde a su necesidad de sobrevivir. A lo largo de la historia y la prehistoria humanas, el juego ha sido la principal forma en que los niños y niñas han adquirido las destrezas, los valores, y los conocimientos que necesitaban para sobrevivir en el seno de su cultura. Los niños no juegan para evadirse de la vida real: juegan a la vida real. Al hacerlo, logran hacer frente a esas realidades física, intelectual y emocionalmente.
En artículos anteriores de mi blog he descrito cómo el juego ejercita y construye la capacidad de los niños para el lenguaje, el razonamiento, la motricidad, la capacidad para construir, y para relacionarse con otros (véase en especial el post del 1 de octubre de 2008). Allí he hablado del juego desde una visión que no contradice las imágenes felices que tenemos de los niños inmersos en actividades de juego que nos resultan gratas, y en entornos saludables. Pero el juego no es adaptativo solamente en entornos saludables. El juego también ayuda a los niños a afrontar y gestionar emocionalmente los horrores de su mundo y del nuestro, dondequiera que esos horrores se producen.
Nos gustaría pensar que los niños son absolutamente dulces e inocentes. En un mundo ideal, en donde los adultos fueran absolutamente dulces e inocentes, los niños podrían serlo también. Pero el mundo no es ideal, y los niños que crecen protegidos de las realidades del entorno en que antes o después habrán de desenvolverse estarán poco equipados para ese entorno. No debería sorprendernos que los niños se defiendan del abrazo protector de los adultos bienintencionados, que luchen contra las restricciones con que se pretende encerrarlos en zonas infantiles idílicas, y que se aventuren, como y cuando pueden, a experimentar el mundo real que les rodea y a incorporarlo en su juego. Son los niños, y no nosotros, quienes saben lo que es mejor para ellos.


La evidencia más dramática que conozco en relación con el impulso infantil de reencontrarse incluso con los mayores horrores de su entorno a través del juego se encuentra en un libro asombroso de George Eisen publicado hace veinte años y titulado Children and Play in the Holocaust1. Aquí aparecen dos conceptos que se encuentran en los dos polos del espectro emocional de cualquier persona: el Holocausto nazi y el juego infantil. Es impactante ver ambos uno al lado del otro en el título de Eisen. Y sin embargo, como explica Eisen a lo largo del libro, los niños internados en los campos de concentración nazis y en los guetos jugaban, por muy brevemente que fuera, hasta que eran asesinados. Jugaban, no porque fueran indiferentes a los horrores que les rodeaban, ni para negar esos horrores o desviar su atención de ellos. Jugaban de un modo que les ayudaba a comprender, afrontar, y, en la medida de lo posible, gestionar de manera efectiva esos horrores. La evidencia que Eisen cita procede de diarios y entrevistas con los supervivientes.


En los guetos, que eran el primer paso antes de ser enviados a hacer trabajo forzados y a los campos de exterminio, los adultos trataban de preservar para sus hijos alguna semblanza del juego inocente que habían conocido antes; pero los propios niños, por su cuenta, jugaban juegos que tenían sentido dentro de su entorno. Jugaban juegos de guerra, de “explotar búnkers”, de “masacrar”, de “robar la ropa de los muertos”, y juegos de resistencia. En Vilna, los niños judíos jugaban a “judíos y agentes de la Gestapo”, un juego en el que los judíos vencían a sus torturadores y los golpeaban con sus propios rifles (palos).

Incluso en los campos de exterminio, los niños que aún tenían salud suficiente para moverse, jugaban. En un campo jugaban a “hacer cosquillas al cadáver”. En Auschwitz-Birkenau se retaban unos a otros a tocar la valla electrificada. Jugaban a la “cámara de gas”, un juego en que arrojaban rocas a un hoyo mientras gritaban como si fueran personas agonizando. Se inventaron un juego llamado “klepsi-klepsi”, una forma de llamar al robo, que se inspiraba en el procedimiento de pasar lista que cada día observaban en los campos. Un jugador tenía los ojos vendados; entonces uno de los otros se adelantaba y le golpeaba fuerte en la cara, y después, con la venda quitada, el que había recibido el golpe tenía que adivinar, por la expresión facial y otros gestos, quién le había golpeado. Para sobrevivir en Auschwitz había que ser un experto en mentir -por ejemplo para robar pan o cuando se conocían los planes de alguien para escapar o participar en la resistencia- sin delatarse a uno mismo. Klepsi-klepsi parecía ser un buen entrenamiento para esas habilidades.


