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domingo, 29 de mayo de 2016

Cuando los ganaderos se convierten en veganos

¿Qué lleva a cuatro granjeros de éxito a poner su vida patas arriba y convertirse en veganos? ¿Qué tienen en común la española María, Bob de Nueva York, Jan, un alemán del norte, y Howard del estado de Montana? ¿Qué es lo que hizo tambalear su existencia hasta los cimientos?

María pasó su niñez cuidando cerdos. Con 10 años cargaba sacos de 25 kg, con 12 el médico se sorprendió al descubrir que la pequeña tenía varices. El negocio familiar, en el que María y su hermana limpiaban los establos y ayudaban al padre en el engorde, era muy duro para las dos niñas. María soñaba con una vida diferente y los cerdos le resultaban un estorbo, animales recién nacidos que pasaban allí unos meses hasta alcanzar el peso necesario para ir al matadero. "Me gustaba la carne y los productos que se elaboraban en casa a raíz de la matanza, pero lo cierto es que desconocía que nos podemos alimentar de otra manera. Los animales estabulados en granjas se reparten en diferentes cuadras que se van quedando más y más pequeñas conforme crecen. Recuerdo claramente como en la etapa final del engorde el estrés les llevaba a pelearse y no solo acababan heridos, sino que los más débiles morían, pero no a causa de las heridas, sino por el sufrimiento padecido. Les fallaba el corazón".


Jan interrumpió sus estudios de biología y matemáticas en los años setenta para hacerse cargo de la próspera granja familiar. Sus antepasados, varias generaciones de ganaderos, llevaban décadas produciendo leche y queso en Butjadingen, una península en el Mar del Norte. Jan se especializó en explotaciones agrícolas y fue el primer ganadero de la región en convertir su granja en ecológica. Menos animales, establos más grandes y más tiempo de los terneros con sus madres antes de la separación. "Pronto nos dimos cuenta de que la ganadería ecológica no es garantía de una vida digna para los animales y llegó un punto en que no era capaz de conciliar negocio y conciencia. Cuando un animal no era rentable, había que enviarlo al matadero, y eso cada vez se me hacía más difícil".

Bob vive en el estado de Nueva York, tiene 40 años y ha dedicado los diez últimos a la cría de cerdos. Convencido de que la ganadería industrial es un verdadero desastre para todos, decidió invertir todo lo que tenía en montar una granja ecológica. Se sentía orgulloso de su trabajo, hasta una mañana en la que todo cambió: "Lo primero que noté fue lo triste que estaba. A veces me sentía algo confuso, incluso culpable, pero ¿triste? ¿Una tristeza profunda en la boca del estómago, en los hombros, en los ojos? No, jamás. Criar cerdos había sido, a pesar de los conflictos internos, una alegría. En casi diez años nunca me había sentido así".







Bob Comis con uno de sus animales ©The Last Pig



Howard era un cowboy de cuarta generación y su granja un ejemplo de eficiencia. 45 años dedicado a la ganadería industrial, llegó a tener más de 7.000 reses. "Triturábamos animales y se los dábamos de comer a los otros animales, no había un producto químico que no me gustara. Todos los malos hábitos que se pueden tener, los tenía yo. Desayunaba, comía y cenaba hamburguesas. En el año 1979 me encontré paralizado de cintura para abajo, el diagnóstico fue un tumor en la médula espinal".

Cuando tenía 14 años, María conoció a una de las profesoras del instituto de su ciudad, que era vegetariana. Como ella misma explica, aquel encuentro abrió su conciencia y confirmó lo que antes solo eran intuiciones. "Lo que ahora advierte la Organización Mundial de la Salud, que la carne procesada es tóxica como alimento y todo eso, ya lo sabíamos nosotras entonces". Así que María, su hermana y su madre decidieron dejar de comer animales. "Fue como una conquista. Me hice vegetariana por amor a los animales y al mismo tiempo comencé a investigar la relación entre los alimentos y la salud".

