Etiquetas

Alimentación (5) Anarquismo (26) Antiespecismo (17) Capitalismo (21) Crianza (26) Cuento (3) Ecología (9) Entrevista (22) Espiritualidad (12) Ética (24) Feminismo (49) Historia (13) I/A/Legalidad (8) Psicología (31) Queer (16) Racismo (14) Sanacion (14) Sexualidad (21) Sociología (59) Territorio (23) Vida / Amor (37)
Mostrando entradas con la etiqueta Capitalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Capitalismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de enero de 2017

La era del humanismo está terminando

No hay indicios de que el 2017 vaya a ser muy diferente del 2016.


Bajo ocupación israelí por décadas, Gaza seguirá siendo la mayor prisión a cielo abierto de la Tierra.


En los Estados Unidos, la matanza de gente negra a manos de la policía continuará ininterrumpidamente y cientos de miles más se unirán a los que ya están alojados en el complejo industrial-carcelario que vino a instalarse tras la esclavitud de las plantaciones y las leyes de Jim Crow.


Europa continuará su lento descenso hacia el autoritarismo liberal o lo que el teórico cultural Stuart Hall llamó populismo autoritario. A pesar de los complejos acuerdos alcanzados en los foros internacionales, la destrucción ecológica de la Tierra continuará y la guerra contra el terror se convertirá cada vez más en una guerra de exterminio entre varias formas de nihilismo.


Las desigualdades seguirán creciendo en todo el mundo. Pero lejos de abastecer un ciclo renovado de luchas de clase, los conflictos sociales tomarán cada vez más la forma de racismo, ultranacionalismo, sexismo, rivalidades étnicas y religiosas, xenofobia, homofobia y otras pasiones mortales.


La denigración de virtudes como el cuidado, la compasión y la generosidad va de la mano con la creencia, especialmente entre los pobres, de que ganar es lo único que importa y que quién gana –en virtud del medio que sea necesario– es en última instancia el que está en lo correcto.


Con el triunfo de este acercamiento neo-darwiniano al hacer-historia, el apartheid bajo diversas modulaciones será restaurado como la nueva vieja norma. Su restauración pavimentará el camino hacia nuevos impulsos separatistas, a la construcción de más muros, a la militarización de más fronteras, a formas mortales de policialización, a guerras más asimétricas, a alianzas rotas y a innumerables divisiones internas, incluso en democracias establecidas.


Nada de lo señalado más arriba es accidental. En todo caso, es un síntoma de cambios estructurales, cambios que se harán cada vez más evidentes a medida que se despliegue el nuevo siglo. El mundo tal como lo conocíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con los largos años de la descolonización, la Guerra Fría y la derrota del comunismo, ese mundo ha terminado.


Ha comenzado otro largo y mortífero juego. El principal choque de la primera mitad del siglo XXI no será entre religiones o civilizaciones. Será entre la democracia liberal y el capitalismo neoliberal, entre el gobierno de las finanzas y el gobierno del pueblo, entre el humanismo y el nihilismo.


El capitalismo y la democracia liberal triunfaron sobre el fascismo en 1945 y sobre el comunismo a principios de los 90 cuando colapsó la Unión Soviética. Con la disolución de la Unión Soviética y el advenimiento de la globalización, sus destinos fueron destrenzados. La creciente bifurcación entre la democracia y el capital es la nueva amenaza para la civilización.


Apoyado por el poder tecnológico y militar, el capital financiero ha logrado su hegemonía sobre el mundo mediante la anexión del núcleo de los deseos humanos y, en el proceso, convirtiéndose él mismo en la primera teología secular global. Fusionando los atributos de una tecnología y una religión, se basó en dogmas incuestionables que las formas modernas de capitalismo habían compartido a regañadientes con la democracia desde el período de posguerra –la libertad individual, la competencia en el mercado y la regla de la mercancía y de la propiedad, el culto a la ciencia, la tecnología y la razón.


Cada uno de estos artículos de fe está bajo amenaza. En su núcleo, la democracia liberal no es compatible con la lógica interna del capitalismo financiero. Es probable que el choque entre estas dos ideas y principios sea el acontecimiento más significativo del paisaje político de la primera mitad del siglo XXI, un paisaje formado menos por la regla de la razón que por la liberación general de pasiones, emociones y afectos.


En este nuevo paisaje, el conocimiento se definirá como conocimiento para el mercado. El mercado mismo será re-imaginado como el mecanismo primario para la validación de la verdad. A medida que los mercados se convierten cada vez más en estructuras y tecnologías algorítmicas, el único conocimiento útil será algorítmico. En lugar de gente con cuerpo, historia y carne, las inferencias estadísticas serán todo lo que cuenta. Las estadísticas y otros datos importantes se derivarán principalmente de la computación. Como resultado de la confusión de conocimiento, tecnología y mercados, el desprecio se extenderá a cualquier persona que no tenga nada que vender.


La noción humanista y de la Ilustración del sujeto racional capaz de deliberación y elección será reemplazada por la del consumidor conscientemente deliberante y elector. Ya en construcción, triunfará un nuevo tipo humanidad. Este no será el individuo liberal que, no hace mucho tiempo atrás, creíamos que podría ser el tema de la democracia. El nuevo ser humano será constituido a través y dentro de las tecnologías digitales y los medios computacionales.


La era computacional –la era de Facebook, Instagram, Twitter– está dominada por la idea de que hay pizarras limpias en el inconsciente. Las formas de los nuevos medios no sólo han levantado la cubierta que las eras culturales previas habían puesto sobre el inconsciente, sino que se han convertido en las nuevas infraestructuras del inconsciente. Ayer, la socialidad humana consistía en mantener los límites sobre el inconsciente. Pues producir lo social significaba ejercer vigilancia sobre nosotros mismos, o delegar a autoridades específicas el derecho a hacer cumplir tal vigilancia. A esto se le llamaba represión. La principal función de la represión era establecer las condiciones para la sublimación. No todos los deseos pueden ser cumplidos. No todo puede ser dicho o hecho. La capacidad de limitarse a sí mismo era la esencia de la propia libertad y de la libertad de todos. En parte gracias a las formas de los nuevos medios y a la era post-represiva que han desencadenado, el inconsciente puede ahora vagar libremente. La sublimación ya no es necesaria. El lenguaje se ha dislocado. El contenido está en la forma y la forma está más allá, o excediendo el contenido. Ahora se nos hace creer que la mediación ya no es necesaria.


Esto explica la creciente posición anti-humanista que ahora va de la mano con un desprecio general por la democracia. Llamar a esta fase de nuestra historia fascista podría ser engañoso, a menos que por fascismo nos refiramos a la normalización de un estado social de la guerra. Tal estado sería en sí mismo una paradoja, pues en todo caso la guerra conduce a la disolución de lo social. Y sin embargo, bajo las condiciones del capitalismo neoliberal, la política se convertirá en una guerra apenas sublimada. Esta será una guerra de clases que niega su propia naturaleza: una guerra contra los pobres, una guerra racial contra las minorías, una guerra de género contra las mujeres, una guerra religiosa contra los musulmanes, una guerra contra los discapacitados.


El capitalismo neoliberal ha dejado en su estela una multitud de sujetos destruidos, muchos de los cuales están profundamente convencidos de que su futuro inmediato será una exposición continua a la violencia y a la amenaza existencial. Ellos desean genuinamente un retorno a cierto sentido de certeza –lo sagrado, la jerarquía, la religión y la tradición. Ellos creen que las naciones se han convertido en algo así como pantanos que necesitan ser drenados y que el mundo tal como es debe ser llevado a su fin. Para que esto suceda, todo debe ser limpiado. Están convencidos de que sólo pueden salvarse en una lucha violenta para restaurar su masculinidad, cuya pérdida atribuyen a los más débiles entre ellos, los débiles en que no quieren convertirse.


En este contexto, los emprendedores políticos más exitosos serán aquellos que hablen de manera convincente a los perdedores, a los hombres y mujeres destruidos por la globalización, y a sus identidades arruinadas.


La política se convertirá en la lucha callejera, la razón no importará. Tampoco los hechos. La política se revertirá a un asunto de supervivencia brutal en un ambiente ultracompetitivo.


En estas condiciones, el futuro de la política de masas de izquierda, progresista y orientada hacia el futuro, es muy incierto. En un mundo centrado en la objetivación de todos y de todo ser viviente en nombre del lucro, la borradura de lo político por el capital es la amenaza real. La transformación de lo político en negocio plantea el riesgo de la eliminación de la posibilidad misma de la política. Si la civilización puede dar lugar a alguna forma de vida política, tal es el problema del siglo XXI.


Por Achille Mbembe en Mail & Guardian

Traducción del inglés al español: Gonzalo Díaz Letelier.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Confianza: Un pilar del desempoderamiento

Como nos dice Agustín GARCIA CALVO, el Estado y el Mercado dominantes nos dan su Seguridad y nos ofrecen su Futuro (donde nos hacen caer en la conduit) cuando aceptamos al Hombre: ese que pisó la Luna, ese que se crea con la Sociedad del Bienestar y que pertenece al dominio de los Señores y de la Cultura, y que luego se fue democratizando con la Mujer y la Infancia; esa misma Seguridad que nos promete el Desarrollo, siempre que nos dejemos conducir hacia el Futuro (construyéndonos una identidad con unos contenidos que pueden ser institucionales, alternativos, masivos...). Lo que nos provoca una merma en nuestra confianza, que si se acentúa puede llegar a lo que nos plantea Niklas LUHMANN (2005:5): “una completa ausencia de confianza le impediría incluso levantarse en la mañana. Sería víctima de un sentido vago de miedo y de temores paralizantes”; es la cara oculta de la Seguridad.

La Seguridad del Poder, del Hombre, de la Mujer, de la Infancia frente a la confianza de la gente (como pilar del desempoderamiento). La confianza es tanto del pensar, del sentir, como del hacer y se trata de una decisión: el tener una apertura con la que poder empezar a construir colectivamente. La confianza depende de esa apertura que nos facilite un aprendizaje que posibilite el depender del otr@, en pugna con una sociedad que nos empuja a la competencia; así nos lo cuenta Ivan ILLICH (2006:387-388):

“Sin embargo, la transición del presente estado de cosas a un modo de producción convivencial amenazará a mucha gente, incluso en sus posibilidades de sobrevivir. En opinión del hombre industrializado, los primeros en sufrir y morir, a consecuencia de los límites impuestos a la industria, serían los pobres. (…) La transición pues a una sociedad convivencial irá acompañada de extremos sufrimientos: hambre para algunos, pánico para otros. (...) Exige una renuncia general a la sobrepoblación, a la sobreabundancia y al superpoder, ya se trate de individuos o de grupos. Esto redunda en renunciar a la ilusión que sustituye la preocupación por lo prójimo, es decir del más próximo, por la insoportable pretensión de organizar la vida en las antípodas. Esto implica renunciar al poder, en servicio tanto de los demás como de sí mismo. La supervivencia dentro de la equidad no será producto de una clase de los burócratas, ni efecto de un cálculo de los tecnócratas. Será resultado del idealismo de los humildes. La convivencialidad no tiene precio, pero se debe saber muy bien lo que costará desprenderse del modelo actual. El hombre reencontrará la alegría de la sobriedad y de la austeridad, reaprendiendo a depender del otro, en vez de convertirse en esclavo de la energía y de la burocracia todopoderosa”. 

