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viernes, 18 de marzo de 2016

La desconocida historia de la lucha de las mujeres kurdas

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La lucha de las mujeres kurdas no es un fenómeno reciente. La última generación de mujeres kurdas ha crecido respirando una identidad kurda en la que la mujer luchadora es un elemento natural de dicha identidad. Pero antes de esto, a finales del siglo XIX, ya había mujeres como Kara Fatma, una mujer kurda que lideró un batallón de 700 hombre en el Imperio Otomano, o también estaba Halima Khanim de Hakkari quien era la gobernante de Bash Kala; otro ejemplo sería Adela Khanim, gobernante de Halabja cerca de la frontera turco iraní…





Escrito por Maya Arakon

¿Como se dio entonces este fenómeno, especialmente en Turquía, donde las mujeres en general están oprimidas, y las mujeres kurdas en particular más aun?

La guerra en Oriente Medio contra el Estado Islámico de Iraq y Levante (ISIS) ha hecho que todo el mundo tenga la mirada puesta en esta región. El foco está puesto especialmente en las combatientes kurdas, quienes incluso han llegado a salir en las portadas de revistas de mujeres, como por ejemplo Marie Claire. Esta exposición mediática ha tenido un marcado carácter sensacionalista, pero además ha tendido a subestimar, en gran medida, toda la historia de lucha que las mujeres kurdas han llevado a cabo para conseguir el reconocimiento político y la igualdad de género.

De hecho, los cantones autónomos de Siria están gobernados por mujeres. Hevi İbrahim es la primera ministra de uno de los cantones (Afrin), Asya Abdullah es la co-presidenta del Partido de la Unión Democrática (PYD) que gobierna la región de Rojava; Ramziya Mohammed es la ministra de finanzas de otro cantón.

También hay una milicia femenina, las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), activas sobre el terreno en el oeste de Siria. Mientras, en Turquía, los partidos políticos kurdos como el BDP y el HDP han presentado como candidatas para las elecciones locales un número récord de mujeres; incluso han adoptado el sistema de co-administración (un hombre y una mujer han de compartir cada cargo en el partido).

¿Como se dio entonces este fenómeno, especialmente en Turquía, donde las mujeres en general están oprimidas, y las mujeres kurdas en particular más aun? La respuesta a esta pregunta se puede encontrar en la misma fundación de la República de Turquía. Para poder fundar una nación-estado, las élites fundadoras turcas, tenían como objetivo crear una nación unificada alrededor de un solo idioma, una sola etnia (turca), cultura y memoria histórica. Desde su fundación en 1923, la existencia de los kurdos ha sido continuamente negada. En la década de 1920, la represión estatal empezó a intensificarse. Hablar kurdo se prohibió y las medidas represoras de carácter jurídico se sustituyeron por medidas de tipo militar. Ya en 1930, con el surgimiento del fascismo en Europa, los gobiernos turcos desplegaron un sistema ultra nacionalista de partido único. Las políticas opresivas y de asimilación incrementaron hasta el punto de que se ha impuesto una “turquificación” de todos los aspectos de la vida diaria; desde la educación hasta la cultura e incluso la economía. El estado turco comenzó de esta manera una lucha contra aquellos que no se identificasen como turcos. Estas prácticas supusieron incluso la evacuación forzosa de pueblo kurdos para repoblarlos de poblaciones de turco parlantes; y cambiaron los nombres de las pueblos kurdos para ponérselos en turco.

El golpe de estado de 1980 marcó el apogeo de estas políticas, los kurdos exigían el reconocimiento de su identidad y fueron violentamente aplastados por la Junta militar; algunos políticos kurdos tuvieron que huir de Turquía. La opresión y la persecución aumentaron en la década de 1990 produciéndose encarcelamientos de los líderes políticos kurdos, torturas o extorsiones a propietarios de negocios kurdos; además de ejecuciones extrajudiciales sin resolver de abogados kurdos y defensores de los derechos humanos.

La Constitución de 1982, que prohibió el uso de la lengua kurda en la vida diaria fue la gota que colmó el vaso y en respuesta hubo un incremento de ataques por parte del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) durante la segunda mitad de la década de 1980 y la primera mitad de la de 1990.

 

 

La modernidad estado-céntrica en crisis



Los años posteriores al golpe de estado de 1980 han sido años en los que el proyecto de modernización del estado turco, con su visión estado-céntrica, ha afrontado una grave crisis. Desde el principio de los 90 el Tribunal Constitucional turco ha ilegalizado partidos políticos kurdos[1]. Los kurdos no han podido participar del sistema político debido a la represión feroz del estado turco, y por ello sus reivindicaciones identitarias han sido llevadas fuera del sistema produciéndose por lo tanto la violencia política. Cuando la cuestión kurda se planteaba en la narrativa del propio estado turco, este la presentaba en términos reaccionarios, resistencia tribal o producto del atraso regional; pero nunca se hablaba de ello como una cuestión etnopolítica.

Por lo tanto, desde la fundación del República de Turquía hasta los 80, la cuestión kurda permaneció, no como un problema de reivindicación de una identidad propia, sino como un problema de atraso regional cuya única solución podía ser la asimilación de los kurdos dentro del discurso de la modernidad política; considerando esta como la unidad del pueblo con el estado. No sería incorrecto, por lo tanto, afirmar que el surgimiento de la cuestión kurda como un problema de reconocimiento de la identidad política kurda se produce durante el final de los 80 y principios de los 90.

Las políticas de modernización de la República de Turquía, como tantos otros proyectos de modernización, identificaron a las mujeres como las “transmisoras de la herencia cultural” y les dio la responsabilidad de continuar con las tradiciones patriarcales para crear una identidad, alrededor de la cual, poder converger con la nación única. Posicionando a la mujer turca moderna como una madre emancipada fue un paso importante para romper los lazos entre la cultura otomana y turca, como si eso fuese posible. Las mujeres, especialmente de las grandes ciudades occidentales como Estambul, Ankara o İzmir, fueron puestas de ejemplo de la nueva cara moderna de la república; adaptándose así a las revoluciones Kemalistas, como por ejemplo la adopción del abecedario latín y el tipo de vestimenta occidental. La participación de las mujeres en la vida política, especialmente con la ley de 1934 que legalizó el derecho a ser elegidas para cargos políticos y del derecho al voto, dieron más fuerza a este nuevo papel para las mujeres en la “sociedad moderna”.

Aun así, debido a una serie de razones, los mismos derechos no se aplicaron a las mujeres kurdas. En primer lugar, las políticas de modernización de la joven república no se aplicaron en las regiones kurdas. Al tiempo que tanto las políticas de desarrollo y la naturaleza patriarcal de la sociedad eran características compartidas por kurdos y turcos, aunque no en el mismo grado. La herramienta más importante que impidió a las mujeres kurdas sumarse a la modernización, fue la imposición de barreras lingüísticas en el que el estado turco.

Las mujeres kurdas, que no podían hablar turco en la arena pública, no pudieron participar del “mundo moderno”, por lo tanto ni podían encontrar un trabajo ni podían participar en asociaciones. Debido a que la educación obligatoria se da en turco, desde el punto de vista kurdo, esto significaba que al hablar kurdo en casa y turco en la escuela se producía una obstaculización del desarrollo cognitivo de los niños kurdos; de tal forma que se disminuían sus posibilidades de subir en la escala social. Las mujeres kurdas, que aprendieron tuco más tarde, tenían más dificultades a la hora de expresarse en dicho idioma, y por ello no podían participar de la vida social y económica con las mismas oportunidades. En este sentido podemos citar la teoría de Bourdieu acerca del capital lingüístico. Bordieu argumentaba que “la habilidad de hablar la lengua dominante de un país es un recurso importante para poder acceder a los recompensas y posiciones sociales mmejor valoradas de esas sociedades”.[2] Por ello las mujeres de habla no turca tenían menos oportunidades de ser empleadas en la economía formal y menor capital académico y trabajos de menor estatus, al mismo tiempo que sus familias también sufrían de menores ingresos.