Cuando juegan -ya sea al juego amable que nos gusta imaginar o al tipo de juegos que describe Eisen- los niños incorporan la realidad de su mundo a un contexto ficticio, en el que resulta seguro mirar cara a cara a esas realidades, afrontarlas, experimentarlas, y practicar formas de gestionarlas. Hay quien piensa que los juegos violentos crean adultos violentos; pero en realidad es a la inversa. La violencia del mundo de los adultos lleva a los niños, como es apropiado, a jugar violentamente. ¿De qué otra forma podrían prepararse emocional, intelectual y físicamente para enfrentarse a la realidad? Es un error pensar que de algún modo podemos cambiar el mundo, en el futuro, controlando el juego de los niños y controlando lo que aprenden. Si queremos cambiar el mundo, tenemos que cambiar el mundo mismo, y los niños nos seguirán. Los niños deben prepararse, y se prepararán sin duda, para el mundo real en el que han de esforzarse por sobrevivir. Tratemos de hacer ese mundo, desde la realidad y no desde la farsa, tan feliz como nos sea posible.


El artículo original fue publicado en la revista online Psychology Today.Tradución de Diana de Horna

domingo, 6 de marzo de 2016

Los 41 aditivos más peligrosos

Es muy probable que aditivos permitidos en la actualidad sean prohibidos en los próximos meses o años, por lo que al consumirlos se corre cierto riesgo. Al cabo de un año una persona puede haber introducido en su cuerpo de 3 a 25 kg. Esta acumulación y la interacción con medicamentos y tóxicos ambientales contribuye a la sobrecarga del organismo.

E 102 Tartracina. Puede desencadenar urticarias y se relaciona con los trastornos de comportamiento en los niños. Desde el año 2008, los alimentos que llevan este colorante deben indicar obligatoriamente en la etiqueta que “pueden tener un efecto adverso sobre la actividad y la atención de los niños”. Sin embargo, se permite incomprensiblemente su utilización para colorear golosinas. En Noruega está prohibido.

E 127 Eritrosina. Actualmente sólo se permite su uso para colorear cerezas para cocktail, cerezas confitadas, ensaladas de frutas y pintalabios, pero las evidencias sobre sus efectos negativos sobre el sistema nervioso justificarían su prohibición total.

E 154 Marrón FK. Sólo está permitido para una especialidad de arenques ahumados ingleses (kippers). En el resto de la Unión Euopea está autorizado su uso en cosmética y curiosamente en la fabricación de medicamentos.

E 161 g Cantaxantina. Se añade a la alimentación de las gallinas para dar color a las yemas de los huevos. También se usa para pigmentar productos cárnicos. La OMS sospecha que esta sustancia provoca daños hepáticos.

E 180 Litolrrubina BK. Puede dañar los riñones, la glándula tiroides, el páncreas y el sistema inmunitario. Sólo está permitido en las cortezas de queso, pintalabios y maquillaje.

E 214 Etil p-hidroxibenzoato, E 215 Etil p-hidroxibenzoato sódico, E 218 Metil p-hidroxibenzoato y E 219 Metil p-hidroxibenzoato sódico. El grupo de los conservantes PHB sufrió dos bajas en 2006 al prohibirse el E 216 (Propil p-hidroxibenzoato) y el E 217 (Propil p-hidroxibenzoato sódico) debido a sus efectos sobre el sistema endocrino. Sobreviven cuatro miembros que desencadenan alergias con relativa frecuencia.

E 235 Natamicina. En alimentación se usa en las cortezas de quesos y las pieles de embutidos. El problema es que al ser un antibiótico puede contribuir a la aparición de bacterias resistentes a los tratamientos.

E 249 Nitrito potásico y E 251 Nitrato sódico. El nitrato se convierte en nitrito por acción de la saliva, y el nitrito puede transformarse en el estómago en nitrosaminas cancerígenas.

E 284 ácido bórico y E 285 tetraborato sódico. Son venenos que se acumulan en el organismo (se utilizan para matar cucarachas). La Unión Europea solo los permite en las conservas de caviar auténtico. 

E 310 Galato de propilo, E 311 Galato de octilo y E 312 Galato de dodecilo. Reducen la eficacia del sistema inmunitario, según experimentos realizados con animales, y son alergénicos, sobre todo el E 311.

E 320 Butilhidroxianisol (BHA) y E 321 Butilhidroxitoluol (BHT). Se hallan sobre todo en frituras, chicles, sopas preparadas, purés instantáneos y mezclas para hacer repostería. Al calentarse se descomponen en metabolitos cuyos efectos sobre la salud son hasta el momento desconocidos. En experimentos animales aparecieron efectos cancerígenos y alteraciones en el sistema inmunitario, en la sangre y en el hígado. Las dos sustancias se acumulan en el tejido graso del cuerpo de la mujer y pueden llegar al feto en las embarazadas. También son reconocidos alergenos. 