Confías en las demás personas aportando tus habilidades para un bien común, igual que las demás hacen contigo, creándose así las identificaciones, tanto individuales como grupales y colectivas, que surgen del estar. Y es algo que va creciendo en cuanto se va desarrollando, es algo que genera el clima necesario para que el resto de pilares puedan desenvolverse con más facilidad. Pensamos que la confianza potencia una serie de competencias que son las que facilitan ese clima necesario (para desenvolverse más fácilmente en la complejidad), convenimos así; reinterpretando a Gérard MARANDON (2003:78): “[La confianza se define por] la capacidad de componer con esta complejidad (…). Entre las competencias psicosociales de base que [potencia la confianza] nos quedaremos con las siguientes: 

la capacidad de reducir la ansiedad y la incertidumbre (Gudykunst, 1993; 1995; 1996);
la vigilancia mental –mindfulness– (Hanh, 1976; Langer, 1989) o “la aptitud de gestionar cognitivamente sus afectos” que Gudykunst (1993; 1995) considera como condición psicológica común de la reducción de la ansiedad y la incertidumbre;
aptitud para iniciar y gestionar las relaciones (Cui & Van den Berg, 1991; Hammer et al., 1978);
el acento sobre la relación en contraposición con la tarea (Ruben, 1976);
la creatividad (Dodd, 1995, 233)”.
La confianza es alógica, rompe la causalidad lineal y por tanto entorpece la conduit, también está vinculada a un tipo de ética cotidiana basada en la importancia del cara a cara de las relaciones... La confianza sólo depende del grupo, refuerza la sensación de pertenencia y estaría en la línea de que estos movimientos (los que se invisibilizan para transformar la sociedad) tienden a autonutrirse. Y así lo plantea también Edgar MORIN (2011:283): “Pero todo ha empezado a transformarse ya sin que nos hayamos dado cuenta. Hay millones de iniciativas que florecen en todas partes del mundo. Es cierto que, a menudo, son ignoradas, pero cada una, en su vía, aporta confianza y conciencia”.

La confianza permite que la crítica sea más fluida, el poder decir en cada momento lo que pensamos/sentimos/hacemos, evitando separarlos, además permite construir colectivamente los satisfactores adecuados a nuestras necesidades. Potencia vínculos y riega cultivos sociales generando nuevas situaciones que posibilitan la esperanza de lo imposible.

Gérard MARANDON (2003:90-91): “La confianza, ya lo hemos visto, es necesaria en los intercambios cotidianos, (...) pero es primordial en las situaciones interculturales [o multiculturales], debido a su complejidad (…).

Por lo que respecta a las propiedades de la confianza, ésta es, en primer lugar, un recurso moral neguentrópico (Powell, 1996:52). Como dice Hirschman (citado por Lewicki & Bunker, 1996:126), “la confianza es un recurso extraño, un recurso que aumenta con el uso en vez de disminuir”. Por otro lado, la confianza es un recurso autogenerativo (Creed & Miles, 1996:18) y progresivamente acumulativo que “se establece lentamente y de manera continua, a medida que crecen los niveles de la fuerza relacional” (Burt & Knez, 1996:83). En efecto, lo propio de la confianza sin ser escogida ni establecida definitivamente, se desarrolla “a través de las transacciones y mientras se desarrollan las relaciones interpersonales” (Creed & Miles, 1996:23; Powell, 1996:63). Finalmente, los estudios que comparan los procesos relativos a la confianza y la desconfianza demuestran que la confianza puede o bien degradarse o pararse de una manera brusca (Lewicki & Bunker, 1996:126). En cambio, no podríamos decir lo mismo de la desconfianza, que por naturaleza es más dramáticamente “catastrófica” (Tyler & Kramer, 1996:7), en el sentido que puede aumentar bruscamente, en el caso de relaciones particularmente débiles (Burt & Knez, 1996: 83). 

Se pueden distinguir tres etapas en la elaboración de la confianza (Lewicki & Bunker, 1996:119-124; Sheppard & Tuchinsky, 1996:144-145). La confianza basada en el cálculo y la disuasión, en primer lugar, remite a una concepción pragmática de los intercambios humanos. En esta primera etapa, la confianza se da a alguien en función de las sanciones potenciales directas o indirectas (reputación), más que recompensas negociadas. 

La segunda etapa, la de la confianza basada en el conocimiento, consiste en recabar información sobre el otro a fin de conocerlo suficientemente bien para poder anticiparse a sus comportamientos y hacer predicciones sobre su fiabilidad. Estas informaciones se recogen para terceras personas, pero también directamente para el mismo interesado. A medida que las interacciones se repiten para mejorar la comprensión del otro, la relación pasa a ser cada vez más estrecha y la confianza aumenta. 

Finalmente, la tercera etapa en la elaboración de la confianza está basada en la identificación con los deseos y las intenciones del otro, de manera que se desarrolla una comprensión mutua entre las partes presenciales. En esta fase, el grado de confianza es tal que cada uno puede contar incondicionalmente con el otro y encomendarlo para defender sus intereses o endosar responsabilidades que le incumben, sin estimar necesario controlarlo (…).

Esta confianza mutua tiene dos componentes (Kipnis, 1996:40): la confianza acordada y la confianza recibida. (...) Es verdaderamente una empresa con riesgos compartidos. La confianza mutua, que incluye, sobrepasándolas, las dos primeras fases –cálculo e información sobre el otro– es el grado más elaborado de la confianza y constituye el fundamento de la cooperación (Mishra, 1996:265), es decir, relaciones interdependientes que giran hacia los objetivos y los intereses comunes. Existe, de hecho, una estrecha relación entre confianza mutua y cooperación, sea horizontal (entre iguales) o vertical (como en la delegación de poderes [Lunacek, 1994])”. 

El hecho de que las propuestas, acciones, sentimientos, etc… vayan a ser respetadas inunda de confianza el trabajo y la vida. Por supuesto, todo esto no sería posible sin que existiera la cercanía o proximidad entre tod@s. Con ella además aprendemos a romper con las ideas preconcebidas que tenemos de los otr@s.

Una técnica que aparece cuando se da la confianza es la transferencia. Puede ser una apropiación individual o grupal; pero que no atiende a intereses particulares (incorpora “cosas” a otro trabajo colectivo, haciendo trascender lo cotidiano), ni tiene afán ejemplarizante (se transfiere con los sentidos de la sensibilidad, la oportunidad y la creatividad; para desarrollar algún trabajo concreto o desbloquear la seguridad de lo posible), ni entra en el juego del empoderamiento. La sistematización final no puede confundirse con la transferencia porque empodera al expone algo cerrado y ejemplarizante, mientras que la transferencia desempodera porque expone algo abierto que ha servido en otro lugar y/o momento; pero que hay que reelaborar para que sirva en éste, repensándolo/resintiéndolo/rehaciéndolo desde la autonomía.

Aplicando los 13 sentidos hemos percibido por un lado lo mismo que nos plantea Iván ILLICH (2006:425): “Los hombres disponen de la capacidad innata de cuidarse, reconfortarse, desplazarse, adquirir conocimientos, construir sus moradas y enterrar a sus muertos. Cada uno de estos poderes responde a una necesidad. Los medios para satisfacer estas necesidades no faltan: mientras los hombres sigan dependiendo de lo que puedan hacer por y para sí mismos, el recurso a los profesionales será marginal. Estas actividades tienen un valor de uso y no han sido afectadas por el valor de cambio. Su ejercicio no se considera un trabajo”. Pero al mismo tiempo percibimos que es lo que ocurre cuando se rompe esta capacidad innata mediante la desconfianza: nos conduce a la dependencia técnica facilitando el separar pensar/sentir/hacer:


Cuando separamos el Pensar del sentir y el hacer, estamos en la concienciación, información, asesoramiento, cuestionamiento, crítica…; siempre de forma vertical y desde la seguridad del Conocimiento (desde el vanguardismo). Al unir Pensar+Hacer se cae en la tecnocracia y en el programar sin tener en cuenta la situación en la que se encuentra la gente, perdemos la implicación, la perspectiva del ahora...


Cuando nos situamos en el Sentir sin pensar ni hacer, entramos en el asistencialismo o en un bloqueo, no sabemos lo que está pasando y comenzamos a vivir una situación de agobio y/o euforia, ambas paralizantes a la hora de trabajar la transformación social. Al unir Sentir+Pensar (dejando a un lado el hacer), no sabemos qué es lo que pasa, si sirve lo que hacemos o si esto tiene sentido a medio/largo plazo.


Cuando separamos el Hacer del sentir y del pensar, pasamos como una apisonadora por encima de la gente (cayendo en el puro activismo) y cuando terminamos el camino, al volver la vista atrás se ve la senda que no se ha de volver a pisar adoquinada de cadáveres, de gente que no quisimos escuchar o sentir. Al unir Sentir+Hacer (dejando a un lado el pensar), no sabemos qué pasa más allá de lo puntual, del momento del hacer, y nos cuestionamos por qué la gente no se une a nosotr@s, y acude a nuestras acciones, a pesar de todo lo que hemos hecho por ell@s.


Separando el Pensar del Sentir y del Hacer es difícil aprender, porque sujetamos a cada persona a la conduit (simplificamos la complejidad sujetando al personal docente e investigador al pensar, a la gente la fijamos al hacer y a los marginados al sentir). Sin embargo, cuando lo unimos comienzan a abrirse las posibilidades desde el aprendizaje colectivo. Para construir espacios y tiempos autogestionados y desempoderados es importante deconstruir y desaprender al mismo tiempo que construimos y aprendemos colectivamente, potenciando muchas de las capacidades, sentidos, saberes, etc… que estaban dormidos o sin autoestima.
Dicho de otra manera y en palabras Edgar MORIN (2011:283): “Las reformas son interdependientes. La reforma de vida, la moral, la de pensamiento, la de la educación, la de civilización y la política están interconectadas y, por eso, sus progresos les permitirían dinamizarse mutuamente”. O como lo diríamos nosotr@s: el sentir, el hacer y el pensar son interdependientes y es cuando se produce esa interdependencia; cuando se abre la posibilidad de dinamizar la transformación social.

