Apuntes para superar la terminología marxista entre los anarquistas.
"Mira qué fácil es todo, cuando está bien explicado, me han dicho que el mundo es la lucha entre los buenos y los malos.
Que está la clase explotada y enfrente la explotadora y la lucha entre los dos bandos es el único motor de la historia.
Cualquiera que sea un currante, por el mero hecho de serlo, está de nuestro lado y merece nuestro respeto.
Por contra están los ricos, que son siempre los culpables de todo lo malo que ocurra y de todo lo malo que pase.
Y yo pienso que esta forma de no pensar es una mierda que impide ver los problemas tal como son, la realidad tal como es.
Simplificarlo todo así, sólo nos puede conducir a darnos contra una pared y creernos que eso es resistir"
(Producto Interior Bruto)
Hay entre los que se reclaman revolucionarios hay un cierto grado de sacralización de las figuras del obrero, del sindicalismo, de las masas y de la idea de lucha de clases. Si uno plantea la transformación social sin centrar el análisis en estos sujetos, conceptos y espacios, se estaría cometiendo herejía. Entre más “popular” vista el individuo o su organización, más genuinamente revolucionario es. Si no te llenas la boca con “proletariado”, “lucha de clases” otras palabras del mismo tono y no centras la acción cotidiana en ellas, ya no eres uno de ellos. A lo sumo serás un ambiguo postmoderno, un infantilista irresponsable o, derechamente, un reaccionario. Por supuesto, esta situación no es ajena a los llamados anarquistas. Y a mi entender esto se debe a que no nos hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta y ochenta. El anarquismo criollo no ha superado del todo el trauma del izquierdismo que alguna vez reemplazó su lugar en el combate anti-estatal (MIR, FPMR, MJL). Hablo de trauma porque el rebrotar de la actividad libertaria en los noventa encontró huérfano al “movimiento anarquista” de referentes locales de su propia ideología (extintos hace tiempo), lo que llevó a muchos, explícitamente a veces, inconscientemente en otras, a acercarse a los modelos de análisis marxistas, a adoptar su estética, su memoria histórica y, lamentablemente, a copiar en ciertos casos sus modelos de organización. Las consignas, las demandas, los 29 de Marzo y los 11 de Septiembre, son los ejemplos más visibles de este proceso.
El recuerdo de los que combatieron y murieron por la libertad y el de las experiencias subversivas de otras vertientes ideológicas es sumamente importante si buscamos en ello herramientas para el hoy, pero es contraproducente cuando rememorar se vuelve un porfiado ejercicio para traer fórmulas del pasado que ya no resisten al presente. Por mucho que se le enrostre al marxismo la burocratización y el autoritarismo en cada una de sus experiencias históricas, cuestión irrefutable por lo demás, no vemos un vivo atrevimiento ni la intención a lo menos de cuestionar y cambiar tajantemente las herramientas de investigación sociológica que ellos emplean y que nosotros no abandonamos aún.
El principal problema que veo en esto es que por no cuestionar las claves de análisis del marxismo y sus terminologías, concluimos encerrándonos en sus mismas lógicas estrechamente economicistas en donde la revolución depende de las estructuras de producción, excluyéndose del estudio (y combate) las múltiples aristas del sistema de dominación que no necesariamente se vinculan al trabajo asalariado. A saber, la cultura, la política, el inconsciente colectivo, las diferencias étnicas y etcétera. Según los marxistas todo esto depende de los modos de producción (estructura y superestructura), entonces si trasformamos la economía, cambiaremos todo lo demás. (1) Y para modificarla hay que tomar el control político del Estado con la consiguiente y macabra dictadura del proletariado, que no es más que la dictadura del Partido Comunista. Pero para nosotros quienes sostenemos que no hay igualdad ni libertad en donde existen jerarquías y control policiaco, ninguna dictadura es deseada. Y aún en el caso de que trasformemos la economía suprimiendo en el proceso la estructura orgánica del Estado (instituciones, espacios y capacidad de control), aquello no importa una relación directa con la modificación del pensamiento individual. Es más fácil hacer notar a alguien que su jefe lo explota a explicarle que deje de creer que su compañera es su propiedad, que el peruano o el argentino no es su enemigo o que se puede vivir mejor sin autoridad alguna. Por muy comunista que sea la economía, no hay revolución alguna si no hay un cambalache categórico de las estructuras mentales. Y la economía no determina las cosmovisiones, sino una serie de factores que tienen que ver primordialmente con las experiencias particulares de cada ser. (2) La cuna no determina tu lugar en la lucha, eso sería creer que la distribución de mentalidades en el orden actual es como generalmente lo fue en la edad media europea. Un obrero puede ser tan enemigo de la libertad como su patrón. ¡Falsa conciencia! -nos gritan los marxistas y quienes creen en sus metodologías: como los poderosos controlan la cultura, modifican las aspiraciones de los obreros y los hacen renegar de los “verdaderos” intereses de su clase, pero cuando llegue el día –nos advierten- en el que todos los trabajadores se hagan la idea de que son una gran unidad histórica y de que juntos deben hacer la revolución anteponiendo sus intereses a los de las clases hegemónicas, se acabará la falsa conciencia y la sociedad de clases. Bonita ilusión, decimos, que no considera siquiera las dinámicas de la sociedad moderna en donde los roles se confunden anulando las divisiones nítidas entre los diversos actores sociales.
Hoy, un siglo y medio después de cuando se trazaron las ideas genéricas del materialismo histórico, tiempo en que todas las estructuras de dominación se han perfeccionado y sofisticado sobremanera, urge cuestionar todo aporte teórico desde esas vertientes. Y no se trata de destruir por destruir, por cierto.
Apremia también cuestionar el modelo de “explotados y explotadores”, pues ya no hay sociedad –y nunca la hubo- dual. Las redes de poder y los conflictos en sus entretejidos son muchísimo más complicadas que un simple encontrón entre burgueses malvados y proletarios descamisados. En todo individuo hay un opresor, en todo trabajador hay un capitalista, en todo militante hay un militar: es preciso acabar con todos.
Si bien el anarquismo tuvo una época en que su relación con el mundo de las organizaciones de trabajadores era estrecha, innovando orgánicamente y aportando de diversas formas a sus luchas contra las redes de poder económico y estatal; su cuerpo teórico concibió ideas de redención que sobrepasaban los márgenes productivos. La idea era la transformación integral del individuo y con él de la sociedad toda. No te liberas en cuanto a tu clase, sino en tu calidad de ser. Ni opresores ni oprimidos, he ahí la cuestión primera.
Volviendo a la necesidad de superar al materialismo histórico en el campo anarquista me resulta preocupante el afán de muchos de “reafirmar el carácter de clase del anarquismo”. Haré referencia a un artículo de la revista plataformista Hombre y Sociedad, pero insisto en que esto no solo está presente en dicha corriente. No criticaré punto por punto sus postulados que, asumo, están inspirados de buena fe, aunque no concuerde con la mayoría de ellos. Pero sí me interesa ejemplificar el problema con éste, un típico caso de matrimonio entre anarquismo y fetichismo obrerista, en donde abundan los términos “proletariado”, “dialéctica”, “conciencia de clase”, “masas”. Aunque, como veremos, la similitud no sólo está en las palabras, sino también en las claves de lectura de la realidad. Espero no distorsionar el sentido del texto, como ocurre casi siempre cuando se cita para debatir, pero creo que este párrafo habla por sí sólo. Dicen desde H&S para combatir a los detractores de su tendencia:
“Así la resistencia a la plataforma aparece como la resistencia a dar el salto de un anarquismo abstracto, marginal, a ser parte activa en la lucha de clases, a hacerse parte de las dificultades reales que experimentan los movimientos sociales, por temores virginales a lidiar con la política real, se trata del temor natural que produce esta idea de que el anarquismo es sólo una posibilidad que hay que hacer parir, además del miedo al dolor y al trabajo que éste implica necesariamente” (3) (la negrita es mía).
