viernes, 16 de mayo de 2014

Monstruos

La palabra “erótico” viene de Eros, el dios griego del amor, el cual disparaba a ciegas flechas a sus víctimas desprevenidas. En ocasiones este es representado con los ojos vendados y eso representa el factor aleatorio, es decir, cómo personas distintas son alcanzadas por diferentes fuentes de estímulo. Lo que atrae a cada uno es cuestión muy personal ya que el erotismo puede ser muy específico para cada persona. Lo que sí es muy importante es que las imágenes deben transmitir cierta tensión o carga sexual para alcanzar su propósito aunque se dé el caso que para algunos no despierten ningún tipo de excitación o que alguna persona no se dé cuenta de lo que le resulta erótico hasta que lo ve.
Otras de las razones es la provocación. ¿Qué es la provocación? ¿Qué es exactamente lo que yo como fotógrafa intento “provocar”? Una reacción, seguro, pero pienso que es algo más que eso. Una toma provocativa debe generar la reacción que se espera de ella; algo inesperado y nuevo que excede los límites normales del contenido, la composición o el gusto. No buscaba o busco una provocación que vaya ligada a la ira o a la irritación, aunque si lo consigo tampoco me importa, más bien algo relacionado con la estimulación de los sentidos, una reacción emotiva y emocional. La intención de este proyecto es claramente una crítica hacia la censura, y la mejor manera de hacerlo es usando nuestro cuerpo.

Y lo más importante que quiero destacar es el tema de los trastornos sexuales y de la identidad sexual, donde se describen las disfunciones sexuales, las parafilias y los trastornos de la identidad sexual. Es en este tema en lo que realmente he centrado el proyecto.

Las disfunciones sexuales se caracterizan por una alteración del deseo sexual, por cambios psicofisiológicos en el ciclo de la respuesta sexual y por la provocación de malestar y problemas interpersonales.
Las parafilias son los impulsos sexuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales. Estos trastornos producen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Los trastornos de la identidad sexual se caracterizan por una identificación intensa y persistente con el otro sexo, acompañada de malestar persistente por el propio sexo.
Así que todo me lleva a un mismo sitio, a la educación. Desde muy pequeñas/os nos meten en la cabeza el tabú del sexo y todo lo que se considera “natural” y “normal” y contra eso no hay lucha alguna, pues te consideran un “enfermo”, UN MONSTRUO. Este tema la verdad que me deja algo trastocada ya que una vez más nos están diciendo con qué debemos y no debemos “ponernos cachondxs”, con qué nos tenemos que excitar, qué es lo normal (mujer con hombre) y qué es lo anormal (hombre con hombre… ya que mujer y mujer es extremadamente excitante para la sociedad patriarcal en la que vivimos y no hay ningún tipo de problema), la verdad es que este tema me da mucho que pensar… y sinceramente, me cabrea.
Mi intención es que la gente se pare a reconsiderar lo que nos imponen, ya sea el Estado, la iglesia, la educación, el DSM… reconsiderar lo que es que manden en tu cuerpo o sexo, hacer ver que en algunas ocasiones y casos, “Sufre más el que mira, que el que enseña.”
Y… ¿Por qué “Monstruos? Es una fácil respuesta, es lo que al fin y al cabo pensamos de aquellas personas que nos parecen fuera de lo común, es simplemente, una (de las 7) definición de la RAE.
monstruo.
6. m. coloq. Persona de extraordinarias cualidades para desempeñar una actividad determinada.


Galería y blog de donde lo extraje: http://www.pikaramagazine.com/2014/05/monstruos/
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El fueguito interior