E 413 Goma tragacanto. Es un alergeno que puede provocar reacciones graves.

E 466 Carboximetilcelulosa o carboximetilcelulosa sódica. Puede contener restos de dioxinas cancerígenas. Por otra parte, si su ingesta se mantienen durante largo tiempo puede provocar diarreas y otras molestias abdominales.

E 472 e Ésteres mono-y diacetiltartáricos de los mono- y digliceridos de ácidos grasos. Se añade a las harinas para que los panecillos adquieran más volumen, pero el cuerpo no lo metaboliza y podría dañar los riñones y el corazón.

E 476 Polirricinoleato de poliglicerol. En experimentación animal se ha relacionado con daños en hígado y riñones. 

E 452 Malato de calcio. Existen dudas sobre su inocuidad debido a sus propiedades complejas.

E 444 Acetato isobutirato de sacarosa. En test toxicológicos provocó alteraciones reversibles en el hígado y la vesícula biliar de perros. Está permitido en limonadas. 

E 620 Ácido glutámico, E 621 Glutamato monosódico, E 622 Glutamato monopotásico, E 623 Glutamato cálcico, E 624 Glutamato monoamónico y E 625 Glutamato magnésico. Pueden provocar en personas sensibles el denominado “síndrome del restaurante chino”, que se caracteriza por síntomas como presión en las sienes, dolores de cabeza y rigidez de nuca. Además, a medio y largo plazo aumentan el apetito y favorecen la obesidad. Estudios realizados con ratones de laboratorio los relacionan con problemas de fertilidad y de aprendizaje.

E 950 Acesulfamo K. Según estudios realizados con animales, puede provocar alteraciones del material genético.

E 951 Aspartamo. Resulta un riesgo reconocido para las personas que sufren de fenilcetonuria (un problema enzimático de nacimiento) y de ello se advierte en las etiquetas de los productos que lo contienen, pero no está libre de riesgos para las personas sanas. Se ha relacionado con dolores de cabeza, pérdida de memoria, alteraciones de visión e hiperactividad, y en experimentación animal ha provocado cáncer de cerebro, ganglios linfáticos y vías urinarias. Los estudios contradictorios no han permitido un consenso científico.

E 952 Ácido ciclámico y sus sales de sodio y calcio (ácido ciclámico, ciclamato sódico, ciclamato cálcico). La cantidad permitida en bebidas ligeras se disminuyó hace pocos años de 400 mg a 250 mg por litro y se ha prohibido su uso en golosinas, chicles, helados y productos para refrescar el aliento. En Estados Unidos están prohibidos desde 1969 por la sospecha de que pueda provocar cáncer de intestino.

E 962 Sal de aspartamo y acesulfamo. Es el producto de la reacción química entre el aspartamo (E 951) y el acesulfamo (E 950) y posee los mismos inconvenientes.

E 520 Sulfato de aluminio, E 521 Sulfato doble de aluminio y sodio, E 522 Sulfato doble de aluminio y potasio y E 523 Sulfato doble de aluminio y amonio. Debido a que el aluminio parece que puede desempeñar algún papel en la enfermedad de Alzheimer, sólo debieran utilizarse como ayuda técnica, de manera que no dejaran restos en el producto final, pero actualmente la ley no impone esta limitación.

E 900 Dimetilpolisiloxano. Al añadirlo a los aceites de freír favorece la formación de acrilamidas cancerígenas. Por esta razón se tiende a reducir o eliminar su uso en este caso. No es necesaria su declaración en la etiqueta.

E 949 Hidrógeno. Se emplea sobre todo para la fabricación de margarina y alcoholes de azúcar. La técnica de hidrogenación parcial es uno de los procedimientos más controvertidos en la fabricación alimentaria. Durante este proceso, además de las poco saludables grasas trans, se generan gran cantidad de productos de reacción poco comunes.


sábado, 5 de marzo de 2016

El maíz convencional rinde “tanto o más” que el transgénico

El Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón ha constatado, tras seis años de estudios, que el maíz genéticamente modificado no ofrece ventajas productivas en relación con las especies comunes de ese vegetal. “Las producciones de las variedades convencionales han sido tanto o más altas que sus variedades transgénicas”, sostiene la institución.