Sometidas a la presión cultural turca y las políticas de homogeneización y negación étnica, sobretodo tras el golpe de estado de 1980, las mujeres kurdas no solo han comenzado a reclamar su identidad kurda sino que también han desarrollado una consciencia feminista en respuesta a las actitudes machistas de los hombres kurdos dentro de la lucha por la liberación nacional. En este período, las violaciones de derechos humanos por parte del estado, las evacuaciones forzosas de pueblos kurdos, las torturas y ejecuciones extrajudiciales de cientos de políticos kurdos, activistas, periodistas, abogados e intelectuales se encontraba en su apogeo. En estas circunstancias las mujeres kurdas se han politizado.

No solo se unieron al PKK más mujeres kurdas durante este período, sino que también se volvieron más activas en el movimiento a través de distintas iniciativas como las Madres de los Sábados o Las Madres de la Paz[3] – poniendo el foco sobre las ejecuciones extrajudiciales en la región y exigiendo la paz. Hemos de subrayar que en respuesta a las políticas opresivas de la República de Turquía las mujeres aprendieron a levantar sus voces, construir demandas sociales y políticas y a hacerlas también a la vanguardia de su propia sociedad; y así descubrieron su fuerza a través de su politización.

 

 

Abdullah Öcalan y el PAJK



También es importante que veamos como el PKK, y particularmente el discurso de su líder, Abdullah Öcalan, contribuyó al empoderamiento y la emancipación de las mujeres en el movimiento kurdo. Desde los primeros pasos del PKK, Öcalan apoyó a las mujeres como las fundadoras de la nación. Fue en 1987 que la Unión de Mujeres Patrióticas del Kurdistán (YJWK) se fundó como una parte del partido político. Ya en 1995, se fundó la milicia exclusivamente femenina : Las Tropas de Mujeres Libres del Kurdistán (YJAK). Una razón para la fundación de esta milicia era para que las exigencias de las mujeres kurdas fuesen visibles por parte de los hombres compañeros del movimiento. A través de actos de sacrificio como los ataques con bombas suicidas o auto inmolaciones las mujeres kurdas trataron de demostrar su fuerza y su voluntad de participar en la lucha nacional alcanzando la igualdad con los hombres tanto en la sociedad kurda como en el PKK y entre sus militantes.

En 1999, dentro del PKK, el Partido de las Mujeres Trabajadoras del Kurdistán, entonces llamado PJKK, y ahora el Partido de las Mujeres Libres del Kurdistán (PAJK), se fundó. Desde el año 2000, una Academia de Mujeres Libres ha estado activa en el Kurdistán iraquí, que se encarga del entrenamiento de militantes femeninas y masculinos en sus capacidades militares y políticas desde una perspectiva feminista.

Además de estos mecanismos institucionales dentro del partido, las prácticas de compartir el trabajo doméstico se implementó en los campamentos. Öcalan eligió hacer de las mujeres kurdas una parte fundamental del movimiento de liberación, la resistencia kurda y el despertar nacional. Esto se expresa abiertamente en las publicaciones del PKK donde se dice sobre Öcalan que “empezó este despertar con el eslabón más importante de la cadena, las mujeres, ya que es la primera en crear y producir. Esta es la razón por la que su despertar significa el despertar de una nueva era. El despertar de la mujer en Mesopotamia significa el despertar del pueblo”

No fue solo el discurso de Öcalan que trajo consigo la politización de las mujeres kurdas. Las mujeres que sufrían de forma principal la carga del subdesarrollo, la perdida de otros miembros de la familia como esposos, hijos o amantes, tenían que realizar todo el trabajo de cuidados para la familia extensa y así se dieron cuenta que la única forma de mejorar su situación era haciéndose cargo de los asuntos ellas mismas y luchando por la paz. Las políticas de homogeneización y asimilación del estado turco cuyo mayor daño era producido sobre las mujeres, dio paso al empoderamiento y a la emancipación de las mujeres a una escala nunca vista. Muchas mujeres se convirtieron en activistas después de vivir grandes perdidas o la perdida de seres queridos o justo después de ir ellas mismas a la cárcel.

Como hemos visto, la historia de la lucha de las mujeres kurdas no es un fenómeno reciente. La última generación de mujeres kurdas creció con una identidad kurda que situaba a la mujer luchadora como un elemento natural de dicha identidad. Pero antes de esto, a finales del siglo XIX, ya habían mujeres como Kara Fatma, una mujer kurda que lideró un batallón de 700 hombre en el Imperio Otomano, también estaba Halima Khanim de Hakkari quien era la gobernante de Bash Kala otro ejemplo sería Adela Khanim, gobernante de Halabja cerca de la frontera turco iraní.

 

Notes:


[1] Halkın Emek Partisi (Partido Popular Laborista) fue clausurado en 1993, Özgürlük ve Demokrasi Partisi (Partido de la Democracia y la Libertad) en 1993, Demokrasi Partisi (Partido de la Democracia) en 1994, Demokratik Değişim Partisi (Partido del Cambio Democrático) en 1996, Demokratik Kitle Partisi (Partido de Masas Democrático) en 1999, Halkın Demokrasi Partisi (Partido Democrático del Pueblo) en 2003 y el Demokratik Halk Partisi (Partido del Pueblo Democrático) fue clausurado en 2009.

[2] BOURDIEU, Pierre (1991), Language and Symbolic Power, Cambridge.

[3] Fundada 1999, Las Madre de la Paz (en kurdo Dayîkên Aşîtîyê, en turco Barış Anneleri) es una organización por los derechos civiles en Turquía, que trata de promover la paz en los distintos grupos étnico de Turquía a través de acciones no violentas.

Maya Arakon is una Profesora del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Süleyman Şah University en Estambul, Turquía. Su trabajo se centra sobretodo en la cuestión kurda en Turquía, su identidad, ciudadanía, derechos humanos, derechos de las minorías y la Unión Europea. Es miembro de la Asamblea por la Paz de Turquía, Iniciativa de Mujeres Por la Paz, Grupo Internacional de Mujeres por la Paz y Coalición Global por la Paz y la Justicia.

Fuente Revolutionary strategic studies

Traducido por Rojava Azadi

domingo, 14 de febrero de 2016

Cuando asesinas a diez millones de africanos no eres un “Hitler”

Más de uno no habéis oído hablar de él en la vida, aunque deberíais. Deberíais enfermar solo de ver su cara o de escuchar su nombre tanto como lo hacéis cuando leéis sobre Hitler o Mussolini o veis algún retrato suyo. Aquí donde le veis, este tipo asesinó a diez millones de personas en el Congo.

Su nombre: Leopoldo II de Bélgica.

Fue “propietario” del Congo durante su reinado como monarca constitucional de Bélgica. Tras varios intentos coloniales fallidos en Asia y África, consiguió penetrar en el Congo. Lo “adquirió” y esclavizó a su población, convirtiendo a todo el país en su plantación esclavista personal, disfrazó sus negocios de “filantropía” y “esfuerzo científico” bajo la bandera de la Sociedad Africana Internacional e hizo uso de su mano de obra esclava para extraer recursos congoleños y servirse de infinidad de sus bienes. Su reinado se sostuvo sobre campos de trabajo, mutilaciones físicas, ejecuciones, torturas y un ejército privado.

