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domingo, 17 de julio de 2016

En defensa de los animales



Explicaba Alphonse de Lamartine que “No se tienen dos corazones, uno para los animales y otro para los humanos. Se tiene un corazón o no se tiene”. La editorial Kairós ha publicado recientemente, en traducción de Miguel portillo, una obra fundamental para acercarnos a la relación de los animales no humanos con el hombre, En defensa de los animales, del monje budista Matthieu Ricard, residente en Nepal.

El objetivo fundamental de Ricard es el de “evidenciar las razones y el imperativo moral que justifican ampliar el altruismo a todos los seres sensibles, sin limitación de orden cuantitativo ni cualitativo”, dado que habitamos un mundo “esencialmente interdependiente, donde la suerte de cada ser, sea el que sea, está íntimamente ligada a la de los demás”.

Ricard asegura que la bondad no ha de limitarse a la relación de los humanos entre sí, sino que debemos extenderla sin condición a los animales, una extensión que “es en primer lugar una cuestión de actitud responsable hacia lo que nos rodea”. Dado el frenético ritmo de nuestra sociedad occidental, nos resulta imposible recapacitar sobre el sufrimiento que infligimos a los animales, manteniendo -afirma- una “esquizofrenia moral que nos empuja a ocuparnos enormemente de nuestros animales de compañía a la vez que hincamos el tenedor a los millones de cerdos que se envían al matadero, aunque no son menos conscientes o sensibles al dolor e inteligentes que nuestros perros o gatos”.

Visión mecanicista heredada de la Modernidad e Ilustración europeas, que hizo que la mayor parte de los sabios e intelectuales de tales épocas pasaran por alto el dolor de los animales, incluso en el ámbito científico. El mismísimo Kant, severo moralista, escribe en sus Lecciones de ética que “los animales no tienen conciencia de sí mismos y en consecuencia no son más que medios para un fin. Este fin es el ser humano. Y éste no tiene deber alguno inmediato hacia ellos […]. Los deberes que tenemos para con los animales no son más que deberes inmediatos para con la humanidad”. Aserto frente al que se rebelaron otras corrientes y autores, muy anteriores, como los cátaros o el enciclopedista Voltaire, quien escribe en el artículo “Bestias” de la Enciclopedia:


"Varios bárbaros atrapan a ese perro, que aventaja al hombre en ser fiel a la amistad, lo atan a una mesa y lo abren en vivo para examinarle sus entrañas, descubriendo en él los mismos órganos del sentimiento que tiene el hombre. Contestadme, mecanicistas: ¿es que la naturaleza concedió los órganos del sentimiento a los animales con el fin de que no sintieran? Teniendo nervios, ¿pueden ser impasibles? ¿No supone esto contradecir las leyes de la naturaleza?"

Aunque la visión kantiana no resulta exclusiva de los siglos XVIII y XIX, sino también del XX, cuando leemos en Sartre (Cuadernos para una moral) que “la libertad del animal no resulta inquietante porque el perro sólo es libre para adorarme. El resto es apetito, humor, mecanismo fisiológico; al apartarse de mí, al gruñir, recae en el determinismo o en la oscura opacidad del instinto”. Como vemos, Sartre niega el estatuto moral de los animales en tanto que les priva de libertad, atándolos sin más a los más prefijados e inalterables mecanismos naturales, pasando por alto la empatía afectiva y cognitiva. Aunque, por otro lado, ¿está por más demostrada la libertad e independencia del ser humano respecto a la naturaleza? ¿No es él, también, un ser atado a las leyes más inexorables?

Como apunta acertadamente Matthieu Ricard, los pueblos cazadores de nuestra especie no consideraban en absoluto a los animales como seres inferiores en ninguna faceta, sino como unos iguales que luchan, igualmente, por su supervivencia. Por ejemplo, los hewong de Malasia, explica el etólogo Dominique Lestel, “no dividen el mundo entre humanos y no humanos. Consideran que los representantes de cada especie tienen una visión del mundo que les es propia. […] Lo que cada especie percibe es, para ella, tan cierto como lo que percibe el ser humano”.

Frente a esta posición de igualitarismo animal, en la actualidad predomina la visión utilitarista, ya sostenida en su Ética por Spinoza: “La ley que prohíbe matar a los animales está basada más en una vana superstición y en una piedad de mujer que en una sana razón; […] no existe razón para no buscar lo que nos resulta útil, y por ello para no utilizar a los animales como mejor convenga a nuestros intereses”. Concepción proveniente del cristianismo, en cuyo seno se defiende que Dios encumbró a la humanidad por encima del resto de los animales, confiriendo al hombre un estatuto moral superior. Aunque ya Plutarco, en su Acerca de comer carne, escribía:


"Os preguntáis cuáles fueron las razones en que Pitágoras se basó para abstenerse de comer carne de animal. Por mi parte me preguntaría cuál fue el accidente o el estado anímico o mental que hizo al primer hombre comerla, tocar con sus labios la sangre coagulada y llevarse a la boca carne de una criatura muerta. ¿Quién se aventuraría a llamar alimentos a lo que poco antes vivía, se movía y chillaba? ¿Cómo pudieron sus ojos observar la matanza? ¿Cómo pudo su nariz soportar el hedor? ¿Cómo pudo la corrupción convencer a su gusto y éste pudo entrar en contacto con las heridas de otro, beber sus secreciones y la sangre que manaba por las mortales heridas? […] [M]ediante una sensualidad cruel, degollamos a esas bestias desgraciadas, les privamos de la luz de los cielos, les arrancamos esa débil porción de vida que la naturaleza les destinara. ¿Creemos, además, que los gritos que emiten no son más que sonidos inarticulados, y no oraciones y justas reclamaciones por su parte?"

Meslier sostenía: “Benditas sean las naciones que tratan benigna y favorablemente a los animales, y que se compadecen de sus miserias y dolores, y malditas sean las naciones que los tratan con crueldad, que los tiranizan, que gustan de verter su sangre, y que están ávidas de devorar su carne”

Ni siquiera la revolución darwiniana fue capaz de modificar el paradigma carnívoro, cuando el autor inglés mostró que las especies y su evolución no revela más que transiciones graduales entre ellas. Un Darwin que, en su condición de biólogo y amante de la naturaleza, se mostró muy preocupado por este asunto. En una anotación de su diario afirmaba que “La humanidad hacia los animales inferiores es una de las más nobles virtudes de las que el ser humano ha sido dotado, y se trata del último estadio del desarrollo de los sentimientos morales. Sólo cuando nos preocupamos de la totalidad de los seres sensibles nuestra moral alcanza su nivel más elevado”. También el escritor decimonónico Émil Zola, casi contemporáneo de Darwin, apuntaba:


¿No podríamos empezar por estar de acuerdo acerca del amor que se les debe a los animales? […] Y eso simplemente en nombre del sufrimiento, para matar el sufrimiento. El abominable sufrimiento que vive la naturaleza y que la humanidad debería esforzarse en reducir todo lo posible, mediante una lucha continua, la única lucha a la que sería sabio lanzarse.

Matthieu Ricard escribe un magnífico y documentado volumen en el que repasa histórica y críticamente, sin salmodias ni propagandas, todas las concepciones que, a lo largo del devenir humano, han hecho de los animales meros objetos de consumo, concluyendo con una llamada a la razón y a la bondad humana. Y es que, como ya considerara uno de los padres de los derechos de los animales, Arthur Schopenhauer, “Una compasión sin límites que nos una a todos los seres vivos, tal es la garantía más sólida y segura de la moralidad. Quien la posea será incapaz de perjudicar a nadie, de violentar a nadie, de hacer daño a quien sea; sino que, más bien, mostrará tolerancia para con todos, perdonará, ayudará con todas sus fuerzas, y cada una de sus acciones estará del lado de la justicia y de la caridad”.

Así, termina Ricard, contundente: “Es hora de ampliar la noción de prójimo a otras formas de vida. Si comprendemos y sentimos conscientemente que en realidad todos somos ciudadanos del mundo, en lugar de considerar a los animales como una subcategoría de seres vivos, no nos permitiremos seguir tratándoles como lo hacemos”.

Extraído de: https://elvuelodelalechuza.com

domingo, 29 de mayo de 2016

Cuando los ganaderos se convierten en veganos

¿Qué lleva a cuatro granjeros de éxito a poner su vida patas arriba y convertirse en veganos? ¿Qué tienen en común la española María, Bob de Nueva York, Jan, un alemán del norte, y Howard del estado de Montana? ¿Qué es lo que hizo tambalear su existencia hasta los cimientos?

María pasó su niñez cuidando cerdos. Con 10 años cargaba sacos de 25 kg, con 12 el médico se sorprendió al descubrir que la pequeña tenía varices. El negocio familiar, en el que María y su hermana limpiaban los establos y ayudaban al padre en el engorde, era muy duro para las dos niñas. María soñaba con una vida diferente y los cerdos le resultaban un estorbo, animales recién nacidos que pasaban allí unos meses hasta alcanzar el peso necesario para ir al matadero. "Me gustaba la carne y los productos que se elaboraban en casa a raíz de la matanza, pero lo cierto es que desconocía que nos podemos alimentar de otra manera. Los animales estabulados en granjas se reparten en diferentes cuadras que se van quedando más y más pequeñas conforme crecen. Recuerdo claramente como en la etapa final del engorde el estrés les llevaba a pelearse y no solo acababan heridos, sino que los más débiles morían, pero no a causa de las heridas, sino por el sufrimiento padecido. Les fallaba el corazón".


Jan interrumpió sus estudios de biología y matemáticas en los años setenta para hacerse cargo de la próspera granja familiar. Sus antepasados, varias generaciones de ganaderos, llevaban décadas produciendo leche y queso en Butjadingen, una península en el Mar del Norte. Jan se especializó en explotaciones agrícolas y fue el primer ganadero de la región en convertir su granja en ecológica. Menos animales, establos más grandes y más tiempo de los terneros con sus madres antes de la separación. "Pronto nos dimos cuenta de que la ganadería ecológica no es garantía de una vida digna para los animales y llegó un punto en que no era capaz de conciliar negocio y conciencia. Cuando un animal no era rentable, había que enviarlo al matadero, y eso cada vez se me hacía más difícil".

Bob vive en el estado de Nueva York, tiene 40 años y ha dedicado los diez últimos a la cría de cerdos. Convencido de que la ganadería industrial es un verdadero desastre para todos, decidió invertir todo lo que tenía en montar una granja ecológica. Se sentía orgulloso de su trabajo, hasta una mañana en la que todo cambió: "Lo primero que noté fue lo triste que estaba. A veces me sentía algo confuso, incluso culpable, pero ¿triste? ¿Una tristeza profunda en la boca del estómago, en los hombros, en los ojos? No, jamás. Criar cerdos había sido, a pesar de los conflictos internos, una alegría. En casi diez años nunca me había sentido así".