¡Ay de nosotros los abstractos, los marginales y ajenos a las reales dificultades, los de vírgenes temores, los miedosos al dolor y al trabajo! Pero más allá de la arrogancia evidente, y de la ignorancia respecto a los costos que implica desarrollar la anarquía en otras formas, lo que me urge referir sobre este artículo es el porfiado tema de la lucha de clases. En donde no se concreta un cuestionamiento a la terminología marxista sino que, sirviéndose de ella, se permiten definir entre anarquismos concretos y abstractos. Personalmente valoro todo trabajo que se haga para mermar el sistema de dominación, cuanto más diversos mejor, y me agrada la preocupación por hacer más efectiva la presencia de las prácticas y valores libertarios en la sociedad, como supongo a la gente de H&S, pero me parece peligroso que se alimenten del materialismo histórico sin hacer al mismo tiempo una crítica profunda (más allá de los lugares comunes: antiburocracia, antipartidismo, etc.) de sus estrechos marcos economicistas. ¡La vida social es mucho más compleja que las relaciones con el malvado capital! Antes que el capital está la autoridad, y no hablo solo de las fuerzas evidentes del Estado o sus edificios y símbolos (Ejército, carabineros, cárceles, escuelas, edificios administrativos), sino –y principalmente- de aquella red de creencias que hacen de él una fortaleza aparentemente inexpugnable. Creencias como aquella hegemónica –y pilar de la dominación- que nos advierte que no se puede vivir sin autoridad. Y a esa máxima no la acabaremos únicamente con piedras y bombazos, ni con huelgas ni grandes manifestaciones. Aunque todo sirve, por cierto.
Y como soy un convencido de que las formas de combatir los mil rostros de la dominación pasan por multiplicar mil espacios de respuesta y contraofensiva, no puedo dejar de cuestionar aquella creencia (que también empieza a abundar entre los ácratas) que invita a distanciarse completamente de la lucha económica por considerarse funcional al orden. En esa lógica, por ejemplo, el sindicalismo vendría a ser otro instrumento más de dominación.
Veamos un caso. En el nº 53 de la publicación anti-plataformista Libertad! de Buenos Aires apareció un artículo firmado por Patrick Rossineri que sintetiza esta idea (4). Coincidimos en su análisis, más no en las conclusiones. Ante la pregunta de si acaso es posible o deseable para los anarquistas horizontalizar y autogestionar los sindicatos, el articulista remata negativamente, aunque deja en claro la necesidad de fortalecer entidades anarcosindicales, el trabajo en los barrios y con los no sindicalizados, con los cesantes. Bien dice Rossineri que el sindicato está inserto en el sistema de dominación en tanto reproduce al mismo en las estructuras jerárquicas de su funcionamiento interno, así como en su disponibilidad a las subvenciones estatales. Y es cierto que el sindicato es hoy un organismo autoritario y pancista, sólo preocupado en demandas inmediatas de caracteres gremiales y restringidos a su particular radio de acción. Ya no existe la huelga política, la huelga solidaria, como otrora cuando por ejemplo los gremios paraban sus labores para apoyar a otros sindicatos o reclamar la libertad de los presos políticos. Pero, a nuestro juicio, que el sindicato esté amarrado a la estructura de poder no implica negar la posibilidad para un anarquista de luchar en él. Requerimos transformar todos los espacios en los que nos desenvolvemos ¿por qué éste no? Y esto tampoco significa claudicar, hay que combatir a los politicastros, a los legalistas y todo dirigente sindical debe ser objeto de desconfianza en tanto autoridad, pues la delegación y la sumisión muchas veces visten ropajes simpáticos. El sindicato es una herramienta como tantas otras y además se ha mostrado útil para detener el abuso patronal en no pocos casos. Creo más bien que el problema pasa por no hacer del sindicato y el sindicalismo la panacea. Por su parte el anarcosindicalismo es una solución parcial y limitada a la burocratización del sindicato legal y partidista, pero no es en sí mismo la solución al general sistema de dominación.
La gesta libertaria trasciende nuestro lugar en el sistema de producción y el entretejido de relaciones salariales en el que sobrevivimos. Hasta acá llegamos hoy. El llamado es a cuestionar el uso indiscriminado y acrítico de la terminología y las claves de análisis marxistas entre los anarquistas, y para sugerir cuidado sobre su antípoda antieconómica. Y es que el anarquismo no depende de las estructuras de producción, pero tampoco puede desentenderse de las mismas. Pero y en todo caso, no es la verdad anarquista la que habla hoy, sino la limitada opinión de uno de los miles que se reclaman como tal. Provocar a la reflexión es la idea.
Citas:
[1]. A pesar de las reformulaciones y “actualizaciones” del pensamiento marxista, por ejemplo con el rescate de los aportes sobre “hegemonía” de Gramsci (opacado por largo tiempo en A.L. por Althusser y compañía), estas ideas continúan intactas. Entre otros véase, Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histórico, X edición, Siglo XXI, Santiago, 1972.
[2]. Incluso los mismos historiadores marxistas lo han notado, aunque no se note en las directrices de sus partidos. Estúdiese los aportes de E. P. Thompson y su “Formación de la clase obrera en Inglaterra”, Editorial Crítica, Barcelona, 1989.
[3]. El artículo referido es “A propósito de las resistencias a “La Plataforma”: Contribución a un anarquismo de masas.”, Hombre y Sociedad, nº 24, Invierno 2009, Santiago, p.15.
[4]. “El sindicato como herramienta de domina¬ción”, Libertad!, nº 53, Octubre-Noviembre 2009, Buenos Aires.
Autor: Manuel de la Tierra
Publicado en: El Surco Nº15 - Chile
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miércoles, 16 de abril de 2014
martes, 15 de abril de 2014
La deconstrucción de la masculinidad
Es difícil no volver a los mismos temas de siempre. Uno no puede salirse de uno mismo, aunque lo pretenda. El talento consiste en saberlo y sin embargo sorprender a cada momento. A mí principalmente me preocupan las mismas cuestiones que cuando era muy joven, pero ahora con otra perspectiva y con más incertidumbres. ¿No debería ser al revés?
Me miro al espejo y ya no me reconozco. Sin embargo, en mi interior sigo siendo el mismo. Pero, con cierto miedo a perder aquello que necesito para seguir adelante. Hace dos años desapareció una de las personas más importantes de mi vida y me da pánico volver a pasar por lo mismo. No hay día que no piense en ella. Ahora comprendo muy bien el significado de la frase “La ausencia es el peor de los males”. Con la desaparición de Chiqui se me escapo la infancia por la ventana y la certeza de que con su marcha ya no hay forma de recuperarla. En definitiva, creo que la infancia es la única patria que existe.
La semana pasada mi compañera Raquel perdió parte de la suya. Se fue a los 93 años Lala, la guardiana silenciosa de sus primeros años. Leyendo la carta que escribió para su funeral, no puedo dejar de pensar que los afectos son nuestro mayor patrimonio.
Querida Lala.
Tu vida no fue fácil y por eso disfrazabas con algo de mal genio tu paciencia, de dureza tu infinito amor y de trabajo tu increíble lealtad. Llamarte abuela sería quedarnos cortos para Bárbara, Raquel y Elías. Fuiste mucho más. Los recuerdos no paran en momentos como este: las noches que pasamos contigo son imborrables. En tu casa dormíamos en la cama que compartiste pocos años con Manolo y a la que no quisiste volver tras su muerte. Fuiste tan generosa con nosotros que nos cedías ese lugar sagrado, aunque nunca te contamos que la situación nos desvelaba, que no pegábamos ojo, que veíamos fantasmas saliendo de debajo de la cama y que no podíamos ni ir al baño del miedo. Cosas de niños.