Vivir con un poco menos, no pintarse las uñas ni tener más de cuatro pares de zapatos. Frecuentar muy poco los supermercados, los grandes centros comerciales, las horribles oficinas. Acudir, sin embargo, más al bosque, al parque, a las riveras de los ríos, a la sombra de las encinas, al mar solitario, aunque sea descalza, aunque sea con el mismo jersey gastado que llevábamos en el instituto. Trabajar al aire libre, a media jornada y por cuenta propia. Tener un montón de tiempo para una, pasar largos días en la propia compañía, sin utilizar el móvil ni el ordenador ni la tablet ni… Escuchar a los pájaros como si nos fuera la vida en ello, caminar, caminar mucho por entre las cortezas, las ramas, el musgo, las flores. Tener un lago enteramente nuestro, para bañarnos desnudas, y ver cómo se acercan los martines pescadores, esas criaturas de azul vibrante y naranja tan necesarias para el alma. No protegernos de la lluvia, dejarnos empapar por el cielo que tiene algo que decirnos. Depilarnos menos y leer a las grandes mujeres, mujeres de todos los tiempos que dejaron su sabiduría para nosotras, su legado. Cocinar todos los días por placer, porque podemos hacer verdadera magia para la vista y la sangre con sólo cocinar. Dormir sin bragas, aprovechar las noches de verano para dormir a la intemperie, mirar fijamente al sol cuando está casi escondiéndose por la lejana montaña. Rodearse de belleza, alimentar el fuego creativo, respetar el ritmo que nos marcan nuestros ciclos. Respirar profundamente cada cinco minutos, volviendo la conciencia al cuerpo, ese templo tan hermoso que tenemos. Convivir con animales salvajes, como los felinos, los perros y los pájaros, correr y volar con ellos. Amamantar a nuestras crías, dormir a su lado, darles masajes todo el tiempo. Leer cuentos infantiles, son un remedio eficaz contra la desilusión y la desesperanza. Bailar en la naturaleza, mover las caderas entre montañas o en la ancha llanura castellana, rodearse de mujeres que quieren vivir más libres y más ellas. Tocarnos los pechos un día sí y otro también, agradeciendo, amando y respetando su presencia. Dejarse inspirar por lo siguiente: viajes, águilas, sueños, indígenas, plantas, meditación, silencio, niños, arte, acantilados…
Todas podemos introducir algunos de estos cambios en nuestra vida cotidiana. Es esencial que lo hagamos, si no queremos morir de hambre. La mujer de hoy ha sido civilizada en exceso, está sobreestimulada intelectualmente en un trabajo que le ocupa ocho o más horas diarias, en una vida virtual que la satura con estímulos que nada le aportan: entrevistas a no sé quién, anuncios graciosos, fotos de personas a las que ni siquiera conoce, conversaciones frívolas, jueguecitos en el móvil… Lo bueno de ésto es que, tarde o temprano, deja de funcionar, la humana llega a niveles altísimos de fatiga, desinterés y ansiedad, y se ve obligada a buscar en otra parte, quizás debajo de las raíces de los árboles, quizás en su propio corazón.
Puede que tú seas una de esas mujeres y te sientas al borde del cansancio, del profundo vacío, del sinsentido que duele como la peor de las heridas. Quizás no logres encontrar espacio para tí, para alimentarte por dentro, para fortalecer tus pasiones y grandes sueños. Si te encuentras sin fuerzas en una encrucijada del camino y no sabes para dónde tirar…. Escucha estas palabras, hembra, PRIORIZA. Lárgate sola al bosque, al campo, a esa ciudad que tanto te ha inspirado siempre. Deja lo que tengas que dejar atrás: el trabajo, una relación que ya no te nutre, unos estudios que no satisfacen tus inquietudes, obligaciones varias… COGE el pulso firme que te queda y dedícate en exclusiva a llamar al fuego que perdiste, la libido que antaño te permitía ilusionarte de verdad, hacer las cosas con verdadera alegría y PODER. Sólo te tienes a ti, linda, con tus dos alas grandes y tus garras de águila. NO TE ABANDONES ahora. Vuela sobre las veredas, otea todos los riscos, tantea los diferentes tipos de viento hasta que te encuentres de nuevo. Para eso estás aquí, mujer. Y lo sabes.
Gracias por estar ahí,
Nuria.



Extraido de: http://mujertaruk.wordpress.com/2014/05/07/el-fueguito-interior/

jueves, 1 de mayo de 2014

El sexo como obligación social. La supuesta libertad sexual y la norma

“La sexualidad es como las lenguas. Todos podemos aprender varias.”
Beatriz Preciado.