La mayoría de nosotros y nosotras (no conozco el porcentaje, pero me atrevo a pensar que es bastante alto) no hemos oído hablar de él en nuestras escuelas. Tampoco en los medios. No forma parte de eje de odio repetido hasta la saciedad donde se encuentra el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Este señor forma parte de una larga historia de colonialismo, imperialismo, esclavitud y genocidio en África que choca con la construcción social del discurso supremacista al que tenemos acceso en nuestros centros docentes. No es alguien que encaje bien del todo dentro de un plan de estudios de cualquier país capitalista. Hacer comentarios abiertamente racistas es algo (a veces) que se rechaza dentro de las capas cultas de la sociedad, sin embargo, no hay problema en omitir los genocidios causados en África por monarcas de países capitalistas europeos.


Mark Twain escribió una sátira sobre Leopoldo a la que le puso el nombre de “El soliloquio del Rey Leopoldo, en defensa de su gobierno sobre el Congo”, y en la que se mofaba del reinado de terror del monarca a través de las propias palabras del mismo gobernante. Son 49 páginas. Mark Twain es un autor muy estudiado en nuestras escuelas pero como ocurre con la mayoría de autores que trataron temas políticos, estudiamos sus textos menos políticos o lo hacemos sin saber de las motivaciones del autor para escribirlos (Rebelión de la Granja de Orwell ha servido para reforzar la propaganda antisocialista en Estados Unidos aunque Orwell fuera un revolucionario anticapitalista, algo que en contadas ocasiones se señala). Nos dan a leer Huckleberry Finn y Tom Sawyer, pero el Soliloquio del Rey Leopoldo nunca aparece en las listas bibliográficas. No es un descuido, estas listas bibliográficas son acordadas por una junta educativa para que el alumnado aprenda a seguir órdenes y a sobrellevar el aburrimiento lo más airosamente posible. Y es así porque según criterios del Ministerio de Educación, África no tiene historia.

Cuando nos enseñan cosas sobre África, aprendemos sobre un Egipto que roza la caricatura, sobre el VIH (pero nunca sobre sus causas), sobre las consecuencias superficiales del comercio con esclavos y quizá sobre el Apartheid sudafricano (algo que ya hace muuuucho que superamos, a ver qué os creéis). También vemos miles de imágenes de infantes malnutridos en los anuncios de Cáritas o safaris en los programas de animales y fotos de desiertos en películas. Jamás aprendemos sobre la Gran Guerra Africana (o Guerra del coltán) o el Reinado del Terror de Leopoldo durante el genocidio congoleño. Tampoco se nos enseña sobre lo que los Estados Unidos han hecho en Irak o Afganistán, causando al menos de 5 a 7 millones de muertos mediante bombardeos, sanciones, enfermedad o hambruna. Las estadísticas de bajas son importantes, y en ella nunca están afganos, iraquís o congoleños.

Hay una página en la Wikipedia llamada “Genocidios en la historia”. No aparece el genocidio congoleño, aunque sí aparece mencionado el país: lo que hoy conocemos como República democrática del Congo figura en relación a la Segunda Guerra del Congo (también llamada Guerra Mundial Africana o Gran Guerra de África) donde ambos bandos del conflicto internacional dieron caza a Bambenga y se lo comieron. El canibalismo y la esclavitud son males horribles que debemos incluir en el estudio de la historia y sobre los que se ha de debatir sin dilación, pero no dejo de darle vueltas a qué intereses sirve el hecho de que la única mención al Congo en toda la página sea en referencia una serie de incidentes involucrando a varios países donde una minoría irrisoria de personas se devoró la una a la otra (vaciando de contenido las causas del conflicto, por supuesto). Estas historias que dan sustento al discurso supremacista blanco al hacer hincapié en la subhumanidad del pueblo africano tienen garantizado el acceso a los anales de la historia. El tipo blanco que convirtió todo el Congo en su plantación, campo de concentración e iglesia particular y asesinó de 10 a 15 millones de congoleños no pasó el corte para figurar en los libros de texto.

¿Veis? Asesina a diez millones de africanos y no te llamará nadie “Hitler”. Es decir, tu nombre nunca será el símbolo de la encarnación del mal, tu imagen no producirá miedo, odio ni tristeza, tus víctimas caerán en el olvido y tu nombre será borrado de la historia.

Leopoldo era solo uno de los miles de elementos que contribuyeron a la construcción del supremacismo blanco como discurso ideológico y como realidad sustancial. Y en absoluto digo que él fuera la fuente de todo mal en el Congo. A su mando estaban generales, soldados rasos y gestores que llevaron a cabo su voluntad e hicieron cumplir su ley. Era todo un sistema, algo que no excluye del debate a aquellos individuos que lo simbolizaban. Pero nada, ni eso. Y al haber desaparecido de la historia, los efectos del capitalismo en África, los privilegios que las personas blancas opulentas obtuvieron gracias a este genocidio permanecen ocultos. A las víctimas del imperialismo, como suele ocurrir, se las oculta tras un telón.

Original por Liam O’Ceallaigh en Diary of a Walking Butterfly. traducido por Demonioblanco

miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Debemos seguir empleando el concepto de raza?



Los humanos tenemos la tendencia a clasificar a nuestros congéneres según su raza integrada en nuestra biología. El médico griego Hipócrates clasificaba hace 2.500 a los hombres de piel oscura como cobardes y a los que la tenían clara como valientes. Los chinos a su vez consideraban repulsivos a los europeos, igual que los hindúes, que los veían como faltos de los valores más básicos. Más recientemente, experimentos como el que recordaba recientemente en este periódico el neurólogo Facundo Manes han mostrado que ese impulso parece inscrito en nuestra biología. “Nosotros en Chile hicimos un experimento con chilenos mapuches y no mapuches, poniéndoles electrodos y mostrándoles fotos de ambos grupos sociales”, contaba Manes. “En cuestión de milisegundos el cerebro se da cuenta de si la foto pertenece a su etnia o no y si pertenece lo asocia con algo positivo, y si no, con algo negativo”.

Sin embargo, cuando se trata de definir qué distingue a las personas de distintas razas con criterios científicos, las cosas se complican. El genetista estadounidense Alan Templeton ha argumentado que entre los humanos no existe una diferencia genética bien definida entre razas como sucede, por ejemplo, con los chimpancés, los animales más próximos a los humanos. En estos simios, la diferencia genética entre poblaciones es siete veces mayor que la que existe entre humanos que viven en distintas partes del globo. La separación entre distintas poblaciones humanas, muy progresiva y relativamente pequeña, no serviría para considerar razas diferentes a otros animales.


En el pasado ya hubo científicos que cuestionaron algunas asunciones muy asentadas sobre las diferencias entre razas. El sociólogo estadounidense W.E.B. Du Bois comenzó a defender hace un siglo que las distinciones entre la salud de los negros y la de los blancos en EE UU no tenían su origen en diferencias biológicas sino sociales y que esas diferencias tampoco podían emplearse para explicar distinciones que tenían su base en la cultura.Esta semana, en un artículo publicado en la revista Science, cuatro investigadores argumentan que se debe superar el concepto de raza como herramienta para entender la diversidad genética humana. “Creemos que el uso del concepto biológico de raza en la investigación genética humana, tan disputado y confuso, es problemático en el mejor de los casos y nocivo en el peor. Es hora de que los biólogos encuentren una manera mejor”, señalan.