Teníamos la edad de Chloé, la edad en la que todas las niñas queríamos ser maestras y peluqueras, y nos dejabas ensayar contigo. Los viernes por la tarde, los días que nuestros padres salían y te quedabas a nuestro cargo, te peinábamos hasta que te quedabas dormida, con las manitas juntas a un lado sujetando la cabeza.
Te vas y contigo se va nuestro último vínculo con una generación noble, la generación que vivió la dureza de la Guerra. Nos contaste que en tu Moya natal tenías que caminar kilómetros si querías ir a la escuela, que empezaste a limpiar casas con 9 añitos, que te ponían ladrillos para que pudieras alcanzar el fregadero. Tu vida de pequeñita no fue fácil. Nada comparado con la nuestra.. Lo único que te hacía falta era la familia y los amigos, conversación y amor, no quedarte nunca sola. Sabemos que no siempre hemos estado a la altura. Pero tu altura moral, Lala, está demasiado arriba. Algo de esa nobleza nos has legado. No te quepa duda.
Ahora preferimos imaginarte dormida, con las manos juntitas haciendo de almohada y tu cabeza de lado. Y por imaginar, esperamos que cuando despiertes encuentres a tu lado a Manolo, a quien la vida te quitó demasiado pronto.
Lo poco o mucho que los hombres de mi generación (niños de los años sesenta), hemos aprendido sobre las emociones y las tareas de cuidado se lo debemos a mujeres como Chiqui o Lala.
Por el contrario, si hago un recuento de la cantidad de “padres ausentes”, o lo que es peor de “progenitores autoritarios”, totalmente desprovistos de cualidades afectivas y de capacidades para el cuidado -de mi quinta- el resultado es estremecedor. El legado patriarcal afianzado con el franquismo decapitó por completo el sistema educativo regalándoselo a la Iglesia. Crecimos en un país de “hombres mutilados emocionalmente” y “sin capacidad para el cuidado”. Confesar y asumir esta realidad se consideraba como una ulterior disminución de la virilidad.
Por descontado, fue una generación de hombres que no lloraban en público, ni tampoco mostraban ninguna sensibilidad porque se consideraba “debilidad”. Su deber era aparecer siempre como triunfadores y dar de sí mismos una imagen dura, agresiva y brillante.
No podían ir a la compra ni ocuparse de sus hijos e hijas porque eso era “cosa de mujeres”. Sus ratos de ocio lo transitaban entre iglesias, tabernas, plazas de toros, campos de fútbol y casas de putas, siendo cómplices de la mercantilización del cuerpo y del placer. Los menos, leyendo libros y en tertulias. ¿Cómo ser feliz en un país que idolatraba a Raphael y El Cordobés, mientras que en Europa se reverenciaba a los Beatles? La última versión de Soldadito español, Soldadito valiente es de 1976. Sólo hay que echar un vistazo a la letra para comprender de lo que estoy hablando.
Los hombres que han renunciado a mostrar su parte más emocional han acabado perjudicando a todo el conjunto. Millones de ellos han pasado sus vidas intentando representar un papel de héroes que sólo es posible en la ficción. El modelo de “hombre-macho-éxito” estereotipado que ha sido socializado y perpetuado por el sistema, ¿de qué ha servido? ¿A quién ha beneficiado? ¿Qué logros se han conseguido con estos machos-alfa marcando y pretendiendo controlar su territorio por todo el planeta?
¿Por qué aun algunas mujeres tienen especial interés en compartir la vida con semejantes sujetos?Y es que el patriarcado ha sido interiorizado tanto en hombres como mujeres, dotandoles a ellos de poder y a ellas de no poder, naturalizando cada cual un rol determinado en la sociedad, contribuyendo en mayor o menor medida a perpetuarlo.
Cuando tenía trece años empecé a sentirme incómodo entre mis compañeros de clase. En el momento en que la competitividad fue más importante que el juego, sentí que ya no pertenecía al grupo. De golpe tenías que ser el mejor jugando a fútbol, o el mejor estudiante, o el que más chicas conseguía. Todo era una carrera de fondo con el fin de convertirte en líder para ser aceptado. No existían opciones. Sólo se podía ser dos cosas: el cabecilla o su séquito.
Conocí el rechazo desde temprana edad. Enseguida supe que nunca pertenecería a ningún colectivo y que aquello me acarrearía en el futuro muchos problemas. Todavía faltaban algunos años para que leyera por primera vez la frase de Nietzche: “Yo no sirvo ni para servir, ni para conducir”. Su significado me lo enseñaron a fuego mis compañeros de escuela. No me sentía a gusto compitiendo por ver quién lanzaba el semen más lejos, ni tampoco cotilleando con las chicas de la clase o conspirando contra alguien por los pasillos. En aquella escuela y durante los últimos años, me sentí completamente vencido y aislado. ¿Cómo debe crecer y ser criado un niño?, ¿Cómo y de quién aprende o desaprende a ser y a convertirse en lo que más tarde se convierte?
Resulta curioso cómo a pesar de los años transcurridos, a menudo pienso, que algo de culpa tendría yo, para que no me quisieran. Supongo que es lo que ocurre con las mujeres maltratadas. Nunca me atreví a explicar a mi familia, con detenimiento y exactitud, por lo que estaba pasando. Ir a la escuela cada mañana y sentir el desprecio y las burlas por no querer formar parte del equipo de fútbol y del grupo de machos-alfa conformó mi necesidad de independencia para siempre. Necesito a la gente, pero nunca más he vuelto a confiar en las masas.
Lo que viví en la escuela no deja de ser un ejemplo más de lo que me he encontrado como adulto. Vivimos en un mundo donde lo más importante sigue siendo la imagen de seguridad, control y fuerza que proyectamos. ¿Cómo podemos relajarnos si siempre hemos de ser los mejores? ¿Por qué no nos impone nadie que seamos los primeros en sentir? ¿Es que acaso nos lo impide nuestra propia naturaleza? Tuve que llegar el instituto para empezar a ser feliz y a tener amigos. Ahí viví una experiencia “entre iguales”. Algunos de ellos son piezas fundamentales de mi existencia.
En el instituto jugué a fútbol infinidad de veces. A menudo, con mis compañeros y otras todos juntos, chicos y chicas. Aquello era pura diversión y entretenimiento. No existía competitividad ni chorradas de fuerza y liderazgo. El juego debe ser una diversión y también debe servir para enseñarnos a perder y a ganar. Como en la vida.
Para convertirnos en “nosotros mismos” no tenemos que viajar de un lado a otro, sino hacia nuestro propio ser. Todo se encuentra ya en nuestro interior. Personas como Chiqui o la recientemente fallecida Lala nos mostraron parte del camino.
Y en cualquier caso, ¿sentir y cuidar no es masculino? ¿Quién lo ha dictaminado? ¿Quién ha decidido por nosotros? Ser mayor significa separarse definitivamente de la madriguera para construirse una propia en consonancia con la Humanidad. Sólo seremos capaces de encontrarla saliéndonos de los esquemas y los condicionamientos del patriarcado. Haciéndonos cargo de nosotros como personas, admitiendo que tenemos, como todo el mundo, un ritmo personal; reconociendo honestamente que nuestra respuesta es, sobre todo, fruto de nuestras emociones. Deberíamos cuestionar los privilegios otorgados por la complicidad patriarcal. No deberíamos aceptar un rol masculino determinado, de acuerdo con falsos estereotipos. Estaría bien empezar a descubrirnos y deconstruir nuestra masculinidad.
No quiero ser el primero. No lo seré nunca. Sin embargo quiero seguir aprendiendo y tratar de ser más humano, más comprensivo, más inteligente, más constante. Y sobre todo, más sincero conmigo mismo. No quiero ser odiado, ni temido. Realmente, ¿compensa saberse detestado por los demás? No quiero a nadie bajo mi sometimiento. Las puertas deben permanecer siempre abiertas para quienes tengan ganas de regresar.