Bob Comis con uno de sus animales ©The Last Pig



Howard era un cowboy de cuarta generación y su granja un ejemplo de eficiencia. 45 años dedicado a la ganadería industrial, llegó a tener más de 7.000 reses. "Triturábamos animales y se los dábamos de comer a los otros animales, no había un producto químico que no me gustara. Todos los malos hábitos que se pueden tener, los tenía yo. Desayunaba, comía y cenaba hamburguesas. En el año 1979 me encontré paralizado de cintura para abajo, el diagnóstico fue un tumor en la médula espinal".

Cuando tenía 14 años, María conoció a una de las profesoras del instituto de su ciudad, que era vegetariana. Como ella misma explica, aquel encuentro abrió su conciencia y confirmó lo que antes solo eran intuiciones. "Lo que ahora advierte la Organización Mundial de la Salud, que la carne procesada es tóxica como alimento y todo eso, ya lo sabíamos nosotras entonces". Así que María, su hermana y su madre decidieron dejar de comer animales. "Fue como una conquista. Me hice vegetariana por amor a los animales y al mismo tiempo comencé a investigar la relación entre los alimentos y la salud".

Bob también había decidido dejar de comer carne, creyendo honestamente que podía ser vegetariano y criador de cerdos a la vez, porque consideraba fundamental que hubiera tantas granjas ecológicas como fuera posible, especialmente regentadas por alguien que respetaba profundamente a los animales. "Aquella mañana los cerdos parecían diferentes. Yo parecía diferente. Mi perspectiva se había trasladado a otro plano, en el que no era capaz de ver dónde terminaba su existencia y dónde empezaba la mía. Mientras estaba allí, sentado en mi tractor, entendí que algo mucho más profundo que mi dieta había cambiado. No era tanto el hecho de sentirme incómodo con la contradicción vegetariano - criador. Fue más bien una revelación. En aquel momento sentí un intenso deseo de no tener nada más que ver con su muerte".

Por su parte, Jan conoció a la que hoy es su pareja, Karin, una enfermera muy activa en la defensa de los animales. "Cuando la conocí, le plantee mis dudas y ella me respondió: es fácil, deja a las vacas vivir. ¿Y de qué viviremos nosotros entonces?, le dije yo". Así fue como la granja se convirtió en fundación, la pintoresca residencia para vacas jubiladas Hof Butenland. Un santuario en el que las más veteranas conviven con cerdos, gallinas, patos, perros, gatos, caballos, conejos y los visitantes que deciden pasar allí unos días de descanso. Además de cuidar de los animales y fotografiar el día a día de la granja, Karin es la responsable de cocinar para los huéspedes y acaba de publicar un libro de recetas libres, por supuesto, de ingredientes de origen animal.







Karin con Trine y Christine ©Hof Butenland



“Durante mucho tiempo, negaba que me cayesen bien las vacas", cuenta Jan. "Era la única manera de seguir, tenía que ganarme la vida. Ahora las veo como a camaradas. Estoy de buen humor y les hablo, como se habla a un perro o a un gato; yo no veo ninguna diferencia".

La operación de Howard era de alto riesgo y él lo sabía. "Había visto a los animales morir, había visto la tierra contaminarse, pero no fue hasta que me vi paralítico que fui consciente de que el problema era yo. Yo sabía que lo que estábamos haciendo era totalmente insostenible, pero era una especie de histeria colectiva. Todos lo hacían así, desde siempre". La operación fue un éxito y Howard salió del quirófano caminando, pero era una persona totalmente diferente a la que había entrado en él. "La pregunta ¿deberíamos seguir comiendo animales? es la más esencial que me he planteado en toda mi vida".







Howard en Farm Sanctuary ©Howard Lyman



Howard decidió compartir su experiencia. "He recorrido más de 160.000 km al año, ha habido épocas en las que he dado tres o cuatro conferencias al día. Pero mi objetivo no es salvar el mundo, mi objetivo es que la gente pueda tomar sus decisiones teniendo toda la información".

María y su hermana también se armaron de valor y le plantearon a su padre que no querían seguir explotando animales. No fue fácil, el padre puso el grito en el cielo, pero con el tiempo incluso él dejó de comer carne. María es hoy una madre feliz, orgullosa de sus dos hijos, vegetarianos desde la infancia. El negocio familiar se reconvirtió en un taller de artesanía. Más de 30 años después, los antiguos establos que albergaron tanto dolor y tanto miedo solo almacenan cerámica. "Ahora los únicos cerditos que viven allí son de loza".

En un instante tomó Bob la decisión de dejar de criar cerdos y convertirse en agricultor. "Tras diez años de convivir con estos increíbles animales he comprendido que, cuando miras a sus ojos, nunca ves el vacío, siempre hay alguien mirándote al otro lado". Pero algo así no podía hacerse de un día para otro. Se trataba de dejar un negocio próspero que, después de los duros inicios, ya había despegado. "Tenía demasiados compromisos, deudas y no sé prácticamente nada sobre agricultura ecológica. Sabía que tenía que ser cuidadoso, para no arruinar la relación con mi mujer, mi futuro financiero y la consideración de mí mismo en mis compromisos con los demás. Calculé que, sin violar ninguno de esos criterios, la transición me iba a costar aproximadamente un año".*

A día de hoy, Howard sigue dando conferencias por el mundo. "Cuando tratas el tema con alguien de la industria su argumento suele ser "es que vosotros no lo entendéis". Pero yo sí lo entiendo. He matado más animales que la mayoría de ellos y sé que lo que estamos haciendo es nocivo para nuestra salud, terrible para los animales y perjudicial para el planeta. Cuando antes lo paremos, mucho mejor".

María, Howard, Jan y Bob son solo algunos ejemplos de una larga lista. Otros representantes ilustres son el ganadero Harold Brown, que protagonizó el premiado documental Peaceable Kingdom y es hoy activista por los derechos animales y el famoso Dr. T. Colin Campbell, autor de El Estudio de China, una verdadera revolución en la historia de la nutrición, que pasó toda su infancia en la granja de vacas lecheras de su familia.

* La productora Argo Films está en la actualidad recaudando fondos para completar el documental The Last Pig , sobre este trascendental año en la vida de Bob. Su directora, Allison Argo, ha ganado más de 100 premios internacionales, incluidos seis Emmys, y ha rodado documentales para PBS, National Geographic y el canal Nature. Allison lleva más de 20 años rodando en primera línea, luchando por un tratamiento más justo hacia los animales.

jueves, 26 de mayo de 2016

Muerte entre las flores: el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos

La idea de que la defensa de los animales y el ambientalismo/ ecologismo pue dan ser movimientos con fines y propuestas prácticas enfrentados entre sí puede resultarle a mucha gente, a primera vista, sorprendente. Al parecer común, la defensa del entorno natural implicaría la defensa de sus habitantesno humanos y la defensa de los intereses de éstos acarrearía una toma de posición conservacionista sobre el entorno natural.
Sin embargo, esta idea, pese a estar tan extendida, resulta al menos cuestionable.
Para entender el conflicto en cuestión, conviene, en primer lugar, conocer los principios y objetivos que sigue el movimiento en defensa de los animales, así como los principales argumentos que sustentan dicha posición. Una vez hecho esto, podremos ver en qué medida estos principios y fines son irreconciliables con los presupuestos ambientalistas/ecologistas /1

Así, podremos comprender, por último, aquellos casos en los que esta distinción toma carácter
práctico, al condicionar la orientación de las políticas de gestión medioambiental hoy practicadas o las que podrían serlo en el futuro.

1. La consideración de los animales no humanos y la crítica al especismo.

Los animales no humanos son utilizados como recursos para la satisfacción de nuestros intereses en ámbitos de lo más diverso. A lo largo de las últimas décadas, un número creciente de personas se han posicionado a favor de dar a los animales una mayor consideración, sin cuestionar, no obstante, tal uso. Esta inquietud ha desencadenado que, en ciertos casos, los gobiernos hayan asumido la necesidad de legislación que venga a regular las condiciones en las que la explotación de los animales se realiza. Sin embargo, como muchos autores han puesto de manifiesto (por ejemplo, Dunayer 2004; Francione, 1996; Regan, 1983; Singer, 1975) nuestras responsabilidades hacia los animales no se reducen a dispensarles un trato más o menos benigno subordinado a los intereses humanos. De hecho, incurrimos rutinariamente en una forma más de discriminación, llamada especismo, que consiste en la consideración desfavorable de unos individuos basada en su no pertenencia a una determinada especie, concretamente la humana.
Pero, ¿no será el especismo defendible? ¿Acaso no posee la especie humana determinadas características, ausentes en los restantes animales, que justifican la diferente consideración de sus miembros? La mayoría de la gente cree que los seres humanos poseen ciertas capacidades cognitivas (razón, lenguaje o capacidad moral, entre otras) o mantienen ciertas relaciones especiales (solidaridad, simpatía, poder, etc) que no están al alcance de los seres no humanos.
Esta idea generalizada ha sido apoyada por argumentos de distintos autores que han buscado justificar que atribuyamos peso a los intereses de unos individuos (humanos) pero no a los de otros (no humanos), basándose en el funcionamiento cognitivo complexo (Leahy, 1991; Scruton, 1996) o en las relaciones especiales (Goldman, 2001; Narveson, 1997; Scanlon, 1998) exhibidas por la especie humana.
Ahora bien, para que tuvieran éxito, estos argumentos tendrían que cumplir dos requisitos básicos. En primer lugar, las características a las que apelan tendrían que estar presentes en todos los seres humanos, y solamente los seres humanos podrían poseerlas. Por ejemplo, si apelamos a la capacidad del lenguaje como la capacidad que determina la inclusión de los seres humanos en la esfera moral y la exclusión de los seres no humanos de ésta, todos los seres
humanos tendrán que poseer esta capacidad y ningún otro animal diferente al humano podrá exhibirla. En segundo lugar, tendrían que ser moralmente relevantes. Esto quiere decir que deberán ser significativas a la hora de decidir cómo actuar hacia un individuo cuando podemos afectarle negativamente (causándole un daño) o de forma positiva (generándole un beneficio). Sin embargo, estas condiciones no parecen ser satisfechas.
En primer lugar, incluso dejando de lado la posibilidad de que algunos animales no humanos sean capaces de adquirir lenguaje u otro tipo de capacidades cognitivas complejas /2 , el hecho es que no todos los seres humanos son poseedores de las mismas. Esto es así cualquiera que sea la capacidad cognitiva (razón, capacidades de agencia moral, etc) o relacional (solidaridad, simpatía, poder, etc) a la que apelemos, dado que todas ellas están ausentes en muchos seres humanos, ya sea de forma transitoria (bebés, infantes) o permanente (personas con diversidad funcional intelectual, por ejemplo).
Sin embargo, la mayoría de la gente no aceptaría que estos seres humanos pudieran ser tratados como objetos por carecer de tales rasgos. Pensemos, por ejemplo, en un individuo con diversidad funcional intelectual, ausente de cualquier actividad cognitiva compleja y sin relaciones del tipo indicado. Casi cualquier persona se horrorizaría al pensar en la posibilidad de experimentar en ese ser humano con propósitos científicos, aunque eso pudiera beneficiar a otros individuos.
En segundo lugar, y como se puede ya atisbar en el ejemplo anterior, las capacidades cognitivas o relacionales nos parecen irrelevantes a la hora de determinar la consideración moral que atribuimos a otros individuos. Lo que parece ser relevante es si un determinado individuo puede ser dañado o beneficiado por lo que le sucede. La capacidad que da a los individuos esa posibilidad es la sintiencia, esto es, la capacidad para sufrir y disfrutar. Un individuo sintiente posee un interés en tener experiencias positivas (disfrutar) y en evitar las negativas (sufrir), de modo que esos intereses constituyen la razón para que sea objetable tratarle de determinadas formas, por ejemplo, causándole sufrimiento.
Ahora bien, la capacidad para sufrir y disfrutar no es, evidentemente, exclusiva de los seres humanos. Por el contrario, se encuentra presente en la mayoría de los animales no humanos/3. Por ello, si en lo que es moralmente relevante animales humanos y no humanos son iguales, sus intereses (en no sufrir y en disfrutar) deberán ser igualmente considerados. Por esa razón, la consideración y el tratamiento desfavorable de los intereses no humanos está injustificada. El especismo deberá, por lo tanto, ser rechazado.