Extraído de: http://desempoderamiento.blogspot.com.es/

lunes, 29 de agosto de 2016

¿Por qué hoy no es posible la revolución?

Cuando hace un año debatí con Antonio Negri en el Berliner Schaubühne, tuvo lugar un enfrentamiento entre dos críticas del capitalismo. Negri estaba entusiasmado con la idea de la resistencia global al empire, al sistema de dominación neoliberal. Se presentó como revolucionario comunista y se denominaba a sí mismo profesor escéptico. Con énfasis conjuraba a la multitud, la masa interconectada de protesta y revolución, a la que confiaba la tarea de derrocar al empire.La posición del comunista revolucionario me pareció muy ingenua y alejada de la realidad. Por ello intenté explicarle a Negri por qué las revoluciones ya no son posibles.

¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres? Para explicar esto es necesario una comprensión adecuada de cómo funcionan hoy el poder y la dominación.

Quien pretenda establecer un sistema de dominación debe eliminar resistencias. Esto es cierto también para el sistema de dominación neoliberal. La instauración de un nuevo sistema requiere un poder que se impone con frecuencia a través de la violencia. Pero este poder no es idéntico al que estabiliza el sistema por dentro. Es sabido que Margaret Thatcher trataba a los sindicatos como “el enemigo interior” y les combatía de forma agresiva. La intervención violenta para imponer la agenda neoliberal no tiene nada que ver con el poder estabilizador del sistema.

El poder estabilizador de la sociedad disciplinaria e industrial era represivo. Los propietarios de las fábricas explotaban de forma brutal a los trabajadores industriales, lo que daba lugar a protestas y resistencias. En ese sistema represivo son visibles tanto la opresión como los opresores. Hay un oponente concreto, un enemigo visible frente al que tiene sentido la resistencia.

El sistema de dominación neoliberal está estructurado de una forma totalmente distinta. El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.

Es ineficiente el poder disciplinario que con gran esfuerzo encorseta a los hombres de forma violenta con sus preceptos y prohibiciones. Es esencialmente más eficiente la técnica de poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación. Su particular eficiencia reside en que no funciona a través de la prohibición y la sustracción, sino a través del deleite y la realización. En lugar de generar hombres obedientes, pretende hacerlos dependientes. Esta lógica de la eficiencia es válida también para la vigilancia. En los años ochenta, se protestó de forma muy enérgica contra el censo demográfico. Incluso los estudiantes salieron a la calle. Desde la perspectiva actual, los datos necesarios como oficio, diploma escolar o distancia del puesto de trabajo suenan ridículos. Era una época en la que se creía tener enfrente al Estado como instancia de dominación que arrebataba información a los ciudadanos en contra de su voluntad. Hace tiempo que esta época quedó atrás. Hoy nos desnudamos de forma voluntaria. Es precisamente este sentimiento de libertad el que hace imposible cualquier protesta. La libre iluminación y el libre desnudamiento propios siguen la misma lógica de la eficiencia que la libre autoexplotación. ¿Contra qué protestar? ¿Contra uno mismo?

Es importante distinguir entre el poder que impone y el que estabiliza. El poder estabilizador adquiere hoy una forma amable, smart, y así se hace invisible e inatacable. El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva. La dominación que somete y ataca la libertad no es estable. Por ello el régimen neoliberal es tan estable, se inmuniza contra toda resistencia porque hace uso de la libertad, en lugar de someterla. La opresión de la libertad genera de inmediato resistencia. En cambio, no sucede así con la explotación con la libertad. Después de la crisis asiática, Corea del Sur estaba paralizada. Entonces llegó el FMI y concedió crédito a los coreanos. Para ello, el Gobierno tuvo que imponer la agenda liberal con violencia contra las protestas. Hoy apenas hay resistencia en Corea del Sur. Al contrario, predomina un gran conformismo y consenso con depresiones y síndrome de Burnout. Hoy Corea del Sur tiene la tasa de suicidio más alta del mundo. Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.

Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.

No es posible explicar el neoliberalismo de un modo marxista. En el neoliberalismo no tiene lugar ni siquiera la “enajenación” respecto del trabajo. Hoy nos volcamos con euforia en el trabajo hasta el síndrome de Burnout [fatiga crónica, ineficacia]. El primer nivel del síndrome es la euforia. Síndrome de Burnout y revolución se excluyen mutuamente. Así, es un error pensar que la multitud derroca al empire parasitario e instaura la sociedad comunista.

¿Y qué pasa hoy con el comunismo? Constantemente se evocan el sharing(compartir) y la comunidad. La economía del sharing ha de suceder a la economía de la propiedad y la posesión. Sharing is caring, [compartir es cuidar], dice la máxima de la empresa Circler en la nueva novela de Dave Eggers, The Circle. Los adoquines que conforman el camino hacia la central de la empresa Circler contienen máximas como “buscad la comunidad” o “involucraos”. Cuidar es matar, debería decir la máxima de Circler. Es un error pensar que la economía del compartir, como afirma Jeremy Rifkin en su libro más reciente La sociedad del coste marginal nulo, anuncia el fin del capitalismo, una sociedad global, con orientación comunitaria, en la que compartir tiene más valor que poseer. Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida.

El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing.También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión, en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. Airbnb, el mercado comunitario que convierte cada casa en hotel, rentabiliza incluso la hospitalidad. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.

Byung-Chun Han es filósofo.

Traducción de Alfredo Bergés.

Leido en El país

viernes, 20 de mayo de 2016

Tu cáncer te lo cura Zara: Sistema Nacional Patrocinado de Salud.

A menudo nos encontramos con jornadas, artículos y folletos propagandísticos que hablan de cómo fortalecer la colaboración-público-privada (dicho rápido y sin respirar) en el ámbito sanitario. Esa misma colaboración público-privada que ha hecho que en España la sanidad privada sea un sector que funciona con un fuerte dopaje institucional (en forma de conciertos y similares) y que, aunque sea menos fomentado, ha hecho que la sanidad pública sea un ente inane por la fuerte restricción presupuestaria (la de siempre, pero especialmente la que en los últimos años ha disminuido el gasto en un 20%) pero que utiliza para complementarse algunas interacciones con la privada que ahora comentaremos.


Esta introducción nos ha venido a la cabeza tras leer el siguiente titular (que encabeza esta noticia):





En el titular se les ha olvidado poner que será la Fundación Amancio Ortega (es decir, el ente encargado de lavarle la cara a la imagen de Zara) quien pagará 40 millones de euros para que el Sistema Andaluz de Salud cuente con esos aceleradores lineales para radioterapia.


Nos encontramos entonces con una realidad singular:



  • Una fundación que ejerce de brazo para la responsabilidad social corporativa de una empresa privada (o de su dueño-fundador) dona dinero de forma desinteresada (ejem, ejem) y de esa manera muestra el compromiso que tiene con la sanidad pública y con la salud de la población española.
  • Lo dona a un sistema sanitario público; la presidenta de la Comunidad Autónoma en cuestión se despacha con e lsiguiente posicionamiento:
*Susana Díaz, que ha agradecido el "compromiso social" de la Fundación Amancio Ortega con el sistema sanitario público andaluz, ha destacado su compromiso presente y futuro con la sostenibilidad del sistema, que -en su opinión- es el "orgullo" de los andaluces y una garantía de igualdad de oportunidades.
El problema es que más allá de lo que sale en la foto de la noticia existen otras dos realidades que ayudan a entender mejor lo que ocurre:



  • El Sistema Andaluz de Salud recibe esos 40 millones de inversión pero Andalucía es la Comunidad Autónoma con un menor gasto sanitario por habitante desde hace años; no solo esto, sino que es de las CCAA que más recortes ha aplicado en este sector desde el inicio de la crisis económica. Cuando se pregunta el porqué, los argumentos oscilan entre (I) la insuficiente financiación vía transferencias de recaudación impositiva que les llega desde el Gobierno Central y (II) la maravillosa gestión económica realizada a nivel regional que les permite dar mejores servicios que nadie en el país con la menor financiación de todas.
  • Una fundación vinculada a una empresa sobre la que han caído mil y una acusaciones de montar un entramado societario complejo para pagar menos impuestos en España de los que le corresponderían si actuase sin hacer sobreesfuerzos para evadir los miniesfuerzos del fisco español.
Resumiendo, y por si no hubiese quedado muy claro: Zara da limosnas, a través de su fundación, a una Sanidad Pública que en parte está infrafinanciada porque las grandes empresas evaden contribuir a financiarla vía impuestos. El eterno dilema: caridad frente a justicia social (o su representante en el mundo fiscal, la justicia tributaria).


Este modelo de interacción público-privada según el cual los servicios sanitarios públicos adquieren material clínico para uso diario que, de ser necesario, debería ser financiado por los presupuestos de los servicios de salud es algo relativamente frecuente y que tiene su expresión más común en dos fenómenos que explicaremos a continuación:



  • Las becas de investigación y la actividad clínica: en algunos Servicios Autonómicos de Salud (Andalucía es un ejemplo de ello) una de las pocas posibilidades que un médico joven recién terminada la especialidad lograra un trabajo en un hospital era por medio de una beca de investigación que bien podía hacer que se dedicara a la investigación o bien haría que se dedicara a hacer trabajo clínico con la investigación como excusa. Generalmente esas becas son vehiculizadas por una Fundación de Investigación con titularidad pública, pero en muchas ocasiones los fondos son estrictamente privados (empresas farmacéuticas, de diagnóstico, aseguradoras, ...). Esto nos lleva a una situación en la cual la infradotación de personal contratado por los cauces habituales (bolsa de trabajo, oposición, concurso, loquesea) se ve sustituida por la dotación de personal para investigación cubriendo tareas asistenciales y con criterios de selección que pueden bypassear los mecanismos estandarizados (que nos gustarán más o menos -casi siempre menos-, pero son los mismos para todo el mundo).
  • El posicionamiento de medicamentos y la subvención privada a hospitales públicos: uno de los mecanismos que tiene la industria farmacéutica para posicionar sus medicamentos es regalarlos (venta a coste 0€) a los hospitales para que estos se vean incentivados en su uso y los receten para cuando el paciente sea dado de alta, de modo que el hospital no gasta nada en esos medicamentos y ese gasto se ve transferido a la Atención Primaria que tiene que lidiar con medicamentos de alto coste (generalmente), crónicos y cuya indicación tal vez no sea muy adecuada al entrar el factor coste en una ecuación que es distinta a la del hospital (porque el factor coste se ha visto eliminado en ese nivel). Este método de introducción de nuevos medicamentos y expansión de su uso tiene tantos incentivos perversos que uno no sabe por donde empezar, así que nos quedaremos en subrayar que es otra forma de subvención de un sistema infradotado por parte de una industria que, en este caso, ni siquiera está aliviando los costes del sistema, sino que está financiando a una microparte del mismo (hospital) para sobrecargar económicamente a otra parte del conjunto (Atención Primaria).
Cuando la filantropía empresarial entra en unos sistemas públicos de salud que han reducido su financiación hasta los límites de la sostenibilidad externa el mango de la sartén no está en las instituciones.

domingo, 17 de abril de 2016

“El neoliberalismo aplica la necropolítica, deja morir a las personas que no son rentables” Entrevista a Clara Valverde



Clara Valverde introduce su nuevo libro con la alusión al texto de una pintada en la pared: “Con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir”. En ‘De la necropolítica neoliberal a la empatía radical’ (‘Icaria/Más madera’) esta activista política y social y escritora sostiene que el sistema neoliberal es incompatible con la lucha contra la desigualdad. Para ella, este sistema divide la sociedad en excluidos e incluidos. Se desentiende de los primeros y atemoriza a los segundos para perpetuar y aumentar el poder y la riqueza de los privilegiados.