Tenemos que enseñar a las nuevas generaciones de millones de hombres a percibir que las relaciones, la comprensión, el amor, el cuidado, no lograrán alcanzar su plenitud sin la capacidad de sentir y de cuidar. Es difícil pensar que alguien, tiernamente amado, acariciado y cuidado durante su niñez, no sabrá acercarse a los demás con especial ternura. La rudeza del hombre suele ser el fruto de la carencia de sentimientos, cuidado, educación y mimos que ha sufrido durante su crecimiento y que el patriarcado se ha encargado de imprimir a todo nivel. Y de esa cantidad de pruebas que se impone y le imponen y a las que no se ve capaz de renunciar: si hago el amor, tengo que ser el mejor; si no lo hago soy poco viril; si gano mucho dinero mi mujer y mis hijos tendrán todo lo que necesitan (¿quién lo decide?), sino seremos unos degraciados sin futuro.
¿Cómo hallar la solución para esta situación tan esquizofrénica?
Según un informe presentado por la Unión Europea la semana pasada, más de nueve millones de mujeres europeas han sido víctimas de una violación, un 33% han sufrido violencia física o sexual y sólo una de cada tres denuncia las agresiones. Estoy convencido de que esta compleja situación de deshumanización y de vulneración de los derechos humanos empieza a gestarse en casa y en las aulas. ¿Qué modelo de sociedad estamos construyendo? ¿Cómo es posible que los hombres sigamos siendo principalmente un símbolo de poder desmedido? ¿Qué tipo de educación han recibido los agresores? ¿Pertenecen a una clase social concreta o no es una cuestión de clases?
Según este estudio, una de cada cinco españolas de más de 15 años (22%) ha sufrido violencia física o sexual. Por consiguiente, ya no se trata de que que el machismo endémico sea un producto del franquismo. El problema es mucho más hondo.
¿Cuándo dejaremos de sentirnos mal por no cumplir las expectativas? ¿Quién crea dichas expectativas? ¿Cuándo podremos liberarnos de todos aquellos esquemas y privilegios que llevamos interiorizados desde hace siglos? ¿Cómo es posible que a pesar de todos los avances tecnológicos todavía estemos en la época de las cavernas? ¿A quién le interesa perpetuar el sistema patriarcal que excluye a las mujeres y a todos aquellos que no comulgan con sus ideas? Para vivir y existir sin violencias y opresiones, debemos deconstruir este rol machista bajo el que se nos ha socializado. Hemos de alimentar nuestra capacidad para sentir y cuidar, de lo contrario nos haremos daño a nosotros mismos y por ende a las demás personas.
Artículo de Josep Giralt, visto en elpais.com
sábado, 22 de febrero de 2014
La falacia de la mujer libre
Qué fácil es sentirte tonta por
sufrir el machismo de los tíos, ¿verdad?
Seguro que incluso
alguno o alguna viene y te dice, “cómo te dejas hacer eso” , “no
te quieres nada”.
Las mujeres, como sujeto oprimido,
desarrollamos resistencias y afrontamientos más o menos exitosos al
machismo, pero no somos superwoman. No podemos acabar con el machismo
que lo permea todo, incluso nuestra psique, solo por ser las más
listas, las más liberadas, las más espabiladas en nuestra vida.
El
mandato o rol de la superwoman está directamente vinculado con una
falacia, “la falacia de la mujer libre”. Muchos hombres y muchas
mujeres creen que si una mujer tiene suficiente autoestima y astucia
se puede proteger del machismo por sí sola. La falacia de la mujer
libre considera, pues, que el feminismo es innecesario. De hecho, lo
acusa de victimizar a las mujeres, de proteccionista.
La
falacia de la mujer libre lleva a muchas mujeres a rechazar el
feminismo, ya que aceptarlo sería aceptar una vulnerabilidad, una
debilidad, que no somos tan superwoman como creemos, que no tenemos
siempre el control.
La falacia de la mujer libre es a la vez otra
forma de culpabilizar a la víctima, de culpabilizarnos de una
opresión. De marcada evidencia son frases tan habituales como “no
consientas que te pegue”
El ser humano tiende a subestimar su
vulnerabilidad, su dependencia. Sobre todo cuando es joven y aún
cree que puede comerse el mundo, decidir en libertad sobre su futuro,
y tener el trabajo que le plazca.
Ese optimismo irreal
ayuda a la supervivencia en muchos casos. Es una estrategia de
afrontamiento de la incertidumbre vital que nos permite planificar y
luchar por logros con mayor éxito.
Sin embargo, el optimismo
irreal, en el caso de la opresión, tanto de clase como de género,
es disfuncional. Ya que pondera un afrontamiento netamente individual
a problemas colectivos.
La falacia de la mujer libre es un
pensamiento típico de sociedades neoliberales: “un individuo apto
puede defenderse solo” Y se ceba con mujeres de ideología
neoliberal.
Debido también a esta falacia de la mujer libre hay
muchas menos feministas jóvenes que mayores. Porque es a menudo la
experiencia de la vida la que nos va mostrando la falsedad de nuestra
idea de control y omnipotencia.
La falacia de la mujer libre está
en el imaginario colectivo. Por eso nos imaginamos a las mujeres que
enfrentan maltrato de sus parejas como pobres diablas. Tenemos la
idea de que el machismo sólo afecta a las débiles, ignorantes, o
extranjeras, que aún no se saben defender. Por eso sorprende
sospechar que Simone de Beauvoir u otras mujeres feministas,
intelectuales, cultas, pudieron enfrentar maltrato. Nos preguntamos,
¿cómo una mujer tan lista pudo soportar esto?
De nuevo suponemos
en la víctima más responsabilidad sobre su maltrato de la que
desgraciadamente tiene. De nuevo sobre-estimamos nuestra libre
elección.
La falacia de la mujer libre es profundamente falaz,
porque a veces somos las mujeres más libres, más brujas, las
primeras que acabamos en la hoguera. Por ser díscolas, “las
mujeres más libres”, a menudo sufrimos mucho maltrato. Y los
asesinatos de género a menudo se agudizan cuando la víctima se hace
más autónoma, se libera.
La falacia de la mujer libre nos
refuerza en una idea causal del patriarcado que es atávica, falsa,
pero permanente: que el patriarcado existe porque la mujer es débil,
que somos el sexo débil.
Y nos aleja de la realidad patriarcal,
de que el patriarcado existe porque muchos hombres perpetúan su
dominación a través de la crueldad y el abuso estructural.
Es
pues 1) el patriarcado, en estrecha intersección con 2) el
neoliberalismo (idea neoliberal del pionero, del individuo solo y
capaz de superar toda opresión), y 3) un error cognitivo (el exceso
de locus de control interno) lo que crea la falacia de la mujer
libre. Alimentada posteriormente por la destrucción de la sororidad
entre mujeres que se produce de manera aguda en la adolescencia,
perpetuándose a menudo de por vida, y que desincentiva las luchas
colectivas y las alianzas.
El individuo solo puede resistir y
desarrollar estrategias para enfrentar la opresión, pero nunca podrá
esquivar por completo la dominación y mucho menos, acabar con
ella.
Acabar con la dominación es una lucha tanto individual como
colectiva. Y siempre una tarea titánica.
Miranda Escribe
miércoles, 5 de febrero de 2014
Cómo saber si mi amor es patriarcal
Claves para encontrar el patriarcado dentro de un@:
-La Posesividad es patriarcal: la gente no es tuya: te
acompaña un ratito en el camino. Se nos olvida que todos
nacemos libres y que los humanos no somos mercancía, se nos olvida
que a la gente hay que quererla como a los pájaros que vuelan libres
y acuden libremente a tu ventana. Encerrar pajaritos lindos y
cortarles las alas es una auténtica crueldad. Se nos olvida todo
esto mientras cantamos canciones de amor patriarcal: "Yo soy
tuya para siempreeeee", "Él es mío todo mío, mi amor es
todo para él...", "Sin ti no soy nada".