2. La consideración de los animales no humanos en el ecologismo/ambientalismo.

De acuerdo con una importante tendencia en el seno del ecologismo (patente en determinadas políticas ambientales), la consideración moral debe ser desplazada de los individuos al conjunto de las entidades biológicas. La base de esta posición es el holismo ético, según el cual el bien del todo deberá preceder a los intereses de sus componentes. Esto implicará, al nivel de la consideración de los animales no humanos, que las entidades moralmente considerables no van a ser los individuos sintientes, sino los ecosistemas donde éstos habitan, o bien las especies en su conjunto. Así, en palabras de uno de los precursores del ecologismo moderno, Aldo Leopold, independientemente del daño o del beneficio causado a los individuos “
algo es correcto cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es incorrecto cuando tiende a otra cosa” (Leopold, 2000 [1949], p. 155).
Importa remarcar que a pesar de existir diversas perspectivas ecologistas, la mayoría de ellas comparten el presupuesto básico del valor intrínseco de las entidades y procesos naturales /4, aunque puedan divergir sobre las razones en el que se basa tal valor. Esto significa que, al contrario de lo que a menudo se cree, para el ecologismo (aunque no para el ambientalismo antropocéntrico) la preservación del entorno natural no tiene un mero valor instrumental, es decir, no sirve a intereses individuales (alimento, recreo, placer estético, entre otros), sino que deberá ser perseguida al margen de los beneficios o perjuicios que dehacerlo deriven para los seres (humanos y no humanos) que lo integran. Este principio establecerá un conflicto de fondo entre el ecologismo y una posición centrada en la defensa de los animales no humanos, dadas sus implicaciones prácticas para la consideración de los animales que viven en la naturaleza. Por una parte, el ecologismo tenderá a defender intervenciones en la naturaleza siempre que el bien de un ecosistema así lo exija, aunque de ello resulte el sacrificio en masa de sus integrantes. Por otra parte, el principio nos compromete a no intervenir en los procesos naturales de formas que puedan beneficiar a los animales no humanos, aunque podamos hacerlo sin costes para nosotros. Desde la defensa antiespecista de los animales no humanos se erigirá, como veremos, una fuerte oposición a ambos escenarios.

3. Oposiciones entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos, en la práctica. I: Intervenciones en los procesos naturales perjudiciales para los animales.
 
El ser humano ha procurado desde siempre intervenir en la naturaleza, con vista a la satisfacción de sus necesidades e intereses. Tan sólo recientemente, en las sociedades modernas, se ha comenzado a desarrollar una acción coordinada dirigida a la consecución de objetivos medioambientales que no se reduzcan a la satisfacción inmediata de los intereses humanos. Estas acciones, al contrario de lo que pueda parecer inicialmente, resultan frecuentemente en máximos perjuicios para las vidas de los animales presentes en un ecosistema dado.
Un caso de este tipo es el representado por los llamados programas de restauración de ecosistemas. Estos programas consisten en un tipo de intervención sobre el ambiente que podríamos denominar como “limpieza biológica” y que consiste en la eliminación de todos los animales pertenecientes a especies no autóctonas – llamadas invasoras – de un ecosistema, en aras de recrear el ambiente original. Uno de las más populares acciones restaurativas de este tipo se llevó a cabo en la Isla de Santa Cruz, en California, donde se procedió a la eliminación de la totalidad de ovejas europeas allí presentes, lo que dio lugar a la muerte de más de 37,000 individuos (Shelton, 2004).
Escenarios muy similares a éste pueden ser también observados en España, donde las políticas de gestión ambiental de las especies foráneas se vienen desarrollando según las mismas pautas. De acuerdo con el Real Decreto 1628/2011 /5, que establece el catálogo de las especies consideradas invasoras en España, se determina la erradicación masiva de individuos de distintas especies, entre ellos muflones, mapaches, malvasías canela o lobos hibridados /6.
En otras situaciones, la intervención en los ecosistemas orientada a restaurar el ambiente se realiza de modo indirecto, mediante la creación de la llamada “ecología del miedo”. Esta práctica consiste en la introducción de depredadores extintos en ese ambiente natural, de forma que disminuya la presencia de determinados individuos herbívoros en las áreas de vegetación de una determinada especie que se pretende conservar. Esto se consigue, en parte, en virtud de la depredación pero, en mayor medida, ocurre a través de la generación de un ambiente de alerta permanente que conduce a estos seres a alejarse de dichas áreas, por miedo a ser depredados. Esto los desplaza a lugares donde la presencia de depredadores es menor pero donde escasean el alimento y el agua que necesitan. Tal situación causa a dichos animales un gran sufrimiento y complicaciones adicionales por falta de alimento y agua, lo que les conduce, frecuentemente, a una muerte cierta (Horta, 2010).
Este tipo de intervenciones en la naturaleza colisionan de forma evidente contra los intereses de los animales no humanos involucrados. A pesar de ello, su justificación se sigue directamente del razonamiento ético de tipo holístico, característico del ecologismo: el bien de los ecosistemas deberá ser perseguido como un fin en sí mismo, que prevalece sobre el bienestar de sus miembros. Pero las implicaciones de asumir consistentemente un principio como el enunciado nos llevarían a escenarios difícilmente aceptables por cualquier persona.
En efecto, si de tales principios se sigue el sacrificio de individuos integrantes de los ecosistemas en beneficio de estos últimos, ello implicaría –en ausencia de especismo— que tal sacrificio estaría también prescrito en el caso de que fueran seres humanos quienes representaran una amenaza ecosistémica.
A pesar de esa implicación directa, el ecologismo, con raras excepciones (Linkola, 2009), rechaza la erradicación de seres humanos como forma de preservación de los ecosistemas (siendo la especie humana la que en mayor medida amenaza la estabilidad de los mismos). Las intervenciones en los procesos naturales propugnadas por el ecologismo contemplan la excepción de que en el caso en cuestión se encuentren en juego vidas humanas. Esto es, debemos intervenir en los procesos naturales si el bien del ecosistema está en juego, aunque ello implique sacrificar animales sintientes, siempre y cuando esos individuos no pertenezcan a las especie humana. Cabe, entonces, preguntar: si los seres humanos no pueden ser sacrificados por el bien de los ecosistemas, ¿por qué pueden serlo los muflones?
Esta situación deja clara la inconsistencia del ecologismo, relativizando la promoción del bien último a la satisfacción de intereses humanos individuales. Ello demuestra también que el ecologismo termina por sucumbir al antropocentrismo (paradójicamente, la posición de la que originalmente busca distanciarse). En una posición diametralmente opuesta, se edificará la defensa de los animales no humanos que identificará el ecologismo con una modalidad más de especismo que deberá ser rechazada. Esto implicará oponerse a aquellas intervenciones que resulten en perjuicio de animales sintientes, tanto humanos como no humanos, en la medida en que hacerlo supone desestimar sus intereses, causándoles un daño injustificado.
 
4. Oposiciones entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos, en la práctica. II: Intervenciones en los procesos naturales en beneficio de los animales.
 