¿Qué tenemos que entender por “necropolítica neoliberal”?


‘Necro’ es la palabra griega para ‘muerte’. Las políticas neoliberales son unas políticas de muerte. No tanto porque los gobiernos nos maten con su policía, sino porque dejan morir a la gente con sus políticas de austeridad y exclusión. Se deja morir a los dependientes, a los sin techo, a los enfermos crónicos, a las personas en listas de espera, a los refugiados que se ahogan en el mar, a los emigrantes en los CIEs…

A los cuerpos que no son rentables para el capitalismo neoliberal, que no producen ni consumen, se les deja morir.



¿Cómo se consigue convencer a los ciudadanos de que esa “necropolítica neoliberal” les beneficia? ¿Porqué no hay una rebelión masiva contra ella?

Los que aún no están excluidos, los que aún se creen el mito de que en esta sociedad somos libres aceptan y hacen suyo lo que dicen los poderosos y su prensa: que los excluidos no son como ellos, que son una gente zarrapastrosa, sucia, rara, diferente, con mala suerte y malos hábitos. El mito que ha calado es que los excluidos se han buscado la situación que sufren.

No hay una rebeldía masiva contra las necropolíticas de los gobiernos, contra la exclusión, porque la gente que aún no está excluida no se identifica con los excluidos. Piensan “ese no soy yo”, “eso no me pasará a mí”. No se dejan identificar con el que sufre, no hay empatía radical. Y en realidad las necropolíticas nos afectan a todos. En cuanto esa persona incluida enferme será posiblemente excluida sin ingresos y sin ayuda.



En este diseño social hay ciudadanos excluidos y ciudadanos incluidos. ¿Nadie defiende a los excluidos?


Muy poca gente defiende a los excluidos. ¿Cuánta gente se organiza para apoyar a los sin hogar? ¿Cuánta gente ayuda a los ancianos o enfermos crónicos y a sus asociaciones? En la PAH hay apoyo mutuo y empatía radical pero casi todos los que están activos en la PAH son afectados ellos también por los desahucios.



Los incluidos creen estar a salvo de su expulsión del sistema pero les adviertes que en cualquier momento pueden caer en la exclusión. El temor a la exclusión ¿fomenta la insolidaridad en nuestra sociedad?


Los que ahora tienen la suerte de no estar enfermos, desahuciados, en paro, deberían pensar que la mayoría, a menos que tengan mucho capital económico, podrían llegar a ser excluidos. Pongamos que eres conductor de autobús. Si enfermas, aunque lleves cotizando años, es muy posible que el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM) te dé el alta aunque estés demasiado enfermo para trabajar. Entonces, ¿qué harás? Sin poder trabajar, sin ingresos y con los gastos que una enfermedad conlleva y que no cubre la Seguridad Social…

El poder neoliberal se asegura de que los incluidos no se fíen de los excluidos, que los vean como extraños, diferentes, desagradables y no se solidaricen con ellos.



El neoliberalismo impone su necropolítica mediante la violencia. Pero ésa violencia no siempre es explícita. Dice que la más eficaz para los intereses del neoliberalismo es la ‘violencia discreta’. ¿A qué se refiere?

Por ejemplo, los recortes, la mercantilización y la privatización de la sanidad pública son una violencia discreta. No matan a tiros a los enfermos en listas de espera. Pero ¿cuántos mueren por esas listas interminables? Esas listas son tan largas porque los administradores de la sanidad pública y los políticos la han organizado de modo que la sanidad privada “chupe” de ella. Y eso tiene, como una de sus consecuencias, el sufrimiento y la muerte lenta de los enfermos que esperan.



Asegura que nos han cambiado el sentido de las palabras y que para combatir la necropolítica neoliberal hay que volver a llamar a las cosas por su nombre ¿Qué trampas del lenguaje destacaría?

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los políticos de derechas neoliberales, los que van de “centristas”, todos esos nos maltratan. No hay otra palabra. Es maltrato. Las condiciones laborales son malos tratos. Los recortes son malos tratos. Las leyes mordaza son malos tratos.

Hay muchas trampas lingüísticas. El que la gente haga suyas las frases-trampa de los poderosos es preocupante. Frases como “es lo que hay”, “no me puedo quejar”, “no va a ir a peor”, “no pasa nada”, etc. Y el ‘pensamiento positivo’ que hace que la gente se sienta culpable de estar enfadados con los políticos y de la situación actual.

La tolerancia es otra gran trampa. La tolerancia es muy violenta. Se intenta decir que es buena, que sí, que hay que tolerar al que es diferente. ‘Tolerar’ quiere decir ‘aguantar’ y es una posición de poder sobre el otro. “Yo te aguanto aunque seas pobre, trans, negro, autista, etc.” No, las diferencias no son para ser toleradas. Las diferencias hay que mirarlas, entender el por qué hay desigualdades entre grupos diferentes y cambiar la situación. Es necesario nombrar las desigualdades y luchar contra ellas al mismo tiempo que celebramos la diversidad.



Choca que hable de la contratación de discapacitados o del papel de las ONGs como instrumento manipulado por el neoliberalismo en interés propio.

Aquí no se habla de esto pero en muchos países, sí. Hay numerosos autores que hablan del “ONGismo” y del “Inspiración Porn”.

El ONGismo es la utilización de la comunidad para hacer el trabajo que debería hacer el gobierno con nuestro dinero. El ONGismo es un tema complejo porque la buena gente que se implica en una ONG lo hace con buenas intenciones. Pero luego son ellos los que tiene que recortar y hacer que sus empleados acepten sueldos míseros para hacer tareas que corresponden al Estado de Bienestar.



Cita algunos ejemplos de esta manipulación en la publicidad.

Hace unos años la Fundación La Caixa utilizaba personas con síndrome de Down no muy severo como ejemplos de cómo deberían ser los trabajadores. Ahora hay un anuncio de la compañía que hace lavadoras, Balay, en la que un sordomudo dice: “¡Mirad! Si un trabajador discapacitado es el mejor trabajador, sonríe y no se queja, tú, que no eres discapacitado, deberías callar, trabajar y no protestar”. Esto es un ejemplo de “Inspiración Porn”, una suerte de pornografía con los discapacitados.

Pero la realidad es que la mayoría de los discapacitados no tienen ingresos y sufren mucho. Y si consiguen un trabajo, su empresa no tiene que pagar su Seguridad Social. Es un ahorro para el jefe.



¿La necropolítica es especialmente evidente en España? Destaca que en este país se ha enterrado la memoria histórica de lo que supusieron la guerra y el franquismo, que sólo en Camboya hay más fosas comunes por abrir.


En realidad, la necropolítica se puede ver por todo el mundo. Mira la situación de violencia en México.

Pero sí, una sociedad como la nuestra que destaca a nivel mundial por la cantidad de personas desaparecidas y sin enterrar desde hace 80 años, no es una sociedad que pueda funcionar de forma humana. Tenemos a más de 100.000 abuelos y abuelas sin enterrar aún. ¿A cuántas personas de nuestra generación afecta éso directamente? ¿E indirectamente?

Andamos por los campos y las cunetas, y debajo de nuestros pies están miles y miles de personas que el gobierno, ningún gobierno, cree que merezcan ser encontrados y devueltos a sus familias. Eso produce una sociedad muy enferma.



El sistema sanitario le sirve como ejemplo perfecto de la forma de actuar de esa necropolítica neoliberal. ¿Es donde se hace más evidente su forma de actuar?

Es una de las áreas en la que más vemos el sufrimiento causado por la necropolítica, porque en el sistema sanitario se trabaja con las vidas y los cuerpos de las personas, con el sufrimiento inevitable que es parte del ser humano.

Te doy un pequeño ejemplo. Los profesionales de enfermería en hospitales en los que se ha implantado el método “Lean”, método inventado para las cadenas de montaje de coches Toyota. Dan más importancia a estar “ on time” (puntuales con la velocidad que les imponen en sus tareas, velocidad nada humana ni para el profesional ni, sobre todo, para el paciente) que a la calidad del trabajo y al bienestar de los pacientes. Dicen estar contentos si están “ on time”, ¡como si fueran conductores de la Renfe!

El método Lean se ha conseguido implantar sin que hayan protestas entre los profesionales sanitarios. De la misma manera que tantos profesionales no cuestionan Lean, tampoco cuestionan el autoritarismo y el paternalismo que ellos mismos utilizan con los enfermos.

Lo grave es que estos profesionales sanitarios son ellos también víctimas del autoritarismo y paternalismo de las administraciones sanitarias. A ellos les maltratan y se les exige que también maltraten. Finalmente, sin darse cuenta, acaban haciendo lo que llaman muchos autores “gobernar por terceros”; o sea, haciendo el trabajo sucio de los neoliberales.



Y simboliza en las enfermas de Síndromes de Sensibilización Central esa acción. ¿Por qué?

Porque los enfermos, o enfermas porque la mayoría son mujeres, adolescentes y niños, de SSC son por lo menos el 3,5% de la población -aunque los investigadores internacionales dicen que el porcentaje es mucho más alto- y cada año pierden parte de los pocos derechos que tenían. Con Boi Ruiz, los enfermos de SSC en Catalunya, dejaron de tener derecho a acceder a sus médicos. Y si el nuevo consejero sigue el acuerdo Junts Pel Sí-CUP, seguirán sin poder ver a su médico y los que enfermen ahora no podrán ser diagnosticados.

El 80% de estos enfermos viven encerrados en sus casas, en sus camas, sin ninguna ayuda sanitaria ni social. Y están demasiado enfermos para protestar, participar en movimientos sociales, etc. La mayoría enferman entre los 10 y los 30 años de edad. No han cotizado. Les espera una larga vida de pobreza y sufrimiento en la cama. Y los que han conseguido trabajar unos años y cotizar, el ICAM hace todo lo posible para que no tengan una ayuda económica. Hasta a los que han conseguido una pensión a través de los juzgados el ICAM les quita la pensión.



