sábado, 15 de agosto de 2015

La verdad, como la sensibilidad, es un puyazo para la tauromaquia

Se puede despreciar muchas cosas, pero cuando la desconsideración es hacia el sufrimiento extremo de alguien, cuando la indiferencia se adereza con altanería, convirtiéndose en menosprecio, tanto en las palabras como en los actos, para con la vida de un ser tan capaz de sentir, padecer, agonizar y morir como lo es el indiferente y altanero, describe con exactitud la catadura moral de esa persona.

Decía Albert Camus que toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo. Por analogía, si interviene en la ética y en la conducta, adoctrina en la sumisión de cualquier sentimiento de compasión o empatía en la acción que se defiende y practica, aunque dicha acción lleve implícita la vulneración de derechos básicos ajenos, la angustia psíquica y física del otro, y su muerte.

Pero a veces lo anterior no viene solo, sino que lo hace acompañado del desconocimiento, y éste puede ser auténtico o fingido. El primero es el caso del ignorante que, por serlo, ignora hasta su propia ignorancia. El segundo es el del embustero, el de la hipocresía que exhibe aquel que, en palabras de Plauto, en una mano lleva la piedra y en la otra muestra el pan. El peor de los dos casos.

Cuando se juntan desdén, soberbia y falsedad el resultado es muy peligroso, si quien los atesora tiene la capacidad, sobre todo legal, de hacer daño, y el poder de acceder a los medios de comunicación. Porque siempre habrá quienes, por ser como él, se hagan eco de sus argumentos para ser palmeros o discípulos de sus desmanes; y otros que, simplemente, le crean, aunque no hagan más, a pesar de que en ellos no haya intención de admirar o de imitar. Y ya basta con eso para proteger y perpetuar el mal, pues el silencio, cuando hay víctimas, siempre se torna a favor de las armas que se usan contra ellas y de quienes las empuñan.

Enrique Ponce, el matador de toros, es un sujeto preciso para tan desagradable predicado porque encarna ese conjunto de valores en su pensamiento y en su proceder. Como muestra, una entrevista que concedió hace unas semanas a un conocido diario.

En ella asegura que: los antitaurinos tienen la mente cerrada y no ven más allá del “pobre animalito” (entrecomillado en el original), para añadir que: no se dan cuenta de que ese animalito existe gracias a las corridas de toros. En menos de treinta palabras, este hombre, que comenzó a matar toros en público con quince años y que en 2013 llevaba -a la vista, que serán muchos más a puerta cerrada-torturados y ejecutados más de 5.000, almacena en esa declaración la desfachatez, la arrogancia, la burla, el letargo ético y la patraña. Todo ello al servicio de su bolsillo ( cobra unos 120.000 euros por tarde) y de un lobby, el taurino, que ha hecho del engaño su forma de sobrevivir en un camino de un solo sentido. La mentira ha de alimentarse de más mentiras y, jurado que el primer toro no sufre, que disfruta en la plaza o que desparecería como especie si lo hace la lidia, no queda más remedio que repetirlas en el segundo, en el tercero, en el sexto y en los aproximadamente 70.000 que son martirizados hasta la muerte, con saña y lentitud, cada año en España.

Enrique Ponce sabe perfectamente que el toro no desparecería como especie si lo hacen las corridas, sino que desaparecerían los toreros. No hace falta ser biólogo para comprender que los bóvidos de lidia no son especie y sí un producto de la selección genética por parte del hombre para proveerse de criaturas a las que destrozar en cualquier plaza, y en cualquier Tordesillas, Medinaceli o Terres de l´Ebre. Si se dejara de manipular artificialmente al bulldog inglés para que sea más tranquilo de carácter y se adapte a los pisos, o al shar-pei para lograr que tenga cada vez una piel más arrugada, ¿se extinguirían los perros? Tampoco es imprescindible ser veterinario para conocer que el toro sufre en el ruedo o enmaromado por las calles de Benavente. Pero sí es necesario cumplir el requisito de mentir para ser torero, de su cuadrilla, ganadero de lidia o empresario taurino.

Calificar de mentes cerradas precisamente a quienes lo que quieren y están haciendo -a menudo bajo amenazas e incluso agresiones- es divulgar esa verdad que tanto perjudica al mundo de la tauromaquia, y luchan por abrir las puertas de un zulo siniestro donde hiede a siglos de oscurantismo y crueldad para que entren el conocimiento, la justicia y el respeto -que en el siglo XXI no pueden admitir excepciones ni justificaciones para ser desechados-, es un ejercicio de estupidez que sólo puede ser fingida para alcanzar semejante envergadura.

Lo de “pobres animalitos”, con su carga de mofa hacia las criaturas que, como todos los matadores, Ponce jura amar y, no obstante, somete a un tormento atroz para luego acabar con su vida, demuestra hasta qué punto es capaz de la humillación y negación de los derechos básicos y la naturaleza de sus víctimas. Sin embargo, en la misma entrevista, asegura que cuando ve jugar a sus hijas con la muletilla y ellas le dicen “mira, papá, se torea así”, solo se divierte porque sabe que no van a ir a más, que no querría de ningún modo verlas delante de un toro y que eso le produciría mucho miedo. Pero el miedo del toro parece no contar para él. Ni, según él, para sus hijas.

No, Enrique Ponce no es estúpido, sólo es egoísta, inconmovible, mendaz, presuntuoso y sanguinario cuando quien sufre las consecuencias de sus actos no es él o los suyos, sino un animal al que la ley, esa que a él le aterra que cambie (la entrevista es anterior a las elecciones municipales y en ella explica que no quiere que ganen los “antitaurinos” de Podemos), le permite torturar y matar haciéndose además rico con ello.

No, Enrique Ponce no es estúpido, Enrique Ponce es como es y dice lo que dice porque hace lo que hace y pretende continuar. Es así porque es torero. Y que fuese el primer matador académico de la Historia, puesto que ese título le fue otorgado en 2007 por la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Artes Modernas de Córdoba, sólo suma vergüenza a todo este asunto, ya que el galardonado matarife descabella la ciencia cuando habla de lo que desea y sienten los muertos de su profesión, encuentra belleza en sus heridas, en su pavor, en su agonía, y lo único moderno en lo que hace, mejor dicho, futurista, son sus ingresos, porque el resto sólo se trata de una ferocidad, un desprecio y una ignorancia primitivas.

Julio Ortega Fraile

domingo, 2 de agosto de 2015

Entrevista Viruta FTM

Viruta durante la entrevista en Madrid. / FOTO: ÁLVARO MINGUITO


"Consumimos aire, sueños, identidad, relación, alma".
Testo Yonki (2008). Beto Preciado. 

Si tecleamos desde España en cualquier buscador de internet FTM, lo más probable es que lo primero que aparezca sea la Federación de Tenis de Madrid. Si elegimos la opción vídeos, la cosa cambia. Decenas de ventanas con la palabra transgender, timeline o testosterone se despliegan ante nosotras. FTM o Female to Male- de mujer a hombre-, es un código que se usa para identificar a la gente que está en transición y es también la coletilla que acompaña a un cantautor que lleva años rodando por Madrid acompañado de su guitarra, Viruta FTM. “Es algo horrorosamente binario pero sirve para que las personas que transitamos, los chicos trans, podamos encontrarnos”, explica.

Viruta se mueve por Madrid en una diminuta bici roja plegable, “es perfecta y es lo único que me dejan meter en el metro a cualquier hora”. Sabe que tiene aspecto de chaval, “bajito y sonriente” a pesar de los tatuajes. El último que se ha hecho dice "born this way"-nacido de esta manera-y va acompañado de un símbolo transfeminista. Viruta, que en otro tiempo se llamó Virginia, comenzó dando conciertos para sus amigas en pequeñas salas de Madrid, “era como una cantautora bollera y tierna”, cuenta. Desde entonces ha llovido mucho.
¿Por qué Viruta?

Viruta lo conservo desde hace muchos años. La versión real es que me colocaron este mochuelo mis amigas con esa cosa tan machista y universal de que cuando te enrollas con mucha gente en un breve espacio de tiempo te llaman puta, directamente. Mi nombre registrado era Virginia, así que juntaron el Virgina con el puta y me empezaron a llamar Viruta. Empecé a enrollarme a diestro y siniestro, con chicos, chicas y todo lo que se moviera por la misma razón por al que empecé a ponerme mórbidamente gordo entre los 20 y los 25. Me convertí en una versión bajita de lesbiana butch. Se supone que todas las lesbianas de los sueños o las pesadillas de la gente eran más o menos como yo, pero la realidad era que en ese momento había un repunte de bollo lipstick, se podía ser femenina y gustarle a las mujeres. Hubo un bombardeo en los medios en el que las lesbianas de pronto aparecían, pero tenían que aparecer normalizadas y yo ya tenía la mosca detrás de la oreja con todo el proceso de normalización. Tenía escaso interés en mi cuerpo. Sabía que mi cuerpo y mi manera de funcionar por el mundo no eran las que quería y entonces comía sin fin, sin ningún problema, y me enrollaba con gente todo el tiempo. Sin embargo, en vez de estar rayado, como mucha gente trans que lo que hace es intentar mutilarse o encerrarse y no dejar que nadie le toque hasta que no transicione, pues yo lo hice al revés, dejé que todo el mundo me manoseara sin ningún problema ni ninguna carga, pero el cartelito me lo colgaron. Lo de puta es algo con lo que siempre me ha gustado jugar, siempre me ha interesado mucho todo lo que rodea al mundo de la prostitución y el trabajo sexual, toda la construcción social que se organiza en torno al estigma de puta. Me quedé con Viruta porque me parecía adecuado apropiarme del insulto.
Lo de reapropiarse de las etiquetas, lo de resignificar es algo que haces mucho. Tus primeras canciones son versiones de temas más famosos y comerciales, pero poco a poco vas jugando con otras melodías y otras letras, compones himnos contra el amor romántico como Peras y Manzanas o I'm slut, de la Marcha de las Putas de Ecuador, untimeline también sobre tu transición.

Mis últimos dos o tres años han sido la locura. Antes, al estar en otro contexto, hacía canciones distintas. Creo que somos presas de los que estamos viviendo y nunca he podido evitar hacer canciones desde las emociones. Pero han cambiado un montón porque ahora estoy atravesado por mucha información que antes no tenía y mis canciones se han vuelto cada vez más feministas y más integristas. Lo de sufrir por amor romántico o a lo pantoja lo tenía incorporado, y aún tengo un regustito cuando oigo una canción de amor rotundo y me gusta. Ha habido muchos años de construcción para tener una deconstrucción repentina.

Viruta, en un momento de la entrevista.
¿"Con tetas no hay ParaDisko”? ¿Lanzas un crowdfunding para quitarte el pecho y sacar un disco?

Estuvimos pensando mucho tiempo el nombre. Este año tengo dos necesidades urgentes. Lo de quitarme las tetas como persona transexual podría haber sido secundario, pero ya me he hartado. Me he hartado de no poder respirar, de no poder ir a la piscina, de no poder llevar una vida normal en el mundo normal, ese del que tantas pestes echo. Yo quiero seguir luchando porque la gente quiera sus cuerpos y yo querer el mío, pero tengo la sensación de que no voy a vivir para ver esos cambios de mentalidad en la sociedad que van a permitir que la gente camine con la expresión de género que le de la gana acompañando al cuerpo que tiene.