Un buen número de personas cree que la consideración moral de los animales implica abstenerse de causarles daños innecesarios, por lo que se deberían abolir todas aquellas prácticas que causen el sufrimiento y la muerte de animales. Esta idea es correcta, de acuerdo con lo
que hemos visto. Sin embargo, parece insuficiente para comprender el alcance de nuestras obligaciones morales hacia los animales no humanos. Si el sufrimiento animal es moralmente relevante cabe preguntar si, tal y como ocurre en el caso humano, además de no causar sufrimiento a los animales debemos también ayudar aquellos individuos que lo necesitan, aliviando el sufrimiento que padecen por causas no producidas por seres humanos como, por ejemplo, fenómenos naturales /7.
Desde una posición que rechace el especismo, la respuesta a esta cuestión es afirmativa. El argumento parte de la premisa ampliamente consensuada según la cual debemos prevenir o aliviar el sufrimiento de otros individuos siempre que esté a nuestro alcance hacerlo. Dado que, al contrario de lo que mucha gente piensa, la vida de los animales salvajes dista de ser idílica (los animales salvajes sufren múltiples daños en la naturaleza, de una forma sistemática, que les causan gran sufrimiento y muertes violentas por depredación, enfermedades, inanición, condiciones climatológicas extremas, etc), debemos intervenir para prevenir o aliviar el sufrimiento de los animales salvajes siempre que podamos, tal y como lo hacemos cuando están en juego seres humanos.
El ecologismo, sin embargo, no sólo no acepta este tipo de intervenciones en la naturaleza, sino que las condena. Esto es así porque, como hemos visto antes, lo que hace que algo sea malo no es el daño causado a los individuos, sino el impacto en el equilibrio ecosistémico. Así, aun en el caso de que esté en juego el sufrimiento individual, debemos abstenernos de interferir con los procesos naturales.
Veamos, a continuación, cuáles serán las consecuencias de sostener una postura ambientalista para el caso de las intervenciones en la naturaleza en beneficio de los individuos afectados por daños naturales, considerando el siguiente caso. El 1 de Noviembre de 2011, en la Laguna Kapani, en Zambia, un bebé elefante se quedó atrapado en el barro /8. Su madre acudió a socorrerle pero se quedó igualmente atrapada. Los animales gritaban y luchaban por sus vidas pero, impotentes e inmovilizados, no podían liberarse sin ayuda. El orden natural de las cosas había dictado que morirían ese día, como tantos otros animales en similares circunstancias. Sin embargo, en esta ocasión no fue así, ya que los trabajadores del parque natural, saltándose todas las normas conservacionistas, intervinieron contra el orden natural en su auxilio y pudieron rescatarles, con éxito. ¿Deberían haberlo hecho?
Desde el punto de vista ecologista, la respuesta es negativa. El ser humano debe abstenerse de interferir con los procesos naturales, los cuales son intrínsecamente valiosos, independientemente de las consecuencias negativas para los individuos afectados por ellos. Como afirmó una integrante del equipo de rescate en cuestión, reconociendo la impopularidad de su actuación, “la mayoría de los conservacionistas cree que el hombre no debe inmiscuirse con el orden natural y que debemos dejar a la naturaleza seguir su curso, por más cruel y nefasto que nos parezca”. Sin embargo, esta idea no es consistente con prácticas humanas habituales que van en contra del orden natural, como es el rescate de humanos en situación de catástrofes naturales.
Consideremos un caso similar al anterior, que ocurrió en el reciente terremoto de Turquía, de octubre del 2011. Cuarenta y ocho horas después del terremoto, el equipo de rescate encontró a un bebé humano y su madre atrapados en los escombros, todavía con vida. Todos los esfuerzos se movilizaron en su auxilio hasta que finalmente, ambas pudieron ser rescatadas por los socorristas /9. No hace falta cuestionar, en este caso, si los socorristas actuaron correctamente. Evidentemente, la mayoría de las personas consideraría reprobable no ayudar a estos seres humanos, cuando estuviera en nuestro poder hacerlo. Sin embargo, esta acción va en contra de la prescripción ecologista de no intervenir en los procesos naturales (intrínsecamente buenos), siempre y cuando el equilibrio ecosistémico no esté en riesgo. Desde una posición antiespecista que tenga en cuenta los intereses de todos los individuos sintientes, deberíamos intervenir para prevenir o aliviar una situación perjudicial para éstos, aunque esta situación sea efecto de los procesos naturales. Esto es así porque son los individuos sintientes, capaces de sufrir y disfrutar, quienes pueden ser efectivamente beneficiados por nuestra acción y como tal debemos actuar, siempre que podamos, a fin de prevenir o aliviar su sufrimiento.
En efecto, al contrario de lo que se pueda pensar, hay una inmensidad de formas en las que los animales salvajes se podrían ver beneficiados por nuestra ayuda, por ejemplo, viéndose asistidos a nivel de salud o alimentación. De hecho, los seres humanos, a menudo intervienen en la naturaleza para tratar animales que sufren de alguna enfermedad. Sin embargo, la asistencia sólo se lleva a cabo cuando el animal pertenece a una especie amenazada o hay riesgo de que la enfermedad se extienda a los seres humanos. Pero el sufrimiento de los animales que no cumplen con estas condiciones (la mayoría de los animales salvajes) no parece ser diferente del sufrimiento de aquellos que sí las cumplen. Desde el punto de vista del animal, la experiencia de estar enfermo es igualmente dolorosa y estresante, independientemente del nivel de población de su especie o del riesgo que constituye para humanos o otros animales. Por ese motivo, si el sufrimiento animal es moralmente relevante, no hay razones de peso para no extender esa asistencia a todos los animales que viven en la naturaleza, siempre que esté al nuestro alcance prevenir o aliviar su sufrimiento.

5. Conclusiones.

A lo largo de este artículo se intentó demostrar la existencia de un conflicto de fondo entre el ecologismo y una posición centrada en la defensa de los animales no humanos (o antiespecismo). El reconocimiento de ese conflicto contraría la visión habitual según la cual ser ecologista implica defender a los animales y viceversa. Esta visión, a pesar de extendida socialmente, es incorrecta.
En primer lugar, al nivel de los principales criterios normativos, dichas posiciones divergen en cuanto a qué entidades no humanas debemos los humanos tener en cuenta a la hora de decidir como actuar. Si desde el antiespecismo se sostiene que los animales deben ser tenidos en cuenta porque pueden sufrir y disfrutar, desde el ecologismo se defiende que las entidades moralmente valiosas son, no los individuos sintientes, sino el conjunto de las entidades biológicas, como las especies o los ecosistemas.
En segundo lugar, el conflicto puede ser claramente observado considerando las consecuencias que se siguen de cada una de las posiciones para el tratamiento de los animales que viven en la naturaleza. Esto puede ser constatado a dos niveles distintos. Por una parte, al nivel de las intervenciones humanas en los procesos naturales que se llevan a cabo con propósitos ecologistas y que producen consecuencias negativas para los animales que viven en la naturaleza y por tanto, contrarias a la defensa de los intereses de los individuos no humanos. Por otra parte, el conflicto se pone de manifiesto al nivel de las intervenciones en los procesos
naturales que tienen por objeto beneficiar a los animales no humanos, prescritas por el antiespecismo y terminantemente rechazadas por el ecologismo.

1/
Las posiciones ecologistas / ambientalistas de carácter asumidamente antropocéntrico —sostenidas por autores como Passmore (1980) o Hargrove (1992), entre otros— no serán objeto de análisis en este artículo. La razón es que dichas posiciones presuponen una parcialidad hacia la satisfacción de los intereses humanos, de partida, incompatible con la defensa de los animales no humanos (fundada en la critica al especismo antropocéntrico). Lo que se busca aquí, en alternativa, es determinar si aquellas posiciones ecologistas/ambientalistas que buscan distanciarse del antropocentrismo son capaces de acomodar en su seno la consideración de los intereses de los animales no humanos. Esto nos permitirá evaluar en qué medida la idea de que ser ecologista/ambientalista equivale a ser un defensor de los animales no humanos es correcta

2/
Esta cuestión ha sido desarrollada para el caso de los Grandes Simios, de forma detallada, en Singer y Cavalieri (1993).

3/
Ver por ejemplo, Dawkins (1993) y Griffin (1992) .

4/
Esto puede ser observado en los autores más representativos de otros enfoques ecologistas como el Biocentrismo (Goodpaster, 1978; Taylor, 1986; Varner, 2002) o la Ecología Profunda (Naess, 1989)

5/
http://www.boe.es/boe/dias/2011/12/12/pdfs/BOE-A-2011-19398.pdf

6/
La publicación de este decreto ha sido celebrada por organizaciones ecologistas/ conservacionistas en el Estado Español, como Greenpeace o Adena-WWF.

7/
Distintos autores han llamado la atención para esta implicación, entre ellos, Cowen (2003), Nussbaum (2006) y Sapontzis (2004).

8/
http://www.dailymail.co.uk/news/article-2059502/Baby-elephant-mother-pulled-muddy-grave-conserva-tion-workers-Zambia.html

9/
http://newsfeed.time.com/2011/10/25/two-week-old-baby-and-her-mother-rescued-from-earthquake-rub-ble-in-turkey/

Bibliografía citada:

Callicott, J. B. (1989) “Animal Liberation and environmental ethics: Back together again”. En
P. Cavalieri y P. Singer (eds.) (1993)
The ‘Great Ape’ Project: Equality beyond humanity.
Londres: Forth Estate Limited.
Cowen, T. (2003) “Policing Nature”. Environmental Ethics, 25, 169-182.
Dawkins, M. S. (1993) Through Our Eyes Only? The Search for Animal Consciousness.NuevaYork: W. H. Freeman. Dunayer, J. (2004) Speciesism. Derwood: Ryce.
Goldman, M. (2001) “A Trascendental Defense of Speciesim”. Journal of Value Inquiry, 33, 59-69.
Goodpaster, K. (1978) “On Being Morally Considerable”. Journal of Philosophy,75, 308-25.
Griffin, D. R. (2001) Animal Minds: Beyond Cognition to Consciousness. Chicago: Chicago University Press.
Hargrove, E. (1992) “Foundations of Wildlife Protection Attitudes”. En E. Hargrove (ed.)
The Animal Rights/Environmental Ethics Debate: The Environmental Perspective (pp. 151-183). Albany: SUNY press.
Horta, O. (2010) “The Ethics of the Ecology of Fear against the Nonspeciesist Paradigm: A Shift in the Aims of Intervention in Nature”. Between the Species , 13 (10), 163-187.
Leahy, M.(1991) Against Liberation: Putting Animals in Perspective Londres: Routledge. Leopold, A. (2000 [1949]). Una ética de la tierra . Madrid: Los libros de la Catarata (título ori- ginal: A Sand County Almanac . Oxford: Oxford University Press, 1949).
Linkola, P. (2009). Can Life Prevail?: A Radical Approach to the Environmental Crisis. Londres: Integral Tradition Publishing.
Næss, A. (1989) Ecology, community and lifestyle. Cambridge: Cambridge University Press.
Narveson, J. (1977) “Animal Rights”. Canadian Journal of Philosophy, 7, 161-178.
Nussbaum, M. C. (2006) Frontiers of Justice: Disability, Nationality, Species Membership. Cambridge: Harvard University Press.
Passmore, J. (1980) Man’s Responsibility for Nature: Ecological Problems and Western Tradi-
tions. Londres: Duckworth.
Regan, T. (1983) The Case for Animal Rights. Berkeley: University of California Press.
Sagoff, M. (1984) “Animal Liberation and Environmental Ethics: Bad Marriage, Quick Divorce”. Osgood Hall Law Journal. 22, 297-307.
Sapontzis, S. F. (1984) “Predation”. Ethics and Animals, 5, 27-38.
Scanlon, T. (1998) What We Owe to Each Other.Cambridge: Harvard University Press.
Scruton, R. (1996) Animal Rights and Wrongs. Londres: Metro.
Shelton, J. A. (2004) “Killing Animals that Don’t Fit In: Moral Dimensions of Habitat Restora-
tion”. Between the Species, 13 (4), 1-21.
Singer, P. (1975) Animal Liberation. Nueva York: Harper Collins.
Taylor, P. (1986) Respect for Nature. Princeton, N. J.: Princeton University Press.
Varner, G. (2002) “Biocentric Individualism”. En D. Schmidtz y E. Willot (eds.)
Environmental Ethics: What Really Matters, What Really Works(pp. 108-120). Oxford: Oxford Univer-sity Press



Por: Catia Faria (https://www.vientosur.info/IMG/pdf/VS125_C_Faria_Muerte_entre_flores.pdf)

miércoles, 27 de abril de 2016

¿Debemos intervenir en la naturaleza? (sobre sufrimiento animal en estado salvaje)


Introducción:


Muchas veces entre personas veganas y a veces entre personas no veganas, se discute sobre el sufrimiento de los animales causado por el hombre. Tenemos ejemplos clásicos como la industria de los alimentos(vacas, gallinas, cerdos), para el entretenimiento(tauromaquia, zoológico, circos), para la experimentación (en laboratorios), etc. Pero no es muy frecuente escuchar hablar sobre el sufrimiento de los animales en la naturaleza, es más, parece ser un tema taboo entre las mismas organizaciones que difunden el veganismo.