En la actualidad, las ideas de Hipócrates o los científicos del siglo XIX que consideraban a los negros una raza inferior, están completamente superadas, pero la discusión sobre el concepto continúa generando debate. Algunos científicos han argumentado que la raza y la etnia son factores que se deben considerar en la investigación biomédica y los tratamientos médicos. Otros, sin embargo, consideran que esto no es así. Los propios autores del artículo deScience mencionan algunos casos en los que emplear la raza para clasificar a los pacientes puede empeorar su cuidado. En una especie promiscua como Homo sapiens “las asunciones raciales no son una guía biológica como algunos creen, ya que los grupos raciales tal y como se definen habitualmente son heterogéneos genéticamente y no tienen fronteras bien definidas”, afirman. Como ejemplo de los problemas de emplear la raza como guía mencionan que, por ejemplo, muchos diagnósticos de fibrosis quística en personas de origen africano se obvian porque se la considera una enfermedad de blancos.

“Lo que está obsoleto es el concepto clásico de raza. Siempre la hemos visto como una mezcla entre algo cultural y algo genético que venía representado por el color de la piel”, opina Salvador Macip, director del laboratorio para la investigación de los mecanismos del cáncer y el envejecimiento de la Universidad de Leicester. “Sin embargo, la genética sí que apoya la idea de que los humanos estamos divididos en subgrupos”, añade. Aunque Macip señala que estas subdivisiones genéticas no suelen coincidir con las humanas. “En la península Ibérica, los habitantes de la costa este son genéticamente más parecidos a los italianos que a la gente de la meseta”, apunta.


Otros resultados de los análisis genéticos, no obstante, muestran la compleja relación entre raza y genética. Cuando en 2009 se comparó el genoma del científico coreano Seong-Jin Kim con el de los americanos James Watson y Craig Venter, resultó que los dos científicos blancos compartían menos variaciones genéticas entre sí de las que compartían con el asiático.Macip considera que el término raza tiene muchas connotaciones históricas negativas que lo hacen poco útil. “Da miedo explorar diferencias entre razas porque se puede alimentar el racismo, aunque no ha habido ningún estudio que haya encontrado diferencias de inteligencia entre razas o subespecies”, comenta. “También es verdad que no se buscan esas diferencias intelectuales por ese mismo miedo”, añade, aunque considera que con la inteligencia la base es mucho más cultural que física. Los autores del artículo de Science, que comentan la posibilidad de utilizar términos como poblaciones o linajes, piden la creación de un panel de expertos en biología, ciencias sociales y humanidades para encontrar nuevos términos con los que clasificar la diversidad biológica humana. “Independientemente de la opinión de cada uno sobre este asunto, tenemos la oportunidad de fortalecer la investigación y pensar con más cuidado sobre la diversidad genética humana”, concluyen.Que la raza sea un término confuso desde el punto de vista científico, no significa que los análisis de ADN no puedan decir nada sobre nuestra procedencia. Como recordaba un artículo de la revista Pacific Standard, un grupo de científicos fue capaz de determinar correctamente el país de origen del 83% de las personas analizadas. Además, tratando de afinar más, estudiaron a 200 habitantes de la isla de Cerdeña. En un 25% de los casos acertaron su población de procedencia y casi todos los demás a una distancia máxima de 50 kilómetros de sus pueblos. Por otra parte, también hay ejemplos claros de adaptaciones recientes de algunas poblaciones de sapiens, como sucede con la fisiología de los humanos que viven en los Andes o en el Tibet, mejor adaptados a respirar el aire escaso de oxígeno de la alta montaña.

Daniel Mediavilla en El País 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Revolución y nativos americanos



El siguiente discurso fue pronunciado por Russell Means en Julio de 1980 ante miles de personas de todo el mundo que se había dado cita en la Convención Internacional por la preservación de Black Hills, en la localidad homónima del estado de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Es el discurso más famoso de Means.

Miembro de la tribu Lakota Oglala, muy probablemente fue la voz más destacada de Movimiento Nativo Americano, que inició su actividad en 1973 con la Ocupación de Wounded Knee, reserva india. También se involucró en el cine con papeles como el de Chingachgook en El Último Mohicano. Murió el 22 de octubre de 2012 a los 72 años.

La única fase de obertura que se me ocurre darle a un discurso como este es que detesto escribir. Este proceso personifica en sí mismo el concepto europeo de pensamiento «legítimo»; es decir, la palabra escrita disfruta de una legitimidad de la que carece la oralidad. Mi cultura, la lakota, es de tradición oral, por lo que normalmente no suelo escribir. Es una de las formas que tiene el mundo blanco de destruir las culturas ajenas a lo europeo: la imposición de lo abstracto sobre las relaciones orales de un pueblo.

Así que lo que leerán aquí no lo he escrito yo, es una transcripción de mis palabras hecha por otra persona. Permito que sea así porque parece ser que la única manera de comunicarse con el mundo blanco es a través de las hojas muertas y secas de un libro. No me importa si mis palabras consiguen llegar a los blancos o no, han demostrado a lo largo de toda su historia que están sordos y ciegos, solo pueden leer (por supuesto que hay excepciones, pero son excepciones que no hacen sino confirmar la regla). Me preocupa más el pueblo indioamericano, sus estudiantes y todos los demás, que han empezado a ser asimilados por el mundo blanco a través de sus universidades y otras instituciones. Sin embargo, esta preocupación mía no es global: puedes criarte como piel roja con mentalidad blanca, y que así sea si es consecuencia de una decisión personal, pero poco tengo que hacer ahí, es parte del proceso actual de genocidio cultural del europeo contra los pueblos indioamericanos. Mi preocupación está orientada a aquellas personas indígenas que han decidido enfrentarse a este genocidio pero no saben cuál es el siguiente paso que dar.

(Habrán notado que uso el término indio antes que nativo americano o indígena oamerindio cuando hablo de mi pueblo. Son términos que tradicionalmente han sido polémicos, sin embargo, en un punto como en el que estamos, creo que debatir sobre ellos es absurdo. Se ha puesto en solfa el término indio americano por tener origen europeo, cierto, por otra parte, pero todos los términos que he mencionado anteriormente tienen ese mismo origen; el único autóctono sería Lakota, y más concretamente Oglaga, Brule, etc. O Dineh, Miccousukee y otros cientos de nombres de tribus más apropiados.

También existe cierta confusión sobre el origen de la palabra indio. Tradicionalmente se ha considerado que Colón, cuando apareció en el Caribe, dio ese nombre a los habitantes del continente al considerar que había llegado al que buscaba, India, cosa que no es cierta, ya que en Europa se denominaba a esa región «Indostán» ya en 1492. No tienen más que echar una ojeada a mapas de aquella época. Colón llamo indios a los habitantes indígenas por el italiano in dio, “en Dios”.)

Todo persona del pueblo indioamericano tiene que luchar arduamente durante su vida para no acabar europeizado, y la energía para sostener esta lucha solo puede obtenerse de la manera tradicional, con los valores tradicionales que aún conservan nuestros ancianos. Debe provenir del aro sagrado, de los cuatro vientos, de las relaciones, no de las páginas de uno o mil libros. Un europeo nunca podrá enseñar a un lakota a vivir como un lakota o a un hopi como a un hopi. El máster en «Estudios Indígenas» o en «educación» o cualquier otro de ese campo no puede construir a una persona como ser humano y proveer de conocimiento como en las formas tradicionales, solo puede colonizar tu mente a la europea y convertirte en un extranjero.