Bob también había decidido dejar de comer carne, creyendo honestamente que podía ser vegetariano y criador de cerdos a la vez, porque consideraba fundamental que hubiera tantas granjas ecológicas como fuera posible, especialmente regentadas por alguien que respetaba profundamente a los animales. "Aquella mañana los cerdos parecían diferentes. Yo parecía diferente. Mi perspectiva se había trasladado a otro plano, en el que no era capaz de ver dónde terminaba su existencia y dónde empezaba la mía. Mientras estaba allí, sentado en mi tractor, entendí que algo mucho más profundo que mi dieta había cambiado. No era tanto el hecho de sentirme incómodo con la contradicción vegetariano - criador. Fue más bien una revelación. En aquel momento sentí un intenso deseo de no tener nada más que ver con su muerte".

Por su parte, Jan conoció a la que hoy es su pareja, Karin, una enfermera muy activa en la defensa de los animales. "Cuando la conocí, le plantee mis dudas y ella me respondió: es fácil, deja a las vacas vivir. ¿Y de qué viviremos nosotros entonces?, le dije yo". Así fue como la granja se convirtió en fundación, la pintoresca residencia para vacas jubiladas Hof Butenland. Un santuario en el que las más veteranas conviven con cerdos, gallinas, patos, perros, gatos, caballos, conejos y los visitantes que deciden pasar allí unos días de descanso. Además de cuidar de los animales y fotografiar el día a día de la granja, Karin es la responsable de cocinar para los huéspedes y acaba de publicar un libro de recetas libres, por supuesto, de ingredientes de origen animal.







Karin con Trine y Christine ©Hof Butenland



“Durante mucho tiempo, negaba que me cayesen bien las vacas", cuenta Jan. "Era la única manera de seguir, tenía que ganarme la vida. Ahora las veo como a camaradas. Estoy de buen humor y les hablo, como se habla a un perro o a un gato; yo no veo ninguna diferencia".

La operación de Howard era de alto riesgo y él lo sabía. "Había visto a los animales morir, había visto la tierra contaminarse, pero no fue hasta que me vi paralítico que fui consciente de que el problema era yo. Yo sabía que lo que estábamos haciendo era totalmente insostenible, pero era una especie de histeria colectiva. Todos lo hacían así, desde siempre". La operación fue un éxito y Howard salió del quirófano caminando, pero era una persona totalmente diferente a la que había entrado en él. "La pregunta ¿deberíamos seguir comiendo animales? es la más esencial que me he planteado en toda mi vida".







Howard en Farm Sanctuary ©Howard Lyman



Howard decidió compartir su experiencia. "He recorrido más de 160.000 km al año, ha habido épocas en las que he dado tres o cuatro conferencias al día. Pero mi objetivo no es salvar el mundo, mi objetivo es que la gente pueda tomar sus decisiones teniendo toda la información".

María y su hermana también se armaron de valor y le plantearon a su padre que no querían seguir explotando animales. No fue fácil, el padre puso el grito en el cielo, pero con el tiempo incluso él dejó de comer carne. María es hoy una madre feliz, orgullosa de sus dos hijos, vegetarianos desde la infancia. El negocio familiar se reconvirtió en un taller de artesanía. Más de 30 años después, los antiguos establos que albergaron tanto dolor y tanto miedo solo almacenan cerámica. "Ahora los únicos cerditos que viven allí son de loza".

En un instante tomó Bob la decisión de dejar de criar cerdos y convertirse en agricultor. "Tras diez años de convivir con estos increíbles animales he comprendido que, cuando miras a sus ojos, nunca ves el vacío, siempre hay alguien mirándote al otro lado". Pero algo así no podía hacerse de un día para otro. Se trataba de dejar un negocio próspero que, después de los duros inicios, ya había despegado. "Tenía demasiados compromisos, deudas y no sé prácticamente nada sobre agricultura ecológica. Sabía que tenía que ser cuidadoso, para no arruinar la relación con mi mujer, mi futuro financiero y la consideración de mí mismo en mis compromisos con los demás. Calculé que, sin violar ninguno de esos criterios, la transición me iba a costar aproximadamente un año".*

A día de hoy, Howard sigue dando conferencias por el mundo. "Cuando tratas el tema con alguien de la industria su argumento suele ser "es que vosotros no lo entendéis". Pero yo sí lo entiendo. He matado más animales que la mayoría de ellos y sé que lo que estamos haciendo es nocivo para nuestra salud, terrible para los animales y perjudicial para el planeta. Cuando antes lo paremos, mucho mejor".