Las conclusiones del estudio Transferencia de resultados de la red de ensayos de maíz y girasol en Aragón referente a la campaña 2015 son contundentes: “no hay diferencias significativas” entre el rendimiento de las variedades transgénicas y las convencionales, señala el informe, que recoge cómo la producción de algunas de esas plantas con los códigos genéticos modificados (OGM) se sitúa, incluso, por debajo de los 12.000 kilos por hectárea, el umbral a partir del cual el cultivo comienza a generar algún beneficio para el agricultor.

Concretamente, cuatro de las cinco variedades que no alcanzaron ese rendimiento mínimo en las zonas de ensayo eran transgénicas, si bien también lo eran las dos que más grano produjeron. En todos los casos –la serie de seis años incluye veinte especies, trece de ellas modificadas- los técnicos agronómicos controlaron en una misma ubicación los factores de riego, fertilización, tratamientos, controles de plantas establecidas, ataque de taladro y cosecha. 

Una evidencia que se repite

El estudio señala que durante esos seis años en los que tuvieron lugar los ensayos los daños producidos por la plaga del taladro “no han sido relevantes en la mayoría de los casos” –no fueron en ninguna zona de España-, lo que ha permitido evaluar los rendimientos de las distintas variedades sin la ventaja competitiva que las empresas químicas atribuyen al maíz modificado genéticamente, que es precisamente su resistencia a ese insecto, considerado la principal amenaza para sus cultivos.

“Repetimos lo que cada año se evidencia y es que en ausencia de plaga el material vegetal expresa todo su potencial productivo, observando en estas dos últimas campañas que los ciclos más cortos a los utilizados en estas zonas de producción están dando muy buenos resultados en producción y secado”, señala el dictamen de la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, que en su valoración de la anterior campaña ya planteaba la necesidad de realizar “una profunda reflexión” sobre el uso del maíz transgénico.

El Gobierno de Aragón hace un especial seguimiento del comportamiento de las variedades de maíz transgénico por “la necesidad de conocimiento de un cultivo que en nuestra comunidad autónoma supone más de 42.000 hectáreas de producción, un 70% de la superficie total” dedicada a esa planta forrajera. Los agricultores aragoneses cultivan casi el 40% del maíz genéticamente modificado de España, con 42.612 hectáreas de 107.749, a mucha distancia de las 30.790 de Catalunya, las 11.471 de Andalucía y las 9.827 de Extremadura.

Su uso tiende a la baja, con una caída del 18% en relación con la campaña anterior -21% en Aragón-, aunque ese descenso, tras el récord de 2013, se enmarca en el retroceso generalizado de la explotación del maíz por la reducción de sus márgenes ante el aumento de los costes.

“Seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”

El informe de la organización agraria COAG sobre Seguridad Agraria y Biotecnologías
llama la atención sobre los pocos países europeos que permiten el cultivo de maíz transgénico. Además de España, que concentra el 90% de los cultivos transgénicos de la UE, se siembra en Portugal, donde apenas ocupa mil hectáreas, República Checa y Eslovaquia, donde su utilización tiende a la baja. Por el contrario, potencias agrarias como Francia o Alemania lo han vetado, en una posición que comparten Austria, Bulgaria, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Italia, Suiza y Turquía.

La FAO documentó cómo 25 estados vetaron en 2014, para impedir su entrada en la cadena alimentaria local, la introducción en sus territorios de alimentos para humanos y de piensos para animales tras detectar la presencia en ellos de vegetales genéticamente modificados. Fueron destruidos o devueltos a sus países de origen.

“Después de 16 años de cultivo de transgénicos en España seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”, señala el documento de COAG, que añade que “año tras año los ensayos muestran que no son más productivos que las variedades convencionales, incluso en los pocos años que hubo un ataque severo de taladro”.
 
Una mala hierba mutada amenaza el cultivo del maíz

La organización agraria, que considera “difíciles de demostrar” las supuestas ventajas económicas de los transgénicos, sostiene que su uso “supone pérdidas económicas para el productor porque hay que pagar patentes” que, “siendo más caras, no producen más ni reducen la utilización de pesticidas y herbicidas, sino todo lo contrario”.

“Además -añade-, existen estudios que indican que en zonas de cultivo contínuo con OGM se tiene que utilizar más productos químicos para matar las plantas resistentes”.

De hecho, nueve organizaciones agrarias, conservacionistas y de consumidores –COAG, Red de Semillas, Amigos de la Tierra, Cecu, Ecologistas en Acción, Greenpeace, PALT, SEA y Aragón Sin Transgénicos- pidieron hace unos días por carta a la ministra de Medio Ambiente en funciones, Isabel García Tejerina, medidas para atajar la proliferación del teosinte, una maleza ancestro del maíz que actúa como especie vegetal invasora. Entre otras, comunicar su presencia a la UE cuando hace ya nueve años que fue detectada.