-Las jerarquías del Amor son patriarcales: Darle todo el
amor a una sola persona es jerarquizar sentimientos. Todos estamos
rodeados de gente que nos aprecia y a la que apreciamos. Tenemos
familia, amigos y amigas, y gente con la que compartimos aficiones.
Olvidarse de estas redes de amor y vivir por y para una sola persona
es totalmente antinatural. Una sola persona no puede ser nuestra
única razón para ser felices. Demasiada responsabilidad... Tu
felicidad está dentro de ti y en las redes de afecto que has
construido. Decir cosas como "Estoy sola" cuando hay un
montón de gente que te quiere, es patriarcal. Jerarquizar afectos y
emociones es patriarcal, porque abriendo un poco nuestros horizontes
afectivos nos daremos cuenta que el querer es un fenómeno muy
diverso.
- Someterse o dominar a la otra persona es patriarcal, porque
las relaciones basadas en la lógica del amo y el esclavo son
patriarcales. Si estableces relaciones basadas en luchas de
poder, estás reproduciendo la dinámica patriarcal de las relaciones
sádicas y masoquistas. No hablo de la gente que juega en la cama,
sino de la gente que disfruta humillando o dejándose humillar fuera
de ella. Las herramientas de control y dominación son sutiles y
apenas visibles, por eso tanto mujeres como hombres al juntarnos
asumimos roles contrarios y reproducimos la batalla eterna de género.
Ellas tratarán de retenerlos en el calor del hogar, ellos tratarán
de hacer respetar su libertad y sus espacios. Ellos tratarán de que
ellas se queden en el calor del hogar, ellas defenderán sus derechos
y libertades... unas y otros tratando de llevar a su terreno a la
persona amada, a la que probablemente conocieron libre.
- Exigir a alguien que permanezca a tu lado aunque ya te
haya expresado su desamor o su rechazo, es patriarcal. El amor
no se puede exigir, se da, se recibe, se comparte libremente.
Cualquier mecanismo violento para doblegar la voluntad ajena es
patriarcal: amenazas, chantajes, estrategias sucias, etc. Así pues,
no permitas que nadie te obligue a hacer nada, y pon ojo cuando tú
necesitas algo de alguien... no sea que sin darte cuenta te portes
mal. Haz autocrítica para ver si eres una persona con ética
amatoria o si careces de escrúpulos en el mundillo de las relaciones
amorosas...
-Portarse mal con la persona amada es patriarcal, porque las
mentiras, las traiciones, los gritos, la violencia, las exigencias,
la humillación, el chantaje, los insultos, las amenazas, el
mal trato, el control y la vigilancia, los reproches continuos son
patriarcales. Si no tratas con amor a tu pareja, en un plano de
igualdad y cariño mutuo, tienes que plantearte cómo cambiar y
despatriarcalizar tu forma de relacionarte. Porque los malos tratos
son patriarcales, vengan de donde vengan.
-Aguantar que se porten mal contigo es patriarcal. Porque
somos capaces de aguantar situaciones espantosas y creemos que lo
hacemos "por amor". La cultura sublima a la mujer que
sufre, a la dolorosa, a la llorona, porque solo alcanza grandeza
cuanto mayor es su sacrificio. Así que muchas cumplimos el papel de
mujeres sufridoras sin medir las consecuencias que esto tiene en
nuestro bienestar, en nuestra psique, en nuestras emociones. Cuanto
peor se portan con nosotras, más vulnerables y dependientes somos. Y
como nos han enseñado a esperar a que las cosas cambien por sí
solas, o que alguien venga a salvarnos, tardamos mucho en darnos
cuenta de que nuestra pareja no es buena persona con nosotras, aunque
de cara a los demás parezca un amor. El masoquismo es patriarcal y
hay que evitarlo: es cierto que nos cuesta aceptar que no nos aman, o
identificar cuándo nuestra pareja o amante no nos está tratando
bien. No es fácil saber cuándo es el momento de parar esas
situaciones que nos van dejando huella y se prolongan a veces toda
una vida, pero cualquier momento es bueno para romper con las cadenas
que nos aprisionan, nos empequeñecen, nos torturan con sufrimientos
románticos. Por ejemplo, ahora mismo.
-Ser egoísta es patriarcal: Estar siempre pensando en lo que
"necesitamos". En nuestro deseo, nuestros sentimientos, en
lo que el otro no nos da. Estar siempre exigiéndolo. Aislar a tu
pareja de su círculo familiares y redes afectivas es
patriarcal. Pretender encerrar a tu pareja en el ámbito
doméstico es patriarcal. Tener a tu pareja siempre pendiente de ti
es de ser una persona egocéntrica. El ego nos tiende muchas trampas
patriarcales, y se adapta estupendamente a los privilegios de
género...
- La culpabilidad es patriarcal. Porque es un arma que sirve
para bloquearnos y oprimirnos. Porque podemos utilizarlo como arma
para oprimir a los seres amados en actos de chantaje terrible. Las
mujeres hemos vivido inmersas en esta cultura cristiana de la gran
culpa y del pecado de Eva, por eso nos sentimos mal por todo: porque
rompimos la relación que no nos hacía felices, porque trabajas y no
cuidas a tus bebés, porque no das el cien por cien a diario, porque
engordamos si no hacemos ejercicio, porque tomamos decisiones o
porque no las tomamos... Pero también intentamos que los demás
se sientan culpables usando el victimismo para hacer sentir culpable
al hombre que te abandona, o a la mujer que te confiesa que ya no te
ama. Si lo que quieres es lograr tus objetivos exigiendo a la otra
persona que te satisfaga tus deseos y dando pena, estás cayendo en
la cultura patriarcal que ata a las mujeres con las cadenas
invisibles del patriarcado.
- La división tradicional de roles es patriarcal: Si eres de las
mujeres heteros que piensan que "todos los hombres son iguales",
si eres lesbiana y le das a tu pareja todo el poder sobre ti, si eres
gay y decides asumir el rol de "mujer" con tu pareja, si
eres lesbiana y decides que tú eres la que manda en la relación, si
eres un hombre heterosexual que todavía tiene problemas con su
masculinidad y te haces el macho alfa para no parecer beta.... la
división de roles no sólo se da en parejas heterosexuales, sino en
todo tipo de parejas. Incluso se da en grupos: si una gente se reúne
a celebrar la vida en el campo para comer carne asada, ellos estarán
junto al fuego, con la carne, y ellas estarán haciendo la ensalada o
limpiando mientras cada grupo habla de sus cosas: ellos de fútbol,
motos, coches, etc., ellas de moda, salud, nutrición, maternidad y
crianza, y chismes.
Esto es la división de roles: que por ser mujer tengas que hablar
de determinados temas, que por tu condición femenina tengas que
aparentar ser frágil y débil, que por ser hombre te veas obligado a
ser valiente o agresivo. En nombre del amor, ellas asumen el papel de
princesa elegida para el trono (sumisas, complacientes, felices,
domésticas, tranquilas), y ellos asumen toda la carga de la
ideología patriarcal mientras construyen su identidad de género y
sufren por todas las obligaciones que conlleva la masculinidad
(apariencias, represión de las emociones, relaciones competitivas,
conteo de fracasos deportivos, laborales y sociales...).
Coral Herrera Gómez
lunes, 21 de octubre de 2013
Ritos sexuales y amorosos en las culturas del mundo.
En la tribu de los mendi, de Nueva Guinea, se produce un curioso cortejo amoroso llamado "tanim het". Durante el mismo, las parejas de enamorados se frotan mutuamente, cada vez con mayor rapidez. Finalmente, hacen el amor sobre el suelo, cubierto con hojas de caña de azúcar.
La
localidad leridana de Isil, España, ha preservado una antigua fiesta de
iniciación sexual: las Fallas de Isil. La tarde previa al solsticio de
verano, los jovenes solteros suben a las cimas circundantes mas elevadas
a buscar el fuego solar, al anochecer bajan cargando troncos prendidos a
la espalda. En el pueblo les esperan las chicas solteras, cada una
escoge a un chico, al que le da un ramito de plantas afrodisiacas y
abortivas. Despues, pasan la noche juntos.