Dejemos las cosas claras, porque parece que aún a estas alturas hay dudas al respecto: cuando hablo de europeos o personas de mente europea no estoy abogando por una falsa dicotomía. No pretendo decir, por una parte, que existen unos elementos consecuentes con miles de años de desarrollo intelectual europeo basado en el genocidio y la reacción, algo nocivo; y que por otra parte hay otro desarrollo intelectual, novedoso, y de connotaciones positivas. No, estoy hablando de las teorías marxistas y anarquistas y al izquierdismo en general. No creo que esas teorías puedan desglosarse del resto la tradición intelectual europea. En absoluto, son la misma historia de siempre.

El proceso comenzó hace mucho. Newton, por ejemplo, revolucionó la física y las llamadas ciencias naturales reduciendo el universo físico a una ecuación matemática lineal; Descartes hizo lo mismo con la cultural y Locke con la política. Por su parte, Adam Smith hizo lo propio con la economía. Cada uno de estos pensadores cogió parte de la espiritualidad de la existencia humana y la convirtieron en un código, en algo abstracto. Retomaron el proceso donde lo había dejado el Cristianismo: secularizaron la religión cristiana, como a los académicos les gusta decir, y al hacer tal cosa pusieron a punto a Europa y a su cultura para lanzarse al expansionismo. Cada pequeña revolución intelectual sirvió para llegar a la abstracción la mentalidad europea a límites insospechados, para eliminar la maravillosa complejidad y espiritualidad del universo y reducirla a una secuencia lógica: un, dos tres, ¡conteste!

Esto es lo que se califica de eficiente en términos europeos. Lo que es mecánico es perfecto, lo que funciona en el momento; es decir, lo que prueba que el modelo mecánico es el correcto, es considerado apropiado, incluso cuando es abiertamente falaz. Por eso la verdad cambia tan rápido en la mentalidad europea; las respuestas que surgen de tal proceso son meros apaños temporales que deben desecharse continuadamente en favor de otros apaños que den apoyo a modelos mecánicos y los mantengan con vida.

Hegel y Marx heredaron el pensamiento de Newton, Descartes, Locke y Smith. Hegel puso fin al proceso secularizador de la teología y, en sus propios términos, secularizó el pensamiento religioso a través del cual Europa tuvo conocimiento del universo. Más tarde, Marx explicó la filosofía hegeliana en términos de materialismo; o lo que es lo mismo, Marx desespiritualizó el trabajo de Hegel en su conjunto, también en términos del propio Marx. El potencial revolucionario de Europa se basa en esto, y los europeos podrán verlo como algo revolucionario, pero para el pueblo indioamericano no es más que el mismo conflicto europeo de siempre entre el ser y el obtener. Las raíces intelectuales de un nuevo imperialismo europeo con formas marxistas subyacen en los vínculos de Marx y sus seguidores con la tradición newtoniana y hegeliana, entre otras.


Ser implica una propuesta espiritual. Obtener es un acto material. Tradicionalmente, el pueblo indioamericano hemos hecho por ser las mejores personas posibles. Parte de nuestro proceso espiritual era y es desprendernos de cualquier riqueza, de desechar cualquier tipo de riqueza para evitar la obtención. La ganancia material es un indicador de falso estatus entre las personas que vivimos a la manera tradicional, mientras que es una prueba de la efectividad del sistema en términos europeos. Podemos discernir claramente dos posturas opuestas aquí, y el marxismo se encuentra en el extremo contrario a la indioamericana. Analicemos mayores implicaciones de esto que van más allá de un mero debate intelectual.

La tradición materialista europea de desespiritualización del universo guarda similitud con el proceso mental que nos lleva a deshumanizar a otras personas. ¿Quiénes son los expertos en deshumanizar al prójimo y por qué? Soldados que han vivido múltiples situaciones de combate son instruidos en esto antes de retornar a la batalla. Asesinos, antes de llevar a cabo sus acciones, deshumanizan a sus víctimas. Los guardias de las SS en los campos de concentración lo llevaban a cabo con los reclusos Lo hace la policía y los directivos de las multinacionales que envían a sus trabajadores a minas de uranio o acerías precarias y los políticos lo hacen con todo el mundo. Lo común de este proceso deshumanizador que llevan a cabo todos estos grupos es que hace que matar o destruir a otras personas sea correcto. Uno de los mandamientos cristianos dice «no matarás»; a humanos, al menos, así que el truco está en convertir a las víctimas en no humanas. Solo así se consigue proclamar la violación de un mandamiento como el parangón de la virtud.

En relación la desespiritualización del universo, el proceso mental consecuente actúa de tal manera que destruir el planeta es algo también virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se usan como tapadera, a la manera de cómo otras palabras como victoria y libertad justifican carnicerías en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador del suelo puede hablar de desarrollo de una parcela mediante la apertura de una cantera, donde aquí el desarrollo significa destrucción total y permanente con desplazamiento de terreno incluido. Sin embargo, la lógica europea obtiene unas cuantas toneladas de gravilla con la que desarrollar mucho más terreno mediante la construcción de carreteras. En última instancia todo el universo está disponible, en retórica europea, para desarrollarse en esta absurdez.

Lo más importante de esto es que es probable que los europeos carezcan de sensación de pérdida; después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, por lo que no existe satisfacción en lo que se obtiene con la simple observación de las maravillas de la existencia de una montaña, lago o pueblo. No, la satisfacción se mide en términos de obtención de elementos materiales, de tal manera que la montaña es gravilla, el lago es refrigerante industrial y el pueblo es cercado para su procesamiento en las factorías de adoctrinamiento que en Europa gustan de llamar escuelas.

Cada porción de progreso ve y sube la apuesta en el mundo real, y si no, tomen como ejemplo el uso de combustible en la industria. Hace menos de dos siglos, casi todo el mundo usaba leña, elemento reemplazable y natural, como combustible para las necesidades humanas de cocinar y calentarse. Más tarde llegó la Revolución Industrial y el carbón pasó a ser el combustible por excelencia cuando la producción ocupó el lugar primordial en la sociedad europea. La polución se convirtió en un problema para las grandes ciudades y la tierra comenzó a desgarrarse para suministrar carbón a lugares en los que siempre se había cortado leña sin mayor coste para el entorno. Más tarde fue el turno del petróleo cuando la tecnología productiva obtuvo cierto grado de perfeccionamiento tras un número de revoluciones científicas. La polución alcanzó niveles dramáticos y nadie conoce cuál será el coste ambiental a largo plazo de la extracción de ese petróleo. Ahora vivimos una crisis energética y el uranio parecer estar llamado a ocupar el lugar de combustible principal.

Podemos tener por seguro que los capitalistas desarrollarán el uso de uranio como combustible principal únicamente hasta el punto en que les genere beneficios. Esta es su ética, y es probable que pueda comprarles algo de tiempo. Por otro lado, los marxistas solo lo desarrollarán lo más rápido posible porque es el combustible del que disponen cuya producción es la más eficiente. Esta es su otra ética, y dudo sobre cuál es mejor. Como les he dicho, el marxismo está incrustado en lo más hondo de la tradición europea. Es la misma historia.

Existe una regla general que me viene muy a mano: no se puede juzgar la naturaleza de una doctrina revolucionaria europea en base a los cambios que propone para la propia sociedad europea y sus estructuras de poder, solo se podrá juzgar en base a cómo afectará a los pueblos no europeos. Toda revolución de la historia en Europa ha tenido como consecuencia un blindaje de las clásicas tendencias y capacidades europeas de exportar destrucción a otros pueblos y culturas y al propio entorno ecológico. Les desafío a cualquiera de ustedes a señalarme un ejemplo que contradiga esto último.