La situación ha llevado al Gobierno de Aragón a prohibir el cultivo de ese forraje en los campos con esa mala hierba, cuya presencia ha sido detectada también en Navarra y en Catalunya.

Ni Monsanto informa ni Medio Ambiente y la UE se enteran

Esas organizaciones temen que “las poblaciones de teosinte podrían ser portadoras de ADN transgénico proveniente del maíz modificado genéticamente” MON 810 que comercializa la multinacional Monsanto un “flujo genético” que amenaza con dotar a esa mala hierba “de un poderoso mecanismo de defensa ante especies herbívoras”. El gen vegetal manipulado incluye “una toxina Bt con propiedades insecticidas”, lo que hace “muy probable que los híbridos del maíz transgénico y el teosinte muestren mayor capacidad de expansión que el teosinte no transgénico”.

Las entidades, que acusan a la multinacional haber ocultado esa información “en su informe anual de seguimiento, tal y como le obliga la ley”, y de no haber “tomado ninguna medida para controlar la situación”, señalan que el riesgo de cruce del maíz transgénico con especies silvestres no fue tenido en cuenta por la UE ni por el Gobierno español antes de autorizar su uso ni de renovar los permisos.

De hecho, Europa descartó “los posibles impactos” de esa eventual mezcla “por no existir en Europa ninguna especie [silvestre] emparentada” con el maíz.

Eduardo Bayona en Diario Público

viernes, 4 de marzo de 2016

Carta tras un asesinato machista: “Ayer me mataron, pero peor fue la humillación que vino después”



‘Ayer me mataron’ es el título de una carta escrita en memoria de las jóvenes argentinas Marina Menegazzo y María José Coni, asesinadas en Ecuador a finales de febrero pasado. La estudiante de Ciencias de la Comunicación Guadalupe Acosta, de Paraguay, invita con su escrito en Facebook a rebelarse contra la violencia machista. “Ayer me mataron, pero peor que la muerte fue la humillación que vino después”, escribe. Este es el texto, compartido más de 600.00 veces desde el martes.

“Ayer me mataron. Me negué a que me tocaran y con un palo me reventaron el cráneo. Me metieron una cuchillada y dejaron que muera desangrada. Cual desperdicio me metieron a una bolsa de polietileno negro, enrollada con cinta de embalar y fui arrojada a una playa, donde horas más tarde me encontraron.

Pero peor que la muerte, fue la humillación que vino después. Desde el momento que tuvieron mi cuerpo inerte nadie se preguntó donde estaba el hijo de puta que acabó con mis sueños, mis esperanzas, mi vida.
No, más bien empezaron a hacerme preguntas inútiles. A mí, ¿Se imaginan? Una muerta, que no puede hablar, que no puede defenderse.

¿Qué ropa tenías? ¿Por qué andabas sola? ¿Cómo una mujer va a viajar sin compañía? Te metiste en un barrio peligroso, ¿Qué esperabas? Cuestionaron a mis padres, por darme alas, por dejar que sea independiente, como cualquier ser humano. Les dijeron que seguro andábamos drogadas y lo buscamos, que algo hicimos, que ellos deberían habernos tenido vigiladas.

Y solo muerta entendí que no, que para el mundo yo no soy igual a un hombre. Que morir fue mi culpa, que siempre va a ser. Mientras que si el titular rezaba fueron muertos dos jóvenes viajeros la gente estaría comentando sus condolencias y con su falso e hipócrita discurso de doble moral pedirían pena mayor para los asesinos.

Pero al ser mujer, se minimiza. Se vuelve menos grave, porque claro, yo me lo busqué. Haciendo lo que yo quería encontré mi merecido por no ser sumisa, por no querer quedarme en mi casa, por invertir mi propio dinero en mis sueños. Por eso y mucho más, me condenaron.

Y me apené, porque yo ya no estoy acá. Pero vos sí estas. Y sos mujer. Y tenés que bancarte que te sigan restregando el mismo discurso de “hacerte respetar”, de que es tu culpa que te griten que te quieran tocar/lamer/ chupar alguno de tus genitales en la calle por llevar un short con 40 grados de calor, de que vos si viajas sola sos una “loca” y muy seguramente si te pasó algo, si pisotearon tus derechos, vos te lo buscaste.