En 1938 se observó que las jóvenes Dahomey llevan en su mejilla izquierda una pequeña escarificación en forma circular. Dicha señal palidece cuando están emocionadas, y significa que es allí donde hay que besarlas. En la parte interna de los muslos llevaban una red de turbadores incisiones llamadas zidón ("empújame").
Entre los miembros de la etnia nuba,
habitantes de la zona meridional de Sudán, el amor funciona de una
maneras muy libre, pero plantea una gran exigencia física. Para acceder
al interior de la cámara nupcial es necesario estar delgado y tener gran agilidad, ya que el único acceso a este espacio intimo es un pequeño orificio de 35 centímetros de diámetro, situado a un metro y medio de altura. El sistema resulta incómodo,
pero tiene una finalidad muy precisa: proteger el habitáculo del
viento, el calor, y sobre todo de las terribles serpientes.
Cada muchacha designa a su compañero, levantando la pierna sobre los hombros del elegido. Este no puede mirar, solo guiarse por las sensaciones olfativas
que desprende la joven, convenientemente embadurnada de aceites y
cremas. Esta tribu considera el amor como una actividad refinada, que va
unida a la música y la danza.En el estado de Madya Pradesh, al noroeste de la India, los jóvenes muria son iniciados en la práctica del amor por otros chicos y chicas mayores en una choza comunal llamada "ghotul". Antes de realizar el acto amatorio, los adolescentes de ambos sexos acostumbran a danzar alrededor del lugar. Actualmente, la visita de su territorio, que se halla bajo la vigilancia del ejercito indio, esta prohibida a los fotógrafos y cámaras extranjeros. Sin embargo, en 1991, el reportero Philippe Body pudo comprobar que la costumbre de acudir al ghotul seguía vigente. En los años cincuenta, un pastor ingles llamado Verrier Elwin, pasó un tiempo con los muria y les interrogó sobre la procedencia de esta institución. "Es para que los chavales nos dejen en paz!", bromeaba un viejo señalando a los niños, "¡menudos bichos! Estábamos hartos de sus jaleos, del ruido que armaban. Así que decidimos hacerles una casa". En realidad, admiten otros, se trata de alejar a los niños de la estera donde los padres se enlazan entre gemidos. Ocurre que los matrimonios son concertados por los parientes, incluyendo el pacto de la dote. Si tanto uno como la otra se han acostado con todos los miembros del ghotul, la curiosidad sexual habrá sido satisfecha, y las tentaciones adulteras se reducirán tras el matrimonio. Elwin perdió la fe para seguir la doctrina de Gandhi.
En Chad, antes de bailar frenéticamente ante los jóvenes, las muchachas de la tribu sara son objeto de un "curioso" ritual estético y erótico. Con una cuchilla, se les practica una incisión sobre el vientre hasta formar un dibujo. Después les arrojan ceniza en la cicatriz para aumentar el relieve.
En algunas partes del Congo y Abisinia, las matronas enseñan danzas eróticas a sus pupilas y las preparan para el acto sexual a fuerza de masajes íntimos.
En las montañas de Yunán (China), tiene lugar un caso único en el mundo. Allí, los campesinos "Na" o Mo-so (Mosuo) no se casan jamás, y los hijos carecen de padre conocido. Las mujeres permanecen durante toda su vida con sus hermanos y hermanas, cuidando en comunidad a los hijos de cada una. Mientras tanto, reciben ocasionalmente la visita nocturna de algún amante furtivo, que nunca será reconocido como progenitor. Es, quizá, el legado de una época en la que era frecuente que los padres murieran en guerras, vivieran como nómadas o fueran monjes budistas que habían hecho voto de castidad y, por consiguiente, no iban a reconocer a su descendencia. En ausencia de los hombres, las mujeres recogían las cosechas, daban de comer a las familias e imponían las normas. Por su parte , sus hermanos y tíos maternos visitarán las casas de otras mujeres. "Cuando un galán quiere probar una bella mujer que lo mira, le birla la cesta o el gorro. Si ella se enfada, no hay nada que hacer. Si sonríe, es que está dispuesta." cuenta el etnólogo chino Cai Hua. Ahora bien, "sin saberlo, una mujer puede ser fecundada por un medio hermano natural, un tío, o un sobrino desconocido, llegado de otro caserío" "El incesto sólo existe dentro de una misma casa". En la intimidad del hogar, el tabú es acatado con la mayor severidad: una chica no mira la televisión en compañía de un hermano o un tío materno, no anda en la oscuridad cerca de él, no baila ante sus ojos. Entre ellos, toda emoción compartida sería una vergüenza.
En Níger, durante la celebración de la fiesta anual llamada "worso", que marca el fin de la estación de lluvias y la renovación de la vegetación, los jóvenes bororo se maquillan profusamente para participar en una suerte de concurso de belleza
llamado geerewol. Los jóvenes bailan alineados frente al jurado,
formado por las mujeres. La operación del maquillaje es primordial, y
puede durar seis días y seis
noches. Todos los danzantes van pintados de la misma manera con el fin
de que sólo la belleza de cada uno sea el criterio de elección. Después,
beben una infusión estimulante a base de hierbas y cortezas mezcladas
con leche con el fin de aguantar en plenas condiciones. Mientras bailan,
deben lucir lo blanco de sus ojos y su dentadura.Tras el desfile, ellas
eligen pareja y se dirigen a los afortunados a consumar el acto sexual
en la maleza. Las esposas insatisfechas pueden escoger un nuevo marido
tras sacrificar un animal.
En el pueblo kalash, en la región de Hindu Kus, al norte de Pakistán, en el solsticio de invierno celebran una fiesta llamada chaumos, verdadera orgía verbal para exaltar el amor y la fecundidad. No faltan insultos entre los habitantes de distintas aldeas, y al final de la fiesta, los hombres se visten de mujeres y viceversa, y de esta guisa se lanzan todo tipo de obscenidades y provocaciones sexuales que encienden los deseos colectivos, también ayudados por el vino (no son musulmanes). Sólo después del sacrificio de cabras, pueden formarse las parejas por la noche. Se trata de acrecentar el deseo para que parejas y rebaños sean fecundados en los tiempos de abstinencia invernal. "El lenguaje del pene" dicen los kalsh, sirve para apretar lazos y regenerar fuerzas vitales.
Los u'wa constituyen un peculiar grupo étnico de 3.000 miembros que viven
replegados en las verdes montañas cubiertas de selva tropical del
noreste colombiano. Consideran que sus tierras son sagradas, y han
conseguido rechazar a todos los intrusos, desde los españoles a los
soldados del ejército colombiano o los guerrilleros. Entre sus
costumbres figura una. Al llevar a la pubertad, las jóvenes deben cubrirse la cabeza
con una máscara-gorro hecha de hojas de palmera, que lucirán a la vista
de todos durante cuatro años, hasta el momento de su matrimonio.
Entre los inuit del Ártico, en el pasado, está comprobado que el mayor índice de abortos naturales de las mujeres, venían provocados por los viajes en trineo de perros. Entonces, los hombres en esa situación cedían a su mujer embarazada a su mejor amigo y éste le cedía su mujer que no estaba embarazada, ya que el trabajo de la mujer en las expediciones era esencial: curtía las pieles, preparaba los vestidos, cocinaba, mantenía el hogar caliente. Si esta mujer durante el trayecto quedaba embarazada, se consideraba que el bebé no era del padre biológico sino del adoptivo. En la actualidad, el intercambio es por placer, sexo por sexo, el único requisito es que no te enamores, y tiene que haber un consentimiento de las cuatro partes. Si le preguntamos a una mujer si se intercambia, dirá que no, que lo que hace es intercambiar los hombres. Por eso, si en secreto el hombre continua con una esposa de otro, lo que hace es matar a su propia esposa si ésta no acepta el intercambio, ya que se considera adulterio. Después, se suicida. De esta manera, evita que la familia de su esposa le acabe matando. Esto está aceptado socialmente, de hecho las autoridades no se meten en estos temas.