Obviamente es un tema un poco complejo y difícil de transmitirle a las personas por el hecho de que va en contra de creencias que se suelen tener. Una de las razones por las cuales las organizaciones que difunden el veganismo tal vez ignoren o no le den mucho énfasis a este tema es porque al transmitirlo puede causar más rechazo (imaginemos que ya es difícil convencer a una persona que tiene que evitar ocasionar el sufrimiento de animales de distintas especies, será aun más difícil convencerla de que evite el daño que puede ocurrir sin la intervención).


Lo irónico de hablar sobre sufrimiento animal en la naturaleza es que muchos veganos cometen falacias con las cuales se podría desechar el veganismo por completo, esto se va a explicar más abajo en esta misma entrada. 

¿Quiénes sufren?
 



Millones de animales, incluyendo aves, mamíferos, reptiles, anfibios, etc. Haciendo cuentas rápidas podríamos decir que hay más sufrimiento en la vida salvaje que la que ocasionamos los humanos en casos que expuse ut supra.[i]



‘La cantidad total de sufrimiento por año en el mundo natural sobrepasa cualquier reflexión decente. Durante el minuto que me lleva componer esta frase,miles de animales están siendo devorados vivos; otros están corriendo para salvarsus vidas, quejándose aterrorizados; otros están siendo devorados lentamente desde el interior por parásitos labradores; miles de criaturas de todas clases están muriéndose hambre, sed y enfermedad.’ -Richard Dawkins


Muchos de los animales que sufren (si es que lo hacen), son insectos, lo cual tal vez no implique un sufrimiento muy importante, pero teniendo en cuenta a animales más complejos y con más capacidades encontramos muchísimo sufrimiento.


¿Cómo sufren?
 



Los ejemplos sobran pero voy a dar algunos pocos, específicos y generales. Debido a que los animales carnívoros son heterótrofos y deben alimentarse de otros organismos y lo hacen comiendo a otros animales generan sufrimiento, un león comiendo una cebra, un cocodrilo comiendo peces, una serpiente con varios tipos de mamíferos.


Y no solo los carnívoros generan sufrimiento sino omnívoros como monos, pirañas, ñandúes, etc. Podemos encontrar diferentes tipos de muertes ya sea de una serpiente que corta la respiración de su víctima y en minutos esta queda inconsciente, o hienas que comen pedazo a pedazo a los animales desgraciados que encuentre. [ii] Podemos escuchar algunos ‘gritos’ de facoceros siendo cazados por leones en este video [iii]. A veces los animales son afortunados y logran escapar [iv], sin embargo no deben ser experiencias placenteras.


Además, pueden pelearse animales dentro de una misma especie por cosas como tener una jerarquía a la hora de conseguir ‘pareja’, para proteger un territorio o una estructura social, también la competición por la comida, el agua y otras necesidades básicas.


También podemos encontrar sufrimiento en el estrés que padecen al tener que presenciar depredadores. En un estudio donde se expone ratones a gatos, estos presentan cambios cognitivos similares a los de una persona con trastorno por estrés agudo. [v] Y no solo eso, otro estudio hecho por el mismo autor muestra que los ratones expuestos a ese estrés sufren de problemas a la hora de aprender laberintos (hasta 20 días después de lo sucedido). [vi] Otros estudios confirman esto ya que muestran que los animales expuestos a condiciones de miedo sufren síntomas similares a los de un humano con estrés post-traumático, hasta semanas y meses después del trauma.[vii] Si comparamos animales domésticos con los animales salvajes encontramos cambios hasta evolutivos, los conejillos de indias (domesticados) a diferencia de sus antepasados son menos proclives a estresarse, vemos también que tienen menos epinefrina y norepinefrina, lo que implica menos adrenalina [viii]

Millones de animales incluyendo peces sufren estrés por diferentes situaciones en la naturaleza.[ix]
Los animales pueden sufrir de otras formas por ejemplo por enfermedades como ulceras o neumonía. Las aves pueden sufrir ‘avian salmonellosis’, otros tienen parasitos, etc. sufren deshidratación si el verano es seco o falta de comida en el invierno. Los fenómenos climáticos como las tormentas de nieve pueden ocasionarles daños, a los pajaros por ejemplo. [x]

De igual manera muchísimas personas ignoran estas cosas y creen que porque muchas veces los animales se ven tranquilos o no lastimados no están sufriendo. Una de estas razones es por el proceso de evolución dotó a los animales de ciertos mecanismos para reducir los signos del dolor (ya que las presas más fáciles son las lastimadas o enfermas).


Otras formas de sufrimiento talvez sorprendan a algunos, violaciones por ejemplo son cometidas entre aves acuáticas [xi], violaciones entre monos arañas(y también infanticidio)[xii], las cosas a veces son peores en un tipo de cercetas se encuentran hasta ‘vuelos de violacione’s.[xiii]También hay relaciones forzosas en moscas de fruta[xiv] grillos[xv] y en otras muchas especies(tanto vertebrados como invertebrados). [xvi]



¿Debemos evitar todo este sufrimiento?



Esta pregunta tal vez sea fácil de responder después de haber visto la evidencia del sufrimiento de los animales en la naturaleza, en caso contrario se pueden traer a colación algunos argumentos y demostraciones de por qué deberíamos intervenir para evitar sufrimiento.


Veamos la siguiente situación: Nos encontramos al lado de una piscina con un niño ahogándose, tenemos 2 opciones o salvar al niño o dejar que se ahogue. La gran mayoría que lea esto supongo que pensará que tenemos la responsabilidad de ayudarlo ya que hay 2 acciones posibles (si, elegir quedarnos parados sin movernos también es una acción) y una de las dos evita más sufrimiento.
Además podemos mostrar que la muerte de ese niño es causa de nuestra elección de no ayudarlo:


1º) la elección de perjudicar/beneficiar a una persona (en el caso de que exista intencionalidad);

2º) la acción elegida que perjudica/beneficia a dicha persona;

3º) la consecuencia consistente en dicha persona perjudicada/beneficiada;

4º) Volver al paso 1.
(extraído de: [xvii])


Este puede ser un punto un poco controversial, y habría que argumentarlo de forma más sólida como se hace en el link de Respuestas Veganas de donde se sacaron los puntos 1 2 3 y 4.


Sin embargo IGNORANDO la responsabilidad que tenemos sobre otros podemos decir que es ÉTICAMENTE mejor reducir el sufrimiento animal en la naturaleza, ya que esta no es como muchos creen ‘un lugar donde el goce y la alegría no tienen fin’.


Algunas objeciones:


Objeción 1


1) Lo natural es bueno
2) Al intervenir estamos haciendo que algo no sea natural.
3) No debemos intervenir porque no es bueno.


Este argumento se basa en la falacia naturalista[xviii], la cual exclama que lo natural siempre es mejor que lo artificial, esto es falso por muchísimas razones, pero más allá de explicarlas en este post, voy a pasar a refutar este argumento reduciéndolo al absurdo.[xix]


1) Lo natural es bueno.
2) Que un gato cace a un pajaro es natural.
3) Por lo tanto no deberíamos evitar que un gato cace.


O


1) Lo natural es bueno
2) Los parasitos o enfermedades son naturales
3) Evitar parasitos o enfermedades en animales no es natural y por lo tanto no debemos hacerlo.


Objeción 2


1) Intervenir en la naturaleza puede causar un ‘desequilibrio’ en los ecosistemas
2) El desequilibrio puede causar más sufrimiento
3) No debemos intervenir


Esto puede ser posible (1 y 2), sin embargo cuando hablamos de reducir sufrimiento en la naturaleza debemos asegurarnos que haciendo esto no se genere más sufrimiento de lo deseado. De la misma forma que buscamos combatir enfermedades y utilizando la ciencia solamente cuando se demuestra que es segura para combatir la enfermedad (o al menos esto se debería hacer en la mayoría de los casos), debemos utilizar la ciencia para evitar el sufrimiento una vez que hemos logrado prevenir los posibles efectos adversos o reducirlos al mínimo.


Objeción 3 (similar a la 2)


1) Intervenir en la naturaleza es difícil sin causar daños
2) Buscamos evitar daños
3) No debemos intervenir


Si bien puede ser difícil primero hay que tener en claro que peor que investigar las mejores formas de intervenir es dejar que todo ese sufrimiento siga teniendo lugar. Cuando hablamos de eliminar enfermedades (siguiendo con la temática del contra-argumento anterior) no nos ponemos a pensar que puede ser muy difícil y por eso desechamos la idea de eliminarlas, sino que nos enfocamos en lo que debemos hacer y buscamos por todos los medios lograrlo.


¿Es difícil tratar el cáncer? Si
¿Debemos dejar de tratar el cáncer? No, ya que podemos encontrar mejores formas en el futuro si seguimos investigando.


Objeción 4


1) La vida de esos animales son así. (?)
Este punto ni siquiera tiene un sustento sólido, y solamente sirve para distraer. La vida hoy en día también es de la manera que es (gente muriendo de hambre sin agua potable, algunos bombardeos de países y homicidios por todo el mundo) y eso no implica que no debamos hacer nada para cambiarlo, querer mantener el estado en el que las cosas están simplemente por el hecho de que están en ese estado es ridículo.


Objeción 5 (similar a la 2)


1) Se controla la superpoblación de animales cuando se comen entre ellos o cuando mueren.
2) Puede haber superpoblación si intervenimos.
3) No debemos intervenir.


Más allá de que (1) sea cierto o no, la superpoblación no es mala per se, la superpoblación puede ser mala en un caso que perjudique a los individuos dentro de la misma. Imaginemos un mundo diferente donde todos disfrutan al máximo sin sufrir, y un grupo de personas prefiere vivir junto a otros en un lugar determinado generando una superpoblación pero estas personas les gusta vivir de esa forma, es más, esto aumenta su bienestar, en ese caso la superpoblación no es mala. Hoy en día en el mundo que vivimos es muy probable que la superpoblación genere problemas y por lo tanto siempre la pensamos como algo malo. La refutación de este argumento es que no necesariamente habría superpoblación si intervenimos ya que podemos encontrar diferentes formas de intervenir.






¿Qué podemos hacer?





Bueno hoy en día ya hay ayuda a animales en peligro de extinción por ejemplo. También podemos ver que hay información sobre como tratar problemas de animales salvajes.[xx] O sucesos registrados por diarios sobre gente que ‘salva’ animales como ballenas que están en la playa [xxi], lo irónico de esto es que solamente la gente se preocupa más por animales sufriendo cerca de uno y no de animales que están lejos, esto también pasa con los humanos, a uno le parecería horrible ver morir a un niño en la calle de hambre y hasta se compadece dando monedas, pero no tiene en cuenta que en otros países sufren muchas más personas y que el dinero utilizado de ciertas formas es más eficaz (no importa el lugar donde esté, importa el sufrimiento).