A partir del siglo XIX se vendrían construyendo una serie de retoricas teóricas que derivarían en la hipótesis represiva del sexo, como respuesta a ello Michel Foucault sería antagonista desclasificando desde una perspectiva histórica el origen falaz de dicho postulado, analizaría el desarrollo no represor de la sexualidad(1). El filósofo francés nos diría que solo a partir del siglo XVII el sexo sería silenciado –no quiere decir reprimido- y homogeneizado a la regulación de dispositivos sexuales direccionados por la norma, funcionará entonces por normalización y no por prohibición o represión.
La intelectualidad dominante, los medios de información masiva y el discurso colectivo Occidental se volverían a esforzar tras concluidos ciertos regímenes represores fascistas de finales del Siglo XX en instalar en nuestro imaginario social la hipótesis represiva del sexo, tarea que ya había comenzado un siglo antes, ello no sería sin intenciones previas, serviría para justificar un conjunto de procesos biopoliticos que llevarían a promocionar un tipo de sexualidad única y direccionada por la construcción dual de género(2), por la heterosexualidad y por las relaciones de poder. Se constituiría entonces una norma sexual que enseñaría o homogenizaría –a través de instituciones y agentes normativos- a todos los miembros de la sociedad a normalizarse a su cuadro, se promocionaría a través de la norma la “libertad prometida” como respuesta a la hipótesis represiva, pero no sería más que otro truco del poder dominante.
Por medio de la norma sexual, la cultura imperante capitalista construiría una sociedad sexual en principio y desarrollo, se impondrán modelos de vida sexual, se venderá a través del sexo todas las mercancías -¿o el sexo se mercantilizaría?- sean tangibles o no, las relaciones sociales responderán a un tipo de imaginario sexual pre-determinado por la norma, está será propagada por diferentes estímulos del mercado. Las instituciones y relaciones de intercambio sexual –el novio, los amantes u otras- serán reguladas por el modelo de sexualidad impuesto, el placer sexual será producto de intercambio capitalista.
Por otro lado las instituciones normativas medicas, la mediatización de imágenes –la publicidad, la industria del porno, el mercado, etc- y el discurso colectivo de la “vida sana” se encargarían de transformar el sexo como acto en una obligación, ritual y contrato social del sujeto “normal y sano” con su contexto, se hablaría de la edad para tener sexo, por supuesto obedeciendo a un proceso previo de sexualización normativa en la infancia. El sexo pasaría a ser gracias a literatura de erótica micro-capitalista y discursos de la medicina institucional sinónimo de una “vida sana y plena”, casi respondiendo patrones falaces que en el pasado sirvieron para construir la tiranía de la belleza. Se patologizará cualquier rechazo al desarrollo sexual impuesto, se intentará corregir tipos de sexualidad fuera del cuadro, y se buscará la normalización de resistencias individuales o colectivas a la norma.
Serán también sectores supuestamente disidentes quienes promocionaran la obligación normativa del sexo, aparecerán eróticas eufemísticas y discursivas patriarcales que servirían para transformar a la mujer –“libre” dirán- en una maquina sexual a la par con la exigencia social al hombre, se tratará de responder a la supresión erótica de la mujer con recolecciones de orgasmos que pasarán a ser mediaciones de un sexo mercantil y regulado por las estructuras de la norma sexual y no mucho menos también por el patriarcado como sistema social hegemónico. Serán los discursos de “libertad sexual” y otro tipo de eufemismos los soportes de la norma en los sectores disidentes. Un ejemplo histórico de lo fracasado que resultaría esto sería la sexualidad supuestamente libre que presentaba el movimiento hippie en los 60 y 70, ya sabemos cómo terminaría aquel proceso de normalización después.
El desarrollo de sexualización normativa tendrá dos caras, uno que será promocionado por el mercado y otro que será difundido de manera silenciosa en las relaciones, el segundo será silencioso porque debe convivir con la moralidad cristiana, pero tanto la norma sexual como el pensamiento cristiano cohesionaran en muchos aspectos, por ejemplo coincidirán en la monogamia como institución normativa predominante –no significa que no se promocionen transgresiones previstas-, lo mismo pasará con la heteronorma, o el discurso patriarcal en torno a la figura de la mujer.
Posiblemente lo expuesto servirá para ser la caricatura fácil de puritanismo, pero muy por el contrario se ha tratado de cuestionar la estructura actual del sexo, así mismo lo falaz que resulta la retorica de la “libertad prometida sexual”, no invitando a dejar de tener sexo ni queriendo sugerir que la abstención sea algún tipo de resistencia –aunque tampoco se afirmaría lo contrario-, sino a la reflexión crítica y subversiva en torno a la pedagogía sexual que hemos codificado en nuestras vidas.
Escrito por Orlando S.
Periódico anarquista El Amanecer.
Notas:
(1). La Historia de la Sexualidad, Vol 1: La voluntad del saber, Michel Foucault (1979)
(2). Se sugiere leer “El Género en Disputa” (1999) de Judith Butler.