En las Islas Trobiand,
el padre no llega a conocer a su hijo hasta pasadas seis semanas, en
las que la madre está recogida en la choza. A partir de entonces, él se
ocupará del pequeño tanto como la madre, pero nunca será reconocida su
paternidad. El parentesco sigue únicamente la linea materna; de ella depende la adscripción al grupo familiar y la sucesión de los bienes y propiedades.
Y
es que los trobiandeses niegan al semen cualquier papel en la
procreación: la mujer se queda embarazada cuando un niño-espíritu se
introduce, trepando, en su vagina. El padre sólo ensancha el camino.
Entre los murngin de Australia, existía la creencia que los niño-espíritu viven en la profundidad de algunos pozos sagrados. Uno de estos espíritus aparece en los sueños del padre y le pide la mujer que va a ser su madre. Cuando esta mujer pasa cerca del pozo, el espíritu sale nadando como pez y se le introduce.
Los Huaorani, no erotizan ni sexualizan su sensualidad: sensualizan la vida en común.
La necesidad de confortabilidad y de
contacto físico no se interpreta como sexual, y el deseo de afecto no se
toma como deseo de sexo. No erotizan las relaciones íntimas y tampoco tienen categorizaciones que distingan unos comportamientos sexuales de otros (homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad...).
Los huaorani saben que el sexo es necesario para perpetuarse y por
tanto toda su sexualidad va dirigida sólamente a fines reproductivos.
Para ellos hacer sexo es simplemente dos personas (hombre y mujer)
realizando el coito en una hamaca, con fines reproductivos. Como es
difícil que una mujer se quede embarazada en el primer coito, todos
deben contribuir a la creación de niños,
de ahí que no sea raro que varios hombres pasen por la misma hamaca de
una mujer. Repetir las relaciones sexuales se considera necesario para
que una mujer quede embarazada y para que el feto crezca.
Los tamil de Malabar, en la India, también creen que el semen de varios varones diferentes contribuyen al desarrollo de un mismo feto.
Entre los barís de Venezuela, si una mujer embarazada mantiene relaciones con otro hombre, se cree que parte de su sustancia contribuye a la formación del nuevo niño. Aunque al marido se le reconoce como padre primordial, los amantes también tienen responsabilidades paternas. En general, los maridos no se oponían a las relaciones extra-matrimoniales. Cuando dan a luz, deben nombrar a todos los amantes por el bien del niño, pues estos padres secundarios le van a suministrar parte de sus recursos, su pesca y su caza.
Los tamil de Malabar, en la India, también creen que el semen de varios varones diferentes contribuyen al desarrollo de un mismo feto.
Entre los barís de Venezuela, si una mujer embarazada mantiene relaciones con otro hombre, se cree que parte de su sustancia contribuye a la formación del nuevo niño. Aunque al marido se le reconoce como padre primordial, los amantes también tienen responsabilidades paternas. En general, los maridos no se oponían a las relaciones extra-matrimoniales. Cuando dan a luz, deben nombrar a todos los amantes por el bien del niño, pues estos padres secundarios le van a suministrar parte de sus recursos, su pesca y su caza.
“No puedes ahumar bien el pescado fresco si le pones el fuego encima. Pon la leña debajo”, reza el viejo proverbio de la etnia gun. No siempre es fácil descifrar los códigos y las claves ocultas en los cuentos y las historias eróticas africanas, pero
Agnès Agboton, cuentacuentos beninesa e investigadora de la narración
oral de su país, lo entendió. Entre los honvienu, un pueblo de Benín, la posición sexual del misionero (hombre arriba, mujer abajo) se considera superficial e incompleta. Dicho de otra manera: “Para que el humo penetre bien en el pescado, la leña debe arder debajo”. En Benin, cuenta, para decir “Te quiero” usan una expresión que significa “me gusta tu olor”. y llaman al sexo femenino también con el nombre de nesuhue, que significa “el refugio del falo”.
Los ashanti creen que la madre sólo aporta la sangre, y que sólo determina las características físicas de hijo, mientras que el espíritu y el temperamento son producto del semen del padre.
Los alorese de Indonesia creen que el hijo se forma a partir de una mezcla de fluidos seminales y menstruales, que se acumulan durante dos meses antes de solidificarse.
Los inuit creían que en embarazo se producía cuando un niño espíritu trepaba por las orejas de las botas de una mujer y era alimentado por el semen.
Los ashanti creen que la madre sólo aporta la sangre, y que sólo determina las características físicas de hijo, mientras que el espíritu y el temperamento son producto del semen del padre.
Los alorese de Indonesia creen que el hijo se forma a partir de una mezcla de fluidos seminales y menstruales, que se acumulan durante dos meses antes de solidificarse.
Los inuit creían que en embarazo se producía cuando un niño espíritu trepaba por las orejas de las botas de una mujer y era alimentado por el semen.

La poliginia es una costumbre conocida entre algunas tribus africanas y de los árabes de alto rango, aunque también los mormones relanzaron el viejo hábito hebreo del matrimonio plural. Por ejemplo, en el reino azandé de Sudán, como los ricos tenían muchas mujeres, éstas se convertían en un bien escaso, así que los jóvenes guerreros de la corte tomaban como esposa a un adolescente de su mismo sexo que cumplía con todas las funciones sexuales, domésticas y agrícolas, hasta que se casaba con una mujer.
La poliandria es admitida por muy pocos pueblos del mundo. Una de ellas es la etnia tibetana de nyinbas,
en el noroeste de Nepal, donde se registra un curioso caso de
matrimonio de una mujer con todos los hermanos de una familia. Si no
tiene hijos, una segunda hermana puede unirse al matrimonio. La mujer también hereda la propiedad de la tierra para evitar que ésta se fragmente. También se da la poliandría entre los
tre-ba del Tíbet, los
indígenas Bhotias / Butias de Kumaon, y los tamil de la India.
Los nayar, en el Sudeste de la India, los niños siguen la línea de filiación materna, y las mujeres, a parte de su marido legal o ‘Pater’, pueden tener diferentes amantes o ‘Genitor’, que son los que engendran a su prole. Entre los mosuo de China, ni siquiera reconocen al padre.
Una forma aún más rara es cuando una sociedad permite a la pareja tomar tanto múltiples esposos como esposas . La tribu amazónica Zoe todavía practica este tipo de relaciones y enlaces que combina la poliginia y la poliandria.
Los nayar, en el Sudeste de la India, los niños siguen la línea de filiación materna, y las mujeres, a parte de su marido legal o ‘Pater’, pueden tener diferentes amantes o ‘Genitor’, que son los que engendran a su prole. Entre los mosuo de China, ni siquiera reconocen al padre.
Una forma aún más rara es cuando una sociedad permite a la pareja tomar tanto múltiples esposos como esposas . La tribu amazónica Zoe todavía practica este tipo de relaciones y enlaces que combina la poliginia y la poliandria.
El antropólogo Malinowski se debatía en su choza: "Me falta ella. Su cuerpo se me antoja idealmente
bello y sagrado. Tengo sueños eróticos..." "He vuelto a ver en sueños a
mis figuras ideales: Zenia, T., N., dormidas en una misma habitación,
separadas por tabiques de chapa ondulada." escribía en su diario. Al estallar la Pimera guerra mundial, se vió atrapado en las islas Trobiand en Melanesia. "La castidad es una virtud desconocida para estos trobiandeses" escribía. Desde la pubertad, los adolescentes van al bukumatula, una
casa apartada donde se ejercitan en las técnicas amatorias. Otra
tradición establece que las muchachas no casadas sirvan la comida a los
visitantes venidos de lejos, y que a los postres se ofrezcan en son de
bienvenida. Las mujeres "persiguen a todo extranjero macho, le arrancan la hoja púbica y lo maltratan de la forma más ignominiosa" escribía en Los argonautas. Pero en las sociedades aparentemente más liberales hay reglas, tabúes que imposibilitan ciertas categorías de relaciones, nos dice.