Te pido que por mí y por todas las mujeres a quienes nos callaron, nos silenciaron, nos cagaron la vida y los sueños, levantes la voz. Vamos a pelear, yo a tu lado, en espíritu, y te prometo que un día vamos a ser tantas, que no existirán la cantidad de bolsas suficientes para callarnos a todas”.

lunes, 29 de febrero de 2016

Piropos: El machismo callejero envuelto en palabras bonitas



Caminas por la calle camino al trabajo. En la acera de enfrente tres tipos te miran y comienzan a silbarte. Más adelante, un hombre te hace un comentario sobre tus piernas. El sábado por la noche, de vuelta de tomar unas copas, alguien se te acerca para piropearte cuando vuelves sola a casa. Hace unos días, la presidenta del Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial, Ángeles Carmona, hacía un llamamiento para "erradicar" los piropos: "Es una auténtica invasión en la intimidad de la mujer. Nadie tiene que tener derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de una mujer porque supone una invasión", aseguró.

Lo que para algunos es un mero asunto de palabras, va mucho más allá. El debate sobre los piropos apela a la cosificación de las mujeres, al uso del espacio público, a la normalización de algunos comportamientos y a su impacto en la vida cotidiana de las mujeres. "Algo que parece trivial, no lo es en absoluto. El cuerpo de la mujer es patrimonio del patriarcado y, como tal, parece que hay derecho a invadirlo: se puede mirar, comentar, piropear. Es una intromisión en la libertad del sujeto, un sujeto, las mujeres, que aparece permanentemente cosificado y convertido en objeto", explica Sonia Núñez Puente, profesora de Género y Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos.

Para la profesora de la Universidad de Vigo y experta en sociolingüistica y género, Virginia Acuña, el contexto es determinante. "Está intimamente ligado a una visión tradicional de las mujeres como sexo bello cuya cualidad principal es su atractivo. A mucha gente aún le recuerda a la típica galantería propia de otro tiempo, que era casi un rito de cortejo. Sin embargo, el piropo se usa como excusa para justificar ciertos comportamientos en la calle. Muchas veces hay un intento de incomodar e intimidar, pero se justifica diciendo que es un piropo. Parece, además, que la persona que los recibe tiene que sentirse agradada y agradecerlo. Si no lo hace, ¿cuál es la reacción? La persona que lo hace está en una posición de poder y autoridad", asegura.

Ambas coinciden en que los piropos forman parte de un entramado cultural muy arraigado, una mezcla entre los límites culturales del espacio personal y el género. "¿Por qué alguien tiene derecho a piropear, quién le ha dado permiso para entrar en ese espacio personal e íntimo?", se pregunta Núñez Puente.

Acceso al espacio público
El vídeo en el que una mujer recorría durante diez horas las calles de Nueva York y recibía casi sin cesar comentarios y piropos se hizo viral. Detrás de él estaba la organización Hollaback, otro de los proyectos que reclama el acceso al espacio público en condiciones de igualdad para mujeres y hombres.

"En ese vídeo se ve cómo muchos piropos eran del tipo 'guapa, preciosa, bonita'. Nos sirve para ver que si el piropo fuera algo aislado, de un día, parecería exagerado decir que es acoso. Sin embargo, lo que vemos en la vida diaria es la cantidad de veces que se repiten esos comportamientos y cómo es muy frecuente que se traspasen ciertas líneas. Eso sí es acoso", señala Virginia Acuña. Esta especialista en sociolinguística cree que el término piropo ha quedado obsoleto y apuesta por utilizar el de machismo callejero.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile es una de las iniciativas que han surgido en los últimos años para denunciar y combatir el acoso callejero. Su presidenta, Francisca Valenzuela, asegura a eldiario.es que los piropos conforman una de las aristas más comunes del acoso callejero. "Lo importante no es preguntarse los límites del piropo (qué está bueno que me digan y qué no), sino la lógica bajo la cual se construye. Una lógica de imposición de un género sobre otro en los espacios públicos", asegura.

En una de sus encuestas, el Observatorio descubrió que en la mayoría de los casos en los que una mujer no aceptaba el piropo o decía a ese hombre que no le había gustado, ella recibía insistencia, insultos o indiferencia. "Sólo el 1% se disculpa. Esto lleva a una conclusión muy importante: a la persona que dice piropos no le importa en realidad el bienestar del otro o halagarla (ya que eso implica sensación de agrado), sino que se trata de un acto de poder en el cual ciertos varones sienten el derecho de decir algo a una mujer, como si ella debiese obligatoriamente aceptarlo", afirma.
 