Así que ahora, a nuestro pueblo, al pueblo indioamericano, se nos dice que creamos en una nueva doctrina revolucionaria europea, el marxismo, que corregirá las consecuencias negativas de la historia europea en nuestro pueblo. Las relaciones de poder europeas serán modificadas de nuevo y parece ser que por fin las cosas mejorarán para nuestras comunidades. Sin embargo, ¿qué hay de tras de todo esto en realidad?


Ahora mismo, hoy en día, aquellas personas que vivimos en la reserva Pine Ridge, vivimos en lo que la sociedad blanca ha denominado Zona de extracción. Es decir, vivimos junto a enormes vetas de uranio y la cultura blanca (no la nuestra) necesita el uranio para producir energía. La manera más barata y eficiente de extraer y gestionar este uranio para la industria es arrojar los deshechos generados durante la extracción en los mismos lugares de excavación. Aquí mismo, donde vivimos. Estos deshechos son radioactivos y harán inhabitable la región para siempre. La industria y la sociedad blanca que la originó consideran que este es un precio aceptable por el desarrollo de recursos energéticos. Junto a esto, también planean drenar la capa freática de esta región de Dakota del Sur como parte del proceso industrial, lo que doblará la inhabitabilidad de la región. Algo parecido a lo que ya ocurre en las tierras Navajo y Hopi, en Cheyenne del Norte y Cuervo, y en muchas otras partes. El treinta por ciento del carbón del Oeste y la mitad de las vetas de uranio de los Estados Unidos han sido localizados bajo reservas, algo que nos afecta con la mayor importancia.

Nuestra resistencia está ahora en evitar ser denominados Zona de Extracción y que nos convirtamos en población de una Zona de Extracción. Los costes del proceso industrial no son aceptables para nuestro pueblo. Para nuestro pueblo, extraer uranio y drenar la capa freática es genocidio, ni más, ni menos.

Bien, entonces supongan que en nuestra resistencia a la exterminación buscamos aliados (que tenemos), supongan que adoptamos los preceptos del marxismo revolucionario: nada menos que el derrocamiento del orden capitalista europeo que amenaza nuestra propia existencia. Una alianza aparentemente natural para el pueblo indioamericano. Al fin y al cabo, como dicen los marxistas, son los capitalistas los que nos calificaron de zona de extracción. Hasta aquí, ninguna pega.

Sin embargo, como ya les he contado, la verdad es engañosa. El marxismo revolucionario está estrechamente vinculado a la perpetuación y perfeccionamiento del proceso industrial que busca nuestra destrucción, la única diferencia estriba en su propuesta de redistribución de los resultados (el dinero, probablemente) de esta industrialización entre un sector más amplio de la población. Su propuesta es arrebatarles la riqueza a los capitalistas y repartirla, pero para alcanzar esto, el marxismo debe preservar el sistema industrial. Una vez más las relaciones de poder de la sociedad europea deben modificarse, sin embargo, sus consecuencias sobre el pueblo indioamericano aquí y no europeo en general no se verán alteradas. Algo similar a lo que ocurrió durante las llamadas revoluciones burguesas, la redistribución de riqueza desde la propiedad eclesiástica hacia manos privadas. La sociedad europea cambió ligeramente, superficialmente al menos, pero su actitud ante las sociedades no europeas no cambió un ápice. ¿O qué efectos creen que tuvo la Revolución Americana de 1776 sobre la población india? La misma historia.


El marxismo revolucionario, como la sociedad industrial en otras facetas, buscaracionalizar a las personas en su relación con la industria (máxima industria, máxima producción). Es una doctrina que entra en conflicto con la tradición espiritual indioamericana, nuestra cultura y modo de vida. El propio Marx nos denominóprecapitalistas y primitivos. Precapitalista significa, según él, que en algún momento descubriremos el capitalismo y nos volveremos capitalistas, porque en términos marxistas siempre hemos estado económicamente retrasados. La única manera por la cual los pueblos indioamericanos podríamos vernos envueltos en una revolución marxista sería, por este orden: adoptar un sistema industrial y convertirnos en trabajadores industriales o proletarios, en términos marxistas. El hombre dejó bastante claro que la revolución solo podría llevarse a cabo mediante la lucha proletaria y que la existencia de una sociedad mayoritariamente industrial es condición sine qua non para que pueda surgir la sociedad marxista.

Creo que existe un problema lingüístico aquí. Cristianos, capitalistas y marxistas, todos ellos se han considerado revolucionarios en sus pensamientos, pero ninguno de ellos lo han sido realmente. Continuistas, eso es lo que han sido; hacen lo que la situación precisa para que la cultura europea siga existiendo y desarrollándose acorde a sus necesidades.

En definitiva, para que podamos unir nuestras fuerzas al marxismo, los pueblos indioamericanos debemos aceptar que nuestro hogar sea zona de extracción, cometer suicidio cultural, industrializarnos y europeizarnos.

Continuará…

viernes, 13 de noviembre de 2015

El noviembre en que los marginados perdieron la paciencia



Hoy se cumplen diez años de la noche más intensa de la oleada de disturbios que azotó a Francia en 2005. El 5 de noviembre ardieron 1.295 vehículos y 312 personas fueron detenidas. La muerte de Bouna Traore (15 años) y de Zyed Benna (17 años) el 27 de octubre había prendido la chispa. Huían de la policía después de haber cometido un robo. Temían el interrogatorio y se escondieron en un transformador de alta tensión que los achicharró. Eran musulmanes de origen africano y vivían en un suburbio de París; eran “escoria”, según Nicolas Sarkozy, a la sazón ministro del Interior. Ese mismo día, 200 miembros de esa escoria herida, escupida e ignorada incendiaron quince vehículos y desataron la cólera de miles de miserables.

La opinión pública de los españoles se erizó. Se levantaron como púas los argumentarios del sentido común. Había líneas rojas intraspasables: la violencia invalidaba lo razonable de la protesta; el terror abrumaba cientos de pares de ojos cuando imaginaban su propio coche ardiendo. Vaya salvajes, lo que tenían que hacer era adaptarse, los acogíamos y nos lo agradecían con vandalismo, qué culpa tenía el pobre trabajador al que le chamuscaban su vehículo. Hubo una oleada de solidaridad automovilística.

La mayoría de la gente no admitía, porque ni siquiera se lo planteaba, que a aquellos, a los violentos los había vapuleado desde la cuna una injusticia inabarcable de la que tampoco tenían culpa. La rabia de los pobres es justa porque proviene del colapso. El humano suburbial nace y mama los códigos de la resignación y la sumisión, se le atan las manos al estómago y los ojos a la esperanza de un vaso lleno, quiero decir, se les arrincona en la mera oportunidad de supervivencia. Nadie los dota de recursos ajenos a los fisiológicos, y ellos con suerte se confeccionan un orgullo para inmunizarse y se ejercitan en un amor comunitario, de tribu abocada a la resistencia. No hace falta irse muy lejos para entender esto, preguntad a vuestros abuelos.

El hombre occidental quiere que los miserables guarden silencio: la clase alta por ser alta, y la media por complejo y por una tonta aspiración de prosperidad y tumbona y rodajas perfectas de limón. No se les escucha cuando piden ayuda, cuando denuncian abusos y luego se les exige diálogo y razonamiento y se les criminaliza por lanzarse a la avenida. ¿Acaso no se les está traicionando de nuevo?