Pero si somos honestos, todavía nos falta tiempo e información para poder evitar sufrimiento animal en la naturaleza de forma práctica y sin causar estragos. Una forma de ayudar podría ser dejando de dañar ecosistemas con prácticas humanas, aunque esto podría ser un poco controversial, porque si vamos al caso muchas veces destruir ecosistemas limita la cantidad de animales que viven y sufren en el mismo, por lo que estaríamos evitando existencia de animales los cuales tal vez sufran demasiado. Algunos argumentan que evitar la existencia implica sufrimiento, porque el animal que no existe no sufre, es como criticar a una madre que decide no tener hijos.


Algunas personas hablan de que dejar libres a los animales es algo bueno, es como ‘liberarlos y dejar que disfruten de la vida’ pero esto no sirve para reducir sufrimiento, liberar animales es como tomar a un humano y ponerlo en el medio de la selva para que viva feliz y libre. El animal como vimos más arriba va a enfrentar muchos obstáculos en su supervivencia, al liberar la gente suele querer desentenderse del problema, esto por razones prácticas tiene a veces sentido (por ejemplo no podemos tener un león en un apartamento), pero creo que se debería pensar al respecto.


Parecería ser que lo que debemos hacer por ahora es 1) evitar ocasionar daño a animales de forma directa (por ejemplo en ganadería) y 2) Empezar a hablar de estos temas y darle la consideración que se merecen. Uno cuando habla de acabar con enfermedades como diferentes tipos de cáncer, no se detiene tanto en como hacerlo para decir que es algo muy importante de hacer.


Conclusión y resumen



Bueno básicamente los animales en la naturaleza sufren de diferentes formas, y muchos de ellos pueden sentir al igual que las vacas, chanchos, perros, etc. No hacer nada es prácticamente como pasar al lado de un perro ahogándose y no preocuparse, la elección de no hacer nada también es una elección que lleva a consecuencias.


Hoy en día no tenemos muchas ideas prácticas y debemos solucionar algunos problemas antes (es más difícil que la gente se preocupe por el sufrimiento en la naturaleza si todavía produce sufrimiento de forma directa). Pero es importante hablar sobre el tema y darle consideración para el futuro.


Recomiendo para leer más sobre estos temas algunos sitios que me ayudaron en la realización de esta entrada:


http://foundational-research.org/the-importance-of-wild-animal-suffering/
http://www.animal-ethics.org/wild-animal-suffering/https://www.facebook.com/sensocentrismosensocentrismo/photos/pb.405568259612210.-2207520000.1461740436./496705923831776/?type=3&theater




[i] http://reducing-suffering.org/how-many-wild-animals-are-there/

[ii] https://www.youtube.com/watch?v=8xdA9fvZqg0

[iii] https://www.youtube.com/watch?v=TYzzU7cV70Q

[iv] https://www.youtube.com/watch?v=-JVTe9FnAto

[v] El Hage, W., El Hage, W., Peronny, S., Peronny, S., Griebel, G., Griebel, G., … Belzung, C. (2004). Impaired memory following predatory stress in mice is improved by fluoxetine. Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry. http://doi.org/10.1016/j.pnpbp.2003.09.028

[vi] El Hage, W., Griebel, G., & Belzung, C. (2006). Long-term impaired memory following predatory stress in mice. Physiology and Behavior, 87(1), 45–50. http://doi.org/10.1016/j.physbeh.2005.08.039

[vii] Stam, R. (2007). PTSD and stress sensitisation: A tale of brain and body. Part 1: Human studies. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. http://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2006.11.010

[viii] Künzl, C., & Sachser, N. (1999). The behavioral endocrinology of domestication: A comparison between the domestic guinea pig (Cavia aperea f. porcellus) and its wild ancestor, the cavy (Cavia aperea). Hormones and Behavior, 35(1), 28–37. http://doi.org/10.1006/hbeh.1998.1493

[ix] Lepage, O., ??verli, ??yvind, Petersson, E., J??rvi, T., & Winberg, S. (2000). Differential stress coping in wild and domesticated sea trout. Brain, Behavior and Evolution, 56(5), 259–268. http://doi.org/10.1159/000047209

[x] http://www.islandnet.com/~see/weather/elements/icestorm.htm

[xi] McKinney, F., & Evarts, S. (1998). Sexual coercion in waterfowl and other birds. Ornithological Monographs, (49), 163–195. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/40166723

[xii] Gibson, K. N., Vick, L. G., Palma, A. C., Carrasco, F. M., Taub, D., & Ramos-Fernandez, G. (2008). Intra-community infanticide and forced copulation in spider monkeys: A multi-site comparison between Cocha Cashu, Peru and Punta Laguna, Mexico. American Journal of Primatology, 70(5), 485–489. http://doi.org/10.1002/ajp.20511

[xiii] https://sora.unm.edu/sites/default/files/journals/auk/v095n01/p0188-p0190.pdf

[xiv] Markow, T. a. (2000). Forced Matings in Natural Populations of Drosophila. American Naturalist, 156(1), 155–156. http://doi.org/10.1258/002367770781036508

[xv] Vahed, K. (2002). Coercive copulation in the Alpine Bushcricket Anonconotus alpinus Yersin (Tettigoniidae: Tettigoniinae: Platycleidini). Ethology, 108(12), 1065–1075. http://doi.org/10.1046/j.1439-0310.2002.00838.x

[xvi]Clutton-Brock, T. H., & Parker, G. A. (1995). Sexual coercion in animal societies. Animal Behaviour, 49(5), 1345–1365. http://doi.org/10.1006/anbe.1995.0166

[xvii] http://www.respuestasveganas.org/2011/06/argumento-los-humanos-no-debemos.html

[xviii] https://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_naturalista

[xix] https://es.wikipedia.org/wiki/Reductio_ad_absurdum

[xx] http://wildpro.twycrosszoo.org/Lists_HealthMan/Navigation_Online_Management/Management.htm

[xxi] https://www.youtube.com/watch?v=AlFp9dZ1RBg


Fuente original: http://veganismoracional.blogspot.com.es/2016/04/debemos-intervenir-en-la-naturaleza.html

domingo, 17 de abril de 2016

"La lucha por la igualdad y la justicia es necesariamente feminista y antiespecista" Entrevista a Catia Faria



En un aula repleta de estudiantes, Catia Faria abordó las implicaciones que tiene el eslogan “lo personal es político”, cuestionando si es posible ser feminista y especista. Durante su charla en la Complutense, organizada por la Asociación Universitaria Contra el Especismo, Faria sorprendió a muchos de los asistentes distanciándose del ecofeminismo, en una intervención en la que señaló las diferencias entre ecofeminismo y antiespecismo y subrayó la importancia de rechazar cualquier discriminación injustificada.

Nadie salió de la charla de Faria indiferente. Un turno de palabras intenso, en el que todos los presentes querían mostrar su opinión y hacer preguntas a la académica, muestra que la sensibilidad hacia estos temas está cambiando.

La filósofa y activista portuguesa es autora de la primera tesis doctoral a nivel mundial que estudia la ética de la intervención en la naturaleza, en la que aborda la cuestión de los daños naturales que sufren los animales en el mundo natural y de las razones para ayudarlos. Además de ser doctora en filosofía moral por la Universitat Pompeu Fabra, es miembro del consejo científico del Centro de Ética Animal de la Universitat Pompeu Fabra; investigadora del Grupo de Teoría Política de la Universidade do Minho (Portugal) y activista en Ética Animal.



¿Se puede ser feminista y especista?

Se puede, en el sentido en que hay personas feministas que son especistas, del mismo modo que hay personas feministas y racistas. Pero, ¿está justificado ser feminista y especista? No. La discriminación y la opresión están injustificadas, ya afecten a humanos o a no humanos. En lo que es moralmente relevante, la capacidad para sufrir y disfrutar de sus vidas, humanos y no humanos son iguales. La defensa y la lucha por la igualdad y la justicia es necesariamente feminista y antiespecista.
Entonces, ¿consideras que el feminismo y el antiespecismo están relacionados?

Sí, profundamente. En primer lugar, por razones más o menos evidentes. Sexismo y especismo son formas de discriminación igualmente injustificadas. En el primer caso, no se tienen en cuenta los intereses de aquellos que no se ajustan a un determinado género y en segundo los de aquellos que no pertenecen a una determinada especie (normalmente la humana). Por coherencia, si estamos en contra de una forma de discriminación que afecta a ciertos seres humanos, necesariamente debemos oponeros a la otra forma de discriminación que afecta a un número aplastante de no humanos. En segundo lugar, y a pesar de las diferencias entre las corrientes feministas, se puede decir que la igualdad juega un papel fundamental en la reivindicación feminista.

Evidentemente, promover la igualdad en un contexto de desigualdad estructural, implica favorecer a los que están peor. En este caso, los que están peor, en número y en gravedad de daños sufridos, son los demás animales ya que sus intereses fundamentales, no sufrir y vivir, nunca se tienen en cuenta. Por tanto, la preocupación feminista por la igualdad tiene necesariamente que incluir a los no humanos. Además, el sexismo y el especismo se manifiestan según patrones de opresión semejantes de jerarquía y dominación. A menudo van conectados. Esto se observa de forma muy clara en cómo el sexismo y el especismo juegan un papel fundamental en la construcción de la masculinidad heteropatriarcal, fuente de opresión y desigualdad para seres humanos y no humanos.


¿Qué implicaciones tiene “lo personal es político” para el activismo antiespecista?

La idea central de este eslogan feminista, acuñado por Carol Hanisch y usado ampliamente en la segunda ola feminista, es que no existen cuestiones personales que no tengan relevancia política. Esto significa que la esfera privada y nuestras decisiones personales deben regirse por los mismos principios ético-políticos que defendemos en la esfera pública. Así, por ejemplo, es inconsistente defender públicamente la igualdad entre individuos independientemente de su género y aceptar a la vez una división de género del trabajo en el espacio privado. Del mismo modo, una vez hayamos entendido que el especismo está injustificado, no podemos defender de manera coherente la igualdad entre individuos más allá de su especie en el espacio público y aceptar su discriminación y explotación en el espacio privado.

Comprender este hecho básico tiene implicaciones en las decisiones que tradicionalmente consideramos personales, como con quién nos relacionamos en el espacio privado o, de forma crucial, la reproducción. Ya que cada una de estas acciones tendrá consecuencias en la situación de los demás animales, nuestras decisiones tendrán que estar guiadas por lo que contribuye de forma más efectiva a conseguir un mundo mejor para todos los seres sensibles o sintientes. La cuestión es que estos temas no pueden ser tratados dentro de un marco de supuesta neutralidad moral, ya que tienen un impacto real en la situación de los demás individuos y como tal, tienen una dimensión ético-política. O bien validamos con nuestras decisiones la discriminación y la desigualdad que sufren los seres no humanos, o bien luchamos en su contra. No hay una tercera opción. 

¿Se trata de un nuevo enfoque el relacionar la cuestión feminista con la antiespecista?