Una forma de violencia
Otra iniciativa, el Observatorio Ciudadano de Acoso Sexual Callejero en Perú, presta atención a los tocamientos, la masturbación pública, pero también al seguimiento, los silbidos, los comentarios sexuales, o las miradas fijas. "Decimos que es violencia pues, además de ser no deseada, ocasiona en las mujeres impactos negativos como temor a transitar solas por las calles, demoras innecesarias al evitar ciertas zonas consideradas inseguras, gastos extra para poder costearse transporte privado, dependencia de otros hombres (padres, hermanos, parejas, entre otros) a quienes piden compañía y protección en las calles, abandono de centros de trabajo (si la zona del trabajo es considerada insegura para una mujer), entre otros", dice el Observatorio de Perú en su página web.

Precisamente, la mayor encuesta sobre violencia de género elaborada por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea reveló que aproximadamente la mitad de las mujeres europeas evita viajar en transporte público, salir solas de casa o caminar por lugares poco concurridos, situaciones que consideran amenazantes y que constituyen una limitación de su libertad de movimientos.

Para Sonia Núñez Puente la exposición cotidiana a este machismo callejero supone una violencia sutil que llega a "delimitar espacios a los que no accedes para no sentirte violentada". "Es algo muy difícil de erradicar, porque los piropos están dentro de lo que se llama 'espacio de consenso', es decir, se consideran lo normal y muchas veces cuenta con la aquiescencia de los sujetos afectados, que buscan entrar también en ese consenso. Sin embargo, esos marcos conceptuales pueden cambiar. También sucedía con la violencia de género; hace unos años su aceptación se debía a que formaba parte de ese 'espacio de consenso', pero eso se ha roto".

Ana Requena Aguilar en eldiario.es

jueves, 25 de febrero de 2016

La organización holocrática

La organización holocrática es un modelo de organización y gobernanza basado en la teoría de los Sistemas Complejos, en los conceptos de Holón y Holarquía y en la nueva Teoría de la Mente. Esta propuesta fundamenta algunas de las prácticas que se hacen desde la Sociocracia, un modelo organizacional con un largo recorrido y que, por tanto, cuenta con bastante experiencia y ejemplos de aplicación, a la vez que matiza o amplia las opciones que ofrece la Sociocracia en algunos aspectos.

Partiendo de una idea de la mente como el proceso de regulación del flujo de información y energía que atraviesa todo sistema vivo (entendido como un sistema dinámico, autoorganizado y autónomo), el reto para las organizaciones humanas, consideradas como sistemas vivos, consiste en diseñar una estructura organizativa que facilite la gestión de dicho flujo de información en todos los niveles de la organización, esto es una estructura que facilite el trabajo de la mente colectiva de la organización en cualquiera de las actividades propias de una mente: percibir (captar información relevante), imaginar (soñar o crear una visión de futuro), pensar (indagar sobre posibles estrategias y planes de acción), sentir (asegurar el bienestar de todas las partes), decidir (elegir entre varias opciones posibles para una acción efectiva) o aprender (registrar experiencias y abrirse a lo nuevo).

Si este reto no se ha conseguido hasta ahora ha sido porque, a diferencia de lo que ocurre en los sistemas vivos no humanos, que cuentan con procesos internos autorregulados, regidos por reglas biológicas afianzadas evolutivamente, en los sistemas humanos la principales normas reguladoras tienen un origen cultural, pudiendo competir entre sí en la medida que responden a diferentes valores y cosmovisiones. Cada cultura genera sus propias reglas y algunas tratan de imponerlas a los demás, en muchos casos por la fuerza. Por otra parte, las normas culturales no son el resultado de procesos racionales de pensamiento, sino que emergen de procesos dinámicos complejos en los que intervienen factores ambientales, económicos, sociales y culturales (con un papel fundamental de la ideología y la religión). Además, una vez creadas, las personas que se benefician de dichas reglas, y que cuentan por tanto con privilegios que otras no tienen, tratan de justificarlas y defenderlas por todos los medios, aun cuando haya amplia evidencia de que ya no son útiles o no sirven a los propósitos generales. Por esta razón, pero también por ignorancia o desconocimiento, muchas organizaciones modernas siguen funcionando con reglas desfasadas, que no les permiten adaptarse a las demandas de un entorno cambiante y complejo. 