Ayer llegaron a Luxemburgo los primeros treinta refugiados que Grecia consigue reubicar. Guerra, muertos, hambre, mafias, fronteras, concertinas, mutilaciones, muertos, barcazas, muertos, hambre, panes a rebato, policía, palos, jaulas, hambre, muertos, niños, muertos. Treinta, sólo treinta. Aún. ¿Tendremos la cara de pedirles diálogo cuando pierdan la paciencia? Seguro que sí.

Texto: Esteban ordóñez en www.negratinta.com

lunes, 9 de noviembre de 2015

Infancia, urbanismo y miedo social: limitando la libertad de los niños

¿Dónde jugarán los niños? Mejor, ¿dónde jugarán fuera de nuestro control de padres obsesivos y sociedades con miedo?

Hace ya años de un estudio, dirigido por William Bird, experto en salud y naturaleza, que analizaba el impacto sobre la salud física y mental a corto y largo plazo de la exposición de las personas a espacios abiertos y, en especial, a la naturaleza. Los medios destacaron una de sus conclusiones: los niños de ciudades como Sheffield han perdido en sólo cuatro generaciones la libertad para andar a su aire, perderse y explorar con libertad el espacio en el que viven. Los límites espaciales de la supervisión parental a la que estaban sometidos niños/as se ha ido reduciendo hasta convertirse en un “no puedes salir de casa sólo” o un “juega enfrente de casa, que yo te vea”.

El informe señala cosas que nos suenan sobre una infancia actual sometida al pánico de sus familias de dejarles solos en un tráfico que ha colonizado las ciudades y un espacio urbanizado que se ha comido los espacios naturales. La desconfianza a los desconocidos, los peligros del tráfico, la pérdida de espacios verdes y abiertos y la presión social para mantener vigilados a los chavales ha hecho que la exploración espontánea de sus calles y barrios sea cosa del pasado. Como resultado, la infancia se ha convertido en una fase vital sometida a los mismos patrones que los de la edad adulta: una vida hiper-regulada y circunscrita a parques delimitados, con instrucciones de uso, descargos de responsabilidad y avisos de peligros.
 
De la transformación del espacio físico ya sabemos mucho sobre cómo ha influido en domesticar nuestras vidas en áreas reguladas y urbanizadas, pero es más interesante el papel de los adultos en imponer a los pequeños sus propios miedos.
 
Rescato esto porque recientemente leí un artículo, The Case for Free-Range Parenting, que reflejaba la experiencia de un padre al trasladarse a vivir con su familia a Estados Unidos desde Berlín, y cómo ha sentido la obsesión por controlar, limitar y sobreproteger a los niños, viniendo de un lugar donde dejar a su aire a los niños para ir al colegio, jugar o pasar el rato era algo natural y en Estados Unidos parecía ser casi un símbolo de abandono infantil.

Área de juegos en Chiswick, Londres. Imagen de Christopher Hilton bajo licencia Creative Commons.

Quizá Estados Unidos sea un ejemplo extremo (esos padres arrestados por haber dejado ir al parque a sus hijos de 10 y 6 años), con la extendida obsesión social por la seguridad, por la soledad que produce, por la extensión del estilo de vida suburbano,...pero el artículo refleja una tendencia, un riesgo o un futuro próximo inevitable. Las condiciones físicas que ha impuesto el urbanismo y su reflejo en las formas de vida que permiten o limitan influyen sobre cualquiera de nosotros, pero son sólo una parte de un ensamblaje más complejo, sibilino y silencioso que nos invita continuamente como padres a proteger en exceso, a evitar cualquier problema, a evadir a nuestros hijos de cualquier riesgo. No es fácil resistir: la sociedad del riesgo nos ha inoculado un pensamiento sobreprotector que va restando libertad a los más pequeños.

Pequeños que crecerán con una perspectiva más reducida del espacio que pueden explorar con libertad sin supervisión, una capacidad anulada para exponerse ellos mismos a sus propios miedos y desafíos como forma de aprendizaje y superación.Seguramente, lo del "no aceptes caramelos de extraños" ha tenido diferentes versiones en toda la Historia, pero es quizás ahora cuando más sistemático es el mensaje: calles que se les han hecho imposibles (¿o son imposibles porque hemos desistido de reclamarlas para las personas y no para las coches?), sistemas educativos que siguen sin aceptar la libertad y el auto-aprendizaje, políticas que generan miedo y mensaje sociales que alientan la percepción exagerada de los riesgos, un sistema de consumo que sustituye la experiencia de disfrutar de lo que (aún) no tiene precio por productos manufacturados de consumo normalizado, un sistema de normas sobre seguridad o civismo que nos convierten en sus esclavos, vidas cada vez más anónimas donde "los ojos en la calle" cada vez están más ausentes,...

Como dice el autor, no es sencillo establecer el equilibrio ideal, pero sospecho que la imagen de arriba sólo refleja en el espacio las limitaciones mentales a las que nos somete la vida actual y que estamos inoculando a los que ahora están empezando a descubrir el mundo y a descubrir la libertad, también la libertad de arriesgarse, de hacerse daño, de descubrir, de equivocarse, de exponerse o de superarse. Y tenemos que resistirnos.

De Manu Fernández. Investigador y consultor de políticas urbanas, durante su trayectoria profesional ha estado involucrado en proyectos relacionados con la sostenibilidad local y el análisis de las economías urbanas. Autor del blog Ciudades a Escala Humana, actualmente está realizando su tesis doctoral "La smart city como imaginario socio-tecnológico: la construcción de la utopía urbana digital"

lunes, 12 de octubre de 2015

Cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

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El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

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El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.) Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.

Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

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Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.

En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.

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Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

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El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:
-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento. 


Y canta lo que le cuenta la neblina:
-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.

Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:
-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío? 


El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demás instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.

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Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:
-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

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Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas. 


América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

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Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.

El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de los indios araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.

Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.

El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.

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El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.

En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada: los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.

Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vicio de la rebelión se transmite por los genes.

Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se auto desprecia.

Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.

Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo: ¿Qué es un hombre en el camino? Tiempo.

Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.

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¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.

No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada? Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial:

¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo? Porque son holgazanes. 
¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza. 
¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de riqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre. 
¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición. 
¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son incapaces de castigo ni doctrina. 
¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o por pura estupidez. 
¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos. 
¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original. 
¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque viven en la antesala del infierno.

***

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:
-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades? La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.

En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.

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En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:
-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.

Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.

Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.

En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuoso de los derechos humanos:
-No somos una tribu -aseguró el general.

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Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.

Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombres y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.

Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitario. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.

El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Far West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.

Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.

La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.

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A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.

Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios. 
Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.

Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas.

En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las aguas dulces, fue la Virgen de la Candelaria...

Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas las demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano. Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez:

-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.

Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.

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La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias. Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia racial consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:

-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad. Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.

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Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia:
-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.

Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.

La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.

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El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitamente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.

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Hace algún tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:
-Es el oprimido el que descubre al opresor.

Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?



Tomado de: Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992.

Tratados de Libre C̶o̶m̶e̶r̶c̶i̶o̶ Colonización: Cinco siglos igual.


"Cuando Colombia firme el cheque en blanco que se llama TLC, nada será nuestro y hasta la vida será patentada para hacer negocio con ella"
ONIC. "Los pueblos indígenas de Colombia frente al ALCA y el TLC". Pronunciamiento de junio 30 de 2005.