El antídoto contra esa necropolítica está en la voluntad de compartir. “Para sobrevivir y vivir hay que compartir”, dice. ¿Funcionará?

Las iniciativas, ideas y grupos implicados en lo común son el antídoto contra la necropolítica. Lo que el poder absoluto quiere dividir, nosotros lo tenemos que juntar. Nos tenemos que juntar enfermos, sanos, trans y todos los géneros, razas varias, ancianos, niños… Pero para hacerlo tenemos que desarrollar una empatía radical y empezar desde los espacios excluidos. No funciona que los “incluidos” inviten a los excluidos a sus movimientos. Tiene que ser al revés. Los que aún se creen incluidos necesitan ir a esos espacios intersticiales en los que habita la exclusión y empezar desde ahí.

En ese sentido quería dar las gracias a Catalunya Plural por entender que para poder tener esta conversación conmigo, que vivo en la cama el 90% del tiempo con Encefalomielitis Miálgica, lo hemos tenido que hacer a mí manera. Unos necesitan una rampa para su silla de ruedas. Otros necesitamos Skype y email.


Entrevista de Siscu Baiges en Catalunya plural para eldiario.es

sábado, 5 de marzo de 2016

El maíz convencional rinde “tanto o más” que el transgénico

El Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón ha constatado, tras seis años de estudios, que el maíz genéticamente modificado no ofrece ventajas productivas en relación con las especies comunes de ese vegetal. “Las producciones de las variedades convencionales han sido tanto o más altas que sus variedades transgénicas”, sostiene la institución.

Las conclusiones del estudio Transferencia de resultados de la red de ensayos de maíz y girasol en Aragón referente a la campaña 2015 son contundentes: “no hay diferencias significativas” entre el rendimiento de las variedades transgénicas y las convencionales, señala el informe, que recoge cómo la producción de algunas de esas plantas con los códigos genéticos modificados (OGM) se sitúa, incluso, por debajo de los 12.000 kilos por hectárea, el umbral a partir del cual el cultivo comienza a generar algún beneficio para el agricultor.

Concretamente, cuatro de las cinco variedades que no alcanzaron ese rendimiento mínimo en las zonas de ensayo eran transgénicas, si bien también lo eran las dos que más grano produjeron. En todos los casos –la serie de seis años incluye veinte especies, trece de ellas modificadas- los técnicos agronómicos controlaron en una misma ubicación los factores de riego, fertilización, tratamientos, controles de plantas establecidas, ataque de taladro y cosecha. 

Una evidencia que se repite

El estudio señala que durante esos seis años en los que tuvieron lugar los ensayos los daños producidos por la plaga del taladro “no han sido relevantes en la mayoría de los casos” –no fueron en ninguna zona de España-, lo que ha permitido evaluar los rendimientos de las distintas variedades sin la ventaja competitiva que las empresas químicas atribuyen al maíz modificado genéticamente, que es precisamente su resistencia a ese insecto, considerado la principal amenaza para sus cultivos.

“Repetimos lo que cada año se evidencia y es que en ausencia de plaga el material vegetal expresa todo su potencial productivo, observando en estas dos últimas campañas que los ciclos más cortos a los utilizados en estas zonas de producción están dando muy buenos resultados en producción y secado”, señala el dictamen de la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, que en su valoración de la anterior campaña ya planteaba la necesidad de realizar “una profunda reflexión” sobre el uso del maíz transgénico.

El Gobierno de Aragón hace un especial seguimiento del comportamiento de las variedades de maíz transgénico por “la necesidad de conocimiento de un cultivo que en nuestra comunidad autónoma supone más de 42.000 hectáreas de producción, un 70% de la superficie total” dedicada a esa planta forrajera. Los agricultores aragoneses cultivan casi el 40% del maíz genéticamente modificado de España, con 42.612 hectáreas de 107.749, a mucha distancia de las 30.790 de Catalunya, las 11.471 de Andalucía y las 9.827 de Extremadura.

Su uso tiende a la baja, con una caída del 18% en relación con la campaña anterior -21% en Aragón-, aunque ese descenso, tras el récord de 2013, se enmarca en el retroceso generalizado de la explotación del maíz por la reducción de sus márgenes ante el aumento de los costes.

“Seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”

El informe de la organización agraria COAG sobre Seguridad Agraria y Biotecnologías
llama la atención sobre los pocos países europeos que permiten el cultivo de maíz transgénico. Además de España, que concentra el 90% de los cultivos transgénicos de la UE, se siembra en Portugal, donde apenas ocupa mil hectáreas, República Checa y Eslovaquia, donde su utilización tiende a la baja. Por el contrario, potencias agrarias como Francia o Alemania lo han vetado, en una posición que comparten Austria, Bulgaria, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Italia, Suiza y Turquía.

La FAO documentó cómo 25 estados vetaron en 2014, para impedir su entrada en la cadena alimentaria local, la introducción en sus territorios de alimentos para humanos y de piensos para animales tras detectar la presencia en ellos de vegetales genéticamente modificados. Fueron destruidos o devueltos a sus países de origen.

“Después de 16 años de cultivo de transgénicos en España seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”, señala el documento de COAG, que añade que “año tras año los ensayos muestran que no son más productivos que las variedades convencionales, incluso en los pocos años que hubo un ataque severo de taladro”.
 
Una mala hierba mutada amenaza el cultivo del maíz

La organización agraria, que considera “difíciles de demostrar” las supuestas ventajas económicas de los transgénicos, sostiene que su uso “supone pérdidas económicas para el productor porque hay que pagar patentes” que, “siendo más caras, no producen más ni reducen la utilización de pesticidas y herbicidas, sino todo lo contrario”.

“Además -añade-, existen estudios que indican que en zonas de cultivo contínuo con OGM se tiene que utilizar más productos químicos para matar las plantas resistentes”.

De hecho, nueve organizaciones agrarias, conservacionistas y de consumidores –COAG, Red de Semillas, Amigos de la Tierra, Cecu, Ecologistas en Acción, Greenpeace, PALT, SEA y Aragón Sin Transgénicos- pidieron hace unos días por carta a la ministra de Medio Ambiente en funciones, Isabel García Tejerina, medidas para atajar la proliferación del teosinte, una maleza ancestro del maíz que actúa como especie vegetal invasora. Entre otras, comunicar su presencia a la UE cuando hace ya nueve años que fue detectada.

La situación ha llevado al Gobierno de Aragón a prohibir el cultivo de ese forraje en los campos con esa mala hierba, cuya presencia ha sido detectada también en Navarra y en Catalunya.

Ni Monsanto informa ni Medio Ambiente y la UE se enteran

Esas organizaciones temen que “las poblaciones de teosinte podrían ser portadoras de ADN transgénico proveniente del maíz modificado genéticamente” MON 810 que comercializa la multinacional Monsanto un “flujo genético” que amenaza con dotar a esa mala hierba “de un poderoso mecanismo de defensa ante especies herbívoras”. El gen vegetal manipulado incluye “una toxina Bt con propiedades insecticidas”, lo que hace “muy probable que los híbridos del maíz transgénico y el teosinte muestren mayor capacidad de expansión que el teosinte no transgénico”.

Las entidades, que acusan a la multinacional haber ocultado esa información “en su informe anual de seguimiento, tal y como le obliga la ley”, y de no haber “tomado ninguna medida para controlar la situación”, señalan que el riesgo de cruce del maíz transgénico con especies silvestres no fue tenido en cuenta por la UE ni por el Gobierno español antes de autorizar su uso ni de renovar los permisos.

De hecho, Europa descartó “los posibles impactos” de esa eventual mezcla “por no existir en Europa ninguna especie [silvestre] emparentada” con el maíz.

Eduardo Bayona en Diario Público

jueves, 25 de febrero de 2016

La organización holocrática

La organización holocrática es un modelo de organización y gobernanza basado en la teoría de los Sistemas Complejos, en los conceptos de Holón y Holarquía y en la nueva Teoría de la Mente. Esta propuesta fundamenta algunas de las prácticas que se hacen desde la Sociocracia, un modelo organizacional con un largo recorrido y que, por tanto, cuenta con bastante experiencia y ejemplos de aplicación, a la vez que matiza o amplia las opciones que ofrece la Sociocracia en algunos aspectos.

Partiendo de una idea de la mente como el proceso de regulación del flujo de información y energía que atraviesa todo sistema vivo (entendido como un sistema dinámico, autoorganizado y autónomo), el reto para las organizaciones humanas, consideradas como sistemas vivos, consiste en diseñar una estructura organizativa que facilite la gestión de dicho flujo de información en todos los niveles de la organización, esto es una estructura que facilite el trabajo de la mente colectiva de la organización en cualquiera de las actividades propias de una mente: percibir (captar información relevante), imaginar (soñar o crear una visión de futuro), pensar (indagar sobre posibles estrategias y planes de acción), sentir (asegurar el bienestar de todas las partes), decidir (elegir entre varias opciones posibles para una acción efectiva) o aprender (registrar experiencias y abrirse a lo nuevo).

Si este reto no se ha conseguido hasta ahora ha sido porque, a diferencia de lo que ocurre en los sistemas vivos no humanos, que cuentan con procesos internos autorregulados, regidos por reglas biológicas afianzadas evolutivamente, en los sistemas humanos la principales normas reguladoras tienen un origen cultural, pudiendo competir entre sí en la medida que responden a diferentes valores y cosmovisiones. Cada cultura genera sus propias reglas y algunas tratan de imponerlas a los demás, en muchos casos por la fuerza. Por otra parte, las normas culturales no son el resultado de procesos racionales de pensamiento, sino que emergen de procesos dinámicos complejos en los que intervienen factores ambientales, económicos, sociales y culturales (con un papel fundamental de la ideología y la religión). Además, una vez creadas, las personas que se benefician de dichas reglas, y que cuentan por tanto con privilegios que otras no tienen, tratan de justificarlas y defenderlas por todos los medios, aun cuando haya amplia evidencia de que ya no son útiles o no sirven a los propósitos generales. Por esta razón, pero también por ignorancia o desconocimiento, muchas organizaciones modernas siguen funcionando con reglas desfasadas, que no les permiten adaptarse a las demandas de un entorno cambiante y complejo. 