En el mundo de la empresa, por ejemplo, la estructura de gobernanza más común sigue un modelo piramidal basado en un poder central desde el que se intenta controlar toda la organización. Tal vez este sistema haya funcionado bien hasta hace poco tiempo, con un contexto histórico social favorable para ello, pero en la actualidad, en una cultura que quiere profundizar en la democracia, que busca la participación y la inclusión de voces minoritarias, que se hace cada vez más compleja al multiplicar tecnológicamente los canales de información, que va ganando poco a poco conciencia de sí misma…, el modelo autocrático de control que encontramos en la empresa tradicional no es la mejor respuesta posible. En un modelo jerárquico, el flujo de información en relación con la predicción, la planificación, la gestión, o la supervisión se mueve principalmente de arriba abajo, mientras que el flujo de abajo arriba consiste básicamente en un rendir cuentas desde una exigencia que para muchos resulta cada vez más insoportable. En este esquema, la voz de los de abajo apenas llega a los de arriba, perdiendo una información que podría ser muy valiosa y que deja así de incorporarse en los planes o políticas de la empresa. Basado en una estructura férrea de control, incapaz de acoger el necesario feedback que llega desde abajo, el modelo se vuelve vulnerable a una incertidumbre creciente y una mayor complejidad social. 

Como reacción a este modelo jerárquico, autocrático, muchas personas han apostado en los últimos años por crear organizaciones más horizontales, en las que se intenta evitar una estructura de poder explícita, sin reglas formales aparentes, o se utiliza una estructura mínima que consiste habitualmente en una asamblea (una reunión periódica a la que pueden asistir todos los miembros y participar por igual en la toma de decisiones), algunas comisiones o grupos de trabajo sobre asuntos específicos, sin mucha autonomía o capacidad de decisión, y en algunos casos, una dirección elegida por la asamblea y a la que ha de rendir cuentas. Es habitual además que las decisiones se tomen, o se intenten tomar, por consenso, buscando el acuerdo de todas las personas, que conservan el poder de bloquear una decisión que no satisfaga sus intereses. Aunque este modelo es aparentemente más democrático que el anterior, en términos de distribución de poder y flujo de información tiene igualmente importantes defectos. Al excluir formalmente una diferenciación vertical de poder, cuando esta diferenciación ocurre (y suele ocurrir en la mayoría de los casos, en lo que se conoce como estructura de estatus) no resulta visible para el grupo, pudiendo dar lugar a una estructura más opresiva que la jerarquía autocrática donde, al menos las diferencias de poder son visibles. Por otra parte, al no distinguir entre niveles organizativos de diferente alcance y concentrar todo el flujo de información en la asamblea, el tiempo y energía requerido por el grupo para procesar toda la información disponible suele ser enorme, lo que genera mucha tensión, cuando no frustración e impotencia, ante la dificultad para seguir el hilo y dar una opinión bien formada sobre todo aquello que se decide. A falta de una opinión formada, cualquier opinión vale, pudiendo en algunos casos hacer de la asamblea un espacio de expresión narcisista ingobernable. 

Mientras el modelo autocrático tiene como principal valor su capacidad para ser efectivo y conseguir resultados, al menos en condiciones de estabilidad, para resolver la complejidad dinámica de muchos problemas humanos a través del conocimiento y la técnica, el modelo asambleario aporta una mayor conciencia democrática y social, fomentando la participación y el cuidado de las personas, afrontando la creciente complejidad social desde la inclusión y la atención por todas las voces. Con todo, ninguno de estos modelos es suficiente para abordar la complejidad emergente, un tipo de complejidad que Otto Scharmer (2007, p. 61) define como la irrupción de nuevos patrones de innovación y cambio en situaciones en las que el futuro no puede predecirse ni afrontarse con los viejos patrones del pasado. El modelo de organización holocrática, basado en los sistemas vivos, pretende cubrir este vacío. Aporta efectividad, agilidad y capacidad para conseguir resultados, a la par que presta atención a las personas y sus necesidades, poniendo en marcha procesos y estructuras que imitan y sostienen la vida. 

Siguiendo en este punto a Brian Robertson (2006), holocracia es básicamente el gobierno de una organización por sí misma. No es el gobierno de las personas que trabajan en ella, ni el de sus propietarios y accionistas, sino el gobierno que resulta de considerar la organización como un sistema vivo, autoorganizado, autorregulado, autónomo, con intencionalidad y agencia propias. La organización holocrática es una organización que atiende desde el cuidado las necesidades de todas las personas implicadas en su funcionamiento y en sus actividades (propietarios, trabajadores, clientes, comunidad), de la misma manera que un sistema vivo atiende con cuidado las necesidades de todas sus partes, a la par que cuida de sí misma y de su propia integridad tomando las decisiones adecuadas para ello. Es una organización de aprendizaje, que cuenta con la suficiente solidez como para encarar con seguridad y firmeza muchos desafíos, pero también con la suficiente flexibilidad para cambiar y reinventarse cuando es necesario.

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