"Me meto en el metro y la gente no se da cuenta de que soy un muchacho trans, pero sigue habiendo un montón de parcelas de mi vida en las que no puedo funcionar de manera cotidiana"
¿Realmente crees que esos cambios llegarán en algún momento?

Creo que sí. Los estoy viendo llegar. Poco a poco la gente joven se está lanzando a expresarse. En los '90 ser la lesbiana de tu barrio, aunque fuera una ciudad grande como Madrid, era significativo, había mucho bullying. Ahora parece que ya está mucho más presente en la sociedad. Sin embargo, la cuestión trans aún está congelada, es algo muy denostado y criticado, y aunque hay mucha lucha entre manos, no creo que me vaya a permitir la vida pasear por ahí sin dar el cante. Yo me meto en el metro y la gente no se da cuenta de que soy un muchacho trans, pero sigue habiendo un montón de parcelas de mi vida en las que no puedo funcionar de manera cotidiana. No puedo salir a tirar la basura sin ponerme una faja o salir a la terraza a tender la ropa porque los vecinos de enfrente me echan fotos si ven algo raro en mi cuerpo. Tengo la sensación de que quedan muchos veranos, que me acerco a los cuarenta años y me apetece hacer otras cosas. Si tuviera 18 años estaría el triple de empoderado y podría ahorrarme la vehemencia con la que defiendo una operación de cirugía plástica, porque hasta yo tengo al sensación de que es una operación de cirugía. Tengo un duelo interno, porque estoy haciendo mucha lucha a favor de la diversidad de los cuerpos y amar nuestros cuerpos y en el fondo siento que estoy traicionándome a mí mismo. Igual hay gente que opina que con la nariz que tiene no va a poder funcionar el resto de su vida, que le frena para las relaciones sociales y que todo el mundo se mete con su nariz. Lo mismo puede pasar con cualquier parte del cuerpo. Pero ya me he lanzado a la piscina porque sé que me va a mejorar la vida y que me va a ayudar a estar mejor por el mundo.

¿Y el disco?

El disco me hace falta y no me hace falta, pero más allá de eso, tengo la sensación de que hay mucha gente que quiere oír mi música. Yo de pequeño no soñaba con ser cantante, pero sí con ser un señor, o algo así. Mucho más que ahora, que no sueño con ser un señor, sino quedarme en una expresión de género media. Lo que pasa es la gente te tiene que encasillar en una cosa u otra, así que algo habrá que parecer. Desde luego prefiero parecer un señor que una señora, que me queda muy mal, pero yo en mi activismo, en mi entorno de comodidad, prefiero estar en ese limbo extraño. Haciendo música tengo la sensación de que hay muchas cosas que a la gente le han servido para algo, hay madres de niños trans que me dicen que les he ayudado en la transición.

Aunque no me gusta generalizar, lo que se busca desde el colectivo trans es la invisibilidad
Es cierto que te expones mucho en tus conciertos y en tus canciones y eso no es algo tan habitual. Incluso en los vídeos visibilizas tu transición.

Es que paradójicamente, aunque no me gusta generalizar, lo que se busca desde el colectivo trans es la invisibilidad, la normalización de los individuos o individuas trans, el hecho de que no hayas nacido con unos items de mujer o de hombre y puedas pasar por el mundo sin que la gente detecte que has nacido con las partes del cuerpo que corresponden al otro género. Yo no es que busque lo contrario si no es por un objetivo dentro del activismo. Pasar inadvertido por el mundo me viene bien para que la gente no me acose, no me insulte, no me diga cosas. Pero también me resulta útil que la gente se dé cuenta de que soy trans para que encuentren otros referentes porque a mí es lo único que me ha servido para transitara mí en mi vida. Yo en los 90 intentaba decírselo a mis parejas, pero mientras, hacía una especie de performance de lesbiana o algo así, porque me gustaban las mujeres y entonces me tocaba ser lesbiana porque yo tenía tetas. No sabía que había ninguna otra posibilidad, porque la transexualidad era lo que estaba asociado a la prostitución, a La Veneno, Bibi Andersen y poco más. La idea de hombre trans ni siquiera existía y hasta que las redes no se metieron en la cuestión y empiezas a descubrir transiciones de otras personas, otros lugares del mundo donde hay gente que decide cambiar su expresión de género, no te planteas que tú puedes hacerlo. Es necesario siempre que haya referentes y pensar que no eres la única persona que está pasando por eso.
¿Y qué referentes encuentras tú?

En los 90 no hay nada, sobre todo encuentro a partir de 2005 casi todo en YouTube. Hubo gente que empezó a contar sus penas y su situación, a querer cambiar y, sobre todo, a hacer una especie de timeline en el que mostraban su cambios. Se empezaban a hormonar y contaban mes por mes cómo cambiaban y lo que se iban encontrando, haciendo una especie de tutoriales. Es algo dual porque hay una parte de vanidad, porque te empiezas a mirar en el espejo mucho más que durante el resto de tu vida porque te vas pareciendo más a aquello que querías conseguir, pero también tienes ganas de que el resto lo vea, por si puedes ayudar a alguien.
La reflexión puede sonar viejuna, pero es cierto que en este sentido internet ha hecho mucho, ¿no?

El YouTube a mí me ha cambiado la vida, igual que a muchísima gente. El transitar es algo que aún a día de hoy no se entiende, sigue resultando muy impactante que la gente decida cambiar una obligación tan importantísima como es mantener tu expresión de género hasta que te mueras. La ventana del YouTube permite que la gente que está haciendo cosas en su intimidad las saque fuera. Yo al principio era super tecnófobo. Nunca había pensado en hacer cosas en internet, pero todo fue de la mano del feminismo. Había tenido militancia feminista de joven, de puño en alto y mani 8 de marzo, pero muy tibia a los 20 años. De ahí me metí en el momento LGTB másmainstream de Chueca, dejé de lado la lucha feminista pero en Chueca tampoco encajé. Así que al volver a Lavapiés y meterme en temas de contenido me di cuenta de que mi lugar estaba aquí, con gente que tuviera más diversidad de expresiones de género. Como persona trans en el colectivo LGTB creo que no se encaja. Se encaja muchísimo mejor en cualquier submundo de gente que no se plantee tanto las cuestiones éticas y estéticas como en el mundo LGTB mainstrream, que está todo muy observado. Igual que las unidades de género, que son muy criticadas por los colectivos trans, porque te obligan a una transexualidad muy hegemónica en la que si eres un hombre trans eres muy hombre con sus camisas de cuadros, su fútbol y cosas así, en el entorno LGTBmainstream también es así, tienes que encajar con una cosas, una música y vestirte de una manera concreta.

Has hablado de las Unidades de Género ¿Cómo es la transición por la sanidad pública?

Es todo complicado, hay una posibilidad de intervenirse por la Seguridad Social pero tienes que entrar por el ojo de la aguja. Yo estoy vetado en la UTIG (Unidad de Transtornos de Identidad de Género de la Comunidad de Madrid), que es horrible, porque estuvimos en un congreso de transexualidad, donde por cierto no había sin gente trans e hicimos preguntas incómodas tipo "¿Ustedes saben que les mentido en los test y que cuando nos preguntan si somos heteros o nos gusta el fútbol mentimos y decimos que sí?". Después me dijeron que mi solicitud podría demorarse años y años.
¿Y el cambio de nombre a nivel legal?

Dentro de la sanidad pública hay un protocolo, pero también hay una alternativa para la gente que no tiene tarjeta sanitaria. Está Médicos del Mundo y la posibilidad de acceder a un psicólogo o psiquiatra privado, eso sí pagándolo, y necesitas dos informes, uno de un endocrino, alguien que te haya estado siguiendo durante dos años, porque te tienes que estar hormonando durante dos años para cambiarte el nombre, necesitan una prueba de que en tu paso futuro por la "vida real" vas a ser leído como un hombre. Y mientras, vas asistiendo a terapia para que confirmen tu cambio. Te hacen test y distintas preguntas en las consultas, un historial completo de tu vida personal, de tu vida sexual, y sobre cómo te has comportado con tus parejas. Si determinan que hay algo en tu vida que no les cuadra, el informe puede ser vetado y no te dejan cambiarte el nombre, es muy perverso. Así que intentas responder siempre lo que crees que quieren oír. Y estás supeditado a lo normativo y conservador. Una de las preguntas más clásicas es "¿cómo sabes que no eres una mujer lesbiana?" Alguien con 17 o 18 años les imponen una masculinidad que ellos no tenían y eso es lo que da miedo, les devuelven a su casa hechos una mierda porque no les gusta el fútbol.
¿Cuánto llevas hormonándote? ¿Has notado muchos cambios?

Llevo dos años y medio y las hormonas me han cambiado la vida. Me hubiera podido mantener igual el resto de mi vida, sin operarme, si la parte protésica de esconder las tetas no fuera tan incómoda para vivir, pero tener una faja en medio el pecho te impide vivir y respirar, genera lesiones con los años. Lo de la hormonación lo he notado en la voz, que me ha bajado un par de escalas y eso ha sido muy complicado. No hay más chicos trans que canten porque es muy difícil. Yo lo que hago ahora es jugar porque cuando te cambia la voz te quedas en menos de una escala. Es un cambio de voz artificial y adulta que se produce porque las cuerdas vocales crecen y al crecer, la garganta se estrecha. La hormonación también hace que te crezcan músculos y puede que la mala leche, pero no te implanta una violencia que no resida en ti. También he notado que ha cambiado mi manera de socializarme, porque la gente ha dejado de leerme como una lesbiana camionera y verme como un muchacho y ser más invisible, porque los muchachos son más invisibles. Y si eres bajito, como yo, eres medio hombre para muchas cosas. Las mujeres hetero genéricas del mundo, tampoco reparan en ti porque eres bajito. Los muchachos gays sí me miran más.

"Me hubiera podido mantener igual el resto de mi vida sin operarme si la parte protésica de esconder las tetas no fuera tan incómoda para vivir"
¿Y desde que eres leído como hombre sientes que tienes privilegios masculinos, que te tratan de manera diferente?
Por supuesto que sí, tienes privilegios en un millón de cosas. Las primeras, las más sutiles, ser más escuchado, todo eso que llaman micro machismos, que en realidad son machismos tal cual, desde que te pongan a ti la caña y a tu compañera la fanta hasta el tema de la ocupación en el espacio público, no tener miedo por la noche en la calle o que una misma broma caiga de manera diferente según de qué boca salga. Lo esperabas porque lo sabes desde siempre, y ocurre. Te das cuenta de que exactamente con la misma circunstancia y viviendo la vida en tu mismo envase, solo porque la cáscara ha cambiado, la cosa funciona de manera diferente.