Las relaciones entre el feminismo y el antiespecismo se han tratado desde hace décadas, aunque pueda parecer sorprendente. Hace más de 25 años, Carol J. Adams publicó el hoy clásico The sexual politics of meat (Bloomsbury, 1990) donde analiza de forma pionera cómo la construcción de la masculinidad heteropatriarcal está basada en la intersección entre sexismo y especismo. En los últimos años, la producción científica se ha multiplicado en este ámbito y su desarrollo se ha acompañado de una creciente visibilización de otras luchas sociales. Por ejemplo, hay autoras contemporáneas que consideran que un análisis completo del especismo tiene que analizar cómo éste se cruza con otras formas de discriminación como el sexismo y el racismo, pero también con la heteronormatividad, el colonialismo o el capacitismo, para comprender cómo diferentes estructuras de poder refuerzan mutuamente la situación de desventaja de diferentes sujetos de discriminación.
Una de tus teorías explica que mientras el ecologismo busca proteger los ecosistemas, el antiespecismo se enfoca en los individuos y por tanto expones que, como antiespecista, te sientes alejada de posturas ecologistas y ecofeministas...

Mi trabajo tiene en cuenta la interseccionalidad, pero introduce nuevas consideraciones que lo distancian de una línea ecofeminista. El ecofeminismo, como el propio nombre indica, es una posición que vincula el análisis feminista y el ecologismo. En particular, subraya la conexión entre la dominación patriarcal de la naturaleza (que incluye a los animales no humanos) y la explotación de las mujeres. Así, en esta línea, la defensa de la consideración plena de mujeres y animales no humanos va unida a la preservación de la naturaleza (de los ecosistemas, las especies, etc.). Sin embargo, contrariamente a lo que se pueda pensar, la preservación de la naturaleza a menudo va en contra de los intereses de los individuos que allí habitan. Esto resulta claro en aquellas intervenciones que persiguen objetivos ecologistas, cuando implican sacrificar los intereses de vivir y no sufrir que poseen un gran número de animales salvajes, de un modo que jamás se aceptaría si estuvieran en juego intereses humanos similares. Pensemos, por ejemplo, en la reciente matanza de cabras que se está llevando a cabo en Es Vedrà (Ibiza) como forma de restaurar el ecosistema.

El ecofeminismo defiende que la cultura patriarcal es la principal fuente de daño para los animales no humanos y que la mejor forma de reparar esta situación es una alianza conservacionista con la naturaleza. Yo estoy en desacuerdo con este idea que asume una visión idílica de la naturaleza y de los procesos naturales, que no tiene fundamento.

Además de los animales que sufren y mueren bajo control humano, hay también un número enorme de animales sufriendo y muriendo de forma masiva por causas naturales (debido a hambrunas, enfermedades, condiciones climáticas extremas, etc.). Como antiespecista considero que estos daños que se producen de forma natural deben ser motivo de preocupación ética, y que los seres humanos debemos trabajar para prevenir o mitigar su impacto, siempre que sea posible hacerlo (además de investigar nuevas formas de hacerlo en el futuro).

Como feminista creo que sí debemos sustituir el paradigma masculino antropocéntrico de intervención en la naturaleza tal y como se da hoy en día (por ejemplo, eliminando la caza, fuente de muerte y sufrimiento). Pero la solución no sería la no intervención porque entendamos que no debemos inmiscuirnos en lo natural, sino al contrario, aportar un nuevo enfoque para dicha intervención, que busque ayudar a aquellos que necesitan nuestra ayuda, como ya lo hacemos cuando se trata de seres humanos.


¿Hay alguna teoría que te haya inspirado especialmente para desarrollar estas ideas?

La teoría que más me ha inspirado, no sólo en este tema, sino en todo el espacio teórico de mi trabajo es el igualitarismo. El igualitarismo es una posición ética que defiende que lo que importa no es solo satisfacer de forma no discriminatoria los intereses de los individuos, sino que un reparto justo implica favorecer a los que están peor. Ésta es una idea muy sencilla pero con implicaciones poderosas. Implica, por ejemplo, que debemos priorizar ayudar a aquellos individuos que se encuentran en una situación de desventaja frente a otros, para conseguir en la práctica que se iguale su situación.

Dado que quienes están peor son de forma clara los animales no humanos, son ellos quienes deben ser priorizados en nuestra lucha por la igualdad. Así, el igualitarismo y todas aquellas posiciones que atribuyan valor a la igualdad (como el feminismo) están necesariamente comprometidas con atender los intereses de los demás animales.


¿Cuál sería el sentido político de igualar luchas como el feminismo y el antiespecismo?
Más que igualar las luchas, a mi entender, se trata de reconocer que sólo hay una lucha: aquella que busca un mundo más justo para todos los seres que pueden sufrir y disfrutar de sus vidas, más allá de su especie y de otros factores irrelevantes como el género. Así, el feminismo inclusivo y el antiespecismo feminista deberían ser, en realidad, distinciones puramente transitorias ya que un feminismo consistente no puede excluir justificadamente a los demás animales, ni un antiespecismo serio puede admitir actitudes discriminatorias en la base de sus prácticas.

El compromiso feminista con el antiespecismo implica de forma tajante el veganismo y el rechazo a otras formas de discriminación de los demás animales, así como la consideración de los intereses no humanos para la evaluación de cuestiones típicamente feministas como, por ejemplo, la decisión reproductiva (no personal, sino política). Por otra parte, el antiespecismo tiene que asumir, en su práctica, el rechazo a actitudes discriminatorias y entender que, de forma crucial, la efectividad de la lucha antiespecista depende en gran medida de cuán nutrida se encuentre por otros individuos sujetos a discriminación y de no estar marcada por el liderazgo y la visibilización de aquellos que, por su situación de privilegio, están más alejados de comprender los escenarios de opresión, privación y discriminación. La revolución antiespecista debe ser también feminista.
 Entrevista de María Ruiz Carreras en el periodico Diagonal

miércoles, 17 de febrero de 2016

Conflicto entre ecologismo e igualitarismo en la matanza de cabras en Ibiza



El pasado 4 de febrero, la Direcció General d'Espais Naturals i Biodiversitat del Govern de les Illes Balears difundió un comunicado anunciando que, ese mismo día, se iniciaba una operación de “retirada” de las cabras del islote Es Vedrà, una población de entre 37 y 45 individuos, como medida de gestión encaminada a cumplir los objetivos de conservación recogidos en el Pla d’Ordenació de Recursos Naturals (PORN) de Cala d’Hort, Cap Llentrisca i sa Talaia. En particular, los incluidos en sus artículos 14 y 34, en los que se hace referencia a la necesidad de limitar el mantenimiento de cabras, así como el de otros mamíferos o especies animales que puedan comprometer “los valores naturales excepcionales que tienen”, refiriéndose a las comunidades vegetales presentes en dichos espacios naturales. En concreto, se alude a poblaciones de 12 especies endémicas y de gran interés florístico y biogeográfico, como la camamilla d’Es Vedrà ( Santolina chamaecyparissus ssp . Vedranensis), así como a otros endemismos insulares como Teucrium cossonii ssp. Punicum, Asperula paui o Biscutella ebusitana.

La anunciada “retirada” fue en realidad el asesinato, por parte de francotiradores, de todos los individuos que vivían en el islote, cabras introducidas en 1992 por los mismos propietarios que, según señala el comunicado, no asumieron su responsabilidad en el asunto, por lo que, finalmente, la Conselleria tuvo que hacerse cargo de forma subsidiaria del mismo.

Lo sucedido hace pocos días en Es Vedrà pone de manifiesto varias cuestiones de suma relevancia en la discusión académica y en el seno de los movimientos ambientalistas y por la liberación animal: la justificación del intervencionismo negativo en la naturaleza, el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos[1], así como el debate en torno a las entidades biológicas como valores morales que deben ser preservados por encima de los individuos que habitan en ellas. De hecho, hemos podido ser testigos en redes sociales y medios de comunicación de la existencia de una brecha irreconciliable entre los sectores que defienden unas y otras posiciones, incluso sin ser explícitamente conscientes de que las razones aducidas por la Direcció General de Biodiversitat y el colectivo antiespecista recaen y adquieren los términos de esos conflictos y debates que, en los últimos años, han cobrado mayor relevancia[2] en el ámbito académico de la Filosofía, la Bioética y la Antropología.

Los seres humanos tenemos la capacidad de intervenir en la naturaleza, interferir en aquellos procesos que pueden producir determinados cambios en los ecosistemas y que no habrían tenido lugar en el caso de que la acción humana no hubiese actuado. Dado que tenemos esta capacidad para intervenir, la cuestión central es si dicha intervención está moralmente justificada y desde qué condiciones y valores se justifica.

El intervencionismo en la naturaleza puede ser de dos tipos[3]; por un lado, el intervencionismo positivo, que consiste en orientar nuestras acciones en la naturaleza con el objetivo de prevenir, amortiguar, aliviar o eliminar el sufrimiento que algunas contingencias naturales pueden ocasionar a los seres sintientes. Por otro, el intervencionismo negativo, desde el que se defiende la intervención directa en la naturaleza con fines antropocéntricos, y que se desarrolla a expensas del sufrimiento y la vida de seres sintientes, por lo que el daño y el asesinato que sufren no son tenidos en cuenta. Este último constituye la posición hegemónica en nuestras instituciones así como en la mayoría de organizaciones ambientalistas relacionadas con la “conservación” de la naturaleza. El movimiento ambientalista -ya sea de corte biocentrista o antropocentrista, curiosamente acérrimos defensores del intervencionismo negativo- rechaza por norma general las bases morales del igualitarismo prioritarista y el antiespecismo a la hora de defender la necesidad de minimizar el sufrimiento que los animales padecen en la naturaleza, tanto por contingencias comunes como por las mismas condiciones, la mayoría de veces no tan idílicas y bucólicas, del medio en el que viven.

La matanza llevada a cabo en Es Vedrá ha sido justificada desde una perspectiva ambientalista dominante -el intervencionismo negativo-, en la que el valor botánico de ciertas poblaciones de endemismos y otras que no son endémicas justifica el asesinato de un individuo sintiente o del conjunto de individuos sintientes que puedan formar parte del ecosistema en cuestión. Para la mayoría de ambientalistas, que reproducen el paradigma tradicional de sus respectivas academias, universidades y movimientos sociales, el valor individual de un ser sintiente no humano es insuficiente para que sus intereses sean tenidos en cuenta.

Por otra parte, se han utilizado argumentos técnicos -apelando a cuestiones zoosanitarias o de imposibilidad de traslado de los animales a consecuencia de las condiciones orográficas de Es Vedrá, así como al supuesto peligro al que los técnicos se verían expuestos- y diversos balances de razones para justificar la muerte a tiros de las cabras. Sin embargo, en este punto es obligado atender a la polémica que surge a la hora de cuestionar los límites éticos, planteada por quienes defendemos posiciones igualitaristas; es decir, cuál habría sido el alcance de las posibilidades técnicas y los límites de la responsabilidad moral a la hora de rescatar seres humanos, en lugar de cabras, de un emplazamiento similar. Aquí se halla la auténtica brecha especista que atraviesa nuestras sociedades. Tratamos a los animales como objetos sometidos a una lógica de pragmática política e institucional basada en la discriminación por razón de especie, dejando fuera de la consideración moral a los animales no humanos.