"No permitiremos que las trasnacionales ingresen a nuestros territorios. No volveremos al esclavismo como en la época de la explotación del caucho" - See more at: http://www.laprensagrafica.com/economia/internacional/40370-el-tlc-entre-paises-andinos-y-ue-es-la-qnueva-colonizacionq-dicen-opositores#sthash.WYz4istC.dpuf
"¿Quién gana o quién pierde con pierde con el TLC? Ganan los yankees que nos convierten en su Colonia. Gana nuestra estúpida clase política e intelectual (esperando alguna retribución) que nos vende la ilusión de que estamos 'negociando' el TLC cuando no están haciendo otra cosa que claudicando ante las imposiciones yankees. Perdemos todos los demás. Los de siempre. Los de abajo. El 99% de los peruanos. Con el TLC nos colonizan." Guillermo Bermejo Rojas. Argenpress.


"Son las empresas las que deben ir a juicio por contaminar: declaramos públicamente su responsabilidad y no permitiremos ningún juicio de parte de ellas, en ninguna parte de México, por dañar nuestro maíz con sus transgénicos”." Elizabeth, campesina indígena de Veracruz.


"No permitiremos que las trasnacionales ingresen a nuestros territorios. No volveremos al esclavismo como en la época de la explotación del caucho" -



Guillermo Antonio Tascón G, presidente Comité Ejecutivo Organización Indígena de Antioquia (OIA):


"El libre comercio representa para los pueblos indígenas la amenaza más significativa contra nuestros territorios y nuestras formas de ser y estar relacionados con la naturaleza.Es la versión más reciente del modelo colonialista que han alimentado los imperios durante toda la historia de la humanidad.
Desde hace más de 500 años comenzamos a ser víctimas de este modelo que trajo consigo, además del despojo territorial, la sangre y la aniquilación de nuestras culturas. En nuestro país, antes del mal llamado descubrimiento éramos más de 10 millones de personas en más de 200 pueblos; hoy, después de dos siglos de república, apenas pasamos el millón y es la cifra más alta en todo este periodo.
Lo anterior, que puede sonar como un discurso trasnochado, lamentablemente tiene que volver a nuestra memoria, más cuando las clases dirigentes que impulsan el Tratado de Libre Comercio, (TLC) con Estados Unidos diseñan estrategias que nos colocan en un contexto similar al de nuestros
ancestros.


Más de 2000 compañeros han muerto en los últimos treinta años en procesos de recuperación de tierras, en territorios reclamados ancestralmente por los indígenas pero codiciados por el Estado y los poderes económicos que se sirven de grupos armados para despojarnos. Ya un tercio de nuestra población está en los cascos urbanos, la mayoría víctimas del desplazamiento forzado o de un conflicto socioeconómico rural que los ha dejado sin oportunidades de vivir bien en nuestros territorios. No satisfechos con despojarnos por medio de la intimidación del plomo asesino con leyes quieren quitarnos lo que nos pertenece desde mucho antes del establecimiento del Estado.(...)

Cómo no pensar en un nuevo colonialismo cuando el imperio del capital arremete contra todo lo que poseemos. No solo nuestros recursos naturales. Hasta nuestro saber ancestral, ése que Occidente siempre calificó de brujería, ya tiene un valor para las multinacionales que ven lucrativo ese saber sobre la naturaleza, y ahora se quieren apropiar de él. Este modelo de acumulación de riqueza es insaciable y devora todo lo que encuentre en el medio; tres siglos de revolución industrial y de acumulación del capital nos han llevado casi al arrasamiento del planeta, y aun así los más ricos no tienen suficiente. Cuándo la humanidad entenderá que este modelo ha destruido los recursos de los que vivimos, y el resultado es que los pocos que tienen mucho no tienen suficiente, y los muchos que tienen muy poco solo siguen teniendo miseria. La promesa del neoliberalismo de que los ricos llenarían tanto la mesa que dejarían caer suficiente comida para los miserables es imposible cumplir con este modelo, ni siquiera a las puertas de la destrucción del planeta.


Desde finales del siglo pasado ese imperio del capital ya no respeta soberanías nacionales, se ha desterritorializado haciendo que la producción y los capitales no tengan nacionalidad, solo dueños que disponen de nuevos instrumentos para hacer más eficientes sus inversiones. De esta manera, las empresas del llamado mundo desarrollado pueden producir en países pobres con mano de obra mucho más barata que en los propios, para que luego esas mismas personas mal remuneradas tengan que comprar los mismos productos a sus amos. 
Esa inversión extranjera, que para muchos es el soporte del círculo del desarrollo, para los pueblos indígenas y demás sectores populares no es más que el círculo de la pobreza. El capital llega a nuevos espacios utilizando como discurso seductor el de la globalización, la aldea global, todo el planeta integrado en torno al propósito del desarrollo. Pero esto es mentira: el desarrollo no es más que mayor acumulación del capital, la pobreza no ha sido reducida con los tratados de libre comercio, por lo menos los suscritos por los países latinoamericanos; la realidad nos muestra que hay globalizadores y globalizados, así como un siglo atrás existían colonizadores y colonizados.

Claro que las amenazas del imperio del capital van más allá de una perspectiva económica. El modelo capitalista trae consigo una hegemonía cultural, no sólo representada en la tradición judeo-cristiana, sino principalmente en la uniformidad de los consumos que se vale de unos códigos culturales útiles al comercio. Ni los antropólogos ni los estudiosos de las transformaciones culturales han realizado un análisis permanente de las implicaciones que este modelo económico tiene sobre 
nuestras culturas, pero es suficiente con las experiencias de comunidades que se han visto rodeadas por megaproyectos económicos y otro tipo de estrategias extractivas de enclave para observar su deterioro social e identitario.


La apropiación privada de la biodiversidad que hemos protegido desde tiempos inmemoriales; la usurpación de nuestro saber ancestral con leyes de propiedad intelectual de conocimientos y seres vivos que ya existen, pero que ya tendrían un dueño, uno que esté dispuesto a comercializarlo en nombre propio quitándole este patrimonio a nuestras culturas y a la humanidad; la inseguridad alimentaria con los transgénicos y los desiertos verdes que traen consigo las grandes extensiones de biocombustibles son, entre otras, las grandes amenazas que afrontan nuestros pueblos con el TLC.

La realidad de los TLC es que solo han traído más miseria y despojo a las comunidades populares, por más que quieran maquillar la realidad con indicadores macroeconómicos."


En la V Cumbre Continental celebrada en el 2003 en Cauca, Colombia, unos 4.000 representantes indígenas, líderes de más de 40 etnias, entre ellas embera, wayúus, guaraníes, mapuches, araucos, machiguengas, exigieron un alto a la firma de Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) y Tratados de Libre Comercio (TLC): 
"Que el modelo económico neoliberal actualmente constituye el único paradigma por el que la mayoría de Gobiernos han venido apostando y otros no pueden escapar, son los que imponen políticas de despojo y saqueo de los bienes comunes en nuestros territorios (tierras, agua, bosques, biodiversidad, océano, aire y nuestros saberes) mediante mecanismos jurídicos como los Tratados de Libre Comercio (TLC) y los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI)"


Fuentes:
https://actualidad.rt.com/sociedad/170961-pueblos-indigenas-matanza-america-latina-multinacionales
http://www.observatorioetnicocecoin.org.co/descarga/tlc2.pdf
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=11345
https://vozpueblocom.wordpress.com/2013/11/17/declaracion-final-v-cumbre-continental-de-los-pueblos-indigenas-del-abya-yala-resguardo-de-la-maria-piendamo-cauca/
http://www.revistapueblos.org/?p=19577 
http://servindi.org/pdf/MANUAL.pdf