¿El género binario es uno de nuestros mayores problemas? Al menos eso decías en unaentrevista de Pikara Magazine.
Es el primero de nuestros problemas porque eso nos da una carga vital, una mochila de quehaceres. Desde que existen las ecografías que pueden definir en teoría qué es lo que te cuelga entre las piernas, hay una educación en género, incluso a través de la tripa. Se habla de lo bonita que va a ser la niña o de que el niño va a ser futbolista. Hay una necesidad imperiosa de poner etiquetas. Todo en la vida nos llega en forma de binario, hasta que no nos desviemos de todo eso, el mundo no va a cambiar, aunque los grupos de gente joven ya están cambiando. Hay niños y niñas hegemónicos que no se conforman con ser un macho macho o una hembra periputi. Hay mucha gentetransgender o gender fucker, gente que no quiere ser él o ella, o que se nombra como "elle". Como los góticos de mi juventud, que era lo más andrógino que me encontraba en mi época. Muchachos que se maquillaban, dulces, femeninos... ahora pasa mucho con la gente joven en el mundo del cómic y se empieza a deshacer el género desde la cultura japonesa, porque tienen una manera más andrógina de sentir la vida. Son sujeto de bullying a saco, porque en el cole tienes que ser una barbie malibú o el garrulo que da collejas a los demás. Es un patio de instituto que viene de Estados Unidos, pero es el mismo que veíamos en la peli de Grease en los 80 en la que los nerds se ponen en un banco y los quarterbacks en otro. Eso está en todas partes pero la gente joven lo está intentando disolver poco a poco.

No me he muerto. Me han matado.

No me he muerto. Me han matado

La violencia machista en su expresión más brutal dejó 4 nuevas víctimas en 12h el pasado 31 de julio: dos mujeres y dos niñas. El portal Feminicidio.net amplia la cifra a 56 asesinatos de mujeres, ‘feminicidios’ como su propio nombre indica, en lo que va de año en el Estado español. Y aún hay gente que se pregunta, incluso entre las más militantes del feminismo, “¿cómo es posible?”, aunque éstas últimas saben que tienen la respuesta.

Si tomamos como enfoque la aproximación de Galtung sobre cómo opera la violencia en la sociedad, en este caso centrándonos en el patriarcado, la violencia que se ejerce contra las mujeres es directa: visible, la agresión;simbólica: los discursos y elementos que conforman el imaginario colectivo sobre la mujer y estructural: negación de necesidades básicas. Las dos primeras se retroalimentan. La estructural y la simbólica son las causas que subyacen a la violencia directa. El peligro potencial es de lo más sutil. Que un hombre agreda/mate a una prostituta, por ejemplo, es violencia machista perola ley no la considera como tal. Eso es violencia estructural. Que se denieguen órdenes de protección ante el aluvión de denuncias de violencia machista, que aún así son pocas, es violencia estructural.

¿Y qué hay de la violencia simbólica? Son parte de la violencia simbólica los estereotipos sobre la mujer que la consideran un ser inferior al hombre. Lo son los discursos religiosos que las rebajan. Lo es la presión estética y la publicidad. Los tabúes sexuales y su contrapartida: la presión sexual. Lo es el hecho de que esté legitimado el piropo, es decir, la invasión del espacio. Lo es la insistencia sexual en una fiesta, que también es directa porque No es No en cualquier caso. Lo es el lenguaje: puta, zorra, perra, guarra, “esto es un coñazo” vs “esto es la polla”. Y lo son, especialmente, las palabras que escogen los medios de comunicación generalistas para informar de asesinatos machistas: “morir a manos de”, “muerta por”. No señores/as, no me he muerto. No soy un sujeto que pasivamente ha muerto. Soy una mujer a la que activamente han matado. No en todos los casos es así y de hecho en los últimos 4 asesinatos no lo ha sido. Es cierto que hay medios que utilizan el verbo “matar” y “asesinar” para referirse a los feminicidas. No obstante, tradicionalmente los medios de masas caen en la dinámica de hacer a la mujer el sujeto en el titular. Aquí algunos ejemplos de El Mundo, El País, El Periódico, CCMA y el ARA:

Elaboración propia

El lenguaje construye. Y del mismo modo que llamar “terrorista” a todo lo que supone una disidencia del sistema va calando en el imaginario común, quitarle el verbo MATAR en clave activa a un asesinato machista lo suaviza. Es como decirle a una mujer “tía, te han dado 15 cuchilladas pero eres TÚ la que te has muerto”. El subconsciente así lo asimila. Por cierto, según la acepción académica más aceptada de “terrorismo” sólo podemos hablar del mismo si se producen asesinatos continuados de civiles con causas y objetivos políticos. La sucesión de asesinatos de mujeres es #TerrorismoMachista porque el patriarcado forma parte del sistema político y su función primordial es subyugar y oprimir.

Los datos oficiales

Cabe recordar que según el artículo 1 de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, sólo se considera violencia de género aquella que se produce dentro del ámbito afectivo, con lo cual cualquier mujer asesinada o agredida fuera de la pareja no entra en la categoría. “La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”. Por ello, los datos que dan el gobierno español están filtrados y falseados: 23 mujeres asesinadas en lo que va de año. Existe pues una confusión en la misma legislación entre “violencia de género” y lo que sería la “violencia doméstica de género”, aunque aquí escogemos el término “violencia machista”.

Órdenes de protección denegadas

Según el grupo Feministas contra el Feminicidio se deniegan el 70% de las órdenes de protección que se piden ante casos de agresiones machistas. Estas ordenes pueden implicar medidas penales y civiles para el agresor, y medidas de protección social de la mujer. Según cifras del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en 2014 hubo 95.311 denuncias por violencia de género y únicamente 14.207 órdenes de protección aprobadas. El año pasado 53 mujeres fueron asesinadas (dato oficial) de las cuales sólo 3 tenían orden de protección. Todas habían denunciado previamente.

Conclusión

La violencia machista está normalizada. No sorprende; no altera a nivel institucional y tampoco en el terreno civil a gran escala. Es una masacre constante que se asimila cómo algo lejano pero cuya expresión más bestial, la agresión, se produce entre 4 paredes a dos puertas de tu casa. Y sin embargo, excepto un par de manifestaciones anuales con varios miles de personas, si llegan, y las acciones de grupos militantes feministas, no hay muestra de una conciencia real del problema. El terrorismo machista supera la actividad armada etarra y no hay pánico social. Las instituciones no protegen y los componentes del sistema cierran filas contra las mujeres descargando toda la maquinaria pesada del patriarcado que limita, que encarcela, que anestesia políticamente, que agrede y que hiere. No se entiende que las causas a investigar de la violencia directa residen en la concepción de la mujer que crean los discursos imperantes porque se asumen dichos discursos por lesivos que sean.

Cada vez que sale una noticia de un nuevo asesinato siento que me clavan un cuchillo en el pecho y me tiemblan las piernas. Pero también lo siento cuando tengo que decir 10 veces que no a un tío en una fiesta, mientras no deja de tocarme la cintura, el hombro y cada vez se va acercando más a mí, aunque yo no quiera. Lo siento cuando más tarde no sé explicarme porqué no he actuado de una forma más defensiva. Porque me he paralizado.

Si esto va a continuar siendo una masacre, que se convierta en una guerra.

Por Celia Castellano

Entrevista a Jorge Moruno

"Moruno escribe la mitad de los discursos de Pablo, pero la gente no lo sabe", dijo una vez un dirigente de Podemos. Quizá exageró. Quizá no. Pero lo cierto es que Jorge Moruno (Madrid, 1982) es uno de los padres de Podemos y ya ayudaba a Pablo Iglesias a preparar las intervenciones en televisión antes de lanzar el partido, en enero de 2014. Miembro del Consejo Ciudadano estatal, Moruno es el responsable de Discurso y Argumentario de Podemos, pilares fundamentales de la organización. Estudió Sociología, acaba de publicar La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa-mundo (Akal), y defiende el reparto del tiempo y que el trabajo entendido como actividad remunerada ligada a derechos y ciudadanía ha dejado de ser el eje que articula una sociedad golpeada por el paro y la precariedad. Y reivindica que existen actividades socialmente rentables que deberían estar reconocidas –renta básica– aunque no estén dentro del mercado del trabajo productivo.

Moruno es un estudioso, apasionado de El Príncipe, de Maquiavelo, que reconoce que nunca ha tenido un trabajo remunerado en el que se sintiera tan realizado como con las actividades no remuneradas que más le atraen: la lectura, la escritura y la formación intelectual.


¿Cómo se conjuga el estudio y el pensamiento en un partido que muchas veces va a una velocidad mucho más rápida?

Hay una especie, pareciera, como de inercia de los partidos que tienden a preocuparse de la interna y dejar fuera lo que sucede, para lo que supuestamente está construido, que es la demanda y las realidades que tiene la ciudadanía. Y eso tiene mucho que ver también con despreocuparse de las ideas y de los análisis políticos. Nosotros desde que nacimos es algo que tenemos clarísimo, que nos tenemos que recordar continuamente la creación de ideas, la creación de pensamiento. Me parece algo fundamental. Podemos no habría existido si no hubiera existido detrás un tumultuoso y constante análisis, discusiones, debates, pensar, leer, pensar, leer. Sin eso no hay Podemos, y a veces la esclavitud de la coyuntura te hace perder de vista la necesidad del debate que va por un carril más lento, que es el carril de la deliberación, del pensamiento y del intercambio de ideas. Pero hay que estar promocionándolo y estar siempre con la vista puesta en el debate y en la producción de ideas. Si no, te conviertes en una maquinaria que funciona por la inercia, que funciona sobre todo para sobrevivirse a sí misma y que se olvida dónde está. Y las ideas es algo que está ahí siempre, para recordarte para lo que estás. Por eso nosotros hemos puesto tanto énfasis en la Universidad de Verano, y en la revista La Circular. Desde la caída del Muro y la Tercera Vía, me parece que las derechas tenían más hegemonía cultural y hegemonía sobre cómo hacer las cosas. Y en cambio, el otro lado, estaba más huérfano de alternativa, más huérfano de una propuesta de la sociedad. Y eso tiene mucho que ver con producir ideas: ha habido una contrarrevolución capitalista que ha totalizado el conjunto de la política y el espacio social, ha utilizado el campo de la decisión de lo político, de las distintas opciones, ha desaparecido el campo de lo que puede ser. Por eso ahora sólo es lo que hay, y eso ha anulado a una izquierda que en lugar de afrontar el presente ha preferido muchas veces el replegarse unitariamente en una mistificación de lo que fue en su momento, y eso le ha hecho perder lo que ha sido siempre el movimiento obrero. No quiero entrar en una discusión histórica del desarrollo después, no, no. Lo interesante políticamente es, no tanto que fuera una vanguardia, no tanto que siguiera unos preceptos, sino la capacidad de articular un movimiento de vida, de proyección de futuro. Lo que vamos a construir, y eso lo perdió la izquierda. La izquierda del 89 o se avergonzaba o miraba para atrás con mistificación del pasado que no… que obviamente fracasó, donde las fuerzas productivas estuvieron por encima de las relaciones de producción soviéticas. Por eso había esa fuga de ideas, de cerebros y demás. No estuvo a la altura de la composición social de trabajo y en este repliegue ha visto todo como traidores, y yo creo que no se ha querido afrontar la realidad. Y el refugio es una forma de mantenerte seguro, de mantenerte en calor, es una forma totalmente impotente y por eso hay que romper efigies, hay que romper tabús, hay que arriesgarse a pensar en lo que hay aunque no uses las mismas palabras. ¿Las palabras? Las palabras pueden modificarse.

La izquierda cada vez parece que se acerca más a la derecha, parece que sus tácticas son diferentes para conseguir objetivos similares, el partido socialista, el partido Popular, no salen de un marco que es incuestionable, pero curiosamente las causas por las cuales alguien es de izquierdas son más vigentes que nunca, la desigualdad no deja de aumentar. ¿Qué ha pasado? Ha pasado que yo creo que no se ha querido afrontar la construcción de un nuevo relato en clave democrática que es lo que siempre ha sido históricamente la explicación que antes tomaba el nombre de socialismo. Y se ha preferido abrazar los símbolos, abrazar las palabras fetiche. Ha habido una especie de rollo retro postmoderno con algunas figuras, imitar, imitar, forman parte más del rollo punk y del producto de consumo que de un análisis y una decisión real.