El ambientalismo desplaza dicha consideración moral de los individuos al conjunto de las entidades biológicas y ecosistemas, basándose en una posición ética holística en la que el bien sobre el todo debe preceder a los intereses de sus componentes. En este caso las entidades moralmente relevantes son las poblaciones de endemismos y el ecosistema del que forman parte. La biodiversidad, la protección de endemismos y poblaciones en peligro de extinción[4] se presentan como un valor en sí mismo. La idea de que lo realmente valioso es el equilibrio, los ecosistemas, las poblaciones o el valor florístico de una subespecie o una comunidad vegetal es predominante en el ambientalismo, y es ese axioma el que sustenta las teorías morales del ecologismo con consecuencias tan injustas como las sufridas por las cabras de Es Vedrà.

La mayoría de los animales que viven en estado silvestre, al igual que los humanos, son seres sintientes, individuos con la capacidad de sufrir y disfrutar a partir de sus propias experiencias. La sintiencia emerge como un argumento de peso a la hora de rechazar cualquier tipo de intervención negativa en la naturaleza. La sintiencia y la consciencia, sobradamente justificadas por la actual evidencia científica al respecto, constituyen razones sólidas que dotan a gran parte de los animales no humanos de subjetividad, algo que ha de ser considerado moralmente y que debe prevalecer sobre la defensa de entidades biológicas.

[1] FARIA, Catia; Muerte entre las flores: el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos. en Revista Viento Sur. Nª 125 Noviembre 2012

[2] DORADO, Daniel; Ethical Interventions in the Wild. An Annotated Bibliography. en FARIA, Catia & PAEZ, Eze (Ed); Wild Animal Suffering and Intervention in Nature. Parte II. Relations Beyond Anthropocentrism Vol. 3 Nº 2. Edizione Universitarie di Lettere Economia Diritto (2015)

[3] Distinción entre “ negative intervention” y “ positive intervention” tomada de PAEZ, Eze; Refusing help and inflicting harm . A critique of the environmentalist view. en FARIA, Catia & PAEZ, Eze (Ed); Wild Animal Suffering and Intervention in Nature. Parte II. Relations Beyond Anthropocentrism Vol. 3 Nº 2. Edizione Universitarie di Lettere Economía Diritto (2015)

[4] FARIA, Catia; What (if anything) makes extinction bad? en Practical Ethics Blog. University of Oxford.


Toni Muñoz en El caballo de Nietzsche en eldiario.es

miércoles, 20 de enero de 2016

Mary fue ejecutada en 1916 por rebelarse contra el circo. Hoy nos rebelamos contra el circo por Mary

(…) En 1916, la compañía “Sparks World´s Famous Show” era propietaria de Mary la elefanta. Mary era la atracción estrella, y Charlie Sparks la promocionaba como el animal terrestre vivo más grande de la Tierra. De acuerdo con los registros del show, era tres pulgadas más alta que Jumbo y pesaba más de cinco toneladas. Por supuesto, estas manifestaciones eran muy dudosas; pero así era el negocio del circo, una profesión menos que honesta, popularizada por empresarios que normalmente exageraban sobre absolutamente todo (…)

La mañana del 12 de septiembre comenzó como lo hacían la mayoría de las mañanas en Sparks Circus. Se despertaba a los animales y se les llevaba fuera de los furgones. Algunos de ellos eran entonces cargados dentro de vagones y remolques. Otros, en concreto caballos y elefantes, eran puestos a trabajar (…)

Había ocasiones, no obstante, en las que los elefantes obtenían algún respiro de esta monótona y agotadora agenda. El tipo más común eran los cortos paseos recreativos (…) Irónicamente, fue durante uno de estos paseos tan relajantes en Kingsport, cuando Mary decidió rebelarse contra su entrenador. Un testigo describiría la escena más tarde.

Mientras caminaba por Kingsport, Mary divisó un poco de sandía. Este descubrimiento debió de picar su curiosidad, ya que paró y se fue hacia la cáscara. La pausa temporal perturbó a su cuidador. Al principio, pegó a la elefanta con un palo largo y la gritó para que continuara moviéndose. Mary ignoró la orden, y simplemente continuó masticando. Algunas de las personas que observaron este altercado, lo encontraron de lo más cómico, y empezaron a reírse a carcajadas. El entrenador estaba cada vez más avergonzado. Gritó furiosamente y golpeó a la elefanta con virulencia a un lado de la cabeza. Este impetuoso acto de violencia no fue un movimiento muy inteligente.

Mary agarró al hombre con su trompa, lo levantó en el aire, y lo lanzó contra el lateral de una choza cercana. Fue tal la fuerza de este lance, que el entrenador atravesó la pared del edificio. Con el golpe del cuerpo, el chasquido de las tablas de madera, y el crujido de los huesos, la multitud se quedó allí en pie, en estado de shock. ¿Estaba el hombre muerto? ¿Estaba vivo todavía? ¿Se atrevería alguien a intentar ayudarle? Pero Mary puso fin a esta clase de pensamientos, caminó calmadamente sobre su cuidador, y le pisó certeramente la cabeza. La multitud se dispersó.

Tal vez fue lo deliberado de la acción de Mary, o quizá la frialdad de su conducta; pero, fuera cual fuera la causa, una vez que la situación se hubo estabilizado, los buenos ciudadanos de Kingsport querían sangre. No parecía importar que nadie de la ciudad conociera al hombre muerto. Una elefanta había matado a un humano, y esa era una razón lo suficientemente buena para una ejecución. Mary debía morir. Charlie Sparks, no obstante, no iba a dejar que su preciada “artista” y principal sustento de la familia, le fuera arrebatada tan fácilmente. La elefanta estaba valorada en muchos miles de dólares. Por lo tanto, Sparks hizo todo lo que estaba en su mano para aplacar la ira del público y convencer a los lugareños de que cambiaran de idea. De momento, Mary estaba a salvo.

A medida que las noticias sobre el pisotón se extendieron por el condado y el estado, el clamor a favor de la violencia retributiva no hizo más que incrementarse. Un periódico del este de Tennessee se refirió a la elefanta como “Mary la Sanguinaria”. Las ciudades anunciaron que los próximos espectáculos de circo serían cancelados si actuaba la elefanta asesina de hombres. Circulaban rumores de próximos linchamientos populares, utilización de la fuerza policial, intervención del gobierno del estado… Cada grupo demandaba su propia versión de ejecución sumaria. Para cuando el circo llegó a la localidad de Erwin en la mañana del 13 de septiembre, la presión para tomar acciones se había intensificado. El propietario fue forzado a tomar una dura decisión. Mary sería ejecutada después de la matiné. Según escribió el folklorista Charles Price, este sería “el día que colgaran al elefante”. No sería la primera vez que un elefante fuera llevado a la muerte de esta manera (…)

El 13 de septiembre de 1916, Mary la elefanta fue retirada del show de la tarde. Más adelante, ella y los otros elefantes fueron recogidos y dirigidos juntos a la terminal ferroviaria adyacente. Aunque sólo Mary iba a ser castigada, los entrenadores sabían que cualquier esfuerzo por sacarla sólo levantaría sospechas. Preferían prevenir que curar. Al llegar al lugar, Mary fue separada de sus compañeras, y asegurada en su sitio. Allí, esperó.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo fue elegido el método de ejecución. La leyenda dice que fueron discutidas muchas maneras: veneno, electrocución, e incluso ahogamiento y descuartizamiento mediante la oposición de dos máquinas de tracción a vapor. En cualquier caso, sabemos cuál fue la decisión final: muerte por ahorcamiento.

Esto era el Sur, y el linchamiento era la forma habitual de castigo para quienes se atrevían a oponer resistencia contra el poder y los privilegios del hombre blanco. De hecho, algunos testigos juraron que uno o dos afroamericanos también fueron colgados aquella tarde en la aldea de Erwin. Pero para Mighty Mary (la Enorme Mary), una cuerda y la rama de un árbol no bastarían. Se requería un dispositivo mucho más grande y resistente. Finalmente, se expropió una grúa industrial de 100 toneladas para la tarea.

Para cuando Mary fue posicionada bajo la grúa, tres mil hombres, mujeres y niños se habían amontonado alrededor de la terminal. Esta multitud suponía un tamaño mucho mayor que la población total de la pequeña Erwin. Aparentemente,todo el mundo de los alrededores del condado quería ver a la abominable elefanta ser llevada a la muerte por la mano del hombre. Ninguno de ellos sería decepcionado.

El remolque se puso en marcha, y una polea bajó un pesado cable de metal. Al final del cable, había enganchada una cadena. Un entrenador cogió el artefacto y lo ajustó alrededor del cuello de la elefanta. El motor de vapor comenzó a rugir, y la remolcó hacia arriba. Mary, sin embargo, no se iba a ir sin luchar. Mientras el nudo corredizo se apretaba y tiraba, empezó a revolverse y retorcer el cuerpo. El cable no era lo suficientemente fuerte como para soportar al mismo tiempo el peso y la resistencia. Se rompió, y Mary se vino abajo con un estruendo. Los espectadores estallaron en pánico, la elefanta asesina estaba ahora libre. ¿Se iría en estampida contra la multitud? ¿Fijaría el objetivo en sus entrenadores? ¿O atacaría a la plataforma y la haría pedazos? En realidad, Mary no estaba en condiciones de obtener su revancha. La caída le había destrozado la cadera. Derrumbada allí, inmovilizada y agonizando de dolor, Mary debió de haber sido una imagen conmovedora. Pero sus entrenadores permanecieron indiferentes, rehicieron el lazo, y la deslizaron una vez más. Esta vez, Mary no fue capaz de liberarse. Los felices espectadores se recolocaron y miraron cómo la elefanta moría asfixiada.

Este texto ha sido traducido y extraído del libro Fear of the animal plantet. The hidden history of animal resistance, de Jason Hribal (Counter Punch/AKA Press, 2010). Puedes leer la historia completa y la de muchas otras en nuestra sección POR QUIÉN o en el blog QUERERLALIBERTAD.

Hace ya casi 100 años que Mary se rebeló contra la explotación a la que le sometía su domador. Un siglo más tarde, animales no humanos como ella siguen rebelándose, intentando escapar, desobedeciendo y atacando a quienes les esclavizan. Hoy, casi un siglo más tarde, nosotras nos rebelamos contra el uso de animales en los circos por Mary y por todos los individuos que, como ella, viven y mueren bajo el yugo de estos negocios, el yugo del dinero, de la diversión egoísta, del antropocentrismo y la indiferencia.