En el mundo de la empresa, por ejemplo, la estructura de gobernanza más común sigue un modelo piramidal basado en un poder central desde el que se intenta controlar toda la organización. Tal vez este sistema haya funcionado bien hasta hace poco tiempo, con un contexto histórico social favorable para ello, pero en la actualidad, en una cultura que quiere profundizar en la democracia, que busca la participación y la inclusión de voces minoritarias, que se hace cada vez más compleja al multiplicar tecnológicamente los canales de información, que va ganando poco a poco conciencia de sí misma…, el modelo autocrático de control que encontramos en la empresa tradicional no es la mejor respuesta posible. En un modelo jerárquico, el flujo de información en relación con la predicción, la planificación, la gestión, o la supervisión se mueve principalmente de arriba abajo, mientras que el flujo de abajo arriba consiste básicamente en un rendir cuentas desde una exigencia que para muchos resulta cada vez más insoportable. En este esquema, la voz de los de abajo apenas llega a los de arriba, perdiendo una información que podría ser muy valiosa y que deja así de incorporarse en los planes o políticas de la empresa. Basado en una estructura férrea de control, incapaz de acoger el necesario feedback que llega desde abajo, el modelo se vuelve vulnerable a una incertidumbre creciente y una mayor complejidad social. 

Como reacción a este modelo jerárquico, autocrático, muchas personas han apostado en los últimos años por crear organizaciones más horizontales, en las que se intenta evitar una estructura de poder explícita, sin reglas formales aparentes, o se utiliza una estructura mínima que consiste habitualmente en una asamblea (una reunión periódica a la que pueden asistir todos los miembros y participar por igual en la toma de decisiones), algunas comisiones o grupos de trabajo sobre asuntos específicos, sin mucha autonomía o capacidad de decisión, y en algunos casos, una dirección elegida por la asamblea y a la que ha de rendir cuentas. Es habitual además que las decisiones se tomen, o se intenten tomar, por consenso, buscando el acuerdo de todas las personas, que conservan el poder de bloquear una decisión que no satisfaga sus intereses. Aunque este modelo es aparentemente más democrático que el anterior, en términos de distribución de poder y flujo de información tiene igualmente importantes defectos. Al excluir formalmente una diferenciación vertical de poder, cuando esta diferenciación ocurre (y suele ocurrir en la mayoría de los casos, en lo que se conoce como estructura de estatus) no resulta visible para el grupo, pudiendo dar lugar a una estructura más opresiva que la jerarquía autocrática donde, al menos las diferencias de poder son visibles. Por otra parte, al no distinguir entre niveles organizativos de diferente alcance y concentrar todo el flujo de información en la asamblea, el tiempo y energía requerido por el grupo para procesar toda la información disponible suele ser enorme, lo que genera mucha tensión, cuando no frustración e impotencia, ante la dificultad para seguir el hilo y dar una opinión bien formada sobre todo aquello que se decide. A falta de una opinión formada, cualquier opinión vale, pudiendo en algunos casos hacer de la asamblea un espacio de expresión narcisista ingobernable. 

Mientras el modelo autocrático tiene como principal valor su capacidad para ser efectivo y conseguir resultados, al menos en condiciones de estabilidad, para resolver la complejidad dinámica de muchos problemas humanos a través del conocimiento y la técnica, el modelo asambleario aporta una mayor conciencia democrática y social, fomentando la participación y el cuidado de las personas, afrontando la creciente complejidad social desde la inclusión y la atención por todas las voces. Con todo, ninguno de estos modelos es suficiente para abordar la complejidad emergente, un tipo de complejidad que Otto Scharmer (2007, p. 61) define como la irrupción de nuevos patrones de innovación y cambio en situaciones en las que el futuro no puede predecirse ni afrontarse con los viejos patrones del pasado. El modelo de organización holocrática, basado en los sistemas vivos, pretende cubrir este vacío. Aporta efectividad, agilidad y capacidad para conseguir resultados, a la par que presta atención a las personas y sus necesidades, poniendo en marcha procesos y estructuras que imitan y sostienen la vida. 

Siguiendo en este punto a Brian Robertson (2006), holocracia es básicamente el gobierno de una organización por sí misma. No es el gobierno de las personas que trabajan en ella, ni el de sus propietarios y accionistas, sino el gobierno que resulta de considerar la organización como un sistema vivo, autoorganizado, autorregulado, autónomo, con intencionalidad y agencia propias. La organización holocrática es una organización que atiende desde el cuidado las necesidades de todas las personas implicadas en su funcionamiento y en sus actividades (propietarios, trabajadores, clientes, comunidad), de la misma manera que un sistema vivo atiende con cuidado las necesidades de todas sus partes, a la par que cuida de sí misma y de su propia integridad tomando las decisiones adecuadas para ello. Es una organización de aprendizaje, que cuenta con la suficiente solidez como para encarar con seguridad y firmeza muchos desafíos, pero también con la suficiente flexibilidad para cambiar y reinventarse cuando es necesario.

(Pulsa aquí para descargar el documento completo en pdf)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Revolución y nativos americanos



El siguiente discurso fue pronunciado por Russell Means en Julio de 1980 ante miles de personas de todo el mundo que se había dado cita en la Convención Internacional por la preservación de Black Hills, en la localidad homónima del estado de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Es el discurso más famoso de Means.

Miembro de la tribu Lakota Oglala, muy probablemente fue la voz más destacada de Movimiento Nativo Americano, que inició su actividad en 1973 con la Ocupación de Wounded Knee, reserva india. También se involucró en el cine con papeles como el de Chingachgook en El Último Mohicano. Murió el 22 de octubre de 2012 a los 72 años.

La única fase de obertura que se me ocurre darle a un discurso como este es que detesto escribir. Este proceso personifica en sí mismo el concepto europeo de pensamiento «legítimo»; es decir, la palabra escrita disfruta de una legitimidad de la que carece la oralidad. Mi cultura, la lakota, es de tradición oral, por lo que normalmente no suelo escribir. Es una de las formas que tiene el mundo blanco de destruir las culturas ajenas a lo europeo: la imposición de lo abstracto sobre las relaciones orales de un pueblo.

Así que lo que leerán aquí no lo he escrito yo, es una transcripción de mis palabras hecha por otra persona. Permito que sea así porque parece ser que la única manera de comunicarse con el mundo blanco es a través de las hojas muertas y secas de un libro. No me importa si mis palabras consiguen llegar a los blancos o no, han demostrado a lo largo de toda su historia que están sordos y ciegos, solo pueden leer (por supuesto que hay excepciones, pero son excepciones que no hacen sino confirmar la regla). Me preocupa más el pueblo indioamericano, sus estudiantes y todos los demás, que han empezado a ser asimilados por el mundo blanco a través de sus universidades y otras instituciones. Sin embargo, esta preocupación mía no es global: puedes criarte como piel roja con mentalidad blanca, y que así sea si es consecuencia de una decisión personal, pero poco tengo que hacer ahí, es parte del proceso actual de genocidio cultural del europeo contra los pueblos indioamericanos. Mi preocupación está orientada a aquellas personas indígenas que han decidido enfrentarse a este genocidio pero no saben cuál es el siguiente paso que dar.

(Habrán notado que uso el término indio antes que nativo americano o indígena oamerindio cuando hablo de mi pueblo. Son términos que tradicionalmente han sido polémicos, sin embargo, en un punto como en el que estamos, creo que debatir sobre ellos es absurdo. Se ha puesto en solfa el término indio americano por tener origen europeo, cierto, por otra parte, pero todos los términos que he mencionado anteriormente tienen ese mismo origen; el único autóctono sería Lakota, y más concretamente Oglaga, Brule, etc. O Dineh, Miccousukee y otros cientos de nombres de tribus más apropiados.

También existe cierta confusión sobre el origen de la palabra indio. Tradicionalmente se ha considerado que Colón, cuando apareció en el Caribe, dio ese nombre a los habitantes del continente al considerar que había llegado al que buscaba, India, cosa que no es cierta, ya que en Europa se denominaba a esa región «Indostán» ya en 1492. No tienen más que echar una ojeada a mapas de aquella época. Colón llamo indios a los habitantes indígenas por el italiano in dio, “en Dios”.)

Todo persona del pueblo indioamericano tiene que luchar arduamente durante su vida para no acabar europeizado, y la energía para sostener esta lucha solo puede obtenerse de la manera tradicional, con los valores tradicionales que aún conservan nuestros ancianos. Debe provenir del aro sagrado, de los cuatro vientos, de las relaciones, no de las páginas de uno o mil libros. Un europeo nunca podrá enseñar a un lakota a vivir como un lakota o a un hopi como a un hopi. El máster en «Estudios Indígenas» o en «educación» o cualquier otro de ese campo no puede construir a una persona como ser humano y proveer de conocimiento como en las formas tradicionales, solo puede colonizar tu mente a la europea y convertirte en un extranjero.


Dejemos las cosas claras, porque parece que aún a estas alturas hay dudas al respecto: cuando hablo de europeos o personas de mente europea no estoy abogando por una falsa dicotomía. No pretendo decir, por una parte, que existen unos elementos consecuentes con miles de años de desarrollo intelectual europeo basado en el genocidio y la reacción, algo nocivo; y que por otra parte hay otro desarrollo intelectual, novedoso, y de connotaciones positivas. No, estoy hablando de las teorías marxistas y anarquistas y al izquierdismo en general. No creo que esas teorías puedan desglosarse del resto la tradición intelectual europea. En absoluto, son la misma historia de siempre.

El proceso comenzó hace mucho. Newton, por ejemplo, revolucionó la física y las llamadas ciencias naturales reduciendo el universo físico a una ecuación matemática lineal; Descartes hizo lo mismo con la cultural y Locke con la política. Por su parte, Adam Smith hizo lo propio con la economía. Cada uno de estos pensadores cogió parte de la espiritualidad de la existencia humana y la convirtieron en un código, en algo abstracto. Retomaron el proceso donde lo había dejado el Cristianismo: secularizaron la religión cristiana, como a los académicos les gusta decir, y al hacer tal cosa pusieron a punto a Europa y a su cultura para lanzarse al expansionismo. Cada pequeña revolución intelectual sirvió para llegar a la abstracción la mentalidad europea a límites insospechados, para eliminar la maravillosa complejidad y espiritualidad del universo y reducirla a una secuencia lógica: un, dos tres, ¡conteste!

Esto es lo que se califica de eficiente en términos europeos. Lo que es mecánico es perfecto, lo que funciona en el momento; es decir, lo que prueba que el modelo mecánico es el correcto, es considerado apropiado, incluso cuando es abiertamente falaz. Por eso la verdad cambia tan rápido en la mentalidad europea; las respuestas que surgen de tal proceso son meros apaños temporales que deben desecharse continuadamente en favor de otros apaños que den apoyo a modelos mecánicos y los mantengan con vida.

Hegel y Marx heredaron el pensamiento de Newton, Descartes, Locke y Smith. Hegel puso fin al proceso secularizador de la teología y, en sus propios términos, secularizó el pensamiento religioso a través del cual Europa tuvo conocimiento del universo. Más tarde, Marx explicó la filosofía hegeliana en términos de materialismo; o lo que es lo mismo, Marx desespiritualizó el trabajo de Hegel en su conjunto, también en términos del propio Marx. El potencial revolucionario de Europa se basa en esto, y los europeos podrán verlo como algo revolucionario, pero para el pueblo indioamericano no es más que el mismo conflicto europeo de siempre entre el ser y el obtener. Las raíces intelectuales de un nuevo imperialismo europeo con formas marxistas subyacen en los vínculos de Marx y sus seguidores con la tradición newtoniana y hegeliana, entre otras.