La izquierda se ha enrocado en una decisión escolástica sobre quién es marxista, quién no, y ha perdido su conexión en ese sentido con la sociedad, ha entendido la producción de ideas como un reducto sólo para iniciados en los que se denominan de esta manera y no afrontar el análisis del estado de las cosas: dónde estamos, qué sucede, quién es nuestro pueblo, cómo se organiza la sociedad, cómo podemos construir formas democráticas para sumergir las relaciones de poder que empobrecen a la mayoría y enriquecen a la minoría. Es que la idea de democracia y de autonomía es muy, muy anterior a la idea del socialismo científico y todo eso, fueron el coche por el cual transportaba la idea de democracia. Pero la democracia es la carretera, es la que sigue, el coche se puede averiar pero la carretera sigue siendo la democracia y eso está por encima de cualquier forma coyuntural y nombre que se le dé en el momento. Y la producción de ideas tiene que estar ahí, tiene que ser siempre un golpe, tiene que ser siempre una forma de cuestionarte a ti mismo, de cuestionar lo que haces, las medidas que puedes llegar a tomar. Muchas veces trastoca, es molesto, a veces, bueno, modifica tus posiciones, te enfrenta a situaciones con las que estás a gusto y en esto es estresante, ¿no?

Recientemente se han conocido datos del paro, de la EPA, y parece que se han creado empleos, pero estos empleos no son tantos como teníamos hace 4 años ni son de la calidad de los que teníamos hace 4 años. ¿A pesar de la recuperación macroeconómica, las condiciones de la vida de la gente no mejoran?

La mejora de la macroeconomía se debe en gran medida a factores exógenos a la propia actividad del Gobierno. Se debe en primer lugar a una política del llamadoquantitive easing del Banco Central Europeo, para bajar el precio del crudo, y se debe también precisamente a la relajación de la política de recortes, precisamente en año electoral, por parte de Bruselas. Ojo, recordemos que Bruselas ya dijo que para 2016 o 2017 hay que aplicar nuevos paquetes de ajustes y de recortes. Así que lo que tenemos ahora es un paréntesis. Por otra parte, se ve muy claro: no se está creando empleo, se está repartiendo miseria, que es algo muy distinto. Es como cuando una familia pobre coge un trozo de pan y lo trocea en muchos trocitos para que parezca más, pero sigue siendo lo mismo. Hay que ver que el volumen de horas trabajadas no ha parado de bajar, desde que llegó Rajoy al Gobierno hay, si no recuerdo mal, 1.300.000 empleos a tiempo completo menos, hay casi 700.000 empleos indefinidos menos, ha aumentado la precariedad, y lo que se hace es tratar de bajar porcentajes, no tratar de buscar aquello para lo que servía el empleo. El empleo es un medio de vida, es un medio sobre todo de acceso a la ciudadanía, y ese mecanismo, esa vía, cada vez se va rompiendo más. Lo que se busca es simplemente una imagen de cara a la galería, pero que claramente no tiene una repercusión real: a día de hoy uno de cada cuatro empleos que se firman dura una semana o menos. El 92% de los contratos firmados en 2014 fueron temporales. De ese 92%, un 40% duraron un mes o menos. Así que precisamente lo que se está intentando es salvar la cara en una coyuntura preelectoral y tratar de vender que hay una recuperación económica. Recuperación, como decías, a nivel macro, pero que eso no se traduce en un aumento de la calidad de vida de la ciudadanía. Y hay un problema añadido: los ingresos a la seguridad social de las 400.000 últimas nuevas afiliaciones han sido un 0,96%, que es algo casi… nada. Un número parecido de afiliaciones provocó en 2007 un 8% más de ingresos. Claro, si subvencionas la contratación, si abaratas el despido, si bajas salarios y erosionas derechos, no hay ingresos a la Seguridad Social; si no hay ingresos a la Seguridad Social no hay dinero para financiar servicios públicos, no hay dinero para financiar pensiones, por lo tanto tienes que comer, como ya se ha comido, un 38% de la hucha de las pensiones. Se rompe el engranaje de los sistemas de bienestar.

El discurso del Partido Popular, sin embargo, es que "la mejor política social es crear empleo, porque a través de las cotizaciones es como se consigue sostener el estado de bienestar".

De lo cual con este dato se resuelve que es mentira, porque si no generas ingresos, no puedes pagar pensiones, cada vez destinas más recortes a la sanidad y a la educación. Si no creas empleo y no tienes ingresos, ¿dónde está tu llamada "política social"?

Usted también defiende que no es que haya que trabajar mucho, ni muchísimo, si no que hay que repartir el tiempo. O sea, que la vida que tenemos gira en torno al trabajo remunerado.

Exacto. Yo creo que hay una crisis de los regímenes constitucionales surgidos de la Segunda Guerra Mundial con una regresión autoritaria de 40 años. Pero la Constitución del 78 está en cierto modo basada en la italiana, que es una Constitución en torno al trabajo. El trabajo ha sido, digamos, el núcleo irradiador de nuestras sociedades occidentales. A día de hoy eso es lo que se está desestabilizando, el trabajo, no en el sentido antropológico de hacer cosas, sino el trabajo salido de la modernidad industrial, el trabajo en el que te pagan por hacer algo.

Y por el que te sientes realizado...

Claro. Pero está perdiendo su papel central en el conjunto de las sociedades occidentales, lo dice incluso la Organización Internacional del Trabajo, que en esta parte del mundo el empleo indefinido a lo largo de la vida está en retirada. Esto provoca una crisis de ciudadanía, porque todos nuestros derechos y nuestra visión de la ciudadanía está totalmente ligada al hecho de tener o no tener un empleo. Y estamos en una situación paradójica, en la que, a día de hoy, para producir más no es necesario contratar a tanta gente; se pueden producir mayores cantidades de riqueza con cantidades decrecientes de empleo, lo cual genera una liberación de tiempo. El problema no es que se libere tiempo, el problema es cómo se gestiona esa liberación de tiempo: en clave actual, que es clave precaria, lo que significa un embudo, el empleo se convierte en un embudo donde todos lo vemos como un zanahoria para poder acceder a él. Pero precisamente se viene utilizando ese baremo para medir la riqueza, que es lo que provoca una forma de dominación sobre el conjunto de la población, una población que nada entre el paro y la precariedad es una población que está desesperada, que no tiene medios de empleo para acceder a los medios de vida, pero los medios de vida podrían darse en el margen de los medios de empleo.

Porque la sociedad al final está organizada alrededor del trabajo.

Sí, pero es una organización social, y como toda concreción histórica y social, es construida. Y por lo tanto se puede deconstruir y construir de otra forma. Es tan fácil como que el concepto de empleo que nosotros asociamos como sinónimo exacto de trabajo, no es cierto históricamente. El concepto de empleo es un concepto que data del siglo XX, antes no existía el empleo estable a lo largo de la vida que te permite trazar una biografía... eso no existía, es una condición del siglo XX. Y eso es lo que está hoy en decadencia, por lo tanto tenemos que ser capaces de repensar de nuevo el trabajo más allá del empleo, poner en valor aquello que se hace y no solo aquello que se tiene, no solo el empleo que se hace, sino el empleo que se tiene. Por poner un ejemplo muy claro: una madre que cuida a sus hijos en casa, en la sociedad en que vivimos, no realiza una actividad útil, porque nadie le paga por ello, no está homologado ni regulado socialmente ni hay un contrato de por medio; esa misma persona, cuida niños en un jardín de infancia, y se considera útil y productiva. Bueno, creo que hay que empezar a poner en valor más lo que hace y no solo lo que tiene y avanzar hacia una sociedad más de plena actividad que de pleno empleo, donde tú puedas desligar los derechos de tener un empleo, los ingresos de tener un empleo, hablaríamos de fomas parecidas a la renta básica, y valorar socialmente actividades por las cuales no necesariamente te tengan que pagar. El capitalismo lo que ha hecho siempre es aunar ambas esferas. No hay actividad que se considere útil si no te pagan por ella, y no hay forma de obtener un ingreso si no es a través de un trabajo remunerado. Lo que hay que hacer es dinamitar esa relación y poner en valor actividades por las que no te pagan y al mismo tiempo generar ingresos que no tengan necesariamente que venir por un trabajo, lo cual abriría un amplio abanico de posibilidades, de nuevas formas de creación, de innovación, de cooperación, que yo creo que nos estamos perdiendo. Precisamente, muchas veces, porque necesitamos conseguir un empleo precario que anula en buena medida esas posibilidades de cambio y de innovación en la sociedad.

Y también relaciones humanas, relaciones sociales.

Por supuesto. Tenemos el sentido de la paciencia totalmente atrofiado, funciona casi a un ritmo de trending topic, de instantaneidad constante, en la que las redes sociales, por ejemplo, son una ventana al mundo, pero al mismo tiempo, el mundo entra por nuestra ventana. Y al mismo tiempo, nosotros nos convertimos, a través de las redes sociales, en elementos por los cuales nos van a juzgar: hay gente que ha perdido su trabajo por un comentario que ha hecho en Facebook. Tú te puedes conectar al instante con gente en la otra parte del mundo, y al mismo tiempo, tus datos los puedes vender a una empresa, y a ti, según tus búsquedas, tus pareceres y opiniones, te venden cosas. Parece ser que siempre hay una pulsión... Hay un estudio que decía que un Me gusta en Facebook producía más ansiedad que el beber y el fumar, y parece ser que siempre hay algo más interesante en esta ventana infinita, que aquellas relaciones que podemos mantener de manera directa. Teniendo en cuenta que también las tecnologías se utilizan como formas de expandir la relación social capitalista y de trabajo ahí donde antes no había entrado, en esas barreras naturales, en esas barreras de la intimidad, el empleo entra ya en el trabajo, una vez que tú no tienes ya horarios, tú tienes que obtener resultados, y a lo mejor estás respondiendo emails a las doce de la noche en tu casa, y a lo mejor el estar tan pendiente del móvil en tu dormitorio, hay estudios en Inglaterra que indican que ha afectado a las relaciones sexuales íntimas...

A veces da la sensación de que muchas veces la izquierda, las izquierdas, se han preocupado mucho más por ganar dos puntos más en el convenio colectivo, por mejorar, que lógicamente es legítimo, las remuneraciones de los trabajadores, pero no tanto a lo mejor por pensar el modo de vida que se estaba desarrollando. Ahora se habla mucho del "buen vivir". Y no es lo mismo habar de trabajar menos con un salario razonable que trabajar con un contrato temporal y con 500 euros, que no da para vivir.


Claro, la cosa es tener tiempo, pero tiempo que puedas decidir autónomamente. Un parado tiene tiempo, pero no tiene capacidad de decisión autónoma sobre su tiempo. Aquí yo creo que se superponen un relato en clave nacional, propia del régimen del 78, y un relato macro que podríamos ver en el conjunto de Europa. El relato macro vendría a ser que con esta revolución espacial, que podríamos decir que es la globalización, ha trastocado completamente los marcos donde operaban las identidades políticas que han venido marcando la modernidad, que es básicamente lo que entendemos como el eje de izquierda y derecha. Fronteras delimitadas, relaciones entre Estado, conflictos ásperos pero aseados, uno sabe quién es quién...