Y es que la promiscuidad del buen salvaje en el que soñaban Rousseau o el pintor Gauguin en las islas Marquesas,
que murió sifilítico y desencantado,
no existe.
Original: http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2013/01/ritos-sexuales-y-amorosos-en-las.html
Original: http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2013/01/ritos-sexuales-y-amorosos-en-las.html
domingo, 6 de octubre de 2013
¿Cuánto contamina la comida que se tira?
“Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola” -
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola” -
Miguel Hernández (“El Hambre”, El hombre acecha)
Sí, ya lo sabemos, pero no está de más
repetirlo e incluso gritarlo hasta quedarnos roncos: en el mundo 870
millones de personas pasan hambre o están malnutridas (el 15% de la
población total) y en España un número creciente de familias se enfrenta
al fantasma de la mala nutrición e incluso el hambre. Lo que no todo el mundo sabe es que casi un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se dilapidan.
Una macabra ironía, sin duda: gente muere de hambre y a la vez tiramos
comida. Pero este asunto del despilfarro adquiere un tinte aún más
dramático si además consideramos el impacto que tiene desde un punto de
vista medioambiental. ¿Sabemos cuánto cuesta producir, transportar y
cocinar esta comida? ¿Sabemos las enormes repercusiones que tiene sobre el suelo, el clima o la biodiversidad?
Arrojemos algo de luz. Hace escasos días
la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO en sus siglas en inglés) hizo público “La huella del desperdicio de alimentos: impactos en los recursos naturales“, un estudio que analiza los efectos del despilfarro alimentario desde una perspectiva medioambiental.
Una primera conclusión es que los costes directos pueden alcanzar
750.000 millones de dólares. Pero a ese coste “económico” hay que añadir
el coste medioambiental de la comida que tiramos. Veamos:
1) La producción, el transporte y la
manipulación de alimentos son actividades que emiten una gran cantidad
de gases con efecto invernadero. Es lo que se conoce como huella de carbono y se expresa en kilos de CO2. Pues bien, toda la comida que lanzamos genera unas 3,3 Gigatoneladas de CO2. Esta cifra es mucho mayor que las emisiones de CO2 de casi cualquier país del mundo. De hecho si “dilapidar comida” fuera un país, sería el tercer país con más emisiones de CO2 (solo por detrás de China y Estados Unidos).
2) Nuestro modelo actual de
producción alimentaria se caracteriza también por una utilización masiva
de agua para, entre otras cosas, regar los campos o dar de beber al
ganado. Este consumo es lo que se conoce como huella hídrica o de agua. Se calcula que en un año la comida dilapidada consume 250 km3 de agua. Esta cantidad equivale a todo el volumen del Lago Léman (Suiza) o al caudal que anualmente mueve el Río Volga.
3) Asimismo, nuestro modelo de
producción alimentaria requiere un uso voraz de tierra para cultivos y
pastos. Como reconocen muchos expertos la deforestación de la Tierra – en particular, transformar bosques en suelo agrícola – es uno de los efectos más visibles de la mano del ser humano. Se
calcula que el 28% de la superficie de la Tierra dedicada a cultivo
sirve para producir “comida que tiramos”. Se trata de una superficie
más grande que Estados Unidos o China. De hecho, solo la
Federación Rusa es más extensa que la “república independiente de la
comida que se tira”. La deforestación también tiene un enorme impacto en
la biodiversidad. Muchos ecosistemas son arrasados y la lista de especies en peligro de extinción no deja de crecer.
Queda claro que este ritmo es
insostenible y que ya es hora que nos pongamos manos a la obra para
acabar con el sinsentido del despilfarro. Los gobernantes tienen mucho
que hacer; las empresas de alimentación también. Pero tú, lector y consumidor, también puedes impulsar el cambio. Es muy sencillo: no tires más comida. En caso de duda recuerda: para producir una hamburguesa necesitamos unos 16.000 litros de agua. Manuel Bruscas, El País
lunes, 23 de septiembre de 2013
¿Qué debe saber unx niña de 4 años?
Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una
entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y
medio, no sabían lo suficiente. "¿Qué debe saber un niño de cuatro
años?", preguntaba.
Las respuestas que leí no solo me entristecieron sino que me
irritaron. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su
hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y
así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más
cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con
listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían
que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que
preocuparse.
Me molestó mucho que la respuesta de esas mujeres a una madre
angustiada fuera añadirle más preocupación, con listas de todo lo que
sabían hacer sus hijos y los de ella no. Somos una cultura tan
competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han
convertido en trofeos de los que presumir. La infancia no debe ser una
carrera.
Por todo ello, he decidido proponer mi lista de lo que debe saber un niño (o una niña) de cuatro años:
- Debe saber que la quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento
- Debe saber que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar.
- Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.
- Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
- Debe saber que el mundo es mágico y ella también. Debe saber que es fantástica, lista, creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor dicho, mucho más.
Pero más importante es lo que deben saber los padres:
- Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.
- Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro es que leer a los niños de pequeños. No las fichas, ni los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes y ordenadores más rutilantes, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a sentarse a leerles buenos libros.
- Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las "ventajas" que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.
- Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y la libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes como los LEGO y las construcciones, juguetes creativos como los materiales artísticos de todo tipo (buenos), los instrumentos musicales (tanto clásicos como multiculturales), disfraces, y libros y más libros (cosas, por cierto, que muchas veces se pueden conseguir muy baratas en tiendas de segunda mano). Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, para jugar con montoncitos de alubias secas en el taburete (supervisados, por supuesto), amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.
- Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, los grupos organizados para jugar y los entrenamientos de fútbol mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.
Y volviendo a esas listas de lo que saben los niños de cuatro años...
Sé que es natural comparar a nuestros hijos con otros niños y querer
asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible por ellos. He aquí
una lista de lo que se suele enseñar a los niños de esa edad y lo que
deberían saber al acabar cada curso escolar, a partir del preescolar.
Como nosotros estamos educando a nuestros hijos en casa, yo suelo
imprimir esas listas para comprobar si hay algo que falte de forma
llamativa en lo que están aprendiendo. Hasta ahora no ha sucedido, pero a
veces obtengo ideas sobre posibles temas para juegos o libros que sacar
de la biblioteca pública. Tanto si los niños van al colegio como si no,
las listas pueden ser útiles para ver lo que otros están aprendiendo, y
pueden ayudar a tranquilizarnos sabiendo que van muy bien.
Si existen aspectos en los que parece que un niño está por detrás,
hay que darse cuenta que eso no indica ningún fracaso, ni del niño ni de
sus padres. Simplemente, es una laguna. Los niños aprenden lo que
tienen alrededor, y la idea de que todos deben saber esas 15 cosas a una
edad concreta es una tontería. Aun así, si queremos que las aprenda, lo
que tenemos que hacer es introducirlas en la vida normal, jugar con
ellas, y las absorberá de manera natural. Si contamos hasta 60 cuando
estamos haciendo la masa de un bizcocho, aprenderá a contar. Podemos
sacar de la biblioteca libros divertidos sobre el espacio o el
abecedario. Experimentar con todo, desde la nieve hasta los colores de
los alimentos. Todo irá entrando con más naturalidad, más diversión y
muchas menos presiones.
Sin embargo, mi consejo favorito sobre los niños pequeños es el que aparece en esta página.
¿Qué necesita un niño de cuatro años?
¿Qué necesita un niño de cuatro años?
Mucho menos de lo que pensamos, y mucho más.
Enlace al artículo original: http://www.huffingtonpost.es/alicia-bayer-/que-debe-saber-un-nino-de_b_3955952.html
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