Ser implica una propuesta espiritual. Obtener es un acto material. Tradicionalmente, el pueblo indioamericano hemos hecho por ser las mejores personas posibles. Parte de nuestro proceso espiritual era y es desprendernos de cualquier riqueza, de desechar cualquier tipo de riqueza para evitar la obtención. La ganancia material es un indicador de falso estatus entre las personas que vivimos a la manera tradicional, mientras que es una prueba de la efectividad del sistema en términos europeos. Podemos discernir claramente dos posturas opuestas aquí, y el marxismo se encuentra en el extremo contrario a la indioamericana. Analicemos mayores implicaciones de esto que van más allá de un mero debate intelectual.

La tradición materialista europea de desespiritualización del universo guarda similitud con el proceso mental que nos lleva a deshumanizar a otras personas. ¿Quiénes son los expertos en deshumanizar al prójimo y por qué? Soldados que han vivido múltiples situaciones de combate son instruidos en esto antes de retornar a la batalla. Asesinos, antes de llevar a cabo sus acciones, deshumanizan a sus víctimas. Los guardias de las SS en los campos de concentración lo llevaban a cabo con los reclusos Lo hace la policía y los directivos de las multinacionales que envían a sus trabajadores a minas de uranio o acerías precarias y los políticos lo hacen con todo el mundo. Lo común de este proceso deshumanizador que llevan a cabo todos estos grupos es que hace que matar o destruir a otras personas sea correcto. Uno de los mandamientos cristianos dice «no matarás»; a humanos, al menos, así que el truco está en convertir a las víctimas en no humanas. Solo así se consigue proclamar la violación de un mandamiento como el parangón de la virtud.

En relación la desespiritualización del universo, el proceso mental consecuente actúa de tal manera que destruir el planeta es algo también virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se usan como tapadera, a la manera de cómo otras palabras como victoria y libertad justifican carnicerías en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador del suelo puede hablar de desarrollo de una parcela mediante la apertura de una cantera, donde aquí el desarrollo significa destrucción total y permanente con desplazamiento de terreno incluido. Sin embargo, la lógica europea obtiene unas cuantas toneladas de gravilla con la que desarrollar mucho más terreno mediante la construcción de carreteras. En última instancia todo el universo está disponible, en retórica europea, para desarrollarse en esta absurdez.

Lo más importante de esto es que es probable que los europeos carezcan de sensación de pérdida; después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, por lo que no existe satisfacción en lo que se obtiene con la simple observación de las maravillas de la existencia de una montaña, lago o pueblo. No, la satisfacción se mide en términos de obtención de elementos materiales, de tal manera que la montaña es gravilla, el lago es refrigerante industrial y el pueblo es cercado para su procesamiento en las factorías de adoctrinamiento que en Europa gustan de llamar escuelas.

Cada porción de progreso ve y sube la apuesta en el mundo real, y si no, tomen como ejemplo el uso de combustible en la industria. Hace menos de dos siglos, casi todo el mundo usaba leña, elemento reemplazable y natural, como combustible para las necesidades humanas de cocinar y calentarse. Más tarde llegó la Revolución Industrial y el carbón pasó a ser el combustible por excelencia cuando la producción ocupó el lugar primordial en la sociedad europea. La polución se convirtió en un problema para las grandes ciudades y la tierra comenzó a desgarrarse para suministrar carbón a lugares en los que siempre se había cortado leña sin mayor coste para el entorno. Más tarde fue el turno del petróleo cuando la tecnología productiva obtuvo cierto grado de perfeccionamiento tras un número de revoluciones científicas. La polución alcanzó niveles dramáticos y nadie conoce cuál será el coste ambiental a largo plazo de la extracción de ese petróleo. Ahora vivimos una crisis energética y el uranio parecer estar llamado a ocupar el lugar de combustible principal.

Podemos tener por seguro que los capitalistas desarrollarán el uso de uranio como combustible principal únicamente hasta el punto en que les genere beneficios. Esta es su ética, y es probable que pueda comprarles algo de tiempo. Por otro lado, los marxistas solo lo desarrollarán lo más rápido posible porque es el combustible del que disponen cuya producción es la más eficiente. Esta es su otra ética, y dudo sobre cuál es mejor. Como les he dicho, el marxismo está incrustado en lo más hondo de la tradición europea. Es la misma historia.

Existe una regla general que me viene muy a mano: no se puede juzgar la naturaleza de una doctrina revolucionaria europea en base a los cambios que propone para la propia sociedad europea y sus estructuras de poder, solo se podrá juzgar en base a cómo afectará a los pueblos no europeos. Toda revolución de la historia en Europa ha tenido como consecuencia un blindaje de las clásicas tendencias y capacidades europeas de exportar destrucción a otros pueblos y culturas y al propio entorno ecológico. Les desafío a cualquiera de ustedes a señalarme un ejemplo que contradiga esto último.

Así que ahora, a nuestro pueblo, al pueblo indioamericano, se nos dice que creamos en una nueva doctrina revolucionaria europea, el marxismo, que corregirá las consecuencias negativas de la historia europea en nuestro pueblo. Las relaciones de poder europeas serán modificadas de nuevo y parece ser que por fin las cosas mejorarán para nuestras comunidades. Sin embargo, ¿qué hay de tras de todo esto en realidad?


Ahora mismo, hoy en día, aquellas personas que vivimos en la reserva Pine Ridge, vivimos en lo que la sociedad blanca ha denominado Zona de extracción. Es decir, vivimos junto a enormes vetas de uranio y la cultura blanca (no la nuestra) necesita el uranio para producir energía. La manera más barata y eficiente de extraer y gestionar este uranio para la industria es arrojar los deshechos generados durante la extracción en los mismos lugares de excavación. Aquí mismo, donde vivimos. Estos deshechos son radioactivos y harán inhabitable la región para siempre. La industria y la sociedad blanca que la originó consideran que este es un precio aceptable por el desarrollo de recursos energéticos. Junto a esto, también planean drenar la capa freática de esta región de Dakota del Sur como parte del proceso industrial, lo que doblará la inhabitabilidad de la región. Algo parecido a lo que ya ocurre en las tierras Navajo y Hopi, en Cheyenne del Norte y Cuervo, y en muchas otras partes. El treinta por ciento del carbón del Oeste y la mitad de las vetas de uranio de los Estados Unidos han sido localizados bajo reservas, algo que nos afecta con la mayor importancia.

Nuestra resistencia está ahora en evitar ser denominados Zona de Extracción y que nos convirtamos en población de una Zona de Extracción. Los costes del proceso industrial no son aceptables para nuestro pueblo. Para nuestro pueblo, extraer uranio y drenar la capa freática es genocidio, ni más, ni menos.

Bien, entonces supongan que en nuestra resistencia a la exterminación buscamos aliados (que tenemos), supongan que adoptamos los preceptos del marxismo revolucionario: nada menos que el derrocamiento del orden capitalista europeo que amenaza nuestra propia existencia. Una alianza aparentemente natural para el pueblo indioamericano. Al fin y al cabo, como dicen los marxistas, son los capitalistas los que nos calificaron de zona de extracción. Hasta aquí, ninguna pega.

Sin embargo, como ya les he contado, la verdad es engañosa. El marxismo revolucionario está estrechamente vinculado a la perpetuación y perfeccionamiento del proceso industrial que busca nuestra destrucción, la única diferencia estriba en su propuesta de redistribución de los resultados (el dinero, probablemente) de esta industrialización entre un sector más amplio de la población. Su propuesta es arrebatarles la riqueza a los capitalistas y repartirla, pero para alcanzar esto, el marxismo debe preservar el sistema industrial. Una vez más las relaciones de poder de la sociedad europea deben modificarse, sin embargo, sus consecuencias sobre el pueblo indioamericano aquí y no europeo en general no se verán alteradas. Algo similar a lo que ocurrió durante las llamadas revoluciones burguesas, la redistribución de riqueza desde la propiedad eclesiástica hacia manos privadas. La sociedad europea cambió ligeramente, superficialmente al menos, pero su actitud ante las sociedades no europeas no cambió un ápice. ¿O qué efectos creen que tuvo la Revolución Americana de 1776 sobre la población india? La misma historia.


El marxismo revolucionario, como la sociedad industrial en otras facetas, buscaracionalizar a las personas en su relación con la industria (máxima industria, máxima producción). Es una doctrina que entra en conflicto con la tradición espiritual indioamericana, nuestra cultura y modo de vida. El propio Marx nos denominóprecapitalistas y primitivos. Precapitalista significa, según él, que en algún momento descubriremos el capitalismo y nos volveremos capitalistas, porque en términos marxistas siempre hemos estado económicamente retrasados. La única manera por la cual los pueblos indioamericanos podríamos vernos envueltos en una revolución marxista sería, por este orden: adoptar un sistema industrial y convertirnos en trabajadores industriales o proletarios, en términos marxistas. El hombre dejó bastante claro que la revolución solo podría llevarse a cabo mediante la lucha proletaria y que la existencia de una sociedad mayoritariamente industrial es condición sine qua non para que pueda surgir la sociedad marxista.

Creo que existe un problema lingüístico aquí. Cristianos, capitalistas y marxistas, todos ellos se han considerado revolucionarios en sus pensamientos, pero ninguno de ellos lo han sido realmente. Continuistas, eso es lo que han sido; hacen lo que la situación precisa para que la cultura europea siga existiendo y desarrollándose acorde a sus necesidades.

En definitiva, para que podamos unir nuestras fuerzas al marxismo, los pueblos indioamericanos debemos aceptar que nuestro hogar sea zona de extracción, cometer suicidio cultural, industrializarnos y europeizarnos.

Continuará…

domingo, 25 de octubre de 2015

El capitalismo detrás de la pantalla



 
 
En las últimas décadas el aparato mediático tuvo un fortalecimiento, expansión y concentración sin precedentes. En el marco de la globalización, los medios de comunicación dominantes son productores y transmisores de la información. Versionan la realidad, diseñan la realidad. En esta construcción mediática, ¿qué tratamiento recibe el capitalismo? ¿Cómo se abordan sus actores y consecuencias? ¿Qué lenguaje se usa para referirse a este sistema?

La industria de la comunicación es una de las más concentradas en la globalización económica. Los grupos mediáticos dominantes producen y emiten saberes, ideas, actitudes y valores. A su vez, tienen la potestad de imponer una agenda, parcelar la realidad, definir qué es una “noticia” y determinar cómo será tratada. Detrás subyace su función más importante: construir el imaginario social y conservar el statu quo.