Y al final para tampoco cambiar mucho el marco en el que se mueven.

No, claro, claro. Todos los avances en la historia de los derechos sociales se han dado siempre en clave desobediente. Es decir: sin la Comuna de París no habría habido a posteriori la tercera república ni habría habido una serie de mejoras en horarios, en normas de derechos laborales, etc. Lo que ha pasado es que en la configuración política que tenemos hoy en día, que es el régimen del 78, que es lo que entendemos que está en crisis, es que cuando entra en crisis el propio régimen entran también en crisis quienes le hacían la oposición. Pero hay que entender que los sindicatos han cumplido una función fundamental en la estabilización de ese régimen. Por supuesto, la llave de gobierno la tuvo el partido socialista al incorporar grandes masas de población a cambio de una serie de derechos. El problema es que la composición social del trabajo sobre la cual se han levantado los sindicatos actuales es una composición social en retirada. Cada vez hay más porciones de población que no forjan su identidad en torno al trabajo que hacen, porque tienes un trabajo de dos meses, o porque haces ese trabajo pero en realidad te gustaría hacer otra cosa. No se reconocen en ese centro espacial que es la fábrica, ahí es donde se configuran las identidades. Ya hay toda una serie nueva de figuras laborales que no se corresponden con el imaginario construido del hombre blanco, trabajador, que trabaja en la fábrica y demás. Hoy tenemos precarios, falsos autónomos, becarios, gente en prácticas, freelance... tenemos todo un abanico de realidades laborales que no encuentran un abrigo en la forma sindical, y el sindicato es algo que se debe repensar a fondo. Yo creo que en cierto modo tiene que volver a una parte del origen, como sindicato de vida, más allá del centro de trabajo, hay que construir unos relatos de condiciones de vida. Hoy en día... el mayor sindicato que puede existir hoy en día es la PAH, y actúa sobre el espacio metropolitano. Por supuesto que es necesario en los conflictos de los barrenderos, Coca-Cola, etc, en sectores muy localizados, pero eso se nota en las huelgas. Yo he estado en piquetes con gente que hacía el piquete y a las siete de la mañana se iba a trabajar. ¿Se le puede llamar esquirol? Yo creo que no, que no tiene ninguna red donde apoyarse esa persona y no es esquirol de corazón. Entonces, o repensamos el sindicato de una manera materialista, acorde a la realidad del estado de las cosas que tenemos hoy en día, del trabajo contemporáneo, precario, fragmentario, móvil, flexible... y acorde a una serie de derechos que podrían corresponder a estas formas de vida, o si no, se pueden ver en una situación casi de cierre corporativo.

Entonces, si toda esta identidad en torno al trabajo, que como hemos estado hablando antes es casi el centro de la vida, se está resquebrajando porque hay una diversidad muy grande, ¿que otra identidad se puede construir? ¿En torno a qué?

Esa es la batalla que tenemos, porque ten en cuenta que el trabajo como racionalidad económica surge en el siglo XVIII, antes no se veía así, se veía como una cosa moral. Hemos forjado nuestras identidades, la del movimiento obrero, dentro del trabajo y a veces contra el trabajo. Pero siempre alrededor de esta situación. Es complicado, no hay una respuesta segura La cuestión es que tenemos que abordar el presente, las posibilidades que nos da este presente, las oportunidades que nos ofrece, y arriesgarnos a darle una orientación democrática al declive de la sociedad del trabajo. Eso es arriesgado, porque nos pone ante el espejo de toda una tradición en las cuales nos sucede lo que contaba Hannah Arendt, una sociedad de trabajadores sin trabajo es una sociedad que se ve desorientada, que se ve perdida, no sabe qué hacer. Por eso es fundamental entender que podemos encontrar formas de reconocimiento social, en nuestra actividad social, que no siempre tengan que venir dadas por un trabajo. Ojo, que cada vez, como decía, hay un mayor porcentaje de la población que no se identifica con el trabajo. Hay que buscar algún hilo común, en todas estas realidades para orientarlo en clave democrática y adentrarnos en una sociedad que se constituya en torno a nuevas sensibilidades, a otro tipo de actividades, y que no siempre nos tengamos que identificar como ese trabajador clásico que desarrolla su vida en el centro del trabajo.

En la dialéctica de la lucha de clases.

Claro, lucha de clases. Maquiavelo lo llamaba "tumulto", Espinoza, "multitud"... Conflicto. La democracia es conflicto. Marx lo llamaba lucha de clases, pero Maquiavelo decía "la producción de leyes viene dada por el conflicto entre los grandes y el pueblo". Eso siempre ha sido así. Las constituciones son mandamientos jurídicos que regulan toda una miríada de antagonismos sociales, de clase, y no solo: de raza, de género y demás. Y son efecto del conflicto. Esto forma regímenes políticos que duran constituidos temporalmente. Pero cuando ya son capaces de perdurar en ese equilibrio de poder que han construido, pueden surgir formas constituyentes, porque ese poder constituyente es el que trata de reordenar las normas, las relaciones y el reparto de poder entre las distintas partes de la sociedad. La cosa es cómo podemos recuperar hoy la fuerza de la fuerza del trabajo. Si los derechos en las constituciones vienen dados por el movimiento obrero, hoy esa fuerza que sostenía esos derechos es la que se está diluyendo. Tenemos que encontrar la forma, como Star Wars, de dónde está la fuerza [risas]. La fuerza transformadora que nos permita negociar un mejor contexto y unas mejores condiciones de vida.

Que ustedes identifican con "los de abajo".

Claro. Como decía antes, se ha caído el relato de la izquierda, ya no es capaz, creo, de conectar con el ser y el sentir de una gran parte de la población que lo está pasando muy mal, que está indignada, que tiene un malestar a veces no articulado, difuso, pero que no se reconoce en una tradición concreta llamada izquierda. En primer lugar porque en este país nos cortaron la historia, y hay que entender que llevamos 35 años de espacio liso apolítico, es decir, aquí no se discutía de política desde hace 40 años. Y eso fue el 15M, una especie de terapia colectiva, de pensamiento crítico, qué tenemos que decir nosotros ante la vida...

Que también, perdona que te interrumpa, tiene mucho que ver con la precariedad y con el bolsillo. Evidentemente, hay mucho de revolución democrática, pero...

El relato de la izquierda está totalmente ligado al relato de la tradición laborista, de la tradición del trabajo. Y claro, cuando el trabajo pierde esa centralidad, esa centralidad subjetiva en la construcción de las vidas, también pierde por esa parte su posición. Y lo que tenemos hoy en día es un conjunto de élites que cada vez responden menos como mandatarios de los mandatos de la voluntad popular. Hay una proyección oligárquica en nuestras democracias, en las cuales hay una élite que está como emancipada de los mandatos por los cuales supuestamente se ha votado, los cuales tienen como una especie de solidaridad horizontal con las distintas élites transnacionales, y no ya ligadas a su propio territorio. Parece ser que se han perdido el lugar de la política. El espacio público está totalmente colonizado con la lógica del mercado, y no se encuentra el sitio donde se forjaba lo político. La única manera de reencontrarlo es mediante una escisión popular. Antes de la unidad popular viene la escisión popular, y eso fue el 15M. Una ruptura del conjunto de relatos, de discursos y de formas de entender lo que sucede.

Te desenganchas.

Te desenganchas, sí, y a partir de ahí te construyes. Y lanzas. No hay una relación mecánica entre el 15M y Podemos, pero en él se forjan las posibilidades, se forma el quórum social mediante el cual puede surgir una opción, en este caso política, electoral, que trate de dar forma política al malestar generalizado. El 15M fue una vacuna contra la inacción, totalmente. Puso encima de la mesa la producción de un nuevo sentido sobre lo común. Un nuevo sentido común y nuevos sentidos de lo común. Y politizó lo que antes se vivía como un dolor individual, como una culpa: los desahucios, la precariedad, la situación, la crisis... Y eso es lo que ha facilitado la posibilidad de una ruptura en clave plebeya, con unas élites que están, como digo, emancipadas de un lugar; que han puesto en duda incluso ellos la propia democracia representativa. La propia democracia representativa hoy está en tela de juicio por la contrarrevolución oligárquica. Y esto también responde a lo que sucedió en los años 70, que es una crisis de gobernabilidad que hubo por un colapso de los mercados internos y por una crisis de gobernabilidad de la fuerza de trabajo. Y hay un documento de la comisión trilateral de 1975, si mal no recuerdo, que se llama Crisis de democracia; la conclusión a la que llegan es muy clara: el problema de la democracia es que hay un exceso de democracia. Tenemos que evadir a la gente y que vuelva a sus casas y se preocupe menos de los asuntos públicos. Hay que destrozar las fortalezas obreras, hay que divorciarse de la relación con el Estado, y hay un nexo de mercado de la financiación de la economía, una nueva serie de mercados integrados a nivel global, a las que no tenemos instituciones políticas para llegar. Y estamos como en una especie de... un ya no, todavía tampoco, más en clave europea.

Y todo esto da para construir qué. Da para construir un proyecto político, que sois vosotros, pero ¿da también para una sociedad alternativa, para cambios en la sociedad, para maquillar esa sociedad...?

Yo creo que hay que diferenciar. Que nadie se piense que el mundo entero va a cambiar porque tú pongas una papeleta. Podemos, en este caso, es un instrumento, pero es que es literal que es un instrumento. Tú no puedes cambiar social y culturalmente del todo a través del legislar. Por supuesto que eso ayuda, y que el poder genera consenso y el consenso genera poder, pero...

Sí, pero tener el gobierno no siempre es tener el poder.

Claro, es que el poder es una relación. El poder no se tiene, el poder se ejerce. Y el poder es una relación mantenida en una correlación de fuerzas entre distintos actores que pueden tener distintos intereses. Y no todo el poder se somete por vías democráticas: el poder financiero no se somete a ningunas elecciones; el poder de los grandes conglomerados mediáticos no se somete a ningunas elecciones, a ninguna voluntad popular. Pero ejercen poder. El Ibex 35 ejerce poder los 365 días del año, mientras que un ciudadano solo vota una vez cada cuatro años. Hay que democratizar la democracia. Y eso solo va a venir dado de una demanda de la sociedad, de la sociedad en movimiento, de su capacidad de autodeterminación constante, que es la base de la democracia. Es decir: o desdemocratizamos la sociedad o la democratizamos. Y primero necesitamos en cierto modo devolver las instituciones al servicio de la gente, porque las instituciones estatales no son más que posos de relaciones históricas solidificadas, pero son relaciones; y dar pie, lo que se pueda desde las instituciones públicas, a que la sociedad civil tenga más facilidades para organizarse, autoorganizarse y crear nuevas instituciones que regeneren el tejido social y por lo tanto sirvan como un contrapoder, como una tensión constante con el Gobierno. Te hablo a nivel nacional, pero es que esto no te va a resolver la papeleta global, ni la papeleta euopea, y ese es un problema en el que solo se va a solucionar tomando los estados nación pero apostando por Europa. Y claro, a día de hoy solo podemos llegar a las instituciones políticas públicas que tenga el Estado. ¿Eso es suficiente? No, pero es hasta donde podemos llegar. Uno puede llegar hasta donde puede, y luego a partir de ahí intentar construir más cosas.