María, Howard, Jan y Bob son solo algunos ejemplos de una larga lista. Otros representantes ilustres son el ganadero Harold Brown, que protagonizó el premiado documental Peaceable Kingdom y es hoy activista por los derechos animales y el famoso Dr. T. Colin Campbell, autor de El Estudio de China, una verdadera revolución en la historia de la nutrición, que pasó toda su infancia en la granja de vacas lecheras de su familia.

* La productora Argo Films está en la actualidad recaudando fondos para completar el documental The Last Pig , sobre este trascendental año en la vida de Bob. Su directora, Allison Argo, ha ganado más de 100 premios internacionales, incluidos seis Emmys, y ha rodado documentales para PBS, National Geographic y el canal Nature. Allison lleva más de 20 años rodando en primera línea, luchando por un tratamiento más justo hacia los animales.

domingo, 6 de marzo de 2016

Los 41 aditivos más peligrosos

Es muy probable que aditivos permitidos en la actualidad sean prohibidos en los próximos meses o años, por lo que al consumirlos se corre cierto riesgo. Al cabo de un año una persona puede haber introducido en su cuerpo de 3 a 25 kg. Esta acumulación y la interacción con medicamentos y tóxicos ambientales contribuye a la sobrecarga del organismo.

E 102 Tartracina. Puede desencadenar urticarias y se relaciona con los trastornos de comportamiento en los niños. Desde el año 2008, los alimentos que llevan este colorante deben indicar obligatoriamente en la etiqueta que “pueden tener un efecto adverso sobre la actividad y la atención de los niños”. Sin embargo, se permite incomprensiblemente su utilización para colorear golosinas. En Noruega está prohibido.

E 127 Eritrosina. Actualmente sólo se permite su uso para colorear cerezas para cocktail, cerezas confitadas, ensaladas de frutas y pintalabios, pero las evidencias sobre sus efectos negativos sobre el sistema nervioso justificarían su prohibición total.

E 154 Marrón FK. Sólo está permitido para una especialidad de arenques ahumados ingleses (kippers). En el resto de la Unión Euopea está autorizado su uso en cosmética y curiosamente en la fabricación de medicamentos.

E 161 g Cantaxantina. Se añade a la alimentación de las gallinas para dar color a las yemas de los huevos. También se usa para pigmentar productos cárnicos. La OMS sospecha que esta sustancia provoca daños hepáticos.

E 180 Litolrrubina BK. Puede dañar los riñones, la glándula tiroides, el páncreas y el sistema inmunitario. Sólo está permitido en las cortezas de queso, pintalabios y maquillaje.

E 214 Etil p-hidroxibenzoato, E 215 Etil p-hidroxibenzoato sódico, E 218 Metil p-hidroxibenzoato y E 219 Metil p-hidroxibenzoato sódico. El grupo de los conservantes PHB sufrió dos bajas en 2006 al prohibirse el E 216 (Propil p-hidroxibenzoato) y el E 217 (Propil p-hidroxibenzoato sódico) debido a sus efectos sobre el sistema endocrino. Sobreviven cuatro miembros que desencadenan alergias con relativa frecuencia.

E 235 Natamicina. En alimentación se usa en las cortezas de quesos y las pieles de embutidos. El problema es que al ser un antibiótico puede contribuir a la aparición de bacterias resistentes a los tratamientos.

E 249 Nitrito potásico y E 251 Nitrato sódico. El nitrato se convierte en nitrito por acción de la saliva, y el nitrito puede transformarse en el estómago en nitrosaminas cancerígenas.

E 284 ácido bórico y E 285 tetraborato sódico. Son venenos que se acumulan en el organismo (se utilizan para matar cucarachas). La Unión Europea solo los permite en las conservas de caviar auténtico. 

E 310 Galato de propilo, E 311 Galato de octilo y E 312 Galato de dodecilo. Reducen la eficacia del sistema inmunitario, según experimentos realizados con animales, y son alergénicos, sobre todo el E 311.

E 320 Butilhidroxianisol (BHA) y E 321 Butilhidroxitoluol (BHT). Se hallan sobre todo en frituras, chicles, sopas preparadas, purés instantáneos y mezclas para hacer repostería. Al calentarse se descomponen en metabolitos cuyos efectos sobre la salud son hasta el momento desconocidos. En experimentos animales aparecieron efectos cancerígenos y alteraciones en el sistema inmunitario, en la sangre y en el hígado. Las dos sustancias se acumulan en el tejido graso del cuerpo de la mujer y pueden llegar al feto en las embarazadas. También son reconocidos alergenos. 