El capitalismo detrás de la pantalla

En el tratamiento que los medios de comunicación concentrados hacen del capitalismo se pueden observar algunas reglas generales. La primera es su omisión nominal: las palabras “capitalismo” o “sistema capitalista”, salvo en contadas excepciones, quedan excluidas del lenguaje mediático. La segunda regla es que el capitalismo no recibe un tratamiento como sistema, sino que se aborda por partes inconexas, no interrelacionadas ni interdependientes.

En tercer lugar, estos medios ocultan la composición del poder real: toda referencia al “poder” es al que está legitimado democráticamente, nunca al poder establecido o fáctico. Finalmente, sino se nombra, no se trata como sistema ni se describe la composición de su poder, tampoco se lo debate, quedando fuera de los márgenes de lo mediáticamente discutible.

Entonces, ¿cómo se aborda el capitalismo en estos medios? ¿Qué lugar ocupa en su versión de la realidad? Para una aproximación a estas preguntas se analizará el relato de los principales grupos de comunicación en torno a la actualidad del sur de Europa, atravesada por la implementación de la versión más radicalizada del capitalismo. A falta de un tratamiento integral, se indagará sobre trozos de esta narrativa.

Hechos sin contexto y con causas sesgadas

Aunque las “noticias” incluyen a diario hechos vinculados directamente con el capitalismo, éstos nunca son puestos en contexto. En esta narrativa, los “noticias” políticas, económicas o sociales no tienen una visión sistémica, sino aislada, atomizada. En paralelo se desvía la mirada sobre el origen de los impactos del capitalismo, tratando estas cuestiones superficialmente, sin indagar sobre sus raíces: no hay causas sistémicas que expliquen los hechos.

Por ejemplo, la “crisis” se atribuye fundamentalmente a “haber vivido por encima de las posibilidades” o “gastar más de lo que se tiene”, orígenes que pretenden explicar la generación y profundización de desigualdades sin precedentes, la reducción de las rentas del trabajo y el aumento de las rentas del capital, principalmente financiero.

Desvío de causantes

Al sesgar las causas también se tergiversa la identificación de los causantes. En este storytelling de la “crisis” fue el Estado el que se excedió en el gasto y la población la que vivió por encima de sus posibilidades; no fue el capital financiero el que aumentó exponencialmente las inversiones especulativas que generaron una burbuja que terminó explotando. El señalamiento mediático de los responsables se trasladó desde el poder financiero hacia el Estado y las mayorías sociales.

Otros actores estelares son “noticia” aunque desprovistos de protagonismo sobre el funcionamiento y los impactos del sistema. Recientemente, los medios concentrados se hacían eco de la “preocupación” de Lagarde (FMI) por el aumento de las desigualdades y de Draghi (BCE) y Blanchard (FMI) por el elevado desempleo español. Estas versiones anecdóticas, además de pasar por alto las intenciones detrás de dichas declaraciones[1], omitían la relación de causalidad entre los intereses que representan estos dirigentes y la construcción de las problemáticas por las que manifestaban “preocupación”.

Poderes invisibles

Otro rasgo de este tratamiento es la invisibilización de ciertos actores del capitalismo y del poder real que detentan. Tal es el caso los lobbies,grupos de presión que defienden intereses sectoriales determinando las decisiones políticas nacionales, continentales y globales. Estos poderes fácticos quedan en la sombra, ausentes de la agenda, de la “información”

Más allá de esto, los medios concentrados ocultan el mapa del poder real y eluden la discusión sobre su composición. La concepción del poder que transmiten realza a los actores legitimados por el voto popular y desvanece a quienes ostentan el poder establecido, su capacidad de presión, influencia y potencia rectora sobre las instituciones democráticas. En definitiva, se invisibiliza cómo está compuesto el entramado de poder, del que estos medios, además de portavoces, son parte.

Verdades instaladas

Otro recurso es la repetición incesante de argumentos y relatos hasta instalarlos como verdades. Siguiendo el principio de la propaganda de Joseph Goebbels, la repetición hasta el hartazgo de estos argumentos, aunque intencionadamente falaces, terminan estableciéndose como verídicos en el imaginario social. Volver una y otra vez sobre una misma lógica argumental pero desde diferentes ángulos, aumentando exponencialmente las posibilidades de arraigarla como verdad y reduciendo el margen para ponerla en cuestión.

Chivos expiatorios

En ocasiones, los medios hegemónicos se ven impelidos a señalar de forma crítica a actores del capitalismo con nombre y apellido. No obstante, a estos casos se llega después de la evidencia de su derrumbe, centralizando la responsabilidad en el actor nombrado, aislándolo, descontextualizándolo y tratándolo como una excepción. De esta forma, cargar las culpas sobre un actor permite exculpar al resto, y a las propias dinámicas sistémicas.

Por ejemplo, Lehman Brothers, el caso más visible en el inicio de la “crisis financiera” de 2008, recibió una condena mediática por su codicia. Sin embargo, fue tratado como una conducta irresponsable excepcional, obviando que el grueso del sistema financiero internacional había sido partícipe y beneficiario del mismo casino.

Hostilidad frente a críticas

Estos medios también naturalizan al capitalismo y sus modos de producción. Así, las críticas y las contestaciones a este orden natural reciben un tratamiento hostil, siendo ignoradas, deslegitimadas o criminalizadas. Asimismo, las alternativas al capitalismo son moldeadas, considerándolas anacrónicas, inviables, populistas o no realistas.

En esta versión mediática de la realidad el capitalismo no existe; hay “mercados” y “mercados libres”; no hay un sistema motorizado por la codicia. Hay injusticias y desigualdades, pero no un orden sistémico que las determine, un sistema político que las habilite, ni una matriz ideológica que las legitime. El capitalismo como totalidad, sus impactos y actores estelares están ausentes de la agenda, y su abordaje se hace de forma anecdótica, parcial o sesgada. Una construcción funcional que contribuye a mantener y a legitimar las condiciones para la expansión de un sistema que, a través de estos medios de comunicación, se hace inasible.

El capitalismo detrás de las palabras

Seguramente el lenguaje es el medio más poderoso de estos grupos concentrados. Al condicionar el significado de las palabras, condicionan la realidad. ¿Con qué lenguaje se refieren los medios hegemónicos a un capitalismo que no nombran?

Siguiendo con el análisis de la actualidad del sur de Europa, en el que necesariamente los medios dominantes deben hablar del empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, también se puede observar el uso intencionado del lenguaje.

En este teatro de la retórica, los recortes de la inversión pública social se llaman “reformas”, que son decisiones positivas, ya que en el futuro van a mejorar la vida de la sociedad. La transferencia de recursos públicos a manos privadas se denomina “políticas de ajuste”, que a su vez son necesarias para recuperar la economía. El problema es de “crecimiento”, nunca de distribución.

En el plano de los derechos sociales, pagar dos veces por un servicio público sanitario no es un repago, sino un “copago”. Al retroceso de derechos y la precarización de trabajadores y trabajadoras se lo llama “flexibilización del mercado laboral”, a la reducción de sueldos “moderación salarial” y “racionalización” a despedir en masa.

“Austeridad” y “eficiencia” son los mantras para referirse a un Estado mínimo y ausente para los intereses de las mayorías. Se denomina “hacer los deberes” a someter la soberanía política al mandato del capital transnacional y la Troika, apelar a “lo que hay que hacer” significa ignorar la voluntad popular y “actuar con responsabilidad” o “con valentía” significa traicionarla.

En el fondo, a la ley de la selva se la llama “libertad de empresa” yse le dice “crisis” a una estafa del capital financiero sobre los Estados de la periferia europea. Y se señala como “inevitable” a lo que es resultado de la voluntad política del Gobierno español, la implementación de programas neoliberales.

La misma intencionalidad en el uso del lenguaje se puede observar en el tratamiento de las alternativas que se proponen al capitalismo. Por ejemplo, “radical” significa extremista, “violenta” es cualquier forma de desobediencia y lo “utópico” adquiere una connotación negativa.

También desde estos medios concentrados se despliega una batería lingüística para deslegitimar y criminalizar la protesta social. Un ejemplo es el de los “escraches” a dirigentes políticos, señalamientos públicos liderados por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas y otros movimientos sociales, a quienes consideraban responsables o cómplices de la desposesión de derechos de las mayorías. Estas acciones fueron consideradas “ilegítimas”, “violentas”, “antidemocráticas”, “atentados contra el orden público”, “amenaza a las instituciones”, “acoso” e “intimidaciones”.

Todo este despliegue de lenguaje y de andamiaje retórico, de eufemismos y de construcción mediática de significados se hace sin nombrar ni discutir en ningún caso el fondo del asunto. El lenguaje nunca es neutro, y en este caso se puede concluir que está plagado de intereses económicos y políticos.

Opinión pública y control ideológico

Todo esta (no) narrativa del capitalismo tiene como correlato un sistema de valores funcionales, como la competencia, el crecimiento, el individualismo, la maximización del lucro, la libertad de empresa y el consumismo como derechos inalienables. Estos valores son instituidos por los medios hegemónicos como incuestionables y su matriz de opinión, impuesta como un conjunto de verdades, configuran la visión de la realidad de las mayorías.

En el fondo, siempre están presentes las ideas de “libertad” y “democracia” como pilares sacros que sólo pueden caber en este capitalismo innominado e inasible. Y detrás de la “libertad” y la “democracia” vale todo: criticar al sistema es acometer contra estos dos valores.

No sólo se trata de ocultar y manipular, de sesgar y parcializar, sino que principalmente es una cuestión de educación ciudadana y de prefiguración de la percepción de la realidad. Estos portavoces del capitalismo, más que medios de comunicación, son de transmisión y de control ideológico.

En este marco, la mejor protección para el capitalismo pasa por negarlo como sistema, por no discutirlo y por ocultar la composición del poder real.No es que los medios de comunicación dominantes sean una pata fundamental del capitalismo, sino que ambos representan una unión indisociablecon una suerte en común.

Esta estructura oligopólica, con un puñado de medios que controlan el conocimiento y el reconocimiento de la realidad de millones de personas, garantiza la reproducción de este tratamiento, y con ella la preservación del statu quo y sus estructuras de poder. En este contexto, la información es una mercancía esencial, cuya rentabilidad es el principio que rige la pertinencia de su producción.

Esto también pone en evidencia el conflicto de intereses entre los negocios y el derecho a la comunicación. Por ello, un reto central en la batalla cultural contra el capitalismo consiste en desmercantilizar la información y colocarlaen el plano de los derechos. Porque la democratización de la sociedad y de la economía necesariamente van de la mano de una democratización de las voces y las palabras, en definitiva, de los medios de comunicación. Rodrigo Fernández MirandaFuente: http://iceautogestion.org/