Porque el ejemplo de Grecia, ¿cómo lo leemos?

¿Dónde esta el soberano? ¿Quién manda aquí? El soberano, decía Robespierre, es el pueblo. ¿Quién manda aquí? Porque tiene al 61% de la gente votando el no, gana en las elecciones, tiene el apoyo de su pueblo, pero, ¿dónde se deciden las cosas? En la comunidad internacional, el Banco Central Europeo, el FMI, el Banco Mundial, la troika... que son todo instituciones no elegidas por nadie, no democráticas, pero en las que tampoco reside el poder ahí oficialmente. No hay instituciones políticas a nivel europeo con capacidad de decisión democrática. El Banco Central Europeo, en lugar de dar crédito a una economía de su propio ámbito u órbita, la asfixia. En lugar de hacer lo que hace Estados Unidos... ¿Por qué es federal? Porque salva a Florida o California de la situación que tienen. Aquí no. Aquí lo que se ha construido es una comunidad de estabilidad presupuestaria, como dicen las élites alemanas, que es básicamente una comunidad basada en automatismos presupuestarios: 3% de déficit, 60% de deuda. No hay un demosEuropeo, no hay una mutualización de la deuda, una hacienda pública o una fiscalía compartida; hay un mercado común donde cada uno va a la suya. Y lo que se ha demostrado es que la Unión Europea tiene una profunda deriva, que ya la tenía, oligárquica brutal y que se ve que actúa como engrasador de la extorsión financiera de los grandes bancos alemanes y franceses. Y lo que hemos visto es una humillación a la democracia, en el caso de Grecia. Y aquí a Grecia le toca esperar, le toca esperar como a un topo, ahora tiene que cavar a ver si cuando pueda volver a salir la crisis de la socialdemocracia europea, que ha tenido un papel espantoso, como lo tuvo en 1914, cuando los créditos de guerra, como lleva teniéndolo desde los años 80 con un síndrome de Estocolmo brutal desde la tercera vía, y que ha vuelto a tener un papel subalterno, subordinado, denigrante. No se ha puesto del lado de la democracia y ha claudicado ante la Europa financiera. A ver qué pasa en España, a ver qué pasa a nivel geopolítico, porque si algo tiene Grecia es su geografía, y hasta qué punto Obama le va a permitir a Merkel entre comillas llevar hasta tal extremo una posible ruptura de la Unión Europea que no le convendría en este caso nada. Pero el caso español es diferente: España es la cuarta economía de la Eurozona, Grecia es el 2% del PIB, sin España no hay Europa.

Con cuatro veces más de población, también.

Ojo, que yo creo que hay una cuestión simbólica, que si Grecia se va, yo creo que no se trata tanto de cuestiones económicas, es por lo que yo mantengo una postura europeía frente a una posible salida de la economía europea, en la que devalúas la moneda, exportas más, importas menos pero vienen más turistas, aumentas el tejido produvtivo y todo parece que es un tiempo casi mecánico. Aquí el problema es político: abre la caja de Pandora. Y uno de los motivos por los que se fundó Europa es para que no nos siguiéramos matando. Y yo creo que una vez que abres esa caja de Pandora, no sabes cómo se cierra. Y el problema es político si se van, si alguien se va. Lo que están haciendo con Grecia es una faorma de decirle al conjunto de Europa "no se mueva", there is no alternative. O la forma contemporánea: es lo que hay. No hay alternativa.

Lentejas.

Y es una forma de decirnos a los españoles que no hay posibilidad de que se extienda por Europa el fantasma del "sí se puede". Y la humillación es política, porque económicamente con Grecia se puede resolver muy fácilmente. Pero lo que no quieren es abrir la otra caja de Pandora, la democrática. Que, por cierto, le convendría a los trabajadores alemanes: hay un 10% de los alemanes que viven de las ayudas sociales para vivir dignamente, hay siete millones de minijobs y hay una desigualdad como no se recordaba desde hace muchísimo tiempo.

Sí, sí.

De ahí viene la importancia de los relatos, de que no solo importa la situación sino quién construye el relato, quién lo explica. Y tienen un miedo, yo creo... Yo no sé mucho de psicoanálisis, pero yo creo que aquí subyace algo de psicoanálisis del tremendo trauma no superado de miedo a la inflación y al paro, un miedo a su propio pueblo, "si pasa esto, aquí puede pasar cualquier cosa". la cosa pasaría por repartir la riqueza socialmente generada y el trabajo socialmente necesario.

Entonces, en realidad, el margen es pequeño.

El margen de acción del Estado nación no desaparece, pero ya no es el único. Y viene sobredeterminado por otros márgenes de poder. Pero estas son las condiciones que tenemos. Hay que ir dando pequeños pasitos para ir moviendo las placas tectónicas de la política europea y ya luego de la global. Vamos a quedarnos en Europa que ya es bastante complicada la cosa. Pero esto es empezar.

¿Y Podemos puede solo?

Podemos puede en tanto en cuanto el conjunto de la ciudadanía golpeada por la crisis, o no directamente, entienda que hace falta un cambio político en clave democrática. Y si consigue ese apoyo sí que podrá. Con eso quiero decir que las claves de si puede o no puede Podemos hay que buscarlas fuera de los círculos de iniciados, fuera de los círculos donde se mueve la izquierda, fuera de donde nos hemos movido aquellos que siempre hemos estado interesados por la política. Eso no quiere decir que esa gente no sea necesaria para el cambio o que no hay que escuchar las críticas, que ayudan a mejorar muchísimo. Pero yo creo que hay un inconsciente detrás por el cual si tú pones todas las siglas que salen de un cartel y nos juntamos todos, esto se multiplica. Yo creo que no es así, creo que hay que buscar otro tipo de factores para poder explicar el multiplicador y no tiene que ver con juntarse todos o repartirse todos entre las distintas familias que existen de la izquierda. Y que la clave es seducir a la ciudadanía y esa es la centralidad.



Hay un inconsciente detrás por el cual si tú pones todas las siglas que salen de un cartel y nos juntamos todos, esto se multiplica. Yo creo que no es así



Generar ilusión.

Generar ilusión, emocionar. Y eso qué significa. Viene de emotio, de emovere, que significa mover, desplazarnos de donde estamos. Ese desplazarte es lo que te genera una experiencia estética; estética es lo contrario de anestesia: la anestesia te duerme, la estética pone en ebullición los sentimientos, cuando vas a una manifestación, cuando vas al fútbol, cuando vas al teatro... esa sensación de salirte de ti mismo. Tenemos que seguir siendo capaces de generar esa incertidumbre de lo posible, eso de no todo está escrito. Eso es lo importante. Lo importante no es, digamos, una discusión del destino entre las distintas familias de lo que ya existe, sino la posibilidad de que exista otra cosa. Y eso creo que nunca va a venir dado por una discusión interna, de los que ya somos los que somos, sino que hay que abrirse a la ciudadanía. Y sobre todo, hay que poner los problemas de la ciudadanía en el centro del tablero. No los problemas que considera la izquierda que son los problemas de la ciudadanía. Todos venimos de donde venimos, yo empecé militando en el movimiento libertario y no me arrepiento para nada. Pero creo que la discusión hoy en día no es república, por ejemplo, es que eso no es lo que le está preocupando al conjunto de la ciudadanía. Y la radicalidad reside en la capacidad de alterar las relaciones de poder, y si esa capacidad viene dada por defender cosas que a la izquierda le parecen demasiado soft, demasiado light, no importa: vale más un hecho que mil palabras. Vale más un hecho que los símbolos, todo eso da igual, lo único que importa es la posibilidad de modificar el reparto del poder entre las distintas partes de la sociedad. Y eso pasa por modificar las fronteras de lo político. Entre la izquierda y la derecha, lo que hay es a la izquierda del PSOE. Entre arriba y abajo hay una amplia mayoría social frente a una minoría emancipada política y económica del país real que está sufriendo una situación. Creo que ahí hay mucha más posibilidad de radicalidad que en tratar de constuir un relato o un hilo rojo coherente que perviva exactamente igual.

Pero en eso la experiencia municipal sí ha servido, ha movilizado, y tampoco era necesariamente una suma de siglas en muchos sitios.

Yo creo que lo que la ciudadanía ha percibido no es una suma de siglas. No todos los casos son el mismo. Primero, en el caso de Manuela Carmena, era ella: una señora jueza, institución, que porta una idea de cambio después de años de podredumbre de Madrid, y tenía una antagonista que era perfecta, la señora de los contratos de la Gürtel que trata de enfangar el terreno con la señora jueza. Eso ha sido claro. En el caso de Ada Colau: una señora que venía con una tradición y una legitimidad muy fuertes en la movilizaciones, en la PAH y muy aupada por esa legitimidad. Yo creo que ahí hay que encontrar más las claves que en la idea que reside de fondo: programa, programa, programa. El programa es fundamental, pero la historia no se trata de poner una serie de puntos alrededor de una mesa. La política no trata de poner una serie de intereses objetivamente identificados en una mesa y decidir, de acuerdo a nuestros intereses. Decía Baruch Spinoza que hay que tratar de guiarse por la mayor racionalidad posible, pero el que piense que el ser humano solo se guía por la razón, que no entran en juego las pasiones, no entiende al ser humano. La política no puede entenderse sin pasión, que es lo que han intentado hacer las élites europeas los últimos 30 años: se acabó la política adolescente, pragmática, eso es una cosa estética.

La tecnocracia, sí

Y si no digamos, si no construimos política democrática alrededor de las pasiones la pueden construir otros y esos otros que la construyan diremos… ¿Por qué? Pero si los intereses están o se consideran científicos, estaban ahí, ¿por qué la gente no lo ha visto? Ya, ya… luego llega otro y te crea un relato en torno a problemas sobre inmigrantes o cualquier otra cosa y… y perdemos.

¿Y cómo ve la posibilidad de ganar?

La posibilidad está ahí, hemos superado una carrera de vallas en gran medida puesta para nosotros. Hemos asistido a un linchamiento muchas veces, sin precedentes contemporáneos; a una propaganda del miedo, brutal. Y eso no hay que despreciarlo porque eso puede hacer mella, puede hacer daño. Pero, bueno, por ahora hemos conseguido, primero, instalar en la sociedad un montón de cosas de las que ni siquiera el Partido Popular se escapa. Ahora mismo se quitan la corbata y hacen la ruta social, ahora todo el mundo dice que hay que elegir por primarias porque no sé qué, ahora todo el mundo se quiere mostrar como cercano a la ciudadanía y es, en parte, resultado de la puesta en escena de una política y que responde a una relación esquizofrénica. Por un lado, les tengo que machacar, pero, por otro lado, tengo que copiar algo, me arremango la camisa, pongo una persona más joven, bueno, la situación está ahí, como decía Mao: "Todo es caos bajo las estrellas, la situación es excelente". O sea que la posibilidad está ahí, la posibilidad de ganar y sobre todo la posibilidad de quebrar los pilares de la parte más reaccionaria, y esto es fundamental, que ya no haya vuelta atrás, que sea irreversible, conseguir que aunque los de abajo queramos los de arriba no puedan

Y Ciudadanos… ¿no les ha mordido en la centralidad del tablero?