E 413 Goma tragacanto. Es un alergeno que puede provocar reacciones graves.

E 466 Carboximetilcelulosa o carboximetilcelulosa sódica. Puede contener restos de dioxinas cancerígenas. Por otra parte, si su ingesta se mantienen durante largo tiempo puede provocar diarreas y otras molestias abdominales.

E 472 e Ésteres mono-y diacetiltartáricos de los mono- y digliceridos de ácidos grasos. Se añade a las harinas para que los panecillos adquieran más volumen, pero el cuerpo no lo metaboliza y podría dañar los riñones y el corazón.

E 476 Polirricinoleato de poliglicerol. En experimentación animal se ha relacionado con daños en hígado y riñones. 

E 452 Malato de calcio. Existen dudas sobre su inocuidad debido a sus propiedades complejas.

E 444 Acetato isobutirato de sacarosa. En test toxicológicos provocó alteraciones reversibles en el hígado y la vesícula biliar de perros. Está permitido en limonadas. 

E 620 Ácido glutámico, E 621 Glutamato monosódico, E 622 Glutamato monopotásico, E 623 Glutamato cálcico, E 624 Glutamato monoamónico y E 625 Glutamato magnésico. Pueden provocar en personas sensibles el denominado “síndrome del restaurante chino”, que se caracteriza por síntomas como presión en las sienes, dolores de cabeza y rigidez de nuca. Además, a medio y largo plazo aumentan el apetito y favorecen la obesidad. Estudios realizados con ratones de laboratorio los relacionan con problemas de fertilidad y de aprendizaje.

E 950 Acesulfamo K. Según estudios realizados con animales, puede provocar alteraciones del material genético.

E 951 Aspartamo. Resulta un riesgo reconocido para las personas que sufren de fenilcetonuria (un problema enzimático de nacimiento) y de ello se advierte en las etiquetas de los productos que lo contienen, pero no está libre de riesgos para las personas sanas. Se ha relacionado con dolores de cabeza, pérdida de memoria, alteraciones de visión e hiperactividad, y en experimentación animal ha provocado cáncer de cerebro, ganglios linfáticos y vías urinarias. Los estudios contradictorios no han permitido un consenso científico.

E 952 Ácido ciclámico y sus sales de sodio y calcio (ácido ciclámico, ciclamato sódico, ciclamato cálcico). La cantidad permitida en bebidas ligeras se disminuyó hace pocos años de 400 mg a 250 mg por litro y se ha prohibido su uso en golosinas, chicles, helados y productos para refrescar el aliento. En Estados Unidos están prohibidos desde 1969 por la sospecha de que pueda provocar cáncer de intestino.

E 962 Sal de aspartamo y acesulfamo. Es el producto de la reacción química entre el aspartamo (E 951) y el acesulfamo (E 950) y posee los mismos inconvenientes.

E 520 Sulfato de aluminio, E 521 Sulfato doble de aluminio y sodio, E 522 Sulfato doble de aluminio y potasio y E 523 Sulfato doble de aluminio y amonio. Debido a que el aluminio parece que puede desempeñar algún papel en la enfermedad de Alzheimer, sólo debieran utilizarse como ayuda técnica, de manera que no dejaran restos en el producto final, pero actualmente la ley no impone esta limitación.

E 900 Dimetilpolisiloxano. Al añadirlo a los aceites de freír favorece la formación de acrilamidas cancerígenas. Por esta razón se tiende a reducir o eliminar su uso en este caso. No es necesaria su declaración en la etiqueta.

E 949 Hidrógeno. Se emplea sobre todo para la fabricación de margarina y alcoholes de azúcar. La técnica de hidrogenación parcial es uno de los procedimientos más controvertidos en la fabricación alimentaria. Durante este proceso, además de las poco saludables grasas trans, se generan gran cantidad de productos de reacción poco comunes.


domingo, 10 de mayo de 2015

Sobre la viabilidad de una alimentación vegana

-1. La postura oficial sobre alimentación vegetariana de la Asociación Americana de Dietética (formada por más de 67.000 expertos en nutrición), y también de la Asociación de Dietistas de Canadá (Dietitians of Canada), fue publicada en el Journal of the American Dietetic Association en el año 2003 y reafirmada en el año 2009, es la siguiente:


-2. Asociación Dietética de Nueva Zelanda:

La Asociación Dietética de Nueva Zelanda (Dietitians NZ) avala la postura de la Asociación Americana de Dietética sobre dietas vegetarianas:

“La Asociación Dietética de Nueva Zelanda ha adoptado y avalado el artículo sobre la postura de las dietas vegetarianas publicado por la Asociación Americana de Dietética (ADA)”.

-3. En octubre de 2006, la revista La Gaceta Médica publicó un pequeño artículo con el título “La dieta vegetariana sí, pero bien planificada y con vitamina B12” donde se hablaba del respaldo que la AEDN mostró hacia la postura sobre dietas vegetarianas de la Asociación Americana de Dietética. En él se dice lo siguiente:

“El congreso de la AEDN fue el marco elegido para presentar, a nivel nacional, un documento de consenso elaborado por la Asociación Americana de Dietética sobre el vegetarianismo. Y las conclusiones son que una dieta vegetariana, incluso estricta, bien planificada, se puede llevar en todas las fases de la vida. “Es muy importante que los profesionales lo sepamos porque cada vez acude más gente a consulta a preguntar sobre las posibilidades de esta alimentación”, comenta IvaMarqués, presidenta del comité científico. “A veces tendemos a rechazaresta práctica como si fuera a conllevar deficiencias nutricionales, y no tiene por qué”, añade. Eso sí: es imprescindible una buena elección de los alimentos “porque se incurre fácilmente en una dieta deficiente”. El vegetarianismo estricto es el que más riesgos presenta, asociado con carencias de hierro, calcio y vitaminas D y B12. “Esto es especialmente importante en niños, embarazadas y mayores, pero siguiendo una dieta adecuada pueden cubrirse todas las necesidades nutricionales”, señala Marqués, que subraya la necesidad de suplementación con B12”

La Gaceta Médica, Número 175. 23-10-2006

-4. Academia Americana de Pediatría:

En 2003, la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatric) publicó la quinta edición de su libro “Pediatric Nutrition Handbook” donde afirmó lo siguiente:


-5. Journal Pediatrics in Review:

En 2004, el Journal Pediatrics in Review publicó un artículo titulado “Vegan Diets in Infants, Children, and Adolescents” que dice lo siguiente:

“Múltiples expertos han concluido independientemente que las dietas veganas pueden ser seguidas por bebés y niños sin compromiso de su nutrición o crecimiento y con notables beneficios para su salud”.


-6. Journal of the American Dietetic Association:

En junio de 2001, el Journal of the American Dietetic Association publicó un artículo titulado “Considerations in planning vegan diets: infants” donde se dice lo siguiente:

“Las dietas veganas bien planeadas pueden satisfacer las necesidades nutricionales de los bebés. La Asociación Dietética Americana y la Academia Americana de Pediatría establece que las dietas veganas promueven el crecimiento normal de los bebés”. 

-7. American Journal of Clinical Nutrition:

En 1999, el American Journal of Clinical Nutrition publico un estudio titulado “Convergence of plant-rich and plant-only diets” donde se dice lo siguiente:

“Los científicos de la nutrición están de acuerdo que en todas las edades y etapas de vida, las dietas basadas en vegetales y sólo en vegetales que incorporan los principios de suficiencia, balance y moderación pueden ser nutritivas y saludables”. 

-8. Dos entes administrativos autonómicos, como son la Junta de Andalucía y la Generalitat de Catalunya, reconocen que una alimentación 100% vegetal, bien planficada, es apta y saludable para los seres humanos. Así lo reconocen la Red Andalucía Investiga, proyecto fomentado por la Junta de Andalucía, y también elDepartamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, cada uno en sus respectivos sitios web.

martes, 29 de abril de 2014

Sustituyendo los huevos por alimentos vegetales

EN REBOZADOS

Mezclar cerveza o soda con harina (de trigo, de arroz, de maíz…) hasta formar una pasta consistente y pasar los alimentos antes de freir.Harina de tempura. Los alimentos rebozados con esta harina (preparada con agua) crecen bastante y tienen un sabor muy especial. No es necesario añadir sal.Harina de soja diluida en agua. 2 cucharadas de harina de soja con 4 de agua.Linaza(semillas de lino) molida diluida en agua. 2 cucharadas de linaza en 4 de agua, dejando que repose al menos 20 minutos. La mezcla será viscosa.Mezcla de harinas. Podemos mezclar harinas que queden más crujientes, como la de arroz y la de maíz, con otras que queden más cremosas, como la de trigo, garbanzo o soja.


EN TORTILLAS

La harina de garbanzo, es un buen sustituto por su color y su textura. Mezclar con agua y un poco de vinagre o zumo de limón para quitar el sabor excesivo a garbanzo.Harina para cocinar sin huevo mezclada con harina de trigo normal, o con harina de maíz.Harina de arroz con harina de trigo a partes iguales y mezclar con bebida de soja(sin endulzar) ó agua.Para cosas similares a los huevos revueltos, usar tofu blando y saltear con el resto de ingredientes, o bien hacer una tortilla fina con harina de garbanzo y maicena y cortar en trocitos.Para dar sabor “a huevo” a tus tortillas, utiliza sal kala namak al finalizar la cocción.

EN DECORACIÓN

Pincela tus platos con aceite de oliva antes de meterlos al horno.Para conseguir un efecto tostado en dulces y bollos, pincélalos con una mezcla de 50 ml de leche de soja con 1 cucharadita de melaza, sirope de agave o sirope de arce.Mezclando maicena u otro almidón con agua fría, sal y azafrán o cúrcuma obtenemos una cobertura de un bonito tono amarillo y sabor.En caso de hojaldres y dulces, derrite una cucharada de margarina vegetal con 2 de azúcar y un poco de agua y pinta por encima.Con agar-agar y agua conseguimos gelatina con la que podemos cubrir muchos postres y pastelitos. Si además le agregamos unas gotas de sirope de fresa por ejemplo, tenemos una cobertura brillante, transparente, rosa y con sabor a fresa. Sólo tenemos que diluir el agar en agua hirviendo y esperar a que esté templado.Con azúcar glacé y unas gotas de agua cubrimos la bollería que queramos a la vez que le añadimos dulzura (es como la cobertura de los donuts).La melaza es además un sustituto de la miel. Tiene su misma textura pegajosa y es igual de dulce. La melaza normal es de caña de azúcar, pero también podemos encontrar melazas hechas de arroz. El sirope de arce y el sirope de agave también sirven. 

EN TARTAS, BIZCOCHOS Y CREPES

No siempre es necesario sustituir los huevos, en muchos casos se pueden omitir directamente. Para encontrar el sustituto perfecto hay que atender a la función que ocupa el huevo en la preparación.En el caso de bizcochos, magdalenas y tartas, confiere un poco de elasticidad, pero sobre todo mantiene la humedad de la masa mientras se hornea, por eso quedan después tan jugosos. En estos casos podemos optar por utilizar el clásico plátano amarronado, que no tiene nada de mágico, simplemente se han apelmazado los azúcares, un poco de melaza o sirope que sea denso, como el de arce, savia o agave. También funciona muy bien utilizar azúcar moreno o panela, o alguno de los sustitutos que te mostramos a continuación.Para dar elasticidad a las masas finas, como en las crepes, tortitas y bizcochos genoveses, basta con agregar almidón de maíz (maizena) o de tapioca a la masa. En el caso de las galletas, se pueden suprimir directamente los huevos o agregar alguno de los siguientes sustitutos, en menor cantidad.Utiliza harina para cocinar sin huevo mezclada con agua. Las cantidades son aproximadamente 1 cucharada y media por cada huevo que queramos sutituir.Aprovecha los plátanos muy maduros y amarronados. Son perfectamente comestibles y de hecho están más dulces. Aplástalos con un tenedor hasta hacerlos pulpa. Usa un plátano por cada huevo que vayas a sustituir. Puedes usar también cualquier otra fruta carnosa, como manzana, pera o kiwi. Para hacerlo mucho más ligero prueba con sandía o melón .Diluye 2 cucharadas de harina de soja o de linaza molida en 4 cucharadas de agua, por cada huevo que vayas a sustituir. 

EN OTROS

Para puddings, natillas, cremas y flanes utiliza almidón de maíz (maizena) o de tapioca mezclado con agua fría. Aproximadamente 1 cucharada por cada huevo a sustituir mezclada con 3 de agua fría. Utilízalo igual que el huevo. Por ejemplo para las natillas habría que hervir leche (utiliza cualquier leche vegetal), retirar del fuego, añadir el huevo (añade la mezcla de almidón) y volver a poner en el fuego, removiendo para que espese.Para dar sabor “a huevo” utiliza sal kala namak. Es una sal de color morado que sabe a huevos cocidos. Es bastante delicada y su sabor se ve afectado por altas temperaturas de cocción, así que es mejor utilizarlo justo antes de servir y en preparaciones no demasiado calientes. 

Fuente: www.creativegan.net


domingo, 6 de octubre de 2013

¿Cuánto contamina la comida que se tira?

“Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola” -
Miguel Hernández (“El Hambre”, El hombre acecha)
Sí, ya lo sabemos, pero no está de más repetirlo e incluso gritarlo hasta quedarnos roncos: en el mundo 870 millones de personas pasan hambre o están malnutridas (el 15% de la población total) y en España un número creciente de familias se enfrenta al fantasma de la mala nutrición e incluso el hambre. Lo que no todo el mundo sabe es que casi un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se dilapidan. Una macabra ironía, sin duda: gente muere de hambre y a la vez tiramos comida. Pero este asunto del despilfarro adquiere un tinte aún más dramático si además consideramos el impacto que tiene desde un punto de vista medioambiental. ¿Sabemos cuánto cuesta producir, transportar y cocinar esta comida? ¿Sabemos las enormes repercusiones que tiene sobre el suelo, el clima o la biodiversidad?
Arrojemos algo de luz. Hace escasos días la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO en sus siglas en inglés) hizo público “La huella del desperdicio de alimentos: impactos en los recursos naturales“, un estudio que analiza los efectos del despilfarro alimentario desde una perspectiva medioambiental. Una primera conclusión es que los costes directos pueden alcanzar 750.000 millones de dólares. Pero a ese coste “económico” hay que añadir el coste medioambiental de la comida que tiramos. Veamos:
1)    La producción, el transporte y la manipulación de alimentos son actividades que emiten una gran cantidad de gases con efecto invernadero. Es lo que se conoce como huella de carbono y se expresa en kilos de CO2. Pues bien, toda la comida que lanzamos genera unas 3,3 Gigatoneladas de CO2. Esta cifra es mucho mayor que las emisiones de CO2 de casi cualquier país del mundo. De hecho si “dilapidar comida” fuera un país, sería el tercer país con más emisiones de CO2 (solo por detrás de China y Estados Unidos).
2)    Nuestro modelo actual de producción alimentaria se caracteriza también por una utilización masiva de agua para, entre otras cosas, regar los campos o dar de beber al ganado. Este consumo es lo que se conoce como huella hídrica o de agua. Se calcula que en un año la comida dilapidada consume 250 km3 de agua. Esta cantidad equivale a todo el volumen del Lago Léman (Suiza) o al caudal que anualmente mueve el Río Volga.
3)    Asimismo, nuestro modelo de producción alimentaria requiere un uso voraz de tierra para cultivos y pastos. Como reconocen muchos expertos la deforestación de la Tierra – en particular, transformar bosques en suelo agrícola – es uno de los efectos más visibles de la mano del ser humano. Se calcula que el 28% de la superficie de la Tierra dedicada a cultivo sirve  para producir “comida que tiramos”. Se trata de una superficie más grande que Estados Unidos o China. De hecho, solo la Federación Rusa es más extensa que la “república independiente de la comida que se tira”. La deforestación también tiene un enorme impacto en la biodiversidad. Muchos ecosistemas son arrasados y la lista de especies en peligro de extinción no deja de crecer.
Queda claro que este ritmo es insostenible y que ya es hora que nos pongamos manos a la obra para acabar con el sinsentido del despilfarro. Los gobernantes tienen mucho que hacer; las empresas de alimentación también. Pero tú, lector y consumidor, también puedes impulsar el cambio. Es muy sencillo: no tires más comida. En caso de duda recuerda: para producir una hamburguesa necesitamos unos 16.000 litros de agua. Manuel Bruscas, El País