Yo creo que Ciudadanos lo intentaron, lo intentaron con Ciudadanos, intentaron construir ese Podemos light, ese café sin cafeína, ese Podemos light que tanto le gustaba al Banco Santander y a la patronal del Ibex35. Si tú piensas que eres justicia y consideras que es venganza querer paliar una desigualdad galopante, que haya 13 millones de personas en este país que estén en riesgo de exclusión social, tres de los cuales sufren pobreza severa al tiempo que ha aumentado un 40% el número de millonarios desde 2008, y eso lo consideras venganza, me parece que tienes un problema de orientación moral. Si nosotros lo calificamos como recambios de las élites, lo que se ha visto es que se han quedado en un refuerzo y… se han quedado ahí y yo creo que poco más puedo decir.

Pero ustedes en las autonómicas tampoco han podido dar el salto.

Claro, ten en cuenta que las autonómicas también…

Bueno, han pasado de cero al 15%... Ha habido salto, pero igual no el asalto que anunciaban.

Claro, todo es siempre relativo a los horizontes que se toman. Una organización que nace hace un año y medio consigue en una comunidad como Andalucía 15 diputados, y nos quieren vender, por ejemplo el ABC, que "Susana Díaz frena a Podemos". Ahí vemos cómo las élites se cierran corporativamente y ya somos todos iguales. Creo que, bueno, que responde más a una salida a la defensiva de los partidos cortesanos que hoy celebran un resultado que antes lo verían como el mayor de los fracasos. Y que hoy lo esperan como aliados. El Partido Popular y el PSOE no paran de bajar en porcentaje en número de votos acumulados juntos; el partido socialista tuvo el peor resultado en el 2011 en las municipales, ha perdido casi, casi setecientos mil votos en estas y sale satisfecho. Bueno están a la defensiva.

Satisfecho gracias a que consigue gobiernos con los votos de Podemos.

Claro, claro, lo que pasa es que nosotros… Nosotros no vamos a formar parte de ningún gobierno, pero si el partido socialista está dispuesto a dar pasos o un giro hacia la defensa de la mayoría social frente a los intereses de una minoría, pues nosotros, mano abierta, mano tendida, con todo el mundo, ningún problema. Se entiende que estos son los presupuestos, no tenemos ningún problema con ellos ni con nadie. El problema del Partido Popular no es que sean de derechas, el problema es que son unos inútiles y sobre todo aplican unas políticas que empobrecen a la mayoría de la gente. Si el partido socialista quiere volver a utilizar este tipo de políticas, nos tendrán totalmente, totalmente enfrente. Me parece muy bien que ahora el partido socialista, tanto que se reía de la renta básica, empiece tímidamente a presentar estas cosas. Su tradición en los últimos años no se ve muy avalada para hacer este tipo de cosas, reformaron la Constitución con nocturnidad y alevosía. Bueno, tendrían que demostrar muchas cosas antes de volver a presentarse como un partido de cambio.

¿La renta básica ha de ser universal?

Bueno la renta básica… Eso es una discusión muy amplia, hay varias modalidades de renta básica. La idea es que a medio o largo plazo lo sea, como universal e incondicional. Recientemente salió una encuesta del GESOP de Cataluña que indicaba que hasta un 72% está a favor de la renta básica universal; de ellos, sólo el 2,99% dice que no harían nada si la recibiesen. Creo que la batalla por una renta básica no es tanto técnica y económica sino ideológica y cultural, en esa clave, lo que hablábamos antes de identidad, en esa clave de quiénes somos, cuáles son los marcos de convivencia qué diseño de sociedad tenemos…

Y qué sentido tiene la vida, también.

Qué sentido tiene la vida, y la renta básica entra dentro de ese diseño que batalla contra una ideología redentora del trabajo que lleva siglos. Yo me acuerdo que hice una entrevista en un medio con respecto al tema del libro y dije una cosa muy… yo creo que es históricamente progresista. Yo cuando trabajaba en Barcelona en el Busturistic, el autobús turístico, cuando venía un turista a preguntarme le trataba lo mejor posible, le respondía lo mejor posible con discurso cerrado para que no me volviera a preguntar más, se quedara contento y yo pudiera dedicarme a leer. Bueno, pues en los comentarios me decían: "¡Eres un vago!, "¡eres un caradura!". Este pensamiento que todavía persiste aquí es el pensamiento por el cual todavía seguiríamos remando galeras, que es lo que decía Bravo Murillo: España no necesita bueyes que piensen no necesita personas que piensen sino bueyes que trabajen, bueno es eso con lo que hay que… hay que romper. Y la renta básica universal se presenta como una alternativa realista al mismo tiempo que radical en el sentido de la raíz y que las otras dos opciones frente al paro y la exclusión social son las trampas de la dependencia, ayuda totalmente condicionada a tener un trabajo precario, como por ejemplo puede ser lo que propone Ciudadanos, que es una forma de solucionar salarios a los empresarios, aceptar que va a haber un 20%, un 30% de personas en exclusión social. Según la apreciación de directores y gerentes de servicios sociales, aun saliendo de la crisis en España habría un 50% de personas en riesgo de exclusión social. Y asumir que hay un gran porcentaje de la población que va a tener una sensación total de inutilidad social: les estamos condenando a ser parados literalmente, y yo creo que la renta básica podría primero reforzar el poder de negociación sobre los trabajos.

O que lo pueda incentivar.

Pero no, desincentiva el trabajo, porque primero existe el trabajo, es decir no puedes incentivar un trabajo que no se ofrece, que no existe a día de hoy, que hay cinco millones de parados, ¿quién va a aceptar un trabajo precario? El problema no es que se incentiven los trabajos precarios, el problema es que se tengan que aceptar trabajos precarios porque no te queda otra. Por lo tanto, refuerza el poder autónomo de la sociedad frente al poder heterónomo de un mercado mínimo que nos exhorta cada vez más a adaptarnos a transformarnos permanentemente, a comportarnos como activos financieros. Las personas como activos financieros que tienen que venderse continuamente, y la renta básica les ofrece seguridad de un ingreso material al mismo tiempo que te permite poder desarrollar otro tipo de proyectos, no quieren una sociedad de un ambiente emprendedor, una sociedad con vuelos.

Y los sectores de la creación, el arte, la intelectualidad, si te quieres dedicar a eso, si quieres pintar, si quieres escribir...

Bueno es lo que decíamos antes. Si a ti no te pagan por dar una clase… No es productivo si no te pagan por ello, la creación no es productiva si no te pagan por ella. En Francia sacaron una modalidad para los trabajadores culturales, que se entiende que tienes un valor social, ¡pero que no siempre estás trabajando! Y que hay una especie de ingreso continuo para vidas laborales discontinuas y ahí es donde yo creo que hay que tomar el presente por asalto, no hay que tratar de revivir los años sesenta, que no van a volver, sino que hay que pensar en la flexibilidad como fortaleza y no como debilidad. La posibilidad de obtener en vidas discontinuas, vidas seguras, días intermitentes que te permitan hacer distintas cosas, pero que estas distintas cosas no estén sometidas a la necesidad, sino que estén dirigidas por formas de trabajo colectivo o formación o por estudios o para dedicarle tiempo a tu familia o para hacer cosas que no necesariamente tengan que estar guiadas por la rentabilidad. Y eso está muy incrustado en la mentalidad de la izquierda sobre todo.

Entró en la rueda de ratón del capitalismo, en la que todo lo que no es productivo no tiene sentido.

Todo lo que no es tener un trabajo por el que te pagan, significa ser inactivo. Y yo eso no lo creo. Yo empecé a escribir estando en paro, realmente esto no es extrapolable a todo el mundo, porque yo no tengo deudas, no tengo a nadie que mantener, no tengo hipotecas, no tengo nada. Y tenía siete meses de paro. Y al principio me lo tomé como decía la CEOE y como dice Esperanza Aguirrre. La CEOE dice que el paro es una renta cada dos años y Esperanza dice que el paro es un año sabático. Ojalá fuera así, ojalá pudiéramos disponer de tiempo libre para poder desarrollarnos.

Y con relajación mental, cuando uno está en el paro suele desesperarse.

Claro, yo lo que pasa es que como no tenía a nadie que mantener, fueron unos meses de tranquilidad, y de poder vivir. Que eso no es malo. Las sociedades más avanzadas son aquellas que distribuyen de manera más democrática el tiempo. En Suecia tienen más permiso de paternidad y de maternidad y más ayudas no ligadas al empleo. En Alemania hay una ayuda económica hasta los 21 años por tener chavales, por tener hijos; en Dinamarca en 1993 sacaron una ley de rotación cada cinco o siete años de año sabático y cobrar creo que hasta un 80% del salario. Estaba pensado para eso, disfrutar de la vida, formarte, aprender idiomas, viajar, para luego volver al país y volcar todo un conocimiento, un acumulado y ponerlo a producir en beneficio de toda la sociedad. A mí siempre me ha sorprendido: estabas en la playa, por ejemplo en Cádiz, y te encuentras al típico sueco que te dice: "No, estoy en año sabático".

Y le preguntas, ¿de qué vives?

¿De qué vives? Bueno, pues cuanto más democratizas el tiempo liberado por el aumento de la productividad, mejor se vive. Las sociedades que menos trabajan son las que mejor viven, las que menos horas. Nosotros trabajamos 280 horas más que los alemanes, los griegos, ni te cuento, los que trabajan más. En Dinamarca trabajan 33 horas y media a la semana, cobran bastante más que nosotros de media, incluso en relación a su realidad económica relativa; tienen un mínimo de cinco semanas de vacaciones y mírales, son más productivos.

Claro, pero el planeta tampoco podrá asumir tanta productividad y tanto crecimiento.

Luego tenemos el límite ecológico, claro. Esto ya es una batalla… La renta básica no te va a resolver el mundo, pero sí que puede ayudar, te pone en otra situación. La batalla por la renta básica yo creo que tarde o temprano va a ser una batalla en sí misma por definir qué hacer con ese tiempo. En mi opinión personal creo que ese tiempo debe ser utilizado para construir nuevas sociabilidades que pasen por nuevos usos de lo público, formas de consumo alejadas de las formas más mercantilizadas para que no se convierta simplemente en un tiempo que gastas pero que no sales de la empresa Mundo. Es decir, que gastas para estar totalmente metido en centros comerciales. Es una batalla cualitativa, subjetiva y es una batalla cultural que tiene que dar la sociedad. La renta básica te pone en otra situación. Ahora, cómo se desarrolle eso… Y puede ayudar a relajar el nivel de aceleración perpetua que tenemos y eso, en clave ecológica, puede ayudar bastante. Pero, claro, aquí se superponen muchas contradicciones. O sea, cómo arreglamos la cuestión ecológica con una sociedad que se basa en el consumo.

Y en la producción.

Y en la producción. El aumento de la productividad puede ayudar a liberar ese tiempo. En España lo que pasa es que con el crecimiento por la vía de la especulación y el crédito, los empresarios no han invertido mucho en productividad de capital, pero es que la productividad de capital lo que hace es necesitar menos gente empleada. Si antes fabricabas tantos alfileres con 100 personas y ahora puedes fabricar la misma cantidad de alfileres con 50 personas, cobran 50 o se decide que en vez de trabajar ocho horas, trabajar cuatro. Y eso ya son una serie de batallas políticas.



Foto: Marta Jara

Pero todo dentro del marco del capitalismo, claro.

Es que el capitalismo… A mí me hace gracia cuando dicen: "Hay que salir del capitalismo". ¿Y cómo salgo? ¿Me cruzo la calle? Salgo aquí, me cruzo la calle y ya he salido del capitalismo. Es como decir, el poder no se tiene, se ejerce, es una relación. El capitalismo es una relación social, está socialmente construido, históricamente determinado, la realidad es un efecto de la propia realidad, y la realidad puede modificar la realidad en la que está. Pero lo que tenemos que modificar son las relaciones sociales. Marx hablaba del paso de la subsunción formal del trabajo en el capital a la subsunción real del trabajo en el capital. Lo que vivimos es la subsunción real del trabajo de capital, que es lo que algunos vienen llamando postmodernidad a falta de un nombre más… menos fuerte, ¿eso qué significa? Eso significa que el conjunto de la vida, el conjunto de las afirmaciones cotidianas, habituales, de las distintas escenas de la vida, está directamente producido por las relaciones sociales capitalistas. Ya no hay un afuera en el que tú trabajas y te pagan, y te refugias y te quedas fuera, me voy al campo, por decirlo de alguna manera, o dejo la fábrica y me voy al barrio, al sindicato, tengo una realidad que no está parasitada por esa relación social. Hoy en día eso no existe, no hay un afuera, por mucho que tú te hagas un huerto urbano. Tenemos como un monstruo de las galletas que se va comiendo la vida, lo único que podemos hacer es luchar dentro y contra esta relación de certeza de aceleración perpetua, y que mercantiliza toda la vida. Y eso sólo se puede hacer si somos capaces de ir tendiendo redes de cooperación. Una sociedad que esté más guiada por relaciones no-mercantiles en todas las esferas de la vida.

Si no tienes tiempo para sacar a tu perro, hay una aplicación que te lleva a un tipo al que le vas a pagar, le vas a pagar, su tiempo cuesta menos que el tuyo, obviamente, para que te saque el perro, para que te corte el césped, si no tienes tiempo para comer, porque es un lastre improductivo comer, te comes este sobre de proteínas putrefactas en el trabajo y te lo comes y entonces puedes seguir produciendo. Lo ves en los anuncios de medicinas, ¿no? Sale una chica currando, trabajando, se toma el Frenadol y sigue trabajando, no les gusta arreglar la enfermedad, les gusta que sigas produciendo. Estás como en Matrix, sin parar de producir y todo porque el tiempo está totalmente sometido a la mercantilización. Y surgen toda una serie de patologías: estrés, aumento del consumo de antidepresivos, el no llegar, el burnout, niveles de exigencia, marcado por una relación patriarcal, anorexia... Lo de la anorexia… es brutal, ¡no llego a ser como lo que me ponen en la televisión! Una sociedad que ha mercantilizado constantemente el deseo, es la madre de todas las batallas: cómo generar formas de vida que puedan competir contra el deseo del consumo, contra el deseo de verte a ti mismo en el imaginario que supone cuando consumes algo. Tú no te compras unas Nike, tú te compras lo que significa comprarse unas Nike.

Es aspiracional

Y eso es un embudo, es lo que aparecía la película No, cuando le decía el asesor de Pinochet en publicidad: "Usted tiene las de ganar, nosotros hemos elaborado un modelo en el cual cualquiera puede triunfar, ojo, no todos, ¡cualquiera!" Y todos nos vemos como ese cualquiera. La izquierda sigue pensando que hay una realidad impoluta, inmaculada, pura detrás de ese velo que es la ideología. Y no, no es así… Claro, sólo nos podemos engañar si no vemos la realidad, una realidad que está escrita, que está ahí. La ideología es una interacción constante, social, es como si el sujeto histórico le dijera a la izquierda: "Sí, sí que me doy cuenta de todo esto, sé que no voy, a lo mejor, a triunfar, pero me gustaría pensar que sí". Y es que aun así, nos gusta vernos a nosotros mismos de esa manera. Es decir, hay una especie de cinismo, la ideología convertida en un cinismo donde todos nos vemos en la posición del que triunfa, en esa posición aristocrática del triunfador social, del hombre de éxito, el rey del inmueble de American Beauty, y eso domina el deseo. Y cuando dominas el deseo, dominas las capacidades humanas de reinventarte, y hasta que no seamos capaces de reorientar el deseo, vamos a tener problemas en clave estructural cultural.

Muchas veces se contrapone la propuesta de trabajo garantizado a la de la renta básica, ¿qué le parece?

Creo que antes lo he comentado un poco de pasada. Primero, cuando digo que el empleo tiene una contrariedad en una sociedad de economías forzadas, no quiere decir que no se vayan a hacer cosas, lo que está en deterioro es el trabajo, que se ofrece, que se contrata y por el cual te pagan. No el trabajo de hacer cosas. Esto no significa que no haya que reorientar la economía en la sociedad hacia nuevos paradigmas productivos, economía verde, rehabilitación de edificios, etc. Sí, sí, por supuesto, hay mucho. Porque pueden decir que no haya que desarrollar un plan productivo impulsado desde lo público o donde se planifique la economía: todo el mundo planifica. Esperanza Aguirre también, con Eurovegas, por ejemplo. Yo no niego eso, que haya que buscar nuevas zonas de empleo por ahí. Yo lo que digo es que, primero, no va a ser capaz esta sociedad de absorber en una clave de tiempo estable y duradero el empleo tal y como lo conocemos con el excedente de la fuerza de trabajo que hay. Lo que digo en segundo lugar es que eso en sí mismo no tendría por qué ser tan malo. Si antes ibas a la gasolinera y la gasolina te la ponía alguien y ahora te la pones tú, eso es tiempo liberado. Hay un estudio de Oxford que dice que en 20 años va a desaparecer un 45% de trabajos que se pueden robotizar en Estados Unidos. Habrá que ver. El problema que yo tengo con el trabajo garantizado es con la filosofía que hay detrás: hay una escisión económica técnica en la que todos se pelean por llevar la razón, yo no me meto ahí. Me meto en la filosofía, que es pensar que el ser humano si no tiene un trabajo por el cual le pagan está inactivo, el núcleo ideológico capitalista que funde actividad social con trabajo remunerado y no se pueden disociar. Ese es el problema que yo tengo con esta propuesta, no que, obviamente, haya sectores donde se pueda crear nuevo empleo. Pero, ¿por qué tenemos que forzar que toda actividad social tenga que ser remunerada para ser considerada actividad socialmente útil? El capitalismo siempre ha entendido que lo útil es aquello donde extrae algún valor, en este caso sería el Estado el que garantiza un empleo. Pero es que tampoco, tampoco quieres un Estado que te planifique la vida. En los sesenta y setenta fue la propia fuerza de trabajo la que dinamitó la disciplina laboral, la flexibilidad la pusimos nosotros encima de la mesa. No sé si te has leído un libro que se llama Lo queremos todo, de Nanni Balestrini, que cuenta la historia de un inmigrante del sur de Nápoles que va a trabajar a la fábrica y como hay un excedente de puestos de trabajo en esa época, deja el trabajo y se va a la playa y luego vuelve, ¿por qué? Porque no quería ser un apéndice de la fábrica. Yo el problema que tengo con el trabajo garantizado es esto: ¿por qué para considerarte activo te tienen que pagar por ello? Yo cada vez hago más cosas, el trabajo ha sido para mí sólo un medio para conseguir ingresos y pagar las facturas, pero en clave intelectual, en clave mental, en clave de desarrollo, ha sido un lapsus. Me gusta hacer cosas que no tienen que ver nada con aquello que te pagan. Y como yo hay muchísima gente. Muchísimos porcentajes de nuevas generaciones que quieren desarrollar proyectos pero que no pueden hacerlo porque tienen que estar lavando platos o tienen que estar sirviendo copas. Y creo que hay que ofrecer la oportunidad a toda esa gente para poder hacerlo, porque hay una clave ideológica muy fuerte detrás: hemos sido capaces de asumir una sociedad que confía que los ricos van a invertir porque son buenos.

Y van a generar empleo

Y van a generar empleo porque van a invertir, y si les va bien a los ricos nos va a llegar a todos, nos va a ir bien a todos. Hemos sido capaces de creernos eso pero somos muy reticentes a pensar que si distribuimos la riqueza socialmente creada y tenemos la capacidad de combinar nuestro propio tiempo, esto va a ser una locura y un descontrol. ¿Qué decían los ricos cuando se pedían vacaciones? ¡Para qué quieren los obreros vacaciones si se van a emborrachar! ¿Qué decían los ricos en el siglo XIX cuando se proponía la asistencia social a los pobres voluntarios, como los llamaban? Que esto va a desincentivar el carácter de los trabajadores, los va a hacer más débiles. ¿Qué dicen ahora mismo? Se van a rascar los huevos, aquí nadie va a hacer nada, esto va a ser un caos. Yo creo que no es así, creo que el ser humano, desde que quiere currar, produce cosas, hace cosas; no se va a quedar en una balsa de aceite. Creo que hay que dar un voto de confianza a la capacidad antropológica del ser humano de poder liberarse del sufrimiento de la necesidad. En ese sentido, el trabajo garantizado me parece conservador, una manera conservadora de mantener algo artificialmente; creo que hay otras posibilidades más transformadoras de, precisamente, liberación del trabajo.

Recientemente se han producido las primarias en Podemos, y la participación ha sido muy inferior a la de procesos anteriores. ¿A qué lo atribuyen?

Hay varias razones. Primero, se ha sometido a la ciudadanía que tiene que votar a siete procesos en menos de un año y medio; segundo, que se hace en julio, en julio la gente aunque esté aquí tiene la mente en otra cosa...

Que haya sido en julio fue decisión suya.

Sí, tienes razón. Y tercero, hay que parar con la idea de que las bases... no son bases, Podemos es un partido de sucesión de ciudadanos, o sea cualquiera se puede inscribir, el voto de todos vale lo mismo.

Y no hay carnet.

Claro, ¿dónde está mi carnet? ¿Dónde está?, ¿quién soy? Esto me cortocircuita… Y yo creo que lo más importante de todo, aparte de que han votado 60.000 personas, que es una cifra importante, es que ¿cómo conseguimos la participación? Hay una parte donde discutíamos de la mentalidad de la izquierda actual, estar sentados un montón de horas y decidir ahí. Y la base material de la sociedad que tenemos ahora es una base conectada, compleja, heterogénea con razón y actividades distintas, según la cual tú no puedes basar la participación sólo estando ahí sentado. Que participe quien quiera, quien pueda, que las decisiones en ese sentido no se tomen por estar tantas horas ahí sentado, porque al final eso filtra la participación. Pero a lo que voy es que lo importante es que la gente no esté participando todo el tiempo a todas horas como esa especie de sueño húmedo del alquimista, como si viviéramos en una insurrección permanente, en un despliegue de un poder constituyente constante e interminable, Eso… eso siempre es una tensión. O sea, hay momentos que son de estabilización, pero lo interesante es cómo institucionalizar las demandas en la cotidianidad. Lo interesante es que la ciudadanía tenga una participación disponible para cuando quiera participar, no en todo momento, sino cuando lo necesite o cuando así lo desee, esté ahí la posibilidad de hacerlo. Yo creo que eso es el mayor avance, en el momento que lo decidan cualquiera se pueda inscribir, cualquiera lo puede hacer.

Por Andrés Gil